En un minuto se le hizo insoportable el conservadurismo que, según Daniel Platovsky, se fue apoderando de Renovación Nacional. Y renunció. De eso ya ha pasado poco más de un año, y aunque en un principio se confesó de luto por partir después de dos décadas en la colectividad—fue vicepresidente, líder de la disidencia en contra de Carlos Larraín y hombre clave en el triunfo de Sebastián Piñera—, hoy asegura que fue la mejor decisión. 

Lo suyo no fue un simple arrebato, ni tampoco que RN haya cambiado tanto —“al final esa es la derecha chilena”, asegura. Fue el empresario quien experimentó un cambio profundo, pasando de conservador a liberal en temas principalmente valóricos, al punto que hoy se declara socialdemócrata; mucho más cercano a la izquierda que a la derecha. En esto bastante tiene que ver su segunda mujer, la abogada Pilar Oyarzún (llevan 20 años juntos), quien le mostró un mundo desconocido. “Empecé a conocer otra gente, hoy mis amigos vienen del PPD, PS, algunos de los cuales fueron torturados, exiliados. Comencé a entender a ese otro mundo, a conversar, entretenerme y pasarlo bien con ellos. Hoy tenemos una visión parecida del país y de lo que se debe hacer”, asegura Daniel, quien siguiendo esa línea, hace unos años optó por dejar su imponente casa en Lo Curro para irse a un departamento frente al Forestal. Está entusiasmado con su nueva vida de barrio rodeado de árboles milenarios; sentarse en un cafecito a media mañana y entablar amistad con sus vecinos, junto a los cuales formó el Comité de adelanto del Parque Forestal (que él preside), que intenta —junto con la alcaldía de Santiago— crear un plan de mantención, uso y seguridad del parque. “Sus árboles y flora están muriéndose”, afirma.

A pesar de su alejamiento de la política activa, Platovsky estuvo el último año muy cerca del movimiento que lidera Lily Pérez (Amplitud), al que ingresaría una vez que se transforme en un partido que lo represente, y al que pretende darle un sello socialdemócrata moderno, “centrado en los valores sociales básicos (salud y educación de calidad) conjugados con una economía de mercado como modelo para la generación de desarrollo y riqueza”. 

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Y fue nada menos que el empresario quien gestionó en las sombras, el encuentro entre Lily y Andrés Velasco (Fuerza Pública) para que armaran juntos una propuesta sobre financiamiento político, que encendió las alarmas de lado y lado, ya que marcaba el regreso del ex ministro a la carrera presidencial —tras estallar el escándalo Penta— y el posible nacimiento de un nuevo referente. “Me pareció que había un espacio en el centro entre los ultra que quieren sólo capitalismo o sólo socialismo, versus nosotros que buscamos una combinación de esos dos mundos. Y con el cambio al Binominal, el paradigma será otro; ya no habrá más derecha-izquierda, ni Alianza-Nueva Mayoría, sino algo nuevo. Vi que Velasco y Fuerza Pública tenían mucho en común con Amplitud en la visión de país y en la mirada más socialdemócrata. Lo bueno es que las piezas ya comenzaron a moverse; la cosa está tomando cuerpo”.

—¿Qué rumbo le gustaría que tomaran estos movimientos?

—No es imposible pensar el día de mañana en una primaria entre Velasco, Lily Pérez y Nacho Walker, ¿por qué no? El mundo cambió, el binominal no existe, las fuerzas políticas e ideas afines tendrán libertad para agruparse y moverse de otra manera. No sé si ocurrirá en las próximas elecciones, pero el país debe ir hacia allá; estamos sembrando la semilla.

—¿No es “promiscuidad” política que ex ministros de la Concertación aparecieran asociados a un movimiento piñerista, como ocurre hoy con Velasco?

—No sé si piñeristas, somos amigos de Sebastián Piñera, pero en lo político no. Por otro lado, me parece maravilloso que los comunistas se hayan incorporado a la Nueva Mayoría; demuestra cambio, visión republicana, que evolucionó de una dictadura marxista a la democracia. ¿Eso es malo?, ¿es darse una vuelta en el aire? No pues, es una buena evolución, lo mismo que hoy Amplitud se esté moviendo hacia la izquierda.

—¿Cómo es eso de que en lo político no es amigo de Piñera? Fue un colaborador cercano, y la propia Lily dijo que era su candidato.

—Joaquín Godoy afirmó lo contrario. Lily habla desde el cariño, todos se lo tenemos… Si Piñera quiere ser candidato, algún partido tendrá que nominarlo… Capaz que tampoco le interese…

—Se pensaba que Amplitud era la plataforma.

—No, eso es un grave error. Ya demostramos que no lo somos al estar en conversaciones con Velasco. La política tiene que refrescarse, no pueden los mismos seguir repitiéndose el plato.

—¿Su candidato es Velasco entonces por sobre Piñera?

—Sí. Andrés es más renovado, más joven. Bastante más liberal en lo valórico que Piñera, que coincide con mi línea. Estoy a favor del aborto, creo que la mujer tiene derecho a decidir si sigue adelante o no con un embarazo no deseado. También soy partidario del matrimonio homosexual; eso es súper diferenciador. A Sebastián le tengo mucho cariño, un hombre que no guarda rencores, pero políticamente estoy en otro lado; a él lo veo en la Alianza, y nosotros no tenemos nada que ver con ella.

—Pero Lily no descarta trabajar con la UDI y RN si tuvieran un proceso de renovación.

—Difícil que se renueven. No me imagino una primaria entre Ossandón, Allamand y Velasco, ¡definitivamente no! Ellos son de derecha, nosotros no; de lo contrario hubiéramos seguido en Renovación Nacional. Apuntamos al centro, y puede que tengamos cosas muy comunes con la izquierda.

Asegura que el ex ministro de Bachelet puede arrastrar a democratacristianos liberales como a gente de la derecha. “Muchos que votan por la Alianza, entre un RN o UDI, votarían por Andrés. Basta ver los votos que sacó en Vitacura, Lo Barnechea, La Reina”. Platovsky no cree que sea un riesgo asociarse con el economista, aun cuando sigue una investigación en su contra por supuestos pagos irregulares por parte del banco Penta. “No hay un juicio, solo una investigación, y él entregó toda la información de manera voluntaria. No hay que prejuzgarlo si no ha habido ningún delito demostrado ni sancionado. No hay complejo en eso”, afirma. Sin embargo, admite que el líder de Fuerza Pública se equivocó al guardar silencio cuando estalló el tema. “Si hubiese sido más rápido y fuerte en la reacción, de decir: ‘aquí está la información’, habría parado el asunto. Esto del viaje…, bueno es difícil ponerse el zapato de otro, pero debió apurarse en hablar”.

—Dice que Velasco arrastraría a la DC, pero Ignacio Walker se resiste a una alianza con ustedes.

—Porque quiere ser candidato; ahí tendrá que ver dónde tiene más opciones. Así como el PC tomó una decisión en su minuto, los demás partidos deberán tomarla en otros. Los momentos tienen que darse, capaz que no sea en la próxima elección, pero esto va a cambiar. Y así como algunos miramos a la derecha distinto, hay muchos de la DC, PPD, socialistas renovados que están mirando a la izquierda con otros ojos, que buscan algo nuevo. Entonces, ¿irnos a la derecha para pelear esos votos?, no, ¡absurdo!, sería un tremendo error, para eso están Allamand y Ossandón. 

—¿Es una derrota cultural de la derecha que parte de su sector se haya izquierdizado?

—Los partidos de este sector no han evolucionado a la velocidad que lo ha hecho nuestra sociedad en cuanto a los valores sociales; ese es el tema y diferencia de fondo, no así en lo económico que coincidimos. La derecha y centroderecha tiene una connotación de conservadora, y Amplitud es de centro-liberal, aunque yo voy por una cuestión más socialdemócrata. Con el Binominal la gente terminará optando entre valores conservadores, sociales liberales y económicos socialistas. 

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—¿Existe la Alianza?

—¡Por supuesto!, ahí están RN y la UDI.

—No se ve que actúen como bloque, ¿por qué no han logrado rearmarse?

—Primero hay que comerse el buey que es duro; si las elecciones municipales, parlamentarias y presidencial, ¡fueron un desastre! Hay que detenerse a pensar qué pasó, para dónde vamos, qué hacemos, cómo reconstruimos; si fue un terremoto. Deben estar reconstruyéndose… El problema de fondo es que como oposición son minoría en el Congreso, entonces es re poco lo que puede hacer. Lo bueno es que el gobierno se ha abierto a negociar, a buscar consensos, porque puede pasar la aplanadora si quisiera. En eso el Presidente Ricardo Lagos ha sido un aporte, lo que permite surjan los liderazgos.

—¿Tuvo responsabilidad Sebastián Piñera en dividir a la derecha al hablar de cómplices pasivos?

—Mucho, a mí me dividió. Jamás olvidaré su discurso del 11 de septiembre, que me hizo tomar la decisión de irme de Renovación… Me sentí un cómplice, yo voté por el Sí, por suerte perdí; de haber ganado sería un cómplice activo. Piñera debió haberse desmarcado mucho antes y no al final de su gobierno. El no tenía ninguna mochila en temas de DD. HH., esa es su gracia, debió ser más drástico.

—Parte de la Alianza lo acusa de actuar en beneficio propio para aumentar el apoyo popular, a costa de la división del bloque. 

—Fue un aporte, aunque, insisto, mal aprovechado. Las elecciones se perdieron porque tuvimos una campaña presidencial con una posta de candidatos. Existe un sector de la derecha que todavía cree que no hay responsabilidad, que la culpa es del otro lado, que Allende fue un pésimo presidente, que el país iba a la ruina con una dictadura marxista, pero eso no justifica los miles de muertos y torturados. Provengo de una familia que fue exterminada por los nazis, mi papá fue el único sobreviviente. A mi abuela la mataron en la cámara de gas y después la quemaron en un horno, ¡así de brutales! Por otro lado, el comunismo asesinó a mis dos tíos; tengo una carga histórica que me hizo votar por Pinochet. Si Piñera se hubiera desmarcado antes, hubiera hecho un mejor gobierno. Se concentró demasiado en los números y dejó de lado los valores sociales que lo habrían posicionado distinto a cómo está hoy. Terminó siendo un gran gerente, pero la ciudadanía no quiere eso, sino un líder en todos los aspectos. Cedió a la batahola que se le armó en la derecha por tratar de mantener el final de su gobierno, que le trajo costos…

—¿Cuáles?

—Mira dónde está…

—¿Dónde?, ¿desaparecido?

—Ah no sé po

—Figura como el líder mejor posicionado de la centroderecha, ¿visualiza algún otro?

—Aún no se han lanzado porque debe haber un acuerdo de no generar un ambiente eleccionario ya que el tema produce roces en la coalición. Frente a las reformas los veo unidos, ordenados, no hay díscolos, aunque la verdadera discusión partirá ahora con la educacional, donde tenemos críticas. Se han centrado en la parte monetaria y no en la calidad. Además, es absurdo que el dueño de un colegio no pueda cobrar arriendo por las instalaciones ni por el terreno porque eso es lucro, sin embargo, los bancos pueden cobrar intereses, ¿eso no es lucro acaso? Buscan financiar proyectos educacionales a través de entidades bancarias, ¡y con garantía del Estado! O sea si a alguno de ellos le va mal, ¿lo pagamos todos? Lo mismo pasó con el financiamiento universitario en que los bancos se hicieron ricos. 

—¿Está primando la ideología?

—Hay una confusión enorme entre qué es lucro y qué no. Por supuesto que hay que regular el tema con universidades que entregan títulos que no valen nada y colegios públicos y privados que educan pésimo. Por ahí va la discusión, y no por terminar reemplazando el lucro de un señor que cobra un arriendo por un colegio versus un banco que cobra intereses. Insisto, ¿cuál es la diferencia?

—¿La derecha tiene culpa al no defender el lucro como una legítima ganancia, y permitió que se le demonizara?

—Lo está sólo en educación, porque ha habido abusos, especialmente en universidades. Yo creo en la utilidad; tener rentabilidad sobre el capital es razonable para cualquiera. No veo que esa demonización del lucro trascienda a otros ámbitos; o sea, si las empresas que se transan en la bolsa no ganaran plata, las AFP mueren y todos nuestros ahorros valdrían nada. Han salido algunos UDI a defender el lucro en educación, pero les han llegado sus golpes de vuelta. Los tejados de vidrio son complicados.

—¿Ve cuestionado el modelo económico?

No veo grandes cambios, solo aumento de impuestos. Hasta ahora no he escuchado a nadie mencionar que los medios de producción deben volver al Estado. Sí hay mayor regulación, sobre todo a las industrias en manos de extranjeros, como las AFP, y las de comunicaciones y electricidad porque son áreas sensibles. Estas inversiones son además una señal de cómo nos ven afuera; tendemos a mirar todo con dramatismo.

—¿ Y percibe un clima antiempresarial como aseguran muchos de sus pares?

—El tema tributario produjo una discusión conflictiva entre todos los actores. La reforma partió de una manera, y mira cómo terminó, con políticas pro crecimiento, tratando de levantar el buque en un período de estancamiento. El gobierno ha reaccionado como debe, creando incentivos para el desarrollo. No veo que eso esté en la línea de destruir las empresas.

—El periodista Tomás Mosciatti armó una polémica al afirmar que Michelle Bachelet tendría un plan maestro de imponer el socialismo y desmantelar la arquitectura armada por la derecha.

—Si a alguien del gobierno se le ocurrió esa idea, no le está resultando. Tampoco veo tan ideológica a la Presidenta, a diferencia de algunos sectores de la Nueva Mayoría. Ella tenía un programa original que ha tenido que negociar; eso es al final la política. Y es bueno, sano para el país, de lo contrario estaríamos hablando de una dictadura.