Para muchos fue el hombre clave, el cerebro de La Moneda durante el período de Piñera. No sólo por haber promovido leyes emblemáticas como la de Primarias y la modernización del Estado que —reconoce— “fueron un gustito personal”. Como ministro secretario general de la Presidencia (Segpres), Cristián Larroulet (60, casado con Lita Philippi, siete hijos) logró acuerdos transversales, sacó adelante un alto porcentaje de la agenda legislativa del gobierno (78 por ciento) y mantuvo a raya las relaciones entre Hacienda e Interior.

En eso fueron determinantes su bajo perfil, su carácter conciliador y esa mirada futura que le brindaron sus estudios de políticas públicas en el Instituto Libertad y Desarrollo, think tank que fundó y dirigió durante los 20 años de la Concertación, y que —siente—, lo preparó para el cargo. Parte de su temple tiene que ver también con su historia que se remonta a una infancia en la Araucanía como nieto de un inmigrante francés e hijo de un agricultor primera generación en Chile que, tras la muerte de su padre, debió hacerse cargo del fundo familiar. “Eso marcó mi paciencia y perseverancia”.

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Ingeniero comercial UC y ex Chicago Boy, Larroulet dice que su gran logro en La Moneda fue recuperar la Segpres original de Edgardo Boeninger, el único ministro de la Concertación (en el período de Patricio Aylwin) que, al igual que él, duró el período completo en ese cargo. “Se trata de un ministerio coordinador y asesor clave; es el centro del gobierno. Sin embargo, con los años fue desperfilándose, al punto que cuando llegué dependía de éste el Servicio Nacional del Adulto Mayor y la unidad indígena… Lo recuperamos, y volvimos a tener una institución con función coordinadora, de departamento de estudios, de think tank, que en el mandato de Lagos lo asumió el ‘segundo piso’, y en el de Bachelet, el ministro de Hacienda”.

Lejos de su clásico estilo formal, esta vez a Larroulet nadie le despinta la sonrisa. “Queda poco, ¡por eso estoy tan contento!”, decía justo una semana antes de que Sebastián Piñera traspasara el mando a Michelle Bachelet. A pesar de lo exitoso que considera fue el gobierno, de haber sido el cuarto ministro mejor evaluado según la última Adimark (56 por ciento), y por mucho que se haya preparado para el cargo, reconoce que otra cosa fue ‘con guitarra’.

“Hubo momentos muy difíciles como el terremoto y maremoto, el movimiento estudiantil; también la baja en la popularidad… Fue clave la perseverancia, teníamos el convencimiento, y demostramos que la centroderecha lo hace bien. Dejamos un legado enorme, con avances en lo económico, social, político, cultural, y un gran activo que son los miles de profesionales jóvenes que se interesaron por lo público… Es una satisfacción demostrar que las ideas por las que he luchado son las que le generan mayor bienestar y calidad de vida”.

El ex ministro está convencido de que la ciudadanía se acordará de los logros del saliente gobierno, que él resume en la capacidad de reconstrucción —que asegura fue de un 97 por ciento—, las cien medidas microeconómicas que recuperaron el crecimiento, y romper mitos y demostrar que la centroderecha es de profundo sentido social. “La gente ya empezó a darse cuenta de que hicimos un buen gobierno”.

—Llegó tarde ese reconocimiento.

—La oposición hizo su pega, fue muy dura desde el primer minuto. El otro día Gabriel Ascencio me recordó que el 12 de marzo del 2010, al día siguiente de asumir el Presidente Piñera, él estaba haciendo una denuncia en la Contraloría. Fueron ácidos en sus críticas permanentes y sistemáticas. En un país con mala distribución del ingreso, lo lógico es focalizar y dirigir los beneficios a los más pobres, pero a eso lo llamaron “letra chica”; le pusieron etiqueta a una sana política, ya que lo contrario es volver a aquellas que sólo han causado inequidad.

_¿Reconoce también errores propios?
—Sí, las expectativas gigantescas. El terremoto cambió la realidad, ahí debimos modificar el discurso a uno más conservador, parecido a esa frase de Kennedy: “No preguntes qué hará el gobierno por ti, sino ¿qué harás tú por el país?”.

—¿Alguna ley que lamente no se haya promulgado?
—Tuvimos un porcentaje de aprobación muy alto, sin embargo, me duele que no haya salido la Ley de Probidad Pública que perfecciona la declaración de patrimonios e intereses de autoridades y el fideicomiso ciego. Lleva meses en el Senado, sin embargo, algunos parlamentarios de la Concertación me dijeron que no podían aprobarlo en el mandato de Piñera porque fue el emblema para atacarlo. También me dolió no sacar el primer proyecto en la historia de Chile que subvenciona a los adultos mayores, el que aceleraba la subvención preferencial escolar para tercero y cuarto medio, y el que pretendía institucionalizar ChileAtiende; la red multiservicio que acerca los beneficios y servicios de las instituciones públicas a la gente, y que ha sido un gran paso en la modernización del Estado.

—En el tema mapuche poco se hizo. ¿Por qué nadie ha querido hacerse cargo, controlar al menos la violencia que se vive en la zona?
—Hicimos mucho por la política indígena, cumplimos el compromiso de entrega de tierras, y de no concederle a ningún grupo violentista. Avanzamos en no dar más terrenos sin respaldo productivo, y para eso coordinamos con Indap y la Conadi una política de apoyo. Acepto la crítica de que en seguridad e inteligencia faltó mucho por hacer. Hay que mejorar la información para aislar a ese ínfimo grupo terrorista, continuar con el apoyo en educación, vivienda y productividad, y darles la libertad de elegir qué tipo de ayuda quieren. Hay familias que en vez de tierras, prefieren el financiamiento en educación de sus hijos o subsidio habitacional.

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—¿Con qué parlamentarios de la Concertación pudo finalmente contar?
—El opositor más duro fue el senador Alejandro Navarro; prácticamente no apoya. Los diputados que destacaron por su capacidad de reflexión, conocimiento y seriedad fueron Pepe Auth y Jorge Burgos. En el Senado Hosain Sabaj fue muy colaborador en materias económicas; en lo político, fue importante Patricio Walker.

—Con Edgardo Boeninger han sido los únicos ministros Segpres —tras el regreso de la democracia— que han durado el período completo. ¿Qué características especiales hay que tener para ejercer el cargo con éxito?
—Boeninger lo definió muy bien: es un ministerio de coordinación y asesoría al presidente, ministro del Interior y al resto del gabinete. En términos futbolísticos no eres el 9 ni 10, ni Alexis ni Messi. Pasas a ser el 6, 8, el que da el pase, de bajo perfil; que colabora, asesora, que tiene una mirada más fría, no roba cámara ni es el polilla. La prudencia y ser piola son fundamentales.

—¿Nunca pierde la paciencia?
—Aprendes en el cargo. Siempre hay tensiones; pasamos por momentos duros. Mi familia fue un gran soporte, y tener fe también ayuda. Hay un deterioro en la calidad de vida, pero son cuatro años nomás, ¡por eso estoy tan contento!

—Su sucesora Ximena Rincón, ¿reúne los requisitos para desempeñarse con éxito?
—Ella tiene mucho oficio en el Congreso, buenas relaciones políticas transversales, lo importante que ese rol lo juegue desde la Segpres. Ximena tiene protagonismo, no es bajo perfil, pero deberá serlo para tener éxito en su función. Tendrá que matizar, manejar. Yo tenía una regla: jamás hice prensa tras la aprobación de una ley. Uno es un colaborador, un centrodelantero…

—Rincón al pretender volver al Senado, demostró tener agenda propia…
—Fue un error, ella lo aclaró después diciendo que es legítimo, y lo es. Insisto, debe concentrarse en su papel de secretaria de la presidencia; significa ser más prudente, especialmente en su protagonismo.

—¿La ve en segunda fila?
—Es inteligente, sabe de estas características, lo hemos conversado en nuestras reuniones.

—¿Y la ve de lado de los que buscarán acuerdos o de los que querrán pasar la aplanadora en La Nueva Mayoría?
—Por primera vez en la Concertación predominan los autoflagelantes, el ala más de izquierda, con una agenda contraria a la de tipo Boeninger; una grave amenaza para el futuro del país. Ximena deberá moderar esa postura, buscar acuerdos más allá de las mayorías políticas. Hay que considerar que una reforma tributaria que elimina mecanismos de incentivo al ahorro e inversión, generará menor crecimiento y empleo; la gratuidad en la educación superior significa regalarles 3.500 millones de dólares a los sectores más pudientes en desmedro de aumentar, por ejemplo, la cobertura de la educación preescolar de los sectores más vulnerables.

—Le pidió a Rincón acelerar las leyes de probidad y transparencia. ¿Cree que los conflictos de interés durante el gobierno de Piñera terminaron pasándole la cuenta?
—Fue una crítica injusta. El Presidente hizo fideicomiso ciego, vendió sus activos más importantes, pero claro, en algo sirvió para deteriorar la confianza hacia nuestra gestión

—María Olivia Monckeberg lo acusó a usted —junto a Joaquín Lavín y Teodoro Ribera— de lucrar con la educación en su calidad de fundador de la Universidad del Desarrollo.
—Nos criticaron como si venir del mundo privado fuera sinónimo de conductas ilegítimas, y eso es falso. Con Teodoro nos hemos dedicado a lo público y a la educación toda la vida. Los conflictos de interés no se originan por venir de un lado o del otro; éstos son permanentes. Y avanzamos al implementar una agenda pro transparencia para mejorar la institucionalidad en ese aspecto, con evaluaciones internacionales que nos hicieron recuperar nuestra posición en probidad pública. Sacamos la ley del Lobby, diez años dormida en el Congreso; una práctica que no es ilegítima pero que debía regularse.

—¿Su nexo con la UDD no lo inhabilitaba a la hora de gestionar leyes sobre educación?
—Cuando llegué al gobierno, lo primero que le dije al Presidente fue que no iba a tramitar ni colaborar en ninguna ley relacionada con educación superior, y me inhabilité. Todo lo que pasó por la Segpres en esa materia fue visto y firmado por el subsecretario Claudio Alvarado. No participé en nada; jamás vieron alguna declaración mía del tema. Fui llevado a la Contraloría —tras la acusación de estudiantes de la Universidad de Chile—, y ésta falló que tenía fideicomiso ciego y que me había inhabilitado… Mira, detrás de las críticas, hay una ideología, una mirada en contra de la iniciativa privada, y a favor del socialismo y estatismo. Tratan de usar la moral de manera inmoral para cuestionar a las personas.

—¿Lo asimila al caso de la recién renunciada subsecretaria de Educación Claudia Peirano?
—Fue una presión ideológica, no sólo de los estudiantes. De nuevo están aquí los sectores autoflagelantes. Es una persona moderada, que confía en la educación municipal y en la particular-subvencionada, pero algunos quieren que la educación pública sea sólo estatal. En esto el ex Presidente fue muy riguroso. Con la presión del movimiento estudiantil pudo ser populista, sin embargo, no cedió en temas como gratuidad y libertad de enseñanza.

—¿Cuál es su posición frente al lucro?
—En la educación superior está prohibido, y yo soy práctico. El lucro tiene hoy una connotación de pecado. Recibir utilidades en las esferas productivas, económicas y sociales es legítimo, pero si la ley lo prohíbe, hay que respetarlo. En el resto de las actividades, defiendo el lucro. Ahora, creo que sería un grave error quitar la subvención escolar a sostenedores particulares. Insisto, hay una visión ideológica que pretende terminar con el emprendimiento en Educación y Salud.

“No me interesa una carrera parlamentaria, aunque me quedaré en lo público”, adelanta Larroulet. Hará clases e investigación en la UDD, colaborará con el Instituto Libertad y Desarrollo, y en la nueva fundación del ex Presidente Piñera, desde donde defenderá su obra. “El gobierno dejó un gran legado. Teníamos claro que desde el primer día sería atacado, pero ya estamos preparados para la defensa”.

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—Hay quienes estiman que el buen posicionamiento de Sebastián Piñera fue a costa de dividir la derecha tras los 40 años del Golpe.
—El ex Presidente es un hombre consecuente, honesto, trabajé con él cuatro años y hoy puedo decir que soy su amigo. Tiene un liderazgo, pero no se puede interpretar que fue a costa de, sino acorde con los tiempos y porque gobernó con las ideas de centroderecha que respetan la democracia, libertad de elección, protección a los derechos de las personas y de la familia.

—¿Por qué la crisis de su sector entonces?
—No veo tal crisis. Tuvimos un mal resultado electoral por imprevistos, falta de unidad, personalismos, y al frente teníamos a Michelle Bachelet que hizo una campaña espectacular con un 25 por ciento más de presencia y de recursos. Ya hicimos el debate, ahora vienen elecciones en la Alianza y superaremos los momentos adversos para ser una oposición que debe centrarse en fiscalizar, potenciar las ideas y preocuparse de las municipales que se vienen. Esto, más la unidad interna, debe ser nuestra agenda futura.

—Está la sensación que declararse de derecha hoy fuera pecado. Sebastián Piñera incluso ha intentado correrse al centro y ha hecho guiños a la DC para ampliar su electorado, ¿no hay una derrota ideológica ahí?
—No lo veo así. Ocurre que la ciudadanía le hace algo de contraposición al gobierno de turno: con Bachelet se derechizó, y con Piñera se corrió un poco a la izquierda. El país está más liberal, y la aparición de nuevos movimientos (Amplitud y Evópoli) lo refleja, y está bien. La Concertación, sin embargo, hizo una lectura equivocada, creyó interpretar a la sociedad mirando el movimiento estudiantil, y se izquierdizó. Para el chileno, las prioridades son educación y empleo, y el ideario de la centroderecha es el más efectivo para potenciar ambas cosas. Por eso tenemos una opción altísima de volver el 2017. Contamos con el legado de un buen gobierno, de las ideas, y la alternancia llegó para quedarse. Esta es propia de las democracias maduras, y nuestra transición se cerró con Sebastián Piñera. No soy optimista de la agenda de la Concertación, no es la agenda que Chile necesita.

—¿Cuáles son sus aprensiones?
—La mirada autoflagelante que se impuso en la Concertación. Creen que los gobiernos exitosos que tuvieron durante 20 años no se justifican; están arrepentidos y eso genera incertidumbre, nadie sabe cómo será la nueva Constitución. Además, cuestionan el emprendimiento en lo social. Ojalá que con la inteligencia de la Presidenta prime una posición moderada.

—¿La opción de volver es con Piñera?
—Con el que esté en mejores condiciones. Hoy el líder principal del sector es Sebastián, pero cada día tiene su afán. Lo importante es su legado, el que hay que defender y proteger.

—¿Lo quiere de vuelta en La Moneda?
—Fue un extraordinario mandatario, y sería de nuevo un gran Presidente.