Después de Albert Einstein, Donald Trump aspira a convertirse en el personaje con la mente más estudiada de la historia. Por razones distintas, obvio. Mientras la genialidad del primero intrigó a los científicos al punto de que su cerebro fue robado tras su muerte, el actual inquilino de la Casa Blanca consiguió que decenas de especialistas realizaran perfiles sicológicos apostando cuán peligroso podía llegar a ser.

Y, claro, apenas se instaló en el Salón Oval el diagnóstico se confirmó: el hombre más poderoso del mundo tendría una mente inestable y proclive a la violencia. Un narcisista ‘de manual’ al punto de que el sicólogo experto en manipulación George Simon confesó a Vanity Fair cómo en sus presentaciones usa a Trump de ejemplo para ahorrar en actores y material gráfico. “Pura teoría” alegaban sus partidarios… mientras pudieron. Hasta que la investigación por la ‘trama rusa’ —y luego la publicación del bestseller de Michael Wolff Fire and Fury— lo desestabilizó al punto de que el dueño del botón nuclear comenzó a tuitear y retuitear incoherencias y videos violentísimos.

Entonces una pregunta más esencial aún se apoderó de la comunidad médica de EE.UU. ¿Es Donald Trump apto para dirigir el país? La conclusión —firmada por los 27 autores de El peligroso caso de Donald Trump— es que existe consenso médico sobre la amenaza que el ex conductor de El Aprendiz representa para su nación y el mundo entero. Acorralado, Trump salió a calificarse a sí mismo como un ‘genio muy estable’. Alardeó sobre un Coeficiente Intelectual (CI) que lo elevaría a la categoría de superdotado y la semana pasada el médico de la Casa Blanca informó sobre un test que despejaría cualquier duda sobre el estado de sus funciones cognitivas.

“Trump fue el primer presidente de EE.UU. que planteó el tema del CI. Se jactó de ello y cuestionó el de su antecesor. Sin embargo (Trump) es totalmente ignorante, y no sólo en ese tema sino que de la historia del país en general. Por ejemplo, citó como evidencia de su genialidad el dato de que llegó a la Casa Blanca ‘al primer intento’, lo que es absurdo porque muchos otros lo hicieron antes, incluidos Obama y George W. Bush”, explica Dean Simonton, profesor de sicología de la Universidad de California-Davis y autor de Creativity in Science y Origins of Genius.

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Simonton es además conocido por publicar un ranking sobre el CI, brillantez intelectual y liderazgo de los 42 primeros presidentes de EE.UU. En su estudio el primer lugar lo ocupa el sexto jefe de Estado, John Q. Adams, seguido por Thomas Jefferson, John F. Kennedy y Bill Clinton. Trump no alcanzó a aparecer en esta lista, pero el hecho de que nunca haya querido dar a conocer los resultados de su IQ test (que no es lo mismo que la prueba revelada por su médico oficial), le parece a Simonton, a lo menos sospechoso. Lo mismo que la insistencia del mandatario en autoproclamarse un ‘genio estable’, algo que más bien demostraría inseguridad.

Para confeccionar su ranking, Simonton usó varios instrumentos y fuentes, incluido un estudio de 1926 que identificó a los ocho presidentes norteamericanos más brillantes mediante el análisis de datos como logros de infancia y juventud. “(Con Trump) no tenemos evidencia directa de que fuera lo suficientemente inteligente para ser admitido de manera regular a Wharton. Entró (a esta escuela de negocios) por la puerta trasera, por decirlo de algún modo”, explica el autor de Presidential IQ, Openness, Intellectual Brilliance and Leadership.

El abismo entre la brillante personalidad de un JFK y lo que muestra a diario Trump con sus frenéticos tuits lleva a preguntarse cuánto han cambiado las competencias deseables para convertirse en el jefe de Estado de la nación más poderosa del mundo.

“Cambiaron en la medida en que lo hicieron los medios de comunicación. (Winston) Churchill y Franklin D. Roosevelt hicieron un uso efectivo de las transmisiones de radio. JFK fue el primer presidente telegénico. Trump es el primer mandatario de las redes sociales, especialmente de Twitter. Saber usar los medios para obtener apoyo es crucial, pero si esto se traduce o no en un liderazgo efectivo es algo muy diferente”, explica Simonton desde EE.UU.

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—Por último, ¿hay algún presidente de cualquier otro país que admire?

—Dos líderes mundiales me impresionan por sus cualidades intelectuales: (Justin) Trudeau, de Canadá, y Angela Merkel, de Alemania. Particularmente esta última. (También) recuerdo haber leído algunas buenas cosas sobre la titular chilena, pero usted debe saberlo mejor que yo.