A diferencia de muchos camaradas que han renunciado a la Democracia Cristiana en las últimas semanas, Edmundo Pérez Yoma (79) es optimista y cree que su partido se rearmará en los próximos cuatro años en que será oposición y que seguirá por muchos años más siendo un actor importante en la política chilena. Como buen hombre de mar (por estos días se encuentra en su yate en los canales del sur junto a sus hijos y nietos), dice que es el momento de que alguien tome firme el timón y navegue mirando el horizonte con calma.

Y no pensar en alianzas políticas con otras colectividades.

—Para muchos democratacristianos los recientes votos PS y PC en contra de Andrés Zaldívar para que asumiera en el Consejo de Asignaciones del Senado ratificaron que el entendimiento de la DC con la centroizquierda no da para más. ¿Usted cree que ya no hay vuelta atrás?

—La Nueva Mayoría murió hace mucho tiempo y ello se formalizó con la candidatura de Carolina Goic. Por lo demás, siempre se dijo que era un acuerdo programático para apoyar el gobierno de Bachelet. Efectivamente muchos creyeron que en el ejercicio del poder se podía transformar en una nueva Concertación, pero a muy poco andar, cuando llevaba un año y medio, yo mismo empecé a dudar de que pudiera convertirse en una coalición permanente. Hoy no lo es, todos los hechos lo demuestran y es bueno que sea así.

—¿Por quién voto en la segunda vuelta presidencial?

—Voté nulo. La primera vuelta voté con entusiasmo por Carolina Goic y luego me abstuve.

—¿Por qué cree que no prendió la candidatura de Goic, si en un principio surgió como un liderazgo femenino interesante…

—Yo creo que ella hizo un esfuerzo muy valiente y muy valioso, cuyo objetivo fundamental era recuperar la identidad y los valores de la DC. Lamentablemente su campaña no fue comprendida ni apoyada por un sector de los parlamentarios del partido que no sólo no trabajaron por ella, sino que en algunos casos lo hicieron por (Alejandro) Guillier.

—¿Esta división se podría seguir viendo entre los diputados y senadores DC en el Congreso?

—Creo que la DC tiene que hacer una oposición crítica, pero constructiva, analizar cada proyecto en su propio mérito y votar de acuerdo a sus convicciones, con libertad. Algunos (proyectos de ley) los rechazará, otros los aprobará y otros los mejorará.

—¿Dónde ve a la DC en los próximos años?

—En la oposición, por lo que no es necesario participar en coaliciones. Los bloques políticos los arma un presidente para poder gobernar. Eso fue lo que hizo Michelle Bachelet, quien en 2013 pidió incorporar nuevos partidos de la izquierda a la Concertación para que le dieran gobernabilidad a su administración. Hoy esa lógica, estando en la oposición, no es obligatoria. E inclusive, puede no ser necesaria en los futuros gobiernos.

—¿Se puede gobernar sin el apoyo de varios partidos?

—Las coaliciones eran imprescindibles por el sistema electoral binominal. Hoy pueden haber dos o tres partidos que, en forma individual, apoyan al presidente sin formar una coalición formal.

—Jorge Navarrete dijo que las elecciones presidenciales de 2022 serán la madre de todas las batallas.

—Jorge puede tener razón, porque ahí se verá si la derecha es capaz de tener dos gobiernos sucesivos. Y, por otro lado, vamos a ver qué candidatos pudieran surgir en estos cuatro años y qué líder puede aunar a una centroizquierda muy atomizada, como lo hizo la presidenta Bachelet en esta última década.

—¿Y en 2022 ve a la DC junto a la centroderecha?

—No. Primero, porque como le dije anteriormente, creo que las coaliciones hoy ya no son necesarias. Y segundo porque la DC históricamente es un partido de centro que ha hecho alianzas con la izquierda que han fluido y han sido muy exitosas. Esa misma facilidad no se da con la derecha. Hay una batalla cultural con la derecha en los orígenes de la Falange.

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—Mariana Aylwin dijo que el partido, tal como está, no tiene futuro.

—No, yo no participo de ese análisis. Siempre hay posibilidades que las cosas mejoren y hay que tratar de solucionar a la brevedad los problemas de convivencia que últimamente se han convertido demasiado insoportables. Pero yo estoy convencido de que con un poco de buena voluntad podemos mejorar las relaciones internas.

—¿Ve una salida pronta a la actual crisis?

—Sí o por lo menos hay que intentarlo. Necesitamos tener una junta nacional en que discutamos los temas de fondo, donde se pueda dilucidar, con claridad, cuáles son los temas que nos unen y los que nos separan. Puede ser que los primeros sean bastante más importantes que los segundos. Si es así, lo fundamental es que esa mayoría respete a los que opinan distinto.

—¿Cómo vislumbra el futuro del partido?

—En la DC siempre ha existido una disidencia, porque fuimos un partido muy grande en que convivieron distintas corrientes, pero a lo largo del tiempo eso se ha ido diluyendo y ha comenzado a primar la unidad por sobre la diversidad.

—Muchos han cuestionado internamente que Mariana Aylwin más este grupo de 30 militantes abandone el barco cuando se está hundiendo.

—Ellos fueron parte importantísima de los logros de la Concertación que, recordemos, fueron los mejores 20 años de la historia republicana de Chile. Pero llegaron al convencimiento en que la convivencia interna en el partido se había deteriorado de tal manera, que no tenía arreglo. Esa es una opinión enteramente respetable. Y habemos otros que pensamos distinto y creemos que todavía se pueden hacer muchos intentos para mejorar la convivencia, sobre todo ahora que estamos en la oposición.

—¿Cree que esta crisis se deba a la ausencia de líderes políticos que históricamente han guiado a la DC?

—Existe una crisis de liderazgo y, sobre todo, tenemos una crisis de líderes jóvenes. La DC ha sido muy lenta en la renovación y hay una generación que ha dominado la escena durante demasiados años y tiene que ser renovada. El tema es que estos procesos de renovación no son voluntaristas, sino que se producen cuando hay una masa crítica de jóvenes que poseen la capacidad para dirigir un partido. Hoy eso no se ve tan claro, pero hay esperanza: hay muchos jóvenes muy capaces que se presentaron en las pasadas elecciones y no fueron elegidos. Confío en que este grupo pueda asumir un liderazgo.

—¿Le tiene fe al Frente Amplio? ¿Cree que se pueda convertir en un bloque político que ofrezca una alternativa real de gobernabilidad?

—El Frente Amplio tiene un test muy difícil por delante. Si esta gran cantidad de movimientos y partidos lograra consolidarse en una coalición férrea de partidos, con una alternativa de gobierno, sólo el tiempo lo dirá. Si uno revisa la historia pasada estos conglomerados tan grandes siempre han terminado disolviéndose.

—¿Ha pensado en renunciar a la DC?

—No, nunca.