“Hay tres cosas ciertas en la vida: la muerte, los impuestos, y que Michelle no va a ser candidata a la presidencia”, respondía entre risas Barack Obama en enero de este año al ser consultado sobre el interés de su esposa en llegar al sillón presidencial. Hubo mucha especulación al respecto, y su potencial carrera política fue apoyada por líderes de opinión y celebridades, pero lo cierto es que Michelle Obama (52) tiene su interés en otros frentes.

Si no está acompañando a su esposo en eventos oficiales y posando junto a sus hijas, Michelle está con Oprah o Ellen promocionando sus programas de ejercicio y comida saludable, o convirtiéndose en fenómeno de YouTube rapeando junto a Missy Eliott y James Corden. Pero no todo es frivolidad. Michelle ha dado discursos que se convierten en clásicos instantáneos y es conocida por su oratoria impecable.

MICHELLE-INTERNA-II

Nacida en 1964 en Illinois como Michelle Robinson, su padre trabajaba en una planta de agua y su madre fue ama de casa durante toda su infancia. Sus ancestros —por padre y madre— eran esclavos de Carolina del Sur y Georgia. Una escolaridad marcada por la excelencia y el talento no la libró de la discriminación por ser mujer y negra. Ha relatado que más de una vez su opinión no fue tomada en cuenta por su género, que temió a la burla, al ridículo y a la violencia por su origen racial; y que al revelar que quería postular a la Universidad de Princeton, sus profesores le aconsejaron que bajara sus expectativas de sí misma.

Ingresó a esa casa de estudios en 1981 a estudiar Sociología. Michelle relata que, tras su llegada al campus, su compañera de cuarto fue convencida por su madre de cambiarse para no compartir el espacio con una negra. Tal vez experiencias como esa la impulsaron a graduarse con honores, y con una especialización en estudios afroamericanos, en 1985.

Ese mismo año ingresó a obtener un título de abogada en Harvard, graduándose con una carrera destacada en derechos de minorías en 1988. Tres años después, trabajando en una firma legal, conoció a su colega Barack Obama.

Tras casarse y tener a sus dos hijas, y con el embarque de Barack en una carrera presidencial, Michelle se mantuvo a su lado, primero con una actitud conciliadora y gentil (apareció en revistas de hogar, jardinería y vida familiar) y luego comenzando a tocar temas que eran de interés para su comunidad y familia, como la discriminación que sufrieron por ser negros incluso hasta el día del triunfo de Obama.

La primera dama fue parte esencial de la imagen de los Obama como una familia normal. En entrevistas, solía mencionar la crianza de sus hijas Sasha y Malia y cómo equilibraban la vida familiar, romántica y laboral junto a su marido. La primera familia se mantuvo libre de escándalos y controversias y conservó su carácter de ciudadanos comunes. 

La permanencia de los Obama en la Casa Blanca y el carácter sin miedo de Michelle al referirse al racismo y la violencia policial son de especial importancia para la comunidad afroamericana.

MICHELLE-INTERNA

Tanto el Presidente como ella han declarado su repudio ante estos casos, especialmente en el marco de la nominación republicana a Donald Trump, que viene a despertar los fantasmas del racismo y la misoginia en un país que de a poco se hacía más progresista. 

Fue en la pasada Convención Demócrata cuando movió hasta las lágrimas a varios delegados cuando dio un sentido discurso en apoyo a la candidata Hillary Clinton. “No dejes que nadie diga que Estados Unidos no es un gran país o que hay que hacerlo grande de nuevo porque, ahora mismo, somos un gran país, el mejor en la tierra”, proclamó en una elegante inversión del slogan de Trump de Hacer América grande de nuevo. Michelle entró a la Casa Blanca como esposa del Presidente, pero sale de ella como una líder autónoma y con un peso cultural propio. Puso en tela de juicio problemas que hace 10 años parecían prohibidos, como los derechos de la comunidad LGBTQ o la importancia de apoyar a niñas afroamericanas en su educación.

Con un liderazgo y popularidad casi equivalente a la de Obama, Michelle logró volar con impulso propio y hoy es capaz de proyectarse —quiera o no— como una líder política para la nación, algo que es testimonio de su vida como abogada, como estudiante, como afroamericana y como mujer.