Desde que la historia de sumisión que rige la dinámica sexual entre Anastasia Steele y Christian Grey llegó a las estanterías y se convirtió en éxito —actualmente lleva más de 50 millones de copias y su autora ya destronó a J.K. Rowling como la más vendida— , el mundo editorial reaccionó preparando una ofensiva de publicaciones eróticas que van desde El kamasutra de Grey hasta Diario de una sumisa, pasando por Desnuda y El affaire Blackstone, entre otras. Sin embargo, es la sátira escrita por Rosella Calabró la primera en transformarse en súper ventas en Italia, está subiendo en España y en marzo llegará a Chile.
Para su autora leer la trilogía de la británica Erika Leonard fue un banquete de sonrisas. “Tenía que escribir una reseña del libro y no podía parar de reirme con la descripción del Sr. Grey. No pude resistir la tentación de enfrentarlo al hombre común y corriente. Escribí unas páginas y las mandé a la editorial, inmediatamente les gustó la idea y seguimos adelante. Es la excusa perfecta para hablar del tipo que realmente existe. El que está en la cama sin soltar el control remoto, el que olvida nuestro cumpleaños o no puede limpiar después de cocinar. Su mujer Lola es la que se enoja frente a sus torpezas, pero también es la que sabe reírse”.

Y es que mientras el personaje de Grey tiene un lado oscuro excitante que despierta los deseos más ocultos, Gregorio es el troglodita moderno, a ratos autista, al que los años de relación le arrebataron la pasión desenfrenada y la versatilidad amatoria que alguna vez tuvo. En definitiva, una oda cargada de ironía al marido tradicional y una defensa de la cotidianidad de las relaciones de pareja frente a la fantasía sadomasoquista.
La heroína femenina de Calabró es una mujer realista que no espera a un Sr. Grey en su vida, pero que sabe disfrutar lo que tiene. Y es que para la autora la risa es uno de los ingredientes más importantes que no puede faltar en una relación. “La pasión, después de algunos años desaparece: las risas, la complicidad, permanecen. Además, Grey es un fastidio, un prepotente y al final se deja dominar por Anastasia. En definitiva, un desastre humano”.

50 Sombras de Gregorio. Sombra 24, el sadomasoquimo:

—Gregorio, cariño, ¿te apetece hacer esta noche algo un poco distinto de lo habitual? —propone maliciosa Lola, que acaba de leer las cosas deliciosamente tremendas que Mr. Grey le hace a su chica.
—Ajá. ¿Como qué?
—Pues como que me haces algo que me asuste un poco.
—¿Por qué? ¿Tienes hipo? Espera: ¡buh! Ya está. ¿Se te ha pasado?
—Pero ¿estás de broma o simplemente es que eres tonto? A ver si lo entiendo.
—¿Eh?
—Muy bien. Como si no hubiera dicho nada. Y sin embargo, de un modo u otro, se ponen a practicar sexo extremo y el ambiente se calienta bastante.
—¡Ay! —aúlla Lola de pronto.
—Mmm, te gusta, ¿eh? —gruñe Gregorio.
—Quita. El. Codo. De. Mi. Pelo —grita furiosa Lola, que se está dejando el cuero cabelludo por culpa del brazo de Gregorio, torpemente apoyado sobre el colchón y sobre sus largos cabellos, que ella a propósito ha abandonado y esparcido con sensualidad sobre la cama. Algunos minutos después, superado el impasse, Gregorio susurra con voz ronca:
—¿Ahora te ato las manos?
Lola se estremece de pies a cabeza mientras se imagina la escena a lo Grey: Gregorio coge su corbata de seda gris (la de la boda) y agarra con fuerza la tela con sus masculinos dedos, gimiendo como un dromedario. Después, ata con delicadeza, pero con un resabio de crueldad, las muñecas lolescas.
—Uhhh— suspira Lola, cachonda.
—Ahhh— contrasuspira Gregorio, hecho un auténtico jabalí.
Ahora, los dedos de Lola tratan de tocar la seda que la tiene presa para gozar de la sensual caricia de la tela en las yemas de los dedos. Pero dichas yemas encuentran un par de pequeños elásticos de goma. “¿Qué? —se pregunta Lola—. Al tacto me recuerdan los elásticos de los calcetines raídos de Gregorio. Noooo, no me digas que ese imbécil me ha atado con uno de sus jodidísimos calcetines…”.
—Bueno, Lola, es que la corbata luego se estropea, venga… Mr. Grey habría usado la corbata, Mr. Grey no habría apoyado con torpeza el codo sobre los cabellos de su amada, Mr. Grey habría comprendido al vuelo que los cachetes eran para añadirle morbo al asunto y no para quitarle el hipo a su amada.
Pero con Mr. Grey Lola no se habría reído hasta las lágrimas como se ha reído con Gregorio.
—Gregorio, me has hecho llorar —dice Lola, sorbiendo los mocos.
—El sadonaso es mi oficio, muñeca.

50 Sombras de Gregorio. Sombra 37, el ogasmo:

Dicen que el inefable Mr. Grey logra provocarle un orgasmo a su chica sólo con estimularle los pezones. Bueno, sobre todo si los pezones estimulados son los de ella en concreto, no es algo imposible de conseguir, pero digamos que es más bien poco frecuente entre las mujeres normales y corrientes.
De todos modos, gracias a los pezones y a otras zonas erógenas que también le gusta excitar, Mr. Grey siempre logra su objetivo. Bravo, muchacho.
¿Y Gregorio? Bueno, algunos se las apañan razonablemente bien, pero otros son realmente negados. Lo que pasa es, en parte, que les faltan los conocimientos básicos, en parte, que no saben crear el ambiente adecuado y, en parte, que creen que los preliminares sirven para que los equipos de fútbol se clasifiquen en la Champions League.

Estos Gregorios, a causa de su original forma de ver el cuerpo femenino, piensan que para contentar a Lola basta sacar la pilila e introducirla allí donde sugiere la naturaleza (luego quizá la naturaleza sugiera también algunas alternativas, pero ésa es otra historia). “Vuela, Lola” es, de hecho, el mantra que recitan los Gregorios, y a veces incluso lo cantan con la melodía de Va, pensiero,(1) para procurarle a su amada un orgasmo que toda la platea debería aplaudir. Vuela, pensamiento, sobre alas doradas. Vuela, pósate en las praderas, en las colinas, donde exhalan su fragancia, tibios y suaves, los aires dulces de la tierra natal. (2) O bien, pasando bruscamente de la ópera a los dichos populares, tenemos también la clásica expresión amorosa: “Lola, ven pacá que te dé un meneo” (Lola, acércate mucho que quiero gozar de ti), que logra excitar a la amada hasta tal punto que le provoca un orgasmo incluso antes de haberla tocado. Hay quien no se atreve a pronunciarlo por pudor o por no parecer excéntrico, pero todo Gregorio lo piensa para sus adentros mientras anticipa esos sesenta segundos de sofisticado erotismo que pasará con su Lola. De nada valen los TomTom conectados a la pilila de Gregorio para localizar el punto G, y de nada vale que el director de la película le indique por los auriculares dónde está el clítoris: nuestro hombre va directo a la meta, sin paradas inútiles ni desviaciones. Como máximo, si le parece que anda un poco escaso de carburante, se para a repostar.

1. Va, pensiero, en castellano ‘Vuela, pensamiento’, es uno de los coros más famosos de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi. (N. de la traducción).
2. Todos los vulgares dobles sentidos sobre ‘alas’ y los correspondientes pajaritos, y sobre ‘praderas’ y ‘colinas’ y los correspondientes pezones, ‘fragancia’, etcétera, corren a cargo del lector.