Durante 2012 había concretado su proyecto de irse a vivir a Estados Unidos. Partió con los menores de sus nueve hijos (Lucas y Augusta) y se instaló en un departamento en Miami. La idea de Jacqueline Pinochet Hiriart era estudiar inglés, pero más que nada quería experimentar el anonimato tras una vida en el ojo del huracán y apuntada como la hija rebelde, irreverente y caprichosa de Augusto Pinochet. Un personaje que —admite— se vio forzada a construir cuando niña para protegerse durante una adolescencia expuesta y solitaria que, confiesa, la llevó a cometer errores y a desconfiar de todo. “Al final terminas castrada y mutilada como persona”, asegura. “Tuve que mostrarme fría, fuerte y agresiva para defenderme, o si no, ¡me comían! Así fui perdiendo mi esencia, dejé de ser yo… Quería recuperar a la mujer, limpiarme de tanto chaqueteo e invención en contra de nuestra familia. Busqué descansar de lo que ha significado no ser yo, sino la hija de…, de esta cosa tan politizada, porque a los Pinochet nos han metido en el mismo saco, a pesar de que jamás participé en política. Quise ser una NN, que quien me conociera no tuviera el prejuicio de: ‘Ah, es la hija loca de…, la que se casó no sé cuántas veces’”. 

Instalada en Miami, Jacqueline inscribió a sus niños en un colegio católico y fue consolidando su relación con el empresario Jorge Castaño —a quien conoció allá un año antes, cuando fue a buscar departamento—, y con quien se casó hace casi dos años, concretando su cuarto matrimonio. 

Llevaba un tiempo en EE.UU. cuando se vio obligada a regresar a Santiago, ya que a su niños Augusta (15) y Lucas (19) se les vencía la autorización de su padre (Iván Noguera) para vivir allá, y su ex marido no quiso esta vez otorgarle el permiso. Además, extrañaba a sus otros hijos que quedaron en Chile, algunos de los cuales se fueron a la casa de su abuela Lucía. “Lo único que quiero es irme… El papá de Augusta tendrá que vivir su proceso y permitir que se vaya; sé que va a razonar. Ella estará mejor allá. Es una niña inteligente, preciosa, quiero que tenga una vida normal, que no repita mi historia. Hay mucho morbo y comentario en torno nuestro; el otro día fue al teatro a ver la obra Consuegros, y de lo único que hablan ¡es de mi papá!”.

Wp-jacqueline-pinochet-450

El aterrizaje en Chile no ha sido fácil. Además de llegar a hacerse cargo de su madre Lucía Hiriart que está delicada de salud, debió organizar su nueva vida de casada (incluidos los dos niños de su marido) y repartirse entre sus nueve hijos (María José y Constanza Martínez; Sofía, Jaime y Lucía Amunátegui; e Iván, Federico, Lucas y Augusta Noguera), nacidos de sus matrimonios con Guillermo Martínez, Jaime Amunátegui e Iván Noguera. Todo en medio de la conmemoración de los 40 años del golpe militar que, a su juicio, volvió a dividir el país y a exponer a su familia. “Sentí como si el tiempo se hubiera estancado, que volvía a la década de los ’80: la misma polarización, el mismo odio, la misma rabia… Antes el ambiente estaba más apaciguado, los ánimos tranquilos; podía encontrarme en un restorán con alguien que no quería a mi padre, y me lo decía, pero no me insultaban. No existía esa odiosidad de ahora en que una cajera es capaz de tirarme el carné encima cuando ve mi apellido”.

—¿Por qué habría revivido esa rabia?

—Hay un grupo de socialistas que mantiene el tema porque viven de esto; si se acaba, se quedan sin trabajo. Han tratado de destruir la imagen de Pinochet por todos lados. Mucha gente que trabajó con él decía que no sabía de los abusos; ¡perdón!, seguramente él tampoco, como tal vez la señora Bachelet, Lagos, Frei o Aylwin desconocen muchas cosas que ocurrieron en sus gobiernos, imposible tener el control de todo… Mi padre murió el 2006, sin embargo, necesitan mantenerlo vivo, y la TV ha contribuido en eso. Los programas sobre los 40 años fueron aberrantes… la televisión en Chile es lo peor.

—Para muchos mostró hechos hasta entonces desconocidos.

—Fomentó el odio. Una verdadera historia hay que contarla desde el principio, con opiniones de lado y lado, pero no haciendo aparecer a los del MIR y a los de izquierda como mártires, porque si moría un carabinero o militar, ¡daba lo mismo! El tema de los detenidos desaparecidos es delicado, no soy quién para tocarlo. Empatizo con el dolor de esas familias, al igual que con las del otro lado que también perdieron a seres queridos. ¿Acaso alguien se ha preguntado cuántas mujeres de carabineros están viudas y sin un peso?, ¿cuántos uniformados murieron? Hubo mucho sesgo; todo lo malo ha sido de un solo sector. La mayoría de los artistas chilenos son de izquierda y vende más dejar como mártir a los suyos que a los militares.

—¿Y por qué nadie de los que apoyaron el Golpe sale en defensa de éstos?

—Porque la otra parte (derecha) tiene que seguir lidiando con un país manejado por los socialistas, si no, pierden la pega; necesitan subsistir. Mi conclusión es que nunca debimos llegar a eso, como tampoco al gobierno de Allende. Hubo razones para el golpe militar, no fue ocurrencia de una persona. El país creció en lo económico, no así en lo cultural; muchos se quedaron pegados en el pasado. Y hoy mi familia está en el ojo del huracán sólo para lo malo. Es algo persistente.

Wp-jacqueline-pinochet-450-2

Jacqueline siente un trato diferente del gobierno de Michelle Bachelet hacia su familia, en comparación a los anteriores de la Concertación. “Ricardo Lagos estaba más preocupado de Chile que de los Pinochet. Sentimos la hostilidad como si mi papá estuviera vivo”, asegura. “Con la DC era distinto, porque tienden a respetar al que piensa diferente. No sé si es la señora Bachelet o su entorno los que se encargan de mantener viva esta odiosidad hacia nosotros, pero fue en su anterior mandato cuando se armó una historia para meternos presos con mis hermanos y con mi madre (2007), acusándonos de malversación de fondos fiscales, ¡cuando nunca fuimos funcionarios estatales! Fue una pasada de cuenta. Y ahora, cualquier muerte o cosa que pasa, es culpa de Pinochet, ¡si murió hace ocho años! No conforme con eso, siguen con nosotros, con decirte que el otro día llegó un canal de TV hasta la casa de mi madre para grabar a uno de los perros que ladraba, acusándonos de abandono, ¿dime si no es sicótico? Es agotador, ¡¿hasta cuándo?!, ¡déjennos vivir en paz!”.

—¿Acusa persecución?

—¡Absolutamente!

—¿De parte de quién?

—De algunos comunistas, socialistas, pero no es nuevo, viene hace 41 años; esto tiene tiempo, trabajo y publicidad. A mi padre lo tienen entre ceja y ceja, y por mala pata nos tocó a nosotros. Y por supuesto la gente de derecha ‘si te he visto, no me acuerdo’; se desentienden. No los critico, los comprendo… Para mi familia no ha sido fácil, nos han dado duro, no nos han dejado vivir. A mi mamá, de casi 91 años, no la dejan en paz. Por lo visto están aplicando eso de ‘ni perdón ni olvido’; injusto para uno que no ha tenido nada que ver.

—Para la Presidenta la violación a los DD.HH. es un tema sensible; su padre murió a causa de las torturas que sufrió en el gobierno militar.

—Gente de la Fuerza Aérea que conoció al general Bachelet cuenta que a él le habría dado un infarto luego de jugar a la pelota. Eso estaría en un informe escrito en el hospital de la Fach; a mí no me consta.

—Hay un fallo judicial donde se señala que la muerte del general Alberto Bachelet tuvo relación con su último interrogatorio, en que habría sufrido apremios físicos y sicológicos que desencadenaron el infarto.

—En eso no puedo meterme… Lo raro es que cada vez que sale una encuesta mala sobre la Presidenta, aparece una situación que sensibiliza a la gente. Ocurrió también hace unas semanas cuando frente a una baja en el apoyo, salió hablando de cuando había sido torturada; un tema en que se ha contradicho, porque después de asegurar varias veces que había sido víctima, en una última entrevista aclaró que no se trataba de torturas físicas, sino sicológicas…

—Que no deja de ser grave…

—¡A mí me han torturado sicológicamente 41 años por ser hija de Pinochet! Y eso que nunca me he metido en política. Insisto, se cargan para un solo lado. Al que mató a Jaime Guzmán, nadie lo toca; lo mismo el tipo que no tuvo empacho en contar que participó en el atentado contra mi padre, porque el delito está prescrito. Te aseguro que si hubiera sido militar, en cinco minutos está preso.  

—¿Desconfía de la justicia entonces?

—No creo mucho; fui perseguida y encarcelada sin cometer delito. Hay presiones, si no, actuarían distinto; ninguno quiere meterse. Y que sigan enjuiciando militares es espantoso. Por último, que hagan un plebiscito y les pregunten a los chilenos si quieren que sigan metiendo preso a cuanto militar existe, a viejos muriéndose. No digo que eran santos, pero los del otro lado, tampoco. Se desconoció la Ley de Amnistía… Lo único que nadie ha podido desconocer es que mi papá dejó Chile a otro nivel, que le cambió el pelo, y eso a muchos les duele, ¡les hierve la sangre! Por eso muerto, siguen destruyéndolo, a pesar de que entregó el gobierno en las mejores condiciones, porque si él no hubiera querido, no lo entrega. Si en 17 años hizo lo que quiso en el país —como dicen—, ¡pucha que lo dejó bien parado! Otro en su lugar habría tenido miles de millones de dólares afuera, y no hubiera juntado una ‘cagadita’ de plata que más encima su ex administrador se echó una parte al bolsillo.

—¿Y qué dice de las cuentas en el Riggs y de una herencia de 21 millones de dólares, de los cuales 17 no han sido justificados?

—No entraré en el tema; ya se aclaró y está sobreseído. Pero ¿tú crees que si tuviéramos esa cantidad de plata o algo parecido, nos habríamos quedado en Chile?, ¡habría que ser imbécil! Todavía estamos aquí tratando de hacer una vida normal, esperando que nos respeten porque no le hemos hecho nada a nadie.

—¿En qué va lo del testamento? Se publicó que se habría levantado el embargo y que el CDE  les dio un plazo para rechazar o aceptar la herencia, que incluiría el pago de impuestos pendientes de su padre con el Fisco. 

—Eso es falso. Mi papá pagó todos sus impuestos, solo estaría el impuesto a la herencia, pero no se ha liberado nada…. Publican y dicen lo que quieren, aunque sea mentira. Acepté la herencia a juicio de inventario; significa que si algún día liberan el testamento y llega algo, lo recibo.

—Se dice incluso que su madre, y sus hermanos Augusto y Marco Antonio habrían aceptado recibir su parte.

—El juicio está cerrado, y el levantamiento del embargo debiera ser automático; lo que no ha ocurrido. Es el hostigamiento del cual te he hablado… Al parecer hay una ley especial para nosotros, los abogados no encuentran explicación. A los jueces les debe complicar que seamos Pinochet. Así son las cosas para nosotros, y da lo mismo que la ley esté de tu parte; ¡no pasa nada! Al final es como pegarte contra la muralla.

—En medio de los cuestionamientos que ha generado el origen de la fortuna de su padre, ¿afectó a la familia el juicio contra Julio Ponce Lerou —ex marido de su hermana Verónica—, por enriquecerse a través de transacciones ilícitas?

—No corresponde que hable de mi ex cuñado y padre de mi sobrina. A él lo quiero mucho. Está separado hace 20 años de mi hermana. Sólo te puedo decir que de no haber sido yerno de mi padre, no se habría generado tanto escándalo. 

El escándalo se produjo por su forma de operar con un esquema coordinado de transacciones para beneficiarse a costa de los socios minoritarios.

—No tengo conocimiento del tema, prefiero no opinar sobre algo que desconozco.

“En algún minuto reconocerán la obra de mi padre”, asegura la hija menor de Augusto Pinochet. “Quizá no estaré viva para verlo. Ojalá que en esa transición llegue una persona que no engendre odio, porque cuando lo inyectas en una sociedad, la gente termina polarizada, enrabiada y después anda tirando el auto encima o rompiendo todo en las protestas, como ocurre ahora. Tiene que haber un punto final, es la única manera de que este país surja, para que nuestros nietos crezcan sanos y puedan sentarse a la mesa el hijo de un mirista con el de un militar sin que se odien”.

Wp-jacqueline-pinochet-450-3

—Difícil dar vuelta la página cuando hay personas que aún buscan a sus familiares.

—Tendrá que ocurrir si queremos surgir como país. Con Bachelet será difícil, nunca la he visto conciliadora. En esta vuelta la noto distinta, absolutamente izquierdizada. Y a la gente más estresada, en un país cada vez más caro y con menos plata en los bolsillos. Entonces te pintan una historia de colores, que la educación gratis, ¡mentira! Eso no ocurrirá. Si quieren arreglar el tema, que partan por levantar el nivel de los estudiantes de pedagogía y pagarles más a los profesores. 

—¿No cree necesarias las reformas para una mayor igualdad?

—Te aseguro que a los con más recursos, a los empresarios, estas reformas no les afectan, sino que decapita a la clase media trabajadora y a los más humildes que se han sacado la mierda por comprar sus cositas y mandar a sus hijos a la universidad. Este grupo que está surgiendo, si pretende comprar una segunda casa, se le castiga pagando no sé cuánto en impuestos. En vez de mirar tanto hacia atrás, por qué mejor no se preocupan de mejorar la salud, de fiscalizar las isapres, por ejemplo, que son un robo.

—En eso las críticas apuntan a su padre como gestor de un modelo abusivo.

—Como idea estaba perfecto, pero fue cambiando del proyecto original; todos los años te suben el plan y tratan de fregarte. Está bueno ya que sigan responsabilizándolo de todo, hasta lo queman en las protestas. Sólo te digo que en los gobiernos socialistas los que más han ganado dinero son justamente los con más plata.

—¿Cómo ha visto a la derecha?

—Hay dos derechas: la empresaria, que piensa, que se preocupa de sus trabajadores y que trata de tirar el país para arriba —la cual me representa—; y la derecha conservadora, con un discurso humano absolutamente falso. No se diferencia en nada de los socialistas renovados que por un lado predican y, por el otro, andan con corbata Hermés de cinco millones en el cuello. Es la derecha que va a todas las misas, pero en vez de escuchar al cura, los hombres conversan y las mujeres están pendientes de la que se operó o de la que está más flaca. La conozco de cerca, mi hijo acaba de salir del colegio Apoquindo que vendieron de un día para otro sin aviso, dejando a sus alumnos a la deriva. Hay mucho doble estándar, por eso no comulgo ni con la izquierda ni con esa derecha católica, que sólo permite en sus colegios a hijos de padres casados aunque se odien y el tipo tenga otra mina.

—Para muchos de ellos debió ser un golpe profundo la condena por abuso sexual del cura John O’Reilly.

—En eso prefiero no opinar porque he vivido la calumnia en carne propia, no te cuento la cantidad de brutalidades que se ha dicho de mí. Como será que ya me da risa. El otro día almorzando con mi mamá y hermanos les dije: “Como ando botando hijos por la calle, no les he mostrado mi foto con Cristiancito”. Googleamos The Clinic y salía la foto de una niña estupenda con mi cara, y al lado un niñito en short con la cara de Cristián Labbé (simulando al hijo que les atribuyeron). No queda más que tomártelo con humor.

—Igual debe afectarle a sus hijos.

—Sí, porque además la gente es cínica y habla por detrás. Me pregunto, ¿por qué inventar algo así de mí que no aporto en nada, que no soy nadie? La idea es tirar mierda como sea. Por qué mejor no se preocupan del vandalismo que está desatado, en vez de inyectar tanto odio y ánimo de venganza. Unos meses atrás me asaltaron con un cuchillo en el cuello, me robaron la cartera y se llevaron el auto. Hace poco murió el ex novio de la Presidenta (Alex Vojkovic) en un accidente, y salieron con que lo mandaron a matar los milicos. Hay que ser bien imbécil; era el único testigo que podía atestiguar si ella participó en actos terroristas del Frente Patriótico… Al contrario, había que cuidarlo.

—¿A qué político de su sector respeta?

—A Iván Moreira, y no porque sea pro Pinochet; sino porque ha mantenido una misma línea.

—¿La sorprendió que Sebastián Piñera terminara cerrando el penal Cordillera y hablara de cómplices pasivos?

—No sé si su gobierno era de derecha, más bien fue el gobierno de Sebastián Piñera. El votó por el No y se vistió con eso, nunca apoyó a mi padre ni al gobierno militar, pero sí ganó plata, hizo negocios y sacó provecho de ese período…

Con sus hermanos tuvieron un reencuentro, tras años distanciados. Jacqueline asegura que hoy están más unidos que nunca en torno a doña Lucía, quien acaba de vender su casa en La Dehesa para irse a vivir a la parcela familiar de Los Boldos, donde cada hijo cuenta con un terreno y casa.

Los Pinochet-Hiriart están cada uno en lo suyo: Augusto está de bisabuelo y trabajando con un amigo; Marco Antonio dedicado a sus empresas; Lucía pasa entre Chile y Miami visitando a uno de sus hijos y Verónica, dedicada al corretaje de propiedades y a sus nietos.

De su madre, Jacqueline cuenta que está tranquila. “Siente que lo dio todo en sus obras sociales y eso la tiene en paz. Está con su cabeza perfecta, físicamente no tan bien porque en abril se cayó y quebró la cadera, pero ya está caminando, muy acompañada, disfrutando de sus 23 nietos y 25 bisnietos. Solemos juntarnos todos en su casa, lo que la reconforta y por lo que agradece todos los días”.

—En el libro de Alejandra Matus Doña Lucía, salía que sus hijos no la visitaban.

—Es mentira. Son historias noveladas donde algún personaje si sabe algo lo aumenta; de lo contrario, lo inventa. Se hablaba que mis padres dormían en camas separadas, dando a entender que había problemas, cuando no hay matrimonio viejo que no tenga dos camas, ¡¿cuál es el problema?! La periodista sacó un poco de aquí, de allá, juntó todo, inventó y armó. Encuentro tan bajo que hagan un libro de ese calibre sobre alguien aún vivo.

—Su madre es un personaje público, que tuvo un rol en la historia política del país.

—Hay que tener respeto, no se le hace eso a una persona de edad que no puede defenderse. Entonces le pusieron la biografía no autorizada para cubrirse de alguna demanda. 

—¿Cómo se ha portado el Ejército? En esa biografía se relata que le quitaron el personal que trabajaba en la casa.

—La relación con el Ejército es normal; hay que entender que el militar era mi papá, no nosotros. Y el retiro del personal lo hace el presidente, no el Ejército. Mi mamá vive hoy con una enfermera y con nietos que entran y salen. Tiene casi 91, obvio que sale menos y que prefiere quedarse viendo una película o leer un libro. Los humanos necesitan un poco de paz; aquí no hay ningún abandono.