Es tarde, en el comando de Pablo Longueira ya casi no queda nadie, pero en la oficina de Joaquín Lavín Infante, tras un corredor del segundo piso, la luz sigue encendida. El lugar, de muros color tierra, es de una austeridad espartana: un escritorio de madera y, al fondo, dos sencillos estantes, uno a cada lado. Sobre la mesa, un cuaderno universitario —donde se lee su impecable letra en tinta negra— y un celular que no deja de parpadear. Joaquín Lavín todavía se desenvuelve con ese aura de profesor universitario —tarea que ejerció por décadas— y que no abandona ni siquiera para esta entrevista: siempre de pie, paseándose de un extremo a otro del escritorio, exponiendo académicamente sus puntos, ahora como estratega y, según muchos, artífice del triunfo de Longueira en las primarias del 30 de junio.

“Lo del saludo y todos esos hashtags que circularon son un mito. Obviamente se vivieron momentos tensos y de palabras duras, aunque no en los niveles que aparecieron…

Un logro que caló profundo en el comando de Renovación Nacional —donde se preparaban para descorchar champaña— y que incluso derivó en un serio impasse, cuando Andrés Allamand acusó a Joaquín Lavín de querer humillarlo esa noche en el comando gremialista… “Lo del saludo y todos esos hashtags que circularon son un mito. Obviamente se vivieron momentos tensos y de palabras duras, aunque no en los niveles que aparecieron… Pero ya está superado y pedí disculpas porque lo que pasó esa noche no era el protocolo adecuado”.

—En una entrevista Allamand admitió que le habría gustado que Longueira lo nombrara su generalísimo…
—Aquí lo único importante es la unidad de nuestro sector y cada uno tiene que aportar desde el lugar que le corresponde… (dice sin ganas de continuar con el asunto).

—Por eso algunos interpretan que cuando RN pidió que usted pagara con su cabeza la famosa ‘humillación’, en realidad buscaba sacarlo.
—Nada que ver, no fue forzado. Insisto: lo único importante ahora es la unidad y trabajar desde donde mejor corresponda.

—¿Es posible? El Presidente y la UDI se indignaron cuando, sorpresivamente, se anunció el pacto RN-Concertación para reformar el Binominal.
—Esas conversaciones venían hace tiempo. Además, no me quedo con la forma sino con el fondo: estamos todos de acuerdo en que debe haber cambios políticos.

—Según Hernán Larraín (UDI), al gobierno le faltó liderazgo al no anticiparse y sólo reaccionar con otra propuesta.
—No lo veamos desde el punto de vista comunicacional sino real: Chile necesita un cambio en el sistema político y el plan del Presidente lo cumple totalmente: que no haya más senadores y diputados y que no se gaste un solo peso extra.
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—¿Cómo interpreta el cambio de juego de Allamand, quien después de negar tajantemente que entraría en la senatorial, ahora postula por Santiago Poniente?
—Las circunstancias en la vida cambian y uno debe irse adaptando. Que ahora quiera ser candidato a senador es una decisión muy valiosa; no son tantas las personas de nuestro lado que tienen ese liderazgo que hoy necesitamos no sólo para ganar la presidencial sino para el Congreso. Eso requiere duplas potentes y la de Zalaquett con Allamand lo es.

Esa pelea “de chico a grande”, como llama a las elecciones de noviembre con Bachelet, Lavín la experimentó en carne propia en el ’99, cuando perdió frente a Ricardo Lagos por sólo 30 mil votos. De ahí que el ex alcalde por Santiago asuma su actual rol como generalísimo de Longueira como un “repechaje” y, también, una vuelta de mano ante un hombre que él reconoce como su amigo. “Pablo jugó un rol clave para mi candidatura; ahora me toca apoyarlo”.

De hecho, si un concepto se viene una y otra vez a la mente de este economista es el fútbol donde él claramente es el DT. “Soy como los entrenadores que se sientan en la banca; cuando Pablo estaba en los debates y nos encontrábamos en el camarín con Francisco de la Maza y Juan Antonio Coloma, nos sentíamos igual… los tres ahí, mientras el jugador estaba en medio de la cancha. Obvio que se necesita mucha cercanía con el candidato, pero con él es como jugar de memoria. Antes de la primaria dije por ahí que ganarle a Bachelet sería toda una sorpresa ¡y se me vino todo el mundo encima! Pero hay que ser realistas, debemos decirle a los chilenos la verdad: esta es una campaña de chico a grande, aunque estoy convencido de que vamos a dar la sorpresa”.

Mucha gente que esperaba el regreso de Bachelet quiso ir a decirle te apoyamos; ella movilizó a sus partidarios en una mayor proporción que la nuestra porque la centroderecha no tiene cultura de primarias.

Con mente de estratega, Lavín se concentra en lo que será el perfil del candidato. “Este repechaje tiene que darse fuera de la cancha de la política tradicional; la gente tiene que verlo como un hombre diferente, eso es clave. En los focus group me he dado cuenta de una ventaja: la vida de Pablo no se conoce mucho; sólo se sabe que participó en el Congreso, que fue ministro de Economía, y se ignora que cuando joven vivió en un campamento en La Pintana, que tiene un hermano jesuita, que todos los viernes de su vida iba al Infocap, la universidad del trabajo, para enseñar matemáticas a mujeres de bajos recursos… Tiene una imagen en televisión como un hombre serio, duro, muy diferente a la realidad. Por eso nuestro gran desafío es dar a conocer este hombre a quien yo llamo ‘el jesuita de la UDI’”.

—¿Esa es la fórmula para contrarrestar la diferencia de votos con Bachelet?
—Las primarias deben tomarse como un dato, cuando se escoge al candidato de cada coalición. Además, mucha gente que esperaba el regreso de Bachelet quiso ir a decirle te apoyamos; ella movilizó a sus partidarios en una mayor proporción que la nuestra porque la centroderecha no tiene cultura de primarias. Así que cuando me dicen que el resultado de la elección fue 70-30, ¡momentito! Estamos hablando de verdaderos hinchas, de una barra brava mucho más fuerte. Los hinchas nuestros son menos politizados, menos ideologizados.

—Por eso, ¿cómo se van a diferenciar?
—Las personas ya tienen una opinión sobre Michelle Bachelet, sobre cómo fue su gobierno y, por tanto, esta elección no debiera centrarse en el pasado sino en el futuro. Por ejemplo, me llamó la atención cuando hace poco ella dijo que Chile hoy es un país difícil de gobernar, ¿perdón? Eso ya lo sabemos hace por lo menos tres años y ese ha sido el mérito de Piñera: lograr que Chile crezca a pesar de este contexto social difícil. En ese sentido, Longueira es la persona de centroderecha que mejor entiende los cambios que vienen. Como ministro de Economía dejó de ser el UDI clásico y comenzó a vibrar con el emprendimiento, con las Pymes, estuvo a cargo del Sernac, le tocó llevar adelante los acuerdos de La Polar y Banco Estado. Tiene clarísimo que para resolver problemas sociales se necesita de crecimiento económico. Sin eso, la inclusión no es más que puro populismo… Ahí radica la diferencia con Bachelet: ella no es buena para crear empleo. Si la gente lo que quiere es trabajo, mejores sueldos, claramente que Pablo es la mejor opción.

Ahí radica la diferencia con Bachelet: ella no es buena para crear empleo. Si la gente lo que quiere es trabajo, mejores sueldos, claramente que Pablo es la mejor opción.

—¿Ni aunque Bachelet retome la dupla de oro que armó con Andrés Velasco?
—No, eso ya fue, y el país creció menos que el promedio, con sólo la mitad de los puestos de trabajo que ha logrado el Presidente Piñera.

—Algunos creen que Michelle hoy es muy distinta a la que gobernó hace 5 años.
—Ella me cae bien, una vez hasta me declaré bacheletista-aliancista y quedó la escoba… La verdad es que no creo que haya cambiado, pero está siendo tironeada por gente muy distinta, como el PC, que ahora está en la coalición, obviamente con sus intereses; con un Partido Socialista mucho más izquierdista; y una DC, que en su momento era muy fuerte y que hoy se ve disminuida. Es la misma, pero lidera una coalición muy diferente.

—Una de las críticas hacia Longueira y Allamand durante las primarias fue que ambos defendían a ultranza el modelo. Mientras en la calle se palpa la indignación respecto de las instituciones, por ejemplo las isapres y las AFP, ¿cómo harán para sintonizar?
—La gente no está por un cambio total del modelo. Lo que quiere es que se frenen los abusos. No se trata de eliminar las isapres, sino de terminar con la discriminación, los excesos. Eso Pablo lo tiene clarísimo. El país creció y en esta etapa son necesarias correcciones en lo económico, lo social y lo político.
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En cuanto a las isapres, el ministro Mañalich ha promovido —y estoy de acuerdo— un plan garantizado de salud, donde no se puedan subir las primas unilateralmente, entre otros. En el caso de las AFP, el problema es más profundo, porque existe una realidad nueva, con un cambio demográfico propio de los países que van alcanzando niveles de desarrollo, pero además hay muchas personas con lagunas previsionales. Por eso es tan importante que la economía genere empleo, que los trabajadores temporales cuenten con una fuente laboral los doce meses del año, que existan incentivos para que las personas completen una parte de sus lagunas y que el Estado se encargue del resto.

Una visión —asegura— que se enmarca en la búsqueda del centro social, y que apunta a trascender el eje político e ir en ayuda de los problemas de la gente en asuntos como el trabajo, salud, educación o transporte.
—A propósito, ¿qué le pareció la imitación de Kramer y el chentro chochal?
—Jajajá, el concepto se transformó en un clásico gracias a Stefan. Hoy todos lo conocen. En ese sentido nos hizo un gran favor.