A diferencia de las movilizaciones de 2011, donde el Partido Comunista todavía tenía una enorme injerencia en el movimiento, los nuevos lideres parecen tener en común una distancia irremontable con la Nueva Mayoría y su gobierno, justamente cuando proyectos clave de educación universitaria comenzarán a marcar la discusión pública. El símbolo de esta nueva etapa es Daniel Gedda, estudiante de Derecho de la Católica, líder del movimiento Crecer. Aunque todavía es desconocido para el público, con probabilidad el 2016 se convertirá en un actor recurrente en el debate y en un dolor de cabeza para el establishment, incluido el rector de su propia universidad, Ignacio Sánchez, uno de los más conservadores del CRUCH.

Gedda es de izquierda o, más bien, de la neoizquierda: la generación que no pertenece ni al Partido Comunista de Camila Vallejo, demasiado oficialista a gusto de los nuevos líderes, ni tampoco se siente representado por los movimientos ultra y anárquicos que han ganado fuerza al interior de las universidades después de las protestas de hace cuatro años. El presidente de la FEUC llega a hacerse cargo de la federación después de una gestión gremialista mediocre y se instala al frente de los estudiantes de la Católica con un juicio lapidario respecto del gobierno. Gedda no se ha cansado de repetir que el Ejecutivo “tomó las demandas del movimiento social y las vació de contenido” y que está en contra de las reformas, porque están improvisadas y se han hecho a espaldas de la ciudadanía.

Su inspiración es Salvador Allende, admira a Gabriel Boric, aplaude algunos procesos latinoamericanos como los de Rafael Correa y Evo Morales, y no considera ‘tajantemente’ que Cuba sea una dictadura. Apoya el matrimonio igualitario, la adopción homo parental y cree que el aborto debería ser totalmente libre, más allá de las tres causales. Junto a Camila Rojas, la nueva presidenta de la FECH, parecen conformar una dupla potente que tiene las cosas claras: ninguno está de acuerdo con que la gratuidad universitaria se financie mediante la Ley de Presupuesto y ambos consideran la educación como un derecho social que debe estar garantizado por el Estado. El gobierno y en especial el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, tendrán un año complejo si el objetivo es seguir acotando la voracidad por los recursos fiscales. La neoizquierda parece haber recuperado su espíritu.