Ni su look corresponde al del político tradicional. Sin corbata, pantalones sport y sandalias, Felipe Kast está lejos de representar los viejos convencionalismos. Y así lo ha manifestado como fundador de Evolución Política (Evópoli), movimiento que ya cumplió un año pese a que, como él reconoce, desde el principio varios en la centroderecha no los vieron con buenos ojos.

“No fue fácil, no nos querían y no sé si nos quieren todavía… —asegura el diputado electo por Santiago—. Pero fuimos una respuesta a los que se sentían huérfanos de la política. Los fundadores de Evópoli (entre ellos Harald Beyer y Luciano Cruz Coke) entramos al gobierno sin ser invitados por los partidos. Pronto entendimos que en el sector existía una anemia de ideas y que era necesario darle más densidad. Queríamos generar un emprendimiento, una pyme política, con mucha fuerza regional que recogiera esta experiencia y que atrajera las buenas prácticas. Y como todos éramos jóvenes, por supuesto que eso generó suspicacias”.

Ni siquiera el Presidente Piñera se lo tomó de muy buena manera. No le gustó nada que tres de sus ministros figuraran tan entusiasmados con un nuevo proyecto político. Lo reconoce por primera vez Felipe Kast: “Cuando estábamos por lanzar Evolución Política, él se incomodó. Eramos tres ministros que en nuestros ratos libres trabajábamos en este proyecto y él temía que, si permanecíamos en el cargo, pudiera generarse un cierto recelo de parte de los partidos de la Alianza. Llegado el día de nuestro lanzamiento le pidió a Luciano y Harald que no asistieran al evento. Y yo tuve que renunciar para dedicarme a esto”.

—Debe haber sido una conversación áspera.
—Más bien honesta. No compartí su criterio y se lo dije: “Usted está equivocado; dejó que Pablo Longueira (entonces ministro) fuera al consejo general de la UDI en enero y nosotros no podemos ir al lanzamiento de un movimiento que está emergiendo”. Pero bueno, él tenía todo el derecho a definir si un funcionario de su confianza podía hacer las dos cosas. El pensaba que no.

—Hoy, en cambio, corre fuerte la voz de que ustedes serían la plataforma presidencial de Piñera para el 2017.
—Hay tantos rumores. Pero desde un inicio hemos sido muy claros que Evópoli no es funcional a nadie, sólo a las ideas, y eso no significa tenerle mala a Piñera ni mucho menos. Al contrario, hay por él bastante cariño y respeto, pero no somos un instrumento personal sino un proyecto a 20 años. Desgraciadamente, eso no es lo que ha ido ocurriendo con Renovación Nacional, que más allá de debatir ideas, entró en la lógica de cómo utilizar el partido para su propio beneficio.

—A todo esto, ¿qué tanto los favorece el éxodo de figuras que han dejado RN?
—Son procesos completamente independientes. A ninguno de los que están hoy en Evópoli lo hemos sacado de Renovación Nacional. Estamos lejos de andar quitándole gente a los partidos. Hernán Larraín Matte (que renunció recientemente a RN) es fundador de Evópoli desde el primer día y como sabía que entre nuestros objetivos está convertirnos en un partido, no podía tener doble militancia. Y prefirió continuar con nosotros.

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—También se comenta que Piñera estaría financiando a Evópoli.
—Es completamente falso. Ni siquiera ha venido para acá. Está muy ocupado en su pega. De hecho, ha sido muy cuidadoso en no invitarnos a su casa.

—Sin embargo, usted lo criticó: dijo que fue un error de su parte personalizar la elección al no descartar sus pretensiones como carta para el 2017.
—Pero no fue el único, varios pusieron rápidamente la mirada en 2017. Eso podría haberse evitado al decir tajantemente que no está en los planes, haber despejado de inmediato la incógnita.

—Algunos culpan de la derrota al escaso apoyo que le prestaron varias figuras a Evelyn Matthei; hubo candidatos al Parlamento que no quisieron apoyarla públicamente por miedo a verse afectados en los resultados.
—Por supuesto, es parte de lo que le tocó vivir a Evelyn Matthei. Hubo gente que incluso nos dijo: “¿qué hacen metiéndose en este baile? No les conviene, van a salir mal”. ¡Esa lógica está matando a la política! ¿Cómo puedes darle la espalda a una mujer que se sacrificó sin pensarlo dos veces? Es mezquino.

—Ustedes apoyaron a Andrés Allamand en las primarias. ¿Qué le parecieron los dichos culpando al gobierno de la derrota electoral?
—Quiero mucho a Andrés, es un político con quilla. Varios en Evópoli lo apoyamos para las primarias. Pero me habría gustado que hubiera partido con una gran autocrítica.

—Al escucharlo hablar, da la impresión de que ustedes se están convirtiendo en los niños buenos de la política.
—No sé si tanto. Estamos tratando de aplicar mejores prácticas y lo hacemos con intención. Pero por lo mismo para algunos somos los niños malos de la política: entramos sin pedirle permiso a nadie, hemos hecho la pega y ahora nos critican por nuestro ‘atrevimiento’. Es divertido. ¿Por qué no lo hicieron otros?

—Uno de los principales postulados de Evópoli es la libertad en todos los planos, no sólo económica. En una entrevista Hernán Larraín Matte se declaró a favor del autocultivo de marihuana, el matrimonio gay e incluso la adopción por parte de parejas del mismo sexo. ¿Usted también los suscribe?
—No hay una sola forma de vivir la vida y no tiene por qué haber una imposición de ciertas normas entre los ciudadanos. Nuestro único límite es la vida, la que entendemos como un derecho humano. En eso también hay un cambio respecto de la derecha tradicional.

—Pero en concreto ¿está de acuerdo con el matrimonio y la adopción gay?
—Por supuesto. El Estado debe permitir que las personas hagan con su vida lo que les parezca mientras no dañen a nadie.

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—De hecho, ha llamado la atención que al cumplir un año hayan incorporado a figuras como la historiadora Valentina Verbal, que se hizo conocida como la candidata transexual de RN por Recoleta
e Independencia.
—Son personas que han venido acercándose a nosotros desde hace casi un año y lo único que hicimos fue formalizarlo. Valentina trabajaba en la Fundación 180, muy cercana a nosotros, hemos tenido diálogos programáticos y compartimos una visión de cómo hacer política. Lo mismo Luis Felipe San Martín, ex director del Injuv; o Pancho Irarrázaval, subsecretario de Vivienda, fundador de Un techo para Chile.

—Hay gente que ha criticado el nombre de Evópoli… Lo encuentran raro.
—El nombre surge del publicista Jorge Leiva, que trabajó con nosotros en esta idea. Tratamos de buscar algo que no entrara en la categoría de los partidos políticos, que llamara la atención por lo raro, ese fue el objetivo.

—El nombre se ha prestado para bullying: les dicen Egópoli, Cuicópoli… 
—Pero eso no tiene nada que ver con el nombre sino con miradas cortoplacistas y personalistas. O sea, cuando Manuel José Ossandón nos llama Egópoli significa que se está mirando el ombligo, porque si hay alguien que está preocupado de sí mismo más que del proyecto colectivo y que se ha dedicado a criticar a los otros ha sido él. No vamos a entrar en su juego.

—Dentro de algunos meses los 170 consejeros de Evópoli deberán decidir si pasarán a ser un partido político. De realizarse, ¿qué relación mantendrán con el gobierno?
—Con Horizontal (el think tank dirigido por Hernán Larraín Matte) estamos trabajando fuerte en distintas líneas de investigación y propuestas, tanto propias como de posturas políticas frente a temas que van a venir con mucha fuerza, como la reforma constitucional, tributaria y la educacional. Seremos constructivos, de hecho, esperamos que le vaya bien al nuevo gobierno.

—Algunos ven con cuidado las altas expectativas que ha generado Michelle Bachelet y que, ante la imposibilidad de responder a todas, más tarde pueda implicar el recrudecimiento de las movilizaciones sociales.
—Pero no tengo susto. Lo que me preocupa es la agenda: no la encuentro realista. Me inquieta que el foco esté puesto en entregarle tres mil millones de dólares al 10 por ciento más rico (en la reforma educacional) y que no se destine a otros casos verdaderamente urgentes, como ocurre con el Sename. El gran drama del programa de Bachelet no tiene que ver con que vaya a dejar una escoba muy grande, sino con que no pase nada con la mejora de la calidad de la educación y por lo tanto se frustren muchos sueños.

—El 2013 fue el año de la crítica al modelo económico. ¿Está de acuerdo con que debe corregirse?
—Se ha perdido el foco y se ha culpado de todo al modelo cuando éste generó empleo y oportunidades. Lo que no funcionó fue el modelo político, que tenía mandatado entregar educación de calidad, justicia social, consultorios dignos. Pero no estuvieron a la par, generando una frustración tremenda en miles de chilenos que ven que sólo el que tiene lucas puede alcanzar el bienestar. Eso tiene que acabar.