Primero fue el debate de la Concert… perdón, Nueva Mayoría (todavía no me acostumbro al nombre). Luego el de la Alianza. Vienen dos más, uno de cada bando. ¿A qué viene tanto foro televisivo? Todo es gracias a las primarias.

Lo que uno podría leer como una oleada democrática, participativa, de debate de ideas, es sin embargo poco más que una franja electoral encubierta. Porque de debate ha habido poco. De confrontación, casi nada.

Partamos por la ConcerNueva Mayoría. Cuatro candidatos: Michelle Bachelet, José Antonio Gómez, Claudio Orrego y Andrés Velasco. Una ex presidenta junto a cuatro ex ministros, que básicamente expusieron sus ideas (o algo así) y que poco o nada debatieron. ¿Contra preguntas, interpelaciones entre los candidatos? Ni hablar. El formato no lo permitía. ¿Entonces? Una franja, con cada candidato exponiendo su visión sobre diferentes temas. Minutos gratis de TV.

Lo de la Alianza fue, si cabe, aún más plano, más aburrido, porque el esquema era el mismo, pero reducido a dos candidatos: Andrés Allamand y Lauren… ando lento, sepan perdonar. Pablo Longueira. Si algún grado de interacción hubo fue para que se tiraran flores entre ellos y recalcaran lo muy de acuerdo que estaban en la mayor parte de los temas. Incluso cuando los periodistas reflotaron algunas escaramuzas pasadas, entre risas mostraron que ahora son bien amigos. Seguro después del programa comieron juntos.

Lo mejor, creo, fueron las conferencias de prensa posteriores a los debates. Pese a que tampoco se vio debate entre ellos –obvio, no era el objetivo– al menos se percibió que los periodistas participantes apretaron un poco más que durante el programa mismo. ¿Será el formato? A lo mejor. Quiero pensar que es eso y no un acuerdo para no poner en aprietos a los candidatos. Pero siempre queda la mal intencionada duda…

Wp-Debate-450Se echa de menos, en definitiva, más confrontación. Digo, si se están rompiendo la propaganda, incendiándose las sedes de los comandos, al menos que se rayen un poco la pintura en directo, ¿no? Ese sería un buen cambio: que sean ellos mismos, los candidatos (perdónenme los y las defensores y defensoras de la igualdad de género que insisten majaderamente en escribir todo como en este paréntesis, pero hablar de los candidatos y la candidata me parece agotador), quienes hagan el trabajo sucio de enfrentar al contrincante. Que dejen un minuto de sonreír a las cámaras declarando buenas intenciones mientras sus comandos se descueran en la calle. Transparentemos las cosas. Están compitiendo, no pololeando.

Los debates hasta acá han dejado gusto a poco, sobre todo por la falta de correspondencia entre el término “debate” y lo que se ha visto. ¿Así es la política? ¿Así son las campañas? No. Queremos sangre, sudor y lágrimas. Que esto sea un poco menos tecito de abuelas tejiendo a crochet y más reality show.

Intrigas, malas intenciones, descalificaciones, emplazamientos, acusaciones, oscuras intenciones, montajes, radios Kioto, zancadillas, filtración de documentos secretos, puñaladas por la espalda. Política, al fin y al cabo. No creo que sea mucho pedir.

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