Aunque hace ya quince años que se venía hablando de esta posibilidad, en ese momento no era más que irónica ficción. En un capítulo de Los Simpsons, llamado Bart to the future y que se transmitió en el año 2000, Lisa es electa presidenta y llega a la Casa Blanca con la misión de arreglar el desastre económico dejado por la administración anterior. El presidente que había hecho quebrar al país es nada menos que Donald Trump

Para desgracia de muchos, la serie parece haber cobrado vida y ya no causa la misma gracia de antes. Es que Donald J. Trump es hoy el más probable candidato republicano para las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Y aunque muchos piensan —y esperan— que esto sólo sea una curiosidad del momento o que es el reflejo del estilo hiperfrenético de hacer campañas en la era moderna, lo cierto es que mientras más incorrecto, mientras más deslenguado y alejado de los protocolos, mayor es su popularidad y su distancia del resto de los candidatos. Según la última encuesta hecha por Fox News y citada por CNN, Trump ocupa un cómodo primer lugar con un 24 por ciento, lejos del 13 de Jeb Bush, hermano del ex presidente y favorito republicano antes de la irrupción del magnate.

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Trump, de 69 años, nació en Queens, Nueva York. Hijo de empresario de bienes raíces, su primer trabajo fue acompañar a su padre en el cobro de alquileres de los departamentos de los cuales eran dueños. Ya en los ’80 forjó un imperio empresarial orientado a la construcción de casinos, hoteles y viviendas de lujo —esta semana Cristiano Ronaldo compró un piso en una de sus torres por 18 millones de dólares—. A pesar de estar al borde de la quiebra en 1990, cuando tuvo que vender sus yates y algunos helicópteros, Trump resistió la tormenta y salvó. Hoy es una estrella. Tiene un reality show, es dueño de los más importante edificios de Manhattan e incluso es el mayor accionista del concurso de Miss Universo. 

Acostumbrado al éxito, Trump va ahora por la Casa Blanca. Nunca una persona tan millonaria había postulado a la presidencia de Estados Unidos. Lo curioso es que el magnate tiene una larga lista de errores y comentarios que habrían sacado de carrera a cualquier otro candidato, pero que a él parece impulsarlo en las encuestas. Su entorno tampoco se queda afuera. Su jefe de campaña fue arrestado por ingresar un arma a una oficina del gobierno y su jefe de campaña de Iowa es una estrella de reality show que reconoce no estar interesado en política. El empresario primero cargó contra los latinos. En un acto oficial de su campaña en junio, Trump aseguró que los mexicanos que llegan a Estados Unidos no son siempre lo mejor y que exporta en su mayoría a delincuentes y violadores. Y no se quedó ahí. Dijo que habría que construir un muro en la frontera de ambos países y que los aztecas deberían pagar por él. “Los mexicanos han hecho mucha plata a costa de nuestro país. Los que dicen que no lo pagarán es porque no saben nada de negociaciones. Créanme, México es quien lo va a pagar”, dijo. Mal negocio para él, considerando que son 25 millones los latinos que votan en ese país. Tan lejos llegaron sus palabras que Univisión y la cadena NBC decidieron cortar relaciones con el empresario y, por ejemplo, ya no transmitirán el concurso de Miss Universo, del que es dueño Trump, ni cualquier otra programación relacionada con él. Por su parte, la cadena Macy’s decidió dejar de comercializar una marca de ropa asociada al empresario. “Ellos no rompieron conmigo, yo rompí con ellos”, desafió. A pesar de todo, dice estar “seguro de que conquistaré el voto latino”. 

El magnate, del que ahora se supo que trató de conquistar a la princesa Diana una vez que se separó del príncipe Carlos, mandándole cientos de flores a su casa, también se las ingenió para echarse encima a su propio partido. Trató de perdedor a John McCain por haber sido capturado como rehén en Vietnam, asegurando que él “prefería a la gente que no es capturada”. Los veteranos de guerra hicieron fila para criticarlo en televisión. Luego trató de “idiota” a Lindsey Graham, rival de su partido, y entregó públicamente su número de teléfono e instó a la audiencia a que lo llamaran. Rand Paul, otro candidato republicano, también sufrió la ira de su lengua. Lo trató de “mocoso malcriado” y aseguró que le recuerda a alguien que no tiene su cerebro funcionando de manera correcta. Sus comentarios y actitudes removieron hasta las más altas cúpulas del Partido Republicano y prácticamente ninguno quiere verlo como su abanderado en 2016. Aunque no les será fácil deshacerse de él. Si Trump no se siente tratado de manera justa en el partido, correrá como independiente. 

Y no conforme con eso, en el primer debate como candidato, tuvo una discusión con Megyn Kelly, conocida periodista y moderadora de ese debate, quien le enrostró su mal trato hacia las mujeres, recordándole que se había referido a algunas como ‘cerdas gordas’ o ‘animales desagradables’. Trump salió del debate diciendo que Kelly estaba furiosa con él y que “le salía sangre de los ojos, le salía sangre de… de donde sea”, en alusión a que Kelly estaba en su menstruación. Otra mala jugada teniendo en cuenta que la casi segura candidata demócrata sea Hillary Clinton, favorita entre las mujeres.

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Pero con todo esto cabe preguntarse cómo es que llegó a liderar las encuestas en un país donde cada movimiento y cada palabra en política está sumamente estudiada, y quiénes, entonces, son los que votan por él. Becca Stanek, editora de la revista Politico, los define como “una coalición de gente extraña, difícil de agrupar. Son americanos medios, que están en el centro del Partido Republicano. No son evangélicos, no son conservadores, pero tampoco están en el ala liberal del partido”. Las razones de su éxito son, según Stanek, dos. Primero que no es político. “Paradójicamente, su falta de experiencia en política hace crecer sus bonos ante la falta de credibilidad que los políticos tienen en el país”. Y segundo, que es millonario. Si Donald Trump, dicen, llegó a tener la cantidad de dinero que tiene —su fortuna alcanza los 9 mil millones de dólares—, es porque algo hizo bien. Además, con esa plata se convierte en una figura incorrompible para los lobbistas y no se vería en la necesidad de aceptar ningún tipo de presión o soborno. “Nadie, eso sí, quiere entregarle el apoyo públicamente porque es políticamente incorrecto hacerlo. No es bueno que te asocien a alguien que habla mal de los latinos o de las mujeres. Trump captó al votante anónimo conservador de clase media, ese que quiere puestos de trabajo y que la economía funcione”, dice Stanek.

Aunque no hay muchos rostros que muestren su preferencia por Trump, Bryan Cranston, el protagonista de Breaking Bad, reconoció que le gusta la frescura del empresario y que le encuentra algo genial a esa actitud de no importarle nada. “Eso sí pienso que tiene ideas horribles y que sería un pésimo presidente”, se rió. Aunque es difícil que Donald Trump llegue a ser presidente, para él ser el abanderado republicano y pelear codo a codo con Hillary Clinton tiene un valor mucho más grande que toda su riqueza junta.