Eduardo Aninat, economista, ex ministro de Hacienda de Eduardo Frei, reconocido militante DC, acaba de sumar un nuevo crédito en su ya contundente currículo: ahora también es escritor. No es el primero de los tecnócratas —o un “economista fome”, como él se define—, la oveja negra en una familia de casi puros artistas, que desembarca en el mundo literario. Ya antes otras figuras, como el ex candidato presidencial Andrés Velasco; el también economista Sebastián Edwards, además de Camilo Escalona desde los terrenos de la política, han lanzado sus obras en el competitivo rubro editorial. En el caso de Aninat, se trata de una novela breve, escrita en tan solo tres meses, y que bajo el título Economía de desamparados, debutó recientemente en librerías.

La idea siempre dio vueltas en su cabeza: “¿Qué pasa si a dos personas muy distintas, una banquera en Nueva York y un modesto agricultor de Cusco los despojas de todo su entorno? ¿Qué sucede cuando ya no tienes nada que te sostenga en términos materiales o accidentales? A ella le sacas el tren de Manhattan, el iPad, el celular que suena todo el día; a él le quitas el burro, la pala y dejas a estos dos personajes como lo que son: dos personas frente a una encrucijada. Finalmente todos tenemos los mismos problemas, venimos de lo mismo y nos pasa lo mismo a la hora de la verdad”, asegura convencido el ex embajador.

Aventurero y sobre todo ‘gitano’, su rol como economista de importantes organismos internacionales lo ha llevado a dar la vuelta al mundo. “He recorrido toda Latinoamérica, no me queda ningún país por conocer; he trabajado en cinco naciones latinoamericanas y en otros en vías de desarrollo como Turquía y Portugal. Y como también soy bien observador, los personajes me fueron quedando”, asegura este lector empedernido, fanático de Bolaño, Paul Auster, Marcel Proust, Albert Camus, y que sin culpas se devora un promedio de tres libros por mes.

No ha pasado inadvertido su aterrizaje en Chile después de tres años en Francia como gerente general de la Fundación de la Unión Internacional de Empresarios Cristianos. En pleno año de elecciones, con la economía en el ojo mismo de la discusión pública, mientras términos como lucro y el famoso modelo se han convertido en las palabras más pronunciadas, desmenuzadas y, sobre todo, criticadas del último tiempo. “¿Qué es el modelo? —inquiere él en la comodidad de un sofá del hotel Ritz—. El modelo no es nada, es tan solo una palabra, y desde luego es perfectible”, sentencia.

Democratacristiano histórico, ha desarrollado una visión aguda y profunda de la escena nacional, más enfocado a lo macro que a lo micro, resultado de sus tres años habitando en el Viejo Continente. “Claro que he notado un cambio —asegura echando un vistazo al país—; lo más  evidente es la ansiedad por una transformación social y que se justifica, en gran medida, en que hemos progresado mucho, pero existen grupos y sectores que se han ido quedando atrás. Siempre digo que mientras la elite crece al 15 o 20 por ciento anual, hay otros que lo hacen al uno o dos. Hay un profundo desnivel. Y este factor se combinó con errores que, como nunca, cometió la centro-derecha. ¿Cómo un país que después de veinte años alcanza el pleno empleo tiene un gobierno con una popularidad tan limitada y, además, con tan poco apoyo dentro de su propio sector? Eso sólo demuestra falta de destreza política, de los partidos especialmente. En la historia este gobierno será considerado como relativamente bueno, más que aceptable, sobre todo por un muy buen manejo macroeconómico. Pero desde el punto de vista del arte de gobernar, de dialogar y de llegar a acuerdos, se dieron vueltas en círculos y no concretaron”, sentencia.

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Aninat recurre a su propia experiencia:

“Con toda la figura austera y parca que tenía mi ex jefe, Eduardo Frei, él hacía política todos los días; a los ministros nos obligaba a conversar con la oposición, con senadores, diputados, embajadores, con líderes sindicales, empresarios, incluso hacíamos reuniones sociales de noche en nuestras casas. Un permanente intercambio de opiniones. Pero a este gobierno le he visto mucho carácter de eficiencia y muy poco diálogo. Hacia el final aprendieron algo. El ministro del Interior, Andrés Chadwick, lo ha hecho mejor que Hinzpeter quien pronunció una frase que ojalá nunca se repita: ‘Ahora llegaron los gerentes, este es el gobierno de la eficiencia. Pero al final el país los sacó al pizarrón”.

—Desde el gobierno se ha dicho que el programa de Michelle Bachelet estaría generando una desaceleración de las inversiones, ¿coincide con ello?
—Eso está por verse. Más bien lo que me preocupa es la cantidad de propuestas que una candidata y otra entregaron al país. Faltó ponderación, prudencia, porque cuando se revolucionan las expectativas después la gente exige…

—¿Acaso los ‘ofertones’ no son propios de los períodos eleccionarios?
—Le corrijo. Con Aylwin, Frei y Lagos fueron muy limitados, con los pies en la tierra y con programas bien asentados. Incluso Michelle Bachelet y Sebastián Piñera fueron bastante realistas, pero lo que vimos ahora llama la atención. Faltó profundidad. ¿Cómo se van a priorizar por ejemplo grandes reformas como la tributaria, constitucional y de educación? Si uno no le pone un calendario, una priorización y un ordenamiento, a lo mejor los hechos le pueden pasar la cuenta al nuevo gobierno. Pero es prematuro opinar; todavía falta saber cuál será el gabinete, cuál es el compromiso de los partidos, cómo va a ser la agenda, el timing. Ahora todo esto no es dramático. ¿Chile pasará a ser una especie de nuevo peronismo?, en ningún caso. Menos vamos a volver al capitalismo tradicional manchesteriano.

—Desde la centro-derecha se habla de una izquierdización dentro de la Nueva Mayoría… ¿usted qué opina?
—Pero ¿qué izquierdización? Algunos dicen que Sebastián Piñera es izquierdización.

—El economista José Luis Daza dijo que con este programa Chile pasará a ser uno más dentro de la región, cuando antes éramos diferentes…
—José Luis Daza es un chiquillo simpático, lo adoro. Fue uno de mis asesores cuando negocié la deuda externa para el gobierno de Aylwin. Pero en política no lo leo, no cacha na, con todo respeto. Vive afuera, se la pasa con banqueros, es un excelente hombre de negocios, pero preguntémosle de negocios, no de política.

—Se comenta que dentro de su partido hay inquietud, incluso temor respecto del futuro político de la coalición.
—Eso lo inventan los periodistas. La DC es un partido austero, tranquilo, sereno; a veces ha estado para salvar a la derecha cuando ha tenido conflictos, o ha rescatado a la izquierda cuando tuvo el problema de Derechos Humanos. No nos comprenden porque estamos siempre con una actitud de Humanismo Cristiano, de recibir golpes, pero hemos tenido los mejores gobiernos de la historia. Así que estos temores hay que transformarlos en responsabilidades. Además, si hay tanto miedo, ¿por qué todos los grupos económicos le dieron tantos recursos a la Presidenta electa? Ahí hay una inconsistencia, como mínimo.

—Según lo dijo a CARAS el actual ministro de Hacienda, muchos empresarios no enfrentan públicamente el tema porque temen enemistarse con la presidenta electa.
—Mire, cuando yo tengo temor voy al sicólogo o tomo pastillas. En los últimos 40 años el esquema económico ha cambiado radicalmente; tenemos un sistema competitivo abierto y los empresarios están más seguros de sí mismos. En los 20 años de la Concertación ganaron más que nunca en la historia de Chile. Y lo dicen con todas sus palabras. Entonces esto de los temores a lo mejor son personas individuales, o gente que puede estar muy endeudada, no sé. En el lanzamiento de mi libro había empresarios; salgo a comer una vez a la semana con algunos de ellos y temores no he visto.

—Sin embargo, está la sensación de que se les ha pasado la mano. Casos como La Polar y, ahora, Cascadas, han indignado a la opinión pública. ¿Dónde están los límites?
—Falta responsabilidad social empresarial, que acá es puro marketing. El gerente de área llama al subgerente y le dice: “oye viejo, por qué no haces una memoria verde, porque ahora el mundo va green… ¿qué están haciendo nuestros ejecutivos en horas comunitarias, en los clubes de barrio, en el deporte, en subir montañas? Armate algo”. Es una cuestión muy improvisada. Y los gremios empresariales, que se preocupan de defender a su sector y hacer lobby, tienen que abrir los ojos.

—¿Qué rol jugará su partido en el nuevo gobierno?
—La DC debe ser aquel que cuando se acaba la fiesta, una vez que se termina la cerveza y se empiezan a apagar las luces aparece a ordenar la casa y a sacar la voz. Así que dejemos que el cha cha cha y el hip hop lo bailen otros, y nosotros pongamos la experiencia y el tonelaje político. Es como mi libro. Al final los políticos están desamparados y ahí les llega la hora de la verdad. Ahí todo se remece.Ç

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“Me encanta lo que ha hecho Piñera con el Sernac, lo aplaudo —dice ahora Eduardo Aninat destacando uno de los aciertos del gobierno saliente—. En los tiempos de la Concertación este órgano existía, pero le debimos haber dado más dinamismo”.

—¿No le parece una paradoja que haya sido un gobierno de centro-derecha y no de la Concertación el que realizara estos avances?
—El país ha madurado tanto que da lo mismo. Así que le contesto lo siguiente: ¿Qué me importa el color del gato? Lo importante es que cace ratones.

—¿Pero por qué no lo hicieron antes?
—Porque había un montón de cosas. Tuvimos que meter preso a Contreras. Hicimos algunas reformas a la Constitución. Destapamos el gasto social, que no había mucho desde el Estado. Reorganizamos todo y nos dimos una posición en el exterior. ¿Le parece poco? Si fuera así el juicio, entonces ¿cómo fue que ganó de nuevo la Concertación?

—Ahora como nunca ha estado en discusión el modelo económico que ha impulsado al país durante los últimos 40 años. ¿Usted es partidario de un cambio?
—Qué distinta es la discusión acá en Chile que en el resto del mundo, porque el ‘modelo’, ése del que habla David Gallagher, afuera ni se menciona. Ni siquiera en el país de Adam Smith. Finalmente son palabras instaladas que no son nada. Ahora, el paradigma, la estrategia de desarrollo económico social chileno de estos últimos 40 o 50 años a mí me encanta. Dicho eso, el ‘modelo’, esa cosa rara que usan los ideológicos en Chile, es perfectible. ¡Si aquí no estamos hablando de religión! Pero parece que en Chile hay muchos que practican economía religiosa.

—¿En qué se puede perfeccionar?
–En lo social. El modelo es un instrumento, entre muchos, para lograr bienestar social. También debe haber buena política, transparencia, gobernabilidad, contrapesos, discusión. Tienen que haber innovadores y sobre todo lo que más hace falta es cultura. O  sea, Chile sigue mirándose el ombligo. Los macroeconomistas creen que sólo ellos hacen buena economía. Hay rigidez mental por falta de aceptación cultural.