Fotos Claudio Doenitz

El crítico, implacable con amigos y contrincantes, aprueba el cambio de gabinete y espera una segunda “necesaria” movida. Incansable, hoy cuando muchos de sus socios políticos ni lo saludan, Vidal baraja fórmulas para que la Concertación vuelva al poder…

No se cansa de agitar las aguas y desempolvar episodios de los gobiernos de la Concertación, aunque a muchos de ellos les produzca tanta irritación que ya ni lo saludan… Pero Francisco Vidal cree que enfrentando los problemas y no tapándolos con tierra pueden recuperar la confianza de la gente. Por lo mismo, no le tembló la voz para acusar al ex ministro de Obras Públicas Eduardo Bitrán de frenar la construcción de cárceles, a propósito del incendio en el penal de San Miguel. Menos, cuando apuntó a Andrés Velasco como el gran responsable de la derrota oficialista, “por privilegiar los números por sobre la gente”. Así, muchos con los que gobernó durante veinte años hoy no quieren saber de él y lo consideran traidor. “¿Sabes?, ¡no me importa! Hay gente que me dice para qué cuentas cosas en público… Oye, ¡si estamos en política, no estoy hablando de una amante! Les carga cuando repito que los asuntos públicos se lavan en la plaza, no en la casa”, cuenta desafiante, dispuesto a dar la batalla a cualquier precio con tal de que la Concertación vuelva al poder.

Mientras, mantiene amigos en la derecha, entre ellos, Pablo Longueira y Juan Antonio Coloma.

—¿El Presidente perdió la oportunidad de formar un gran triunvirato incluyendo a Longueira?
—Sí. Longueira habría sido especialmente útil en algún ministerio social, donde existen puntos débiles. Lo que resulta evidente es que hay algo entre ellos porque es muy notoria la discriminación.

—¿Fue un buen cambio de gabinete?
—Sí. Era, además, necesario ante la carencia de peso político del equipo. Creo sí que faltan otros. Lo que quedó claro es que la política debe ir por delante de la tecnocracia.

—¿Y la salida de Jaime Ravinet de Defensa?
—Marca la primera crisis política del Gobierno, especialmente si se le agrega el problema en Magallanes, el alza del Transantiago y de la bencina, más las tres últimas encuestas CEP, Adimark y CERC…

—El ex ministro, que decía sentirse “invitado” en el gobierno, afirma que usted y Piñera se reunieron sin que él supiera.
—Nos juntamos el 2 de diciembre. El Presidente me llamó y fui a La Moneda. Le interesaban algunas ideas mías relacionadas con la Ley Reservada del Cobre. Hablamos poco más de una hora. Después fui a una ceremonia del Ejército, me encontré con Ravinet y le comenté. No dijo nada.

FranciscoVidal04“MAGALLANES ES UN MANUAL DE LAS COSAS QUE NO SE DEBEN HACER”, añade encarando el gran problema de estas semanas. “Una decisión de esa implicancia política no la puede tomar un grupo de tecnócratas sentado en la Enap, encabezado por Raineri y Golborne. Además que lo decidieron el Día de los inocentes, el 28 de diciembre… No me cabe en la cabeza que el ministro del Interior, que sabe de política, lo haya aprobado: creo que La Moneda fue desinformada. Pero aquí hay dos secretarios de Estado que han dicho que las decisiones de la Enap son independientes. En un Estado de Derecho nadie se manda solo ni se arranca con los tarros y, si lo cree, tiene que irse pa’ la casa”, agrega el ex vocero acostumbrado a disparar desde donde sea.

—¿Tiene amigos en la derecha?
—Sí, Longueira, Coloma, aunque mis más íntimos no son de la política y con ellos salimos a comer, nos vamos a Maitencillo…

LA FÓRMULA CLAVE PARA QUE LA CONCERTACIÓN VUELVA AL PODER. Eso es lo que grita ahora a los cuatro vientos. Y la sostiene sobre una gran reforma tributaria (que aumentaría un 8 por ciento adicional el impuesto a las grandes empresas). Sus palabras, claro, no parecen encontrar eco en su sector, a pesar de que está “tan convencido, que necesito persuadir a otros. Y si tengo que ir a la radio Cronos o Eco Lourdes para que me escuchen, ¡para allá voy!”. Al parecer, en su conglomerado no le perdonan que siga metiendo el dedo en la llaga, acusando a la Concertación de no hacer cosas que Piñera sí se atrevió como la reforma laboral y la eliminación del 7 por ciento a los jubilados.

Por estos días Vidal retomó sus lanzas en contra de los neoliberales desde Velasco hacia abajo, a propósito del incendio del penal de San Miguel que, según sus cálculos, le dio la razón en cuanto a que los miembros del grupo Expansiva no sólo frenaron la construcción de cárceles, “también ferrocarriles y el puente Chacao… Estoy convencido de que por cada neoliberal que se nos vaya, llegarán mil esperanzados”, dice irónico.

Su primer año fuera de La Moneda ha sido duro. “Por suerte me planifiqué”. Es asesor de programas de la Fundación Chile 21, da clases de historia en las universidad Las Américas, y charlas en la Academia de Guerra. Como reservista del Ejército desfiló en la parada militar, enfureciendo a Camilo Escalona por considerarlo “inconcebible para un ex vicepresidente”. Pero a él le resbala: “Todo lo que hicimos para que las FF.AA. fueran de todos los chilenos, y resulta que ahora no puede desfilar un reservista de izquierda, y sí de derecha, ¡¿quién les dio el monopolio?!”.

El resto del tiempo lee, lee y lee, sale a comer con su mujer (María Inés Maturana) y amigos. El cigarro lo alejó del tenis, “a estas alturas tendría que jugar un triple”, dice muerto de la risa.

—Usted es de los pocos concertacionistas que ha defendido a Piñera.
—Destaqué su audacia en el caso mineros. Pero analizando, este es un gobierno que administra el modelo de la Concertación y lo profundiza. Cuando se crea el bono Auge, resuelve un problema nuestro, termina con las listas de espera, pero genera un inmenso negocio al mundo privado. Y tanta revolución no puede hacer, porque el sistema en su esencia no castigaba a la derecha. La gente que vota por ella en Vitacura lo más probable es que multiplicó su patrimonio por 30 en los 20 años de la Concertación. Les fue bien con nosotros, pero mantienen su ideología.

FranciscoVidal03—También ha salido en defensa de la vocera Ena von Baer. Eso sí que les debe dar urticaria a los de su sector.
—En la medida que ella moleste a la oposición, lo está haciendo bien. El día que la aplaudan, está en problemas, ¡oye, si no es la directora del SAG! Fíjate que después de diez años en primera fila, me siento con el pleno derecho de decir lo que pienso, no le pido permiso a nadie, aunque algunos me saluden menos y pelen más.

—Felipe Larraín sostiene que lo único que une a la Concertación es el fracaso político del gobierno.
—Discrepo. Gracias a nosotros se logró un royalty mejor y peleamos el presupuesto para mayores recursos para salas cunas, educación técnica y superior. Para los empleados públicos ofrecían un 3.7 y terminamos en 4.2 y un bono de 215 mil pesos.

—Mariana Alywin le escribió en twitter ¡¿por qué no te callas?!
—Es que les incomoda que no hayamos hecho nosotros la reforma laboral, la eliminación del 7 por ciento para los jubilados, aumentar la subvención escolar… teníamos las espaldas política y económica, pero la respuesta siempre fue nos pilló la crisis…

—¿Incluida Bachelet?
—Ella tomó opciones, escuchaba distintos planteamientos pero nunca la vi vacilante.

—Ahora la derecha les arrebató todas sus banderas, ¿qué les queda por ofrecer?
—Insisto: la única forma de ganar es recuperando la confianza de la mayoría. Para eso necesitamos un programa común y una fuerza política acorde. Eliminar el 7 por ciento de jubilados, aumentar la cobertura del post natal, subir al doble la subvención escolar, masificar la educación superior y aumentar el subsidio a los más pobres nos cuesta cinco mil millones de dólares adicionales. Eso implica subir el impuesto a las grandes empresas del 17 al 25 por ciento. ¿Estará de acuerdo Expansiva? Tengo mis dudas.

—A PESAR DE SUS ANÁLISIS, da la impresión de que su propia gente no lo escucha. Tuvo que venir Ricardo Lagos a ordenar las cosas.
—La Concertación vive un proceso natural de reconstitución, reordenación. Pero tenemos un conflicto con los liderazgos. El más potente, natural y latente es Michelle Bachelet. Ella dice que no ha tomado una decisión y, por otro lado, está la idea de que surjan nuevas generaciones. Sólo veo tres posibles candidatos: Ignacio Walker, Claudio Orrego y Carolina Tohá. El problema está en que es tan fuerte la imagen de Bachelet y Lagos, que opaca a los nuevos.

—Eugenio Tironi dijo que tener a Bachelet como candidata calza dentro de las patologías de la necesidad de una madre.
—No, ya le dije a Tironi que para Sigmund Freud no estoy. Ella mantiene un liderazgo potente, con una adhesión 40 veces superior a los que vienen detrás. No busco subterfugios freudianos.

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