Parece sentirse cómodo con los movimientos soterrados y silenciosos que provocan efectos, pero dejan pocas huellas. Como los titiriteros a los que jamás se les ve la cara pero que, sin su actuación, el muñeco no se mueve ni es posible el espectáculo. El subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, desde 1990 había tenido cargos importantes, pero nunca demasiado visibles para el público masivo. Probablemente en 2014 no lo reconocían ni en la peluquería de barrio de Providencia donde, como cualquier vecino, acostumbra a cortarse el pelo. Pero en 2015 las cosas han cambiado y se ha producido el destape de Aleuy.

Cuando asumió el cargo en Interior, resultaba bastante previsible que iba a ser el hombre que desactivaría las crisis en La Moneda de Michelle Bachelet. El socialista es un experto operador, conoce como pocos el mundo del poder, cuenta con la confianza de la Presidenta y maneja de memoria la realidad política de las comunas de todo el país. No resultaba del todo evidente, sin embargo, que solamente en algunas semanas Aleuy iba a adquirir una relevancia doble: la de asumir responsabilidades de la conducción política del Ejecutivo, ante el debilitamiento del ministro Rodrigo Peñailillo, y paralelamente ser el rostro del gobierno por los incendios en La Araucanía, los temporales en el norte y el asesinato del carabinero.

Dicen que está actuando en forma paralela a Peñailillo para controlar el riesgo y la agenda. Cuando se sostiene que este país atraviesa por la crisis política más profunda de las últimas décadas, con la Presidenta en su peor nivel de popularidad desde marzo de 2006, Aleuy está tomando el papel de conductor. En medio de la catástrofe del fuego y los aluviones, puso su destreza a disposición del momento y fue la punta de lanza del Ejecutivo ante los críticos. Con la muerte del carabinero mostró su mano dura y amenazó con decretar el Estado de Sitio en fechas críticas. Solamente el tiempo y la historia juzgarán el papel de Aleuy, que en su despliegue ha tenido altos y bajos. Pero el personaje de la quincena de CARAS, respetado y hasta temido en la Nueva Mayoría, por primera vez hace política frente a todo Chile y ha comenzado a mostrar sus cartas.