Cuando las chicas se deslizan se observan los nombres de guerra que lucen en sus camisetas: Maiterror, Malecha y Teluri-K, por nombrar algunos. Ni muy niñas ni muy adultas, están entre los 18 y los 35 años, como el reglamento demanda. Hay de todo: estudiantes, trabajadoras, dueñas de casa. Incluso médicos, como Madame Peligro, quien lleva los stickers de murciélagos y calaveras en su casco celeste.

La concentración es implacable. Pese a que en Chile el Roller Derby no es aún un deporte en lo formal, y la liga existe como tal desde el 2011, las chicas entrenan como si cada semana fueran a disputar la copa del mundo.

Dos equipos de cinco patinadoras dan vida al juego. En él, las llamadas jammers —verdaderas puntas de lanza—, que se diferencian de las demás por tener una estrella en sus cascos, deben dar dos vueltas a la pista ovalada y evitar que las bloqueadoras contrincantes les impidan el paso. Ellas recién celebrarán si consiguen sortear a todas sus rivales. Al cabo de una hora, el equipo que logre más puntos gana. Una hora en la que los empujones y caídas se sucedan de manera intensa. Algo parecido a lo que se ve en la película dirigida por Drew Barrymore, Whip it, aunque nunca tan radical. Como las mismas chicas dicen, “tanta violencia y golpes desmedidos llevarían directamente a la expulsión”.
En el filme de 2009, la protagonista, caracterizada por Ellen Page (Juno), vive en torno a una familia conservadora y a una madre sobreprotectora, que insiste en incluirla en certámenes de belleza. Incómoda, la joven busca algo nuevo que hacer y da con el Roller Derby, disciplina que le permite unirse a un grupo de mujeres con carácter. Sin esperarlo, de ser una chica sola, logra sumarse a un grupo unido y bajo una actividad poco convencional.

UNA HISTORIA PARECIDA A LA DE MAITE REY-AGUIRRE O MAITERROR, quien por 10 años practicó patinaje artístico antes de llegar al Roller Derby. Según Marcela Endorfina Aguilera, para la joven, esta experiencia fue “una segunda oportunidad con el deporte”. La pequeña rubia gira por la cancha y, sin pretenderlo, deja ver los tatuajes que visten sus piernas y brazos.
Es febrero y al menos 30 jugadoras se deslizan por la cancha. Para ellas, esto es trabajo y compromiso. En su página web, la advertencia es clara: “Si eres una mujer con dos pegas o una muy dura y demandante, tienes varios hijos (…) o vives en ese lugar que el Transantiago olvidó y (…) por lo mismo piensas que no podrás hacerlo dos o tres veces por semana (…) es altamente probable que esto no sea lo tuyo”. También se especifica que el deporte no es barato, pues un par de patines profesionales cuesta alrededor de ciento cincuenta mil pesos. En total, el equipamiento profesional necesario puede bordear el medio millón.

En Chile, son tres los equipos que dan vida al Metropolitan Roller Derby: Anfetamina Roller Girls, Cannibales Dolls y Hot Chilli Roller Girls. Un poco de rock, un poco de agresividad y mucha actitud perfilan a este grupo  que durante el verano entrena unido y que para competir se va desmembrando en teams con personalidad propia y que aglutina a cerca de cien chicas. Las mismas que en diciembre fueron premiadas por una marca deportiva con USD 10.000 por su singular estilo.
La historia continúa y el training no se detiene. Las fechas de sus exhibiciones se publican periódicamente en sus fanpages de Facebook, donde en total ya acumulan cerca de ocho mil seguidores.

Los minutos avanzan al ritmo de las caídas. El tiempo para tomar agua no supera los 120 segundos. El esfuerzo corporal va con cada zancada y las frenadas bruscas están a la orden del día. Los movimientos se calculan, la estrategia nunca se detiene. Todo está perfectamente detallado en más de 70 hojas de reglamento, provenientes de la WFTDA (Women’s Flat Track Derby Association). Ellas saben que pueden hacer más de una cosa a la vez. Tal vez por eso el Roller Derby es un deporte para mujeres.