No estaba entre sus planes regresar a La Moneda. Tanto así que cuando en marzo pasado Sebastián Piñera debía definir si iba de candidato presidencial, fueron su mujer Cecilia Morel (63, orientadora familiar), sus cuatro hijos (Magdalena, Cecilia, Sebastián y Cristóbal) y hermanos quienes le aconsejaron que no lo hiciera; que a sus 67 años mejor revisara su carné y se dedicara a “disfrutar la vida”.

El ex presidente casi se convenció. Venía de meses difíciles tras la explosión de los casos de financiamiento irregular que pegó a varios de sus ex ministros y del juicio por sus inversiones en la pesquera peruana Exalmar S.A. cuando era presidente y en medio del fallo de La Haya, y que por primera vez involucró a su círculo más estrecho. Sin embargo, el saber que era la única carta competitiva de su sector sumado al profundo descontento por las reformas de Michelle Bachelet, se replanteó su repostulación y volvió a conversar con los suyos.

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Fue entonces cuando su hija Cecilia le dijo: “Papá, haz lo que tu corazón te diga”. Una luz verde para las intenciones del ex mandatario de retornar al poder y detrás del cual se cuadró la familia completa, sin excepción. Partiendo por Cecilia, quien a los pocos meses de campaña reflotó su tremendo capital político —que adquirió en su primer período—, por lo que al poco andar ya tenía agenda propia, recorrió Chile e impulsó la política de envejecimiento positivo que será su próximo caballito de batalla cuando en marzo regrese a Palacio.

“Mi labor fue acompañar a Sebastián más que nada como pareja. Para ambos, apañarnos mutuamente resulta importante porque fueron tiempos de estrés, de mucho trabajo y de exigencia física y mental, aunque traté de transmitir su mensaje de manera más autónoma”, cuenta Cecilia a CARAS, quien admite que en esta campaña se encontró con una rudeza y grados de violencia que no le había tocado vivir.

“Han cambiado los tiempos y una de las cosas que debe tener un buen político es la adaptación a los cambios sociales. Está más rudo el lenguaje, porque apareció con fuerza el fenómeno de las redes sociales, un grupo que no representa al total de la sociedad, sino a una sensibilidad que ya conocemos. Pero lo más importante es lo que uno recoge en este recorrido por Chile, y la mayoría de la gente es tranquila, cariñosa… No te puedes quedar con una agresión porque el cariño es incomparable. El otro día una señora le decía a Sebastián: ‘¡lo amo, lo amo!’, ¡y se le tiraba encima! Tuve que recordarle que yo era la señora”, cuenta Cecilia Morel muerta de la risa.

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Aunque cueste creerlo, en 2010 Cecilia llegó a su gabinete en el nororiente de La Moneda llena de temores, porque no sabía si iba a poder manejarse con tantas fundaciones (Integra, Prodemu, MIM, Orquestas Juveniles y Artesanías de Chile). Sin embargo, de a poco fue empoderándose en su cargo. Sus atributos como la calidez, espontaneidad, mesura y cercanía resaltaron en momentos de crisis de ese 2010, como el terremoto y el caso de los mineros, disparándose a un 80% de aprobación según sondeos internos de La Moneda, terminando, de paso, con el mito de una mujer frágil, alimentada por sus características muy femeninas y por la personalidad más llamativa y protagónica de su marido con quien ya cumplió 43 años casada.

Comenzó así a verse su carácter; que aunque suave, es firme y que lo demostró hace unos años, cuando en plena gira presidencial por Europa, no tuvo problemas en decirle al entonces presidente que no siguiera mostrando el famoso papelito de los mineros. O este 17 de diciembre, el día de la elección, cuando le habló firme a sus pares: “Llamo a las mujeres chilenas quienes, a lo largo de nuestra historia, cada vez que hay punto de inflexión o nos encontramos entre dos caminos muy diferentes, son ellas las que con su sabiduría toman el timón y llevan a nuestro país hacia tiempos mejores”.

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Cecilia Morel reconoce que con el tiempo le fue perdiendo el miedo a la política y también a opinar sobre temas que para ella afectan valores importantes. Terminó así su primer período como Primera Dama liderando su proyecto estrella Elige vivir sano —programa multisectorial que buscaba cambiar hábitos en los chilenos para bajar los índices de obesidad y sedentarismo, que en las mujeres supera el 90 por ciento—, que aumentó aún más su popularidad, lo que contribuyó a un Sebastián Piñera más cercano a la ciudadanía.

SU SELLO GANADOR

Tantos analistas como el entorno de Piñera coinciden que el factor Morel fue clave en el reciente triunfo del ex mandatario en su regreso a La Moneda. Aunque por cierto, en el 54,57% que obtuvo pesaron el apoyo a sus ideas y programa de gobierno, se estima que Cecilia fue fundamental, una vez más, en humanizar a su marido y acercarlo a la gente. En ello coincide la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, quien los conoce hace décadas y le otorga a ella gran parte de los créditos: “Cecilia ha tenido un rol fundamental en toda la vida de Sebastián. Un hombre trabajólico como él, que tenga una familia normal, grata, con gran cariño entre ellos, es básicamente por su mujer. Y es lo que ha puesto ella en las campañas: alma, empatía, calidez. El presidente es uno de los hombres más inteligentes que conozco, con una capacidad de trabajo que no he visto y Cecilia es su complemento, al entenderlo y hacerlo ver como un ser humano. En el fondo, lo humaniza”.

Magdalena “Pichita” Piñera Echenique cuenta que el “matrimonio presidencial” se ha afiatado como pareja, sobre todo en esta última campaña. “Ella le cuenta a Sebastián lo que a él más le cuesta escuchar”, dice, un punto con lo que coincide Andrés Allamand, otro antiguo amigo de la pareja.

“Cecilia fue fundamental en el triunfo no solo por su tremenda empatía e inteligencia emocional y política. Ella es capaz de leer con agudeza ciertos fenómenos de opinión pública que le permite transmitir a Sebastián sensaciones, para que él se conecte mejor con la gente”, afirma el senador de RN. Magdalena, por su parte, la hija más política del matrimonio Piñera-Morel también resalta la labor de su madre en el triunfo: “Tuvo un rol fundamental, en primer lugar, porque son muy unidos, que entiende esta misión como un trabajo de pareja y no como un apoyo de uno hacia el otro. Cuando tuvo el honor de ser Primera Dama, mi mamá logró conectar muy bien con la gente, en especial con las mujeres chilenas”, asegura. Un ejemplo que recuerda fue cuando, tras el terremoto del 27/F, Cecilia recorrió las zonas afectadas con el programa “reconstrucción emocional”, con el cual apoyaba a mujeres y familias a soportar las pérdidas de algún ser querido y también materiales.

“En esa campaña mi mamá dejó los pies en la calle recorriendo Chile, de Arica a Punta Arenas, donde la gente la recibía con cariño y le contaban sus sueños. Hoy ha trabajado un programa completo de envejecimiento positivo, para darles espacio a los adultos mayores, no solo pensando en el tema de las pensiones que hay que mejorar; también en darles oportunidades para desarrollarse en lo profesional, para que puedan emprender, gozar buena calidad de vida, tener ofertas recreativas…”. Pero Magdalena va más allá y dice que este año “una vez más mi mamá demostró su capacidad de liderar equipos”. Si en el período anterior su caballito de batalla fue la vida sana, ahora serán la tercera edad, los niños y las personas con discapacidad.

“Los tres grandes grupos que nunca tienen voz. Quiero ser el puente entre La Moneda y los que no son escuchados. Ver que ellos estén en el corazón de nuestro gobierno, que no nos olvidamos de sus necesidades cuando vayan surgiendo nuevos temas”, cuenta hoy Cecilia Morel.

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“EL ENVEJECIMIENTO SERá MI PREOCUPACIÓN”

—¿Qué tan distinta regresa a La Moneda?

—A esta altura ya sabes trabajar en equipo. La vez pasada quería estar en todo y uno debe priorizar; ese fue el aprendizaje. Ahora quiero estar disponible para las prioridades de los chilenos. No pretendo llegar con un rol tan esquematizado o programado, mi idea es estar abierta a nuevos desafíos. En este contexto, reitero que el envejecimiento positivo y la calidad de vida de las personas mayores será una de mis principales preocupaciones y del gobierno de Sebastián. También me importa estar en terreno. La vez pasada debutamos con el terremoto que me marcó en el sentido que estar con la gente es lo que me interesa. Recorrimos Chile con las giras de Navidad, con el programa Elige vivir sano y ahora con la campaña, ¡lo retomé a mil! Me he encontrado con mucha gente que ni te imaginas. El otro día se me acercó una señora que me dijo: ‘Le agradezco por volver a reír. Tuve un accidente en que se me quebraron todos los dientes, le escribí a usted y me derivaron a un dentista’. Eso ha sido muy bonito.

—¿Cuánto cree influyó usted en el triunfo de su marido?

—Uno de manera natural se va involucrando más en política y obviamente hay una maduración. Además, ya haber estado en una administración anterior da mucha experiencia. Es difícil vislumbrar cómo una sola persona influyó en un resultado, esto es fruto del esfuerzo de muchos. Pero sí puedo decir que me la jugué a fondo en una campaña que fue más dura que otras, con un fuerte viento en contra de prejuicios y mucha ideología. Y los chilenos, con esta votación tan contundente, demostraron que valoraron nuestro gobierno anterior y que confiaron en el proyecto planteado por Sebastián Piñera y Chile Vamos. También fue una prueba de que millones de personas comparten la visión del país que queremos construir, con unidad y respeto por el otro.