Desde que dejó su cargo de ministro secretario general de la Presidencia (Segpres) de Sebastián Piñera en marzo del 2014, Cristián Larroulet ha estado abocado a defender el legado del ex Presidente (en la Fundación Avanza Chile) y también a su labor de director de investigación en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo. Entusiasmado y orgulloso, cuenta cómo en los últimos diez años han crecido las instituciones chilenas de educación superior privadas en el área del descubrimiento, apareciendo en el ranking que hace poco publicó la revista América Economía. “En el mundo se está viviendo una revolución en el sistema universitario, muy marcada por el cambio tecnológico, la forma de enseñar y la investigación, mientras que en Chile estamos debatiendo algo propio de la década del 50, que es la gratuidad. En China, India, hablan de cómo aumentar la producción científica, innovación y las nuevas tecnologías a través de la academia”, dice entrando de lleno en la actualidad y en una de las tantas reformas del Ejecutivo que —confiesa—, lo tienen preocupado. Y prosigue: “Nos estamos dejando llevar por grupos radicales. El movimiento estudiantil es minoritario, el 90 por ciento de los universitarios no sigue esto, sin embargo, estamos dirigidos por un gobierno que tuvo y tiene una mala lectura de lo que pasa y el país necesita. Decían que había malestar, disconformidad, que era culpa del modelo; y lo simboliza la retroexcavadora, ¡un error profundo! El chileno está contento con vivir en democracia, y claro que quiere progreso, justicia, que no haya abusos, pero no abandonar los 25 años de mayor avance social y económico de nuestra historia”.

Asegura que las políticas públicas no sólo están mal diseñadas; también mal implementadas. “Sabíamos cómo crecer, sin embargo, hicimos una reforma tributaria en contra del ahorro e inversión, ¡fuente principal del crecimiento! Y su aplicación ha sido con mucha ineptitud. En Chile nos enorgullecíamos por esa capacidad político-técnica de hacer bien las cosas… Y en esta búsqueda de una mejor distribución del ingreso, están aplicando medidas contrarias. Se necesita empleo y educación para los de escasos recursos. De 200 mil puestos de trabajo que generábamos al año, hoy con suerte se llega a los 40 mil. Y en educación, ¿qué hemos hecho?, entregar recursos a los sostenedores y regalar la plata a los más ricos. Es todo tan sin sentido, es como si en la reforma agraria se le hubieran dado los campos al 30 por ciento más adinerado. Mi dolor es que con este gobierno, la pobreza aumentará”.

Larroulet critica además la poca disposición del gobierno para alcanzar acuerdos, que no fue el sello de Bachelet en su primer mandato donde de esa manera logró la reforma previsional, según él, lo más exitoso de su gestión anterior.

—¿Por qué ahora su postura sería distinta?

—Ella tiene dos corazones, uno muy de izquierda, y el otro es el de la hija de la familia militar. Su primer período estuvo marcado por la responsabilidad de Estado propio de una persona de las Fuerzas Armadas; de equilibrio, moderación, de la consulta, planificación, de incorporar a todos. Pero eso no la satisfizo, y para su segunda etapa se dejó llevar por los discursos que representan la retroexcavadora.

—¿El cambio de gabinete no fue acaso  un giro al equilibrio nuevamente?

—Eso no lo tiene definido, hay una ambivalencia, pero poner a Jorge Burgos y Rodrigo Valdés —por quienes tengo el mayor de los respetos— es un primer paso para volver a una lógica razonable y a aquellas políticas públicas que todos saben son las exitosas. Lo mismo haber conformado la Comisión Engel por el tema de la probidad. La mejor noticia es que ahora no todo depende de la Presidenta, también de sus ministros, muchos de los cuales estarán puestos a prueba de ir en una u otra dirección. Espero y confío que tendrán la personalidad suficiente de decir no cuando corresponda. Y hay instrumentos concretos para probarlos…

—¿Cuáles serían?

—La reforma laboral, que para generar empleo, es fundamental. Sin embargo, está teniendo un tratamiento propio de los debates de la década del ’60. La discusión en el mundo sobre el tema, es la influencia de la robótica en el empleo de las personas, cuánto sustituirán los robots al humano; aquí en cambio, se está alentando a los robots, que se contradice con el discurso de la Presidenta. También se ha olvidado de las mujeres y jóvenes. Y el tema constitucional es de lo más grave, ya que ella ha caído en hablar de la forma, y no del fondo, de lo que se quiere cambiar. Algunos dicen, a propósito del procedimiento, que la regla base debe ser ¡la Constitución del 25! y no la del 80. Bachelet al mantener una situación de incertidumbre al respecto, y quedarse sólo en el proceso, está generando un desconcierto total y alimentando a los grupos extremistas, como los  que fueron el otro día a quemar buses.

—¿Cómo alimentaría ella a estos grupos?

—En el esfuerzo de éstos de producir temor y pánico en la población, ya que tratan con métodos no legítimos ni democráticos de influir y alterar el sistema que hemos decidido los chilenos durante este tiempo. Insisto, cuando mantienes la incertidumbre —que pasa por la ambigüedad personal de la Presidenta— hay tierra fértil, les das poder a los populistas, anarquistas y extremistas de izquierda y de derecha, y esto puede terminar en cosas tipo chavistas. 

—¿QueMEO encabece hoy las encuestas, tiene que ver un poco con lo mismo?

—Sí, tiene que ver… El libro Por qué fracasan los países,  demuestra que esto ocurre cuando no se deja que las instituciones funcionen y cumplan su deber, y el primer deber en Chile es de la Presidenta. Ella tiene un rol, y éste no es la ambigüedad, sino definir mecanismos y propuestas y, como en cualquier democracia, descansar en el voto ciudadano. Es lo que hay que hacer… Con tres señales que dé en materia constitucional, educación y en lo económico (como corregir algunos puntos tributarios que fomenten la inversión y el empleo), esto se resuelve rápido. 

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—¿Ve a la mandataria rectificando los tres pilares de su programa?

—Soy un eterno optimista. La Presidenta tiene la experiencia de haber revertido antes un alto rechazo y convertirse en una persona querida, porque si sigue por este camino, no tiene por dónde. A Burgos y Valdés les tocará ser más categóricos. Camilo Escalona ya advirtió: “Las personas con mirada voluntarista, de creer que todo se puede hacer de una vez, en un acto, siembran expectativas que no podrán cumplirse, por tanto, están creando las condiciones para una derrota política y cultural”. En democracia la solución a estos problemas pasa por la alternancia en el poder.

—La agenda del gobierno, sin embargo, está tomada por el tema de financiamiento político y SQM.

—Aquí también actuaron con la mentalidad de retroexcavadora. Existía un problema en la relación dinero-política, pero ellos dijeron: “aprovechemos esto para hundir al adversario”, sabiendo que se necesitaba un acuerdo social porque no se podía continuar así. Otro diagnóstico equivocado.

—¿Debiera la Presidenta aceptar que hizo pre campaña para cerrar el tema?

—Tiene que actuar con transparecia total. Se sabe que hubo pre campaña, que el viaje de Peñailillo a EE.UU. tenía una lógica política. Debe reconocerlo y poner el sello en la agenda que, además de regular y transparentar, impida el cuoteo y fomente la gestión profesional del Estado.

—Con la salida de Peñailillo ella quedó muy expuesta. ¿Qué consecuencias traería si en la arista SQM se llega a ella?

—Es muy delicado cuando se cuestiona a la principal autoridad de Chile. Como te decía, las instituciones demuestran el éxito de los países, y en uno presidencialista como el nuestro, con un Congreso deteriorado en la confianza pública, que ahora se esté menoscabando la institución de la Presidencia es grave, porque de nuevo da pábulo a extremistas, radicales y a los vendedores de utopías. Espero que reaccione.

—Usted que es cercano a la UDI, ¿qué le pasa al ver hoy ese partido fracturado por el Caso Penta?

—Todas las colectividades están cuestionadas por la relación dinero-política, por un sistema que todo el mundo practicaba, y que afectó primero a los de centroderecha, y ahora sigue con los de la centroizquierda y su principal representante, el gobierno de la Presidenta Bachelet. Ha sido un golpe fuerte, pero tengo confianza en la capacidad de renovación de la UDI. Hay nuevos liderazgos jóvenes bien formados, con mucho compromiso público. En política importa que tus propuestas interpreten a la ciudadanía, y el mensaje actual de la centroderecha es acompañar a los padres y apoderados en temas de educación; a los enfermos en la crisis hospitalaria; a los desempleados… Esa agenda será un importante test en las municipales, y la elección del 2017 será fundamental para nosotros. Mi mensaje es que hoy están interpretando al Chile mayoritario, ese de clase media, que no quiere violencia.

—¿Cómo podría articularse la derecha que aún se ve golpeada y dividida?

—Están haciendo un trabajo silencioso de cara a las municipales. Formo parte de distintos centros de estudio, y he visto a mucha gente trabajando en propuestas de pensamiento, de ideas, de interpretación de la sociedad moderna, en una agenda de futuro. La centroderecha chilena tiene capacidad intelectual, pensamiento, libros publicados en estos dos años; eso está y es una realidad.

—Sebastián Piñera figura como el mejor evaluado del sector, sin embargo, también salió salpicado por el Caso SQM.

—El ha aclarado el tema, y a medida que suceden las cosas que vemos hoy, surgen más personas que se preguntan cuándo vuelve.

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¿Y haber pagado bonos al ex director ejecutivo de CHV Jaime de Aguirre, con supuestas platas de campaña , no cree que terminará golpeándolo?

—El Presidente Piñera ha hecho sus declaraciones y ha sido muy claro en esto. El tuvo un fideicomiso ciego y se dedicó por completo a la política en cuerpo y alma desde el 2009. Puedo dar testimonio de eso, de su dedicación completa a lo público hasta hoy. Y te digo, a Piñera lo van a ir a buscar. El contraste es demasiado evidente con respecto a lo que Chile quiere, salvo que haya un cambio institucional muy radical, esto seguirá igual, desgraciadamente… Por fortuna, los gobiernos duran cuatro años, recién cumplimos el primer año de Bachelet, ¡imagínate si durara seis!

—Los casos Penta, SQM, Caval mostraron un sistema abusivo, con vicios que, al parecer, forman parte a la hora de hacer negocios. Como ex Chicago Boy, ¿algún mea culpa por este modelo  donde pareciera que siempre gana el que hace la pillería?

—El modelo anterior estatista era mucho más abusivo, y la evidencia está en que había bastante más pobreza. En la década del ’50 era más injusto el sistema con una democracia que protegía a los poderosos. Una economía de mercado abierta al mundo, integrada, dinámica como la que teníamos, permite menos pillerías. No les sigamos el discurso a los radicales. A la mayoría le preocupa su situación personal; quiere trabajo y educación.

—Y también no ser abusados por el sistema y por los poderosos.

—Ese diagnóstico no es así. Chile no es corrupto, la política no es corrupta; tampoco el Estado, los funcionarios públicos ni los empresarios. El 99.9 por ciento de estos últimos se dedican a invertir y emprender; el político, a legislar; los trabajadores estatales, a hacer su pega. Y lo digo porque lo veo, estudio la materia y reviso encuestas. No estoy justificando ciertas conductas, pero no perdamos las proporciones. Ese es el diagnóstico de la retroexcavadora, y las encuestas y rechazo al gobierno demuestran que estaba equivocado.  

—¿No admite abusos ni pillerías entonces por parte de un sector del empresariado?

—¡Por ningún motivo! Hay que tener cuidado con esto de quien lanza la primera piedra;  en toda sociedad hay un cierto nivel de abuso, corrupción y evasión de impuestos. Pero no somos Argentina, donde aparece un maletín con billetes en el baño de un ministro; ni Venezuela, en que una persona nombró al tribunal electoral entero y cambió a los jueces. Eso aquí no ocurre. Hay un discurso de los sectores extremistas y radicales de que nuestro país no tiene capacidad de reacción. No nos dejemos llevar por éste que lo cuestiona todo. Yo  me pregunto: ¿tiene sentido cambiar todo en lo político, social y económico en el período más exitoso de la historia de Chile?, ¡ninguno!