“Yo sé que mi lugar es al lado de Ollanta, nunca delante ni detrás de él”, dijo Nadine Heredia cuando recién asumía como Primera Dama de Perú, en julio de 2011. Pero su figura parece que igual se puso por delante… A tal punto que no son pocos los que creen que lleva la conducción del país. Muchos la quieren ya en el Palacio Pizarro en 2016.
Algo está claro: el rol de Heredia dentro del gobierno no es precisamente el de la mujer del Presidente. Detrás de esa cara cálida y vestimenta casual —de polera y pantalón, salvo en ocasiones oficiales—, Nadine esconde una fuerte aspiración política.
Según documentos de Wikileaks, el ex embajador de Estados Unidos en Perú, Michael McKingley, dijo que ella es el “cerebro político radical detrás de Humala”. Tal es la autoridad que ejerce sobre el Presidente que el diplomático norteamericano, luego de una reunión protocolar que mantuvo con el mandatario, afirmó: “Sin la presencia de Nadine y la influencia que hemos visto que ejerce sobre él, Ollanta se mostró más relajado y notablemente más abierto en una serie de temas”.
Y una muestra más del poder femenino, según los escritos, es que muchos de los cargos clave dentro del gobierno han llegado ahí gracias a movidas suyas.

Pero muchos peruanos la aman. La aprobación de Nadine —37 años, politóloga, tres hijos— llegó en febrero a un 68 por ciento según la última encuesta de la consultora Datum Internacional, esto es 13 puntos por encima de la de su marido. Hoy, casi la mitad del país —de acuerdo al mismo sondeo— cree que es la mejor carta presidencial para 2016.
No se ve fácil, en todo caso. Habría que modificar la Constitución porque en los ’90 el gobierno de Alberto Fujimori prohibió la reelección en todas sus formas, incluyendo la postulación del cónyuge. A pesar de eso, cercanos a la Primera Dama afirman que ella nunca lo ha descartado. Y podría recurrir a otras vías para presentarse como, por ejemplo, acudir al Tribunal Constitucional o al Jurado Nacional de Elecciones. Si así fuera, Perú podría tener la versión andina de los Kirchner.

Para la última Navidad, la alcaldesa de Lima Susana Villarán presentó a Heredia ante la multitud como ‘la presidenta’. Y ella, mientras buscaba a la titular de educación en un acto público, preguntó: “¿Dónde está mi ministra?”.
Otro dato: fue Nadine la primera en presionar públicamente a Humala para que pida la renuncia de uno de sus colaboradores por un caso de tráfico de influencias.
Todos estos ejemplos dan cuenta del camino que está pavimentando. “Perú estaría en una situación mucho peor sin Nadine”, dijo un ex ministro del gobierno de Alan García. Y por eso se toma atribuciones propias de un mandatario. Tiene un despacho personal con cinco trabajadores —se dice que muy bien remunerados—, participa activamente, aunque la pareja lo niega, en reuniones con presidentes, tiene agenda propia y en febrero representó a Perú frente a la ONU en la declaración oficial del “Año de la Quínua”, junto al Presidente Evo Morales.

TANTA EXPOSICIÓN TRAE CRÍTICAS. Amílcar Mendoza, político opositor al gobierno de Humala, la acusó de “secuestrar la investidura presidencial”. Otros la han calificado como la ‘Lady Macbeth de los Andes’, en alusión a su ambición desmedida, e Isaac Humala, padre de Ollanta, aseguró que su nuera está “borrachita de poder”. No sólo eso. Su vinculación al gobierno chavista tiene a los opositores atentos ante una eventual postulación. En la última campaña presidencial, Heredia recibió un pago mensual de 4 mil dólares por parte del Daily Journal —diario de Caracas afín a Hugo Chávez—, por una serie de “asesorías” brindadas por ella. Además, en enero tuvo un accidente de tránsito en un auto de una ONG que recibe fondos desde Venezuela para programas sociales. Ella niega cualquier vínculo con ese país.

Eduardo Dargent, politólogo y profesor en la Universidad Católica de Perú, cree que “es la sucesora perfecta para Humala. Tiene entrenamiento político por su experiencia en dos campañas y por eso se le ha reconocido como una cogobernante, lo que la hace una muy buena opción para los próximos comicios. No presentarse podría ser una pésima elección de su partido”. Para Dargent, la clave del éxito son “sus viajes constantes dentro de Perú —donde toma contacto con los más pobres—, su empatía y su cercanía con el pueblo”.
Juan Sheput, secretario nacional de política del partido Perú Posible, opositor a Humala, sostiene que “Nadine consiguió algo muy difícil y pocas veces visto: mantiene casi las mismas cifras de popularidad a lo largo de todo el país y en todos los estratos”. Pero también asegura que esos seguidores se deben a que sabe escoger qué noticias dar y cuáles callar. “Es la protagonista de las buenas y se mantiene al margen de las malas. Ambigua, nunca se pronuncia sobre temas controversiales. Entonces se le ve otorgando becas, inaugurando programas sociales, pero jamás se pone del lado de los problemas y no marca posición en temas que exigen definición que podría perjudicar al gobierno”.
Sheput alude al ‘efecto teflón’: “Cuando la popularidad es muy grande, los escándalos no se les pegan a los gobernantes. Su alta aprobación también la conduce a la soberbia”, explica haciendo referencia al viaje realizado por Heredia a la Antártida, donde descuidó los problemas que se estaban presentando en el norte del país, con graves lluvias e inundaciones este verano.

NO SIEMPRE ESTUVO LIGADA A LA POLÍTICA. Pasó su adolescencia cantando en bares bohemios y escuchando música con contenido social. Era conocida por su alegría, capacidad de liderazgo y sus modales un tanto masculinos. Hacía que sus amigos le tocaran los bíceps, los saludaba con puñetazos en los brazos e, incluso, una vez agarró una botella de alcohol y comenzó a tomársela enfrente de todos.
Todo eso, hasta que conoció a Ollanta Humala, su sobrino de segundo grado y 14 años mayor. Se casaron en 1999 y juntos fundaron el Partido Nacionalista del Perú, en 2005. Tras dos campañas presidenciales, donde Nadine comenzó a brillar con luz propia y se le comenzaba a ver como una mujer carismática y cercana, el  matrimonio llegó al poder en 2011.
Meses antes de asumir, ella dijo que “no sería una Primera Dama de escritorio”. Hasta ahora no lo es. ¿Se convertirán en ‘Señor y Señora H’? Habrá que esperar. Por ahora, Nadine dice que la idea no se le ha pasado “ni por el rabillo del ojo”.