Cuando el Primer Ministro inglés decidió ceder frente a las presiones del ala más derechista del Partido Conservador y convocar a un referéndum para definir la permanencia del Reino Unido en la eurozona, jamás imaginó que no sólo estaba cavando su propia tumba sino que además arrastraba la economía y unidad de los británicos hacia una incertidumbre sin precedentes. Obligado a dimitir a las pocas horas de reconocida la victoria del Brexit, David Cameron pasará a la historia como uno de los políticos más irresponsables del siglo y el detonador de la peor crisis política y económica de la Unión Europea en los últimos 40 años.

Pero no sólo eso. Su poco meditada consulta cambió el orden mundial para siempre, dándole el pinchazo letal al poderío europeo. En tiempos en que la inmigración se presenta como uno de los grandes problemas, cerrar las fronteras es el camino de los nacionalismos que tanto daño generaron en el pasado entre las naciones del viejo continente.

Por eso no es de extrañar que los más felices con el resultado sean las agrupaciones de ultraderecha que tradicionalmente han visto en los extranjeros una amenaza para la estabilidad europea.De hecho hay quienes aseguran que el resultado de los comicios ingleses incidió directamente en el repunte del Partido Popular en las elecciones de España. Quizás esa sea la razón de la explosión del número de arrepentidos que exige repetir el plebiscito.

Son los mismos que aún se preguntan cómo nadie consideró las voces de alerta que se escuchaban desde Escocia e Irlanda exigiendo la permanencia en el bloque de los 28. Sin un plan económico específico para paliar los efectos del abandono de la comunidad que precipitó la libra a mínimos históricos; Downing Street enfrenta el desprecio de las principales potencias europeas que exigen que el adiós del Reino Unido se concrete lo más rápido posible.

De aquí a septiembre, cuando los tories definieran al nuevo líder conservador; Cameron tiene la obligación de apagar el incendio que él mismo originó y buscar la cohesión de la clase política. Entre la polarización social, la furia de la oposición laborista y la amenaza populista, encarnada en el ex alcalde de Londres y ferviente separatista, Boris Johnson; todo hace presumir que este será el verano más caliente que la isla recuerde en décadas.