El maratón de Santiago fue un éxito sin dudas, y quiero contarles porqué me pareció así. Una de las señales fue mi sábado a la noche. Salí sólo un rato porque trabajaba el domingo a las 6 de la mañana, y la ciudad estaba muy calmada, tanto que parecía otra.

- “El maratón causó furor esta vez”, me dijo uno de los taxistas más simpáticos que conocí en mi vida.

- “¿Sí, por qué lo dices?”, le pregunté.

- “Bueno, hoy no trabajé casi nada, y eso para mí no es nada bueno, pero me alegra que sea porque Chile empieza a correr”, me dijo entre risas y congojas por el debilitamiento de su bolsillo.

Eran las 12.30 PM, y realmente la postal de la noche se mostraba tan relajada que parecía un pueblito del interior del sur. Así fue que le creí a Roberto, mi amoroso taxista.

Otra de las señales fue, indiscutiblemente, mi llegada a La Moneda a las 6 AM del domingo. El panorama se veía así: un crowd de corredores, entrenadores, sponsors, carpas, entrenadores y prensa. Sí, como si se tratara de un evento de gobierno, o de algo de mucho interés nacional. La realidad es que no sé si mi asombro fue porque no dimensionaba la convocatoria del maratón o porque en realidad este año “el evento deportivo que moviliza al país”, fue contundentemente lo que dice ese slogan.

Lo cierto es que el fanatismo por correr ya es una fiebre mundial. Llegamos a un momento de la vida deportiva en donde es común encontrar grupos de corredores amateurs prácticamente a la vuelta de cada esquina, y eso puede ser por una moda, porque “se usa”, o por gusto personal, pero la realidad es que fuese por la razón que fuese, suma de cualquier forma.

Según me lo indicó Jorge Eduardo Morel, kinesiólogo de Kinaxis, empresa dedicada al reintegro deportivo, los líderes de los grupos runners son en su mayoría profesores de educación física fanáticos del entrenamiento aeróbico y expertos en manejar grupos heterogéneos de personas que se suman a esta actividad. Es de esta forma que el grupo de corredores se hace accesible para el amateur entrenado, que aspira a carreras de larga duración como las maratones, pero también para los que recién comienzan que esperan alcanzar los 5 o 10 km.

La buena noticia es que no son sólo estos grupos que surgen en plazas o parques los que más se motivan, sino que también se han aumentado los grupos de runners que entrenan en gimnasios: son grupos de corredores, miembros de un gimnasio en particular, que salen a correr como parte de su plan de actividades, desarrollando un fuerte sentido de pertenencia al gimnasio que concurren.

Esta tendencia mundial, en mi opinión, tiene un tinte de libido muy fuerte. Me parece muy interesante poder hacer una reflexión desde el lugar del gozo, ya que muchos corredores que no necesariamente participan de competencias, afirman que la actividad es adictiva. Tengo amigas que aman correr, a tal punto que si llega un día en que no lo hacen, se sienten desanimadas. Además, me cuentan que es una sensación súper linda y que cada vez que salen a correr, liberan la sobrecarga de las energías del día.

En el maratón de Santiago vi mucho eso: mujeres y hombres híper motivados con caras de felicidad; amigos y familiares alentando a los cuerpos cansados pero aguerridos, entusiasmo que se respiró durante las más de 4 horas de duración del evento. Y es que el otro día leí un artículo que se titulaba: “Las 13 cosas que debes hacer para ser feliz según la Universidad del Harvard”, y en el primer lugar estaba el practicar el deporte que te gusta. No sé si será que yo no encontré el mío favorito, pero el día que pase confío que tendré la misma sonrisa que vi en las calles de Santiago el domingo.

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