Dicen que La Moneda lo quería para Interior. Pretendían que fuera el hombre fuerte de un supuesto nuevo equipo político de Palacio tras el ‘numerito’ de la ley corta electoral y el fracaso en las municipales, pero José Miguel Insulza lo niega. “Nadie me ha llamado ni me pongo en esa situación. No suelo responder ¿qué haría si…?”, afirma tajante el agente chileno ante La Haya quien, al parecer, está más motivado en alcanzar el sillón presidencial que un cargo ministerial.

Aunque hace un tiempo señaló estar disponible y que después de las municipales se pronunciaría sobre su candidatura, al cierre de esta edición está a la espera de lo que acuerde el PS en su pleno del 5 de noviembre. Dice que no está apurado ni ansioso y confía en que su partido hará primarias, a su juicio, más necesarias que nunca. “Lo importante es que ese 47 por ciento que votó ahora por nuestros candidatos a concejales sientan que hubo un proceso del cual participó. Esperan que le demos señales de democracia y no de cupulismo”. 

Acusa el golpe de las pérdidas de la Nueva Mayoría (NM) en las recientes municipales, con una baja de más de 600 mil votos en alcaldes, y que el Panzer entiende como una ‘abstención de castigo’ al gobierno, por la sensación de no haber hecho bien las cosas. “La gente tiene temor de perder su trabajo, de jubilarse, a la delincuencia y de enfermarse, y eso repercute en el estado de ánimo”.

—Pero no son temores infundados, hay un problema de gestión que no ha dado solución a estos temas.

—Hay algo de eso, pero también la ciudadanía ve mucho desorden. Por ejemplo el día que surgió el tema de las pensiones, la Presidenta salió en TV proponiendo cuatro puntos para resolverlo, con la expectativa de que lo tramitarían rápido, pero se empantanó porque la mayoría de los actores involucrados no se pusieron de acuerdo.

—Se apunta a la Presidenta como la principal responsable del fracaso municipal, por su desconexión con la ciudadanía, no hacer un mea culpa ni escuchar a los partidos.

—Este es un régimen presidencial y las críticas van a apuntar siempre a quien está a la cabeza, pero todos somos responsables porque no se ve una mayoría que dirija y ordene al país en una determinada dirección. A partir de ahí se empieza a encontrar todo malo.

—¿Qué pasó con el liderazgo de la mandataria que no pudo redireccionar a su gente?

—Ha sido difícil, los partidos estuvimos dispuestos a proponer cualquier cosa porque iba a llegar Michelle Bachelet y nos sacaría adelante. Cuando fue bajando la popularidad del gobierno nos fuimos quedando sin una agenda común, porque quien lo hacía quedó inhabilitada; entonces cada uno empezó a decir lo que le parecía y las cosas se desordenaron. La NM tiende más a la ruptura que a la unidad, y para sacar un programa no tenemos por qué estar de acuerdo en todo. 

—¿La ve dispuesta a dar un golpe de timón?

—Entiendo que habrá cambios, quiero ver cuáles. Me preocupa que hablaran de lo que iban a hacer en el próximo gobierno, ¡sin discutir lo que harán en éste! En este año y medio, las pensiones, delincuencia, salud y bajos salarios seguirán ahí. La prioridad es acordar una agenda de término, quizás hacer menos cosas pero más a fondo. Puede que ese sea el camino, además de algunas reformas políticas como el sufragio voluntario y revisar qué ocurrió con los padrones electorales porque el registro civil y el electoral no son la misma cosa.

—A muchos le quedó la sensación de que Michelle Bachelet ya entregó el mando de momento que fue Ricardo Lagos quien asumió el liderazgo de la derrota municipal. 

—No veo a Lagos aceptando delegaciones ni a la Presidenta delegando. El había recorrido el país y al momento de ir a saludar a Carolina Tohá dio ese discurso, prácticamente asumida la derrota, dando curso, a partir de entonces, a la carrera presidencial. Insisto, a este gobierno le falta mucho por hacer y no hemos tenido la iniciativa de decir que nos queda una cuarta parte del tiempo aún, así es que vamos a gobernar. Viví algo parecido en el tiempo del presidente Frei, se nos vino encima la crisis, todos hablaban de las elecciones, y él hizo un cambio de gabinete cuando faltaban seis meses para terminar; entré yo, Edmundo Pérez Yoma, Carlos Mladinic y nos apodaron los pánzer. La gran audacia fue trasladar el fin del período del gobierno a La Moneda, la política pasó a dirigirse de nuevo desde allí. No sería mala idea que ahora ocurriera lo mismo. Un cambio es necesario porque se produce un desgaste natural. 

—Hay quienes estiman que mantener a su equipo político se transformó en un gallito personal de la mandataria.

—No creo, ¡son cuentos! 

—¿A quién le gustaría ver ahí?

—No daré recetas de quién se debe ir. Ahora, dicen que en situaciones de cambio de gabinete, todos los ministros deben poner su cargo a disposición de la Presidenta. 

—¿Es cierto que lo llamaron para Interior?

—No me ha llamado nadie.

—¿Y si lo llaman?

—No sé, tendría que verlo, pero no hablaré de eso ahora. No es justo que a uno le pregunten ¿qué haría si…? Quien está en política se ciñe a sus reglas y estas dicen que la vida es dura y uno tiene que servir donde lo necesiten, que no significa tampoco que estoy listo para ir. En este momento estoy con la demanda de Bolivia y viendo la posibilidad de postular en una primaria presidencial si el Partido Socialista quisiera. 

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No padezco de ‘primaritis’”, dice en alusión al senador Fulvio Rossi quien considera un sinsentido una primaria interna del PS, asegurando que ésto no los llevará a ninguna parte. “A lo que aspiro es a una designación de candidatos lo más democrática y abierta posible. Después de lo que ha pasado, no tenemos otra alternativa. Que las cúpulas decidan, sería darle pretexto a la derecha y a la izquierda más radical para que sigan criticando el sistema político”.

—¿Y concita apoyo en el PS? Muchos estiman que su momento fue el 2009.

—El 2009 fue la oportunidad de varios, también de Ricardo Lagos, pero yo tenía una tarea que cumplir en la OEA. Mi error fue haber dejado mucho tiempo el tema abierto. Si es mi minuto o no, habría que verlo cuando se decida el mecanismo. Los socialistas aún están absorbiendo los resultados de la municipal; es muy temprano para retomar candidaturas y hacer campaña. Sí le aseguro que la mayoría quiere elegir por la base y no están dispuestos a que le impongan un candidato. 

—La timonel PS Isabel Allende, sin embargo, planteó la idea de un entendimiento con Ricardo Lagos y usted. 

—No, he sabido por los diarios que seguirá. Estoy de acuerdo con Alejandro Guillier en cuanto a que deberíamos sacar el pie del acelerador presidencial…

—Difícil con Lagos ya corriendo.

—Mi sugerencia es mantener la calma, no es bueno mostrar al país tanta ansiedad. Siempre he sido más reflexivo y esta es mi primera entrevista después de las municipales. Cuando tenemos un golpe fuerte como la abstención y el resultado, debemos  madurarlas con tranquilidad, cosa que no ocurrió en los partidos.

—¿Lo dice por la DC que congeló relaciones con La Moneda, amenazando que con ellos no se juega?

—La DC no ha tenido una vida grata en este gobierno, por la tendencia de algunos dirigentes —que no son del PC— que crearon un ambiente refundacional y negativo hacia el centro, que ha sido perjudicial. Lo de la DC es más un síntoma por los problemas internos que una reacción desaforada.

—¿No es que estén dejando sola a la Presidenta, entonces?

—El gobierno incorporó a los partidos a la discusión con el comité político de los lunes, y el resultado ha sido que se pelean desde la puerta para afuera; lamentable. Ella está con el derecho a sentirse un poquito sacada de onda por estos días.

—¿Cómo lo hará con una Moneda que parece estar cuadrada con Lagos, que dejó partir, incluso, a su mejor ministro?

Máximo Pacheco es un gran amigo mío, pero en las encuestas no estaba evaluado como el mejor ministro y mucha gente ni siquiera sabía quién era el día que renunció. Hubo intención de mostrar una tremenda crisis, casi una ruptura del gobierno en circunstancias que un ministro se fue para acompañar a alguien que quiere ser candidato a presidente. No veo a La Moneda cuadrada con Lagos, debo creerle al vocero, aun cuando el escenario —en pleno cambio de gabinete— fue desafortunado y motivó a comentarios.

—Y que el ministro Mario Fernández dijera que la decisión presidencial será entre Lagos y Piñera, ¿tampoco le dice nada?

—Fue un descuido, aunque me quedó claro que no puedo postular porque no tengo doctorado, sólo un máster, que me descalifica según su parámetro. En lugar de pasar 14 años en el exilio y haciendo otras cosas debí haber regresado para sacar mi doctorado (dice con ironía). Pero bueno, no me arrepiento de nada…

—¿Hasta dónde llegará con su carrera a La Moneda?

—Partí a los 17 en política, he seguido en ella. Es mi vocación y profesión, que me ha dado enormes satisfacciones y llegaré hasta dónde llegue. Me siento en condiciones, pero no estoy desesperado ni angustiado. Esta es una carrera de largo aliento.Estoy disponible para un proceso que, insisto, es necesario. Ha habido proclamaciones de presidentes por cúpulas, y han tenido éxito; no las repudio, de hecho, la mayoría de los candidatos de la Concertación —incluyendo los dos períodos de Bachelet— fueron por acuerdo de partidos. Sin embargo, hoy la cosa es distinta, a menos que apareciera alguien. Alejandro Guillier es interesante pero ya no irrumpió. Guillier no es Bachelet, ¡por favor!

—¿Qué lo diferencia a usted de los otros candidatos de la NM?

—Tengo las competencias y la trayectoria en la política chilena que me califica para cualquier cargo, pero prefiero no señalar diferencias con otras personas.

—¿Gobernaría con la NM o debiera formarse un nuevo referente?

—Trataría de ampliarla hacia la izquierda y el centro, el que no logra ser llenado por Lily Pérez, Andres Velasco y otros. Pero sería un pacto de gobierno no una coalición que se junta por un candidato. A los cuatro puntos que debieran ser prioritarios para este gobierno, sumaría la reforma constitucional y de educación. Y dentro de las reformas políticas, centrarse en el financiamiento de Codelco y el fin de la Ley Reservada del Cobre, partiendo con dar un 10% de las ganancias y no de los ingresos. Un presupuesto plurianual para la Defensa Nacional, puede ser más práctico y mejor.