A pocas semanas de cumplir un año y medio en la Casa Blanca, Estados Unidos y el resto del mundo parecen resignados al estilo impredecible, contradictorio y volátil del presidente Donald Trump. Una figura que no conoce de puntos medios y que hasta hoy divide a la opinión pública de su país.

Lejos de lo anticipado por medios de comunicación como The New York Times, la cadena CNN, The Washington Post o la revista Time, en noviembre de 2016 Trump ganó la elección presidencial dejando en el camino a 16 precandidatos republicanos y a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton. Y lo hizo a pesar de cultivar un estilo extremadamente agresivo con su contendora demócrata, de las numerosas acusaciones de acoso sexual que surgieron durante la campaña, de los cuestionamientos a la gestión financiera de su imperio inmobiliario y por cierto, de una clara inexperiencia política.

De hecho, en su momento muy pocos se atrevieron a vaticinar su triunfo. Uno de ellos fue el documentalista Michael Moore, quien supo leer el “otro” Estados Unidos, ese ubicado lejos de Nueva York o Los Angeles y cuyos votantes encontraron en Trump al vocero de lo que ansiaban oír: más empleos, menos inmigrantes, mayor atención a los temas locales (“América primero”) y la promesa de hacer a América grande de nuevo.

“Trump ha polarizado aún más a Estados Unidos: la gente que lo odiaba ahora lo odia más y aquellos que lo apoyaron, hoy lo apoyan más. Y eso que ha cumplido muy pocas de sus promesas de campaña”, afirma el periodista Michael Wolff, autor del libro Fuego y furia. En las entrañas de la Casa Blanca de Trump (Temas de Hoy, 2018), durante una breve entrevista con CARAS.

Desde un comienzo, el oficialista Partido Republicano fue uno de los que más resintió su candidatura oficial a la presidencia, luego que figuras emblemáticas del clan Bush –que aún cuenta con dos expresidentes vivos– y el actor y ex gobernador de California Arnold Schwarzenegger, entre otros, le negaran su apoyo.

Consultado si la figura de Trump acabó dividiendo a los republicanos, Wolff sostiene que hoy “existe un ‘Partido Republicano de Trump’, que es el único satisfecho con su figura, y el resto del partido, que lo detesta incluso más que los demócratas”.

A pesar de eso, la batalla por convertirse en el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos fue solo el comienzo para Trump. En los 16 meses transcurridos desde su llegada a la Casa Blanca ha debido enfrentar importantes desafíos como las sucesivas renuncias de colaboradores cercanos, la llamada “trama rusa” y el escándalo que lo vincula a una actriz porno. Todo esto, mientras avanza hacia lo que será el primer gran examen político de su gestión: las elecciones legislativas de noviembre próximo, que renovarán un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Los resultados podrían ser determinantes para sus intenciones de optar a la reelección en 2020.

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Dos flancos abiertos

Una de las sombras que han acechado a Trump desde principios de su mandato ha sido la llamada “trama rusa”: la supuesta intervención del Kremlin en los comicios presidenciales estadounidenses de 2016 a través de ciberataques organizados y la difusión de “noticias falsas”, con el objetivo de favorecer la candidatura de Trump y evitar así el triunfo de su contendora demócrata Hillary Clinton.

A partir de un informe elaborado con información del FBI, la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), a poco de completar su segundo mandato el expresidente Barack Obama instaló esa premisa como una realidad que, desde entonces, no ha dejado en paz a Trump.

El primero en caer fue Michael Flynn, su exconsejero de Seguridad Nacional, quien renunció a su cargo tras reconocer haberle mentido al vicepresidente Mike Pence sobre el contenido de una reunión con el embajador de Rusia en Washington, Sergei Kislyak, cuando Trump ya era presidente electo de EE.UU.

Luego, el mandatario despidió al director del FBI James Comey –quien publicó sus memorias hace unas semanas– luego que este último supuestamente se negara a garantizarle que cerraría la investigación sobre la “trama rusa”.

Posteriormente fue su propio yerno, Jared Kushner, quien se vio involucrado en tratativas con el embajador Kislyak y con Sergey Gorkov, un banquero que fue blanco de sanciones por parte de EE.UU. debido a su intervención en Ucrania.

Incluso su hijo, Donald Trump Jr., debió reconocer que en 2016 sostuvo una reunión con la abogada rusa y exinformante del Kremlin, Natalia Veselnitskaya, en busca de información que sirviera para dañar la candidatura de Hillary Clinton.

Ahora todos los ojos están puestos en la investigación que encabeza actualmente el fiscal Robert Mueller, quien fuera director del FBI entre 2001 y 2013, cuyo informe podría tener un profundo impacto en el destino político de Trump.

Mientras tanto, el mandatario enfrenta el escándalo que lo vincula con la actriz porno Stormy Daniels (cuyo verdadero nombre es Stephanie Clifford), quien recibió US$ 130.000 a pocos días de la elección presidencial de 2016 para evitar que hablara sobre un encuentro con Trump cuando él ya estaba casado con Melania. Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York y miembro del equipo de abogados de Trump, reconoció recientemente en una entrevista televisiva con Fox News que el pago sí se había realizado y que los fondos habían provenido del propio magnate y no de su campaña.

En tanto, durante una aparición en el programa Saturday Night Live, la actriz conminó públicamente a Trump para que renuncie. Posibilidad que Michael Wolff no considera demasiado alejada de la realidad: “Hay un sinnúmero de problemas que podrían resultar en la renuncia de Trump y el tema de las mujeres es solo uno de ellos”.

De una u otra manera, todos estos escándalos están condicionando el camino de Trump hacia las elecciones legislativas de noviembre, consideradas como una especie de referéndum sobre la gestión del mandatario en funciones. Y el panorama no se vislumbra particularmente promisorio para que los republicanos conserven el control de ambas cámaras que detentan desde la elección de Trump.

Frente a eso, Wolff es categórico: “Los demócratas recuperarán la mayoría en la Cámara de Representantes y avanzarán en un ‘impeachment’ en contra del presidente. No creo que (Trump) aún esté en el cargo para 2020, pero si llegara a mantenerse, estoy seguro de que no irá por la reelección”.

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El encuentro de Melania y Brigitte

La reciente visita oficial del presidente francés Emmanuel Macron (40) a Estados Unidos concitó un especial interés por parte de los medios internacionales. No solo por los temas que el mandatario galo debió abordar con Donald Trump (71), sino que también por el encuentro previsto entre las respectivas primeras damas: Brigitte Macron (65) y Melania Trump (48).

Ambas sorprendieron a las cámaras con sendos vestidos blancos y zapatos con tacos de doce centímetros, aunque Melania marcó la diferencia con un sombrero del mismo color diseñado por Michael Kors, que más tarde muchos criticaron en redes sociales. Más allá de sus respectivos atuendos, ambas tuvieron oportunidad de conocerse mejor al punto que cuando Brigitte regresó a Francia, aseguró en una entrevista a Le Monde que Melania “es realmente divertida. Tenemos el mismo sentido del humor”.

Asimismo, recalcó que la tercera esposa de Trump es “amable, encantadora, inteligente y muy abierta”, aunque se compadeció de ella al señalar las restricciones que afronta: “Vive recluida en la Casa Blanca. Melania no puede hacer nada, ni siquiera abrir una ventana. No puede ni salir. (Mientras que) yo salgo todos los días por París”.