Dice que lo suyo no es obstinación ni porfía. Cristián Labbé (67, casado con Bárbara Coombs) cree que todavía le quedan cosas por hacer en Providencia. Por eso dará la pelea en unas primarias abiertas de su sector para recuperar el sillón edilicio de la comuna donde estuvo a cargo 16 años, el cual perdió frente a Josefa Errázuriz (2012), a quien entonces trató de “dueña de casa”.

Ahora va por su revancha a petición de los mismos “provincianos” quienes, asegura, le solicitan que regrese. Y porque ha visto además “una falta de gestión eficiente que ha llevado a la depreciación del valor de la comuna”.

De pelo largo y engominado, mientras toma un café express en los jardines del hotel Sheraton —que desde hace un tiempo se ha transformado en su centro de operaciones—, sabe que no la tiene fácil. Deberá medirse primero con quien ponga la UDI en reemplazo del cuestionado ex ministro Gabriel Ruiz-Tagle, la concejala RN Pilar Cruz y al parecer también iría Evelyn Matthei, para luego competir con la actual edil Josefa Errázuriz que ya anunció que va a la reelección. Esto, sin contar que el ex vocero de Augusto Pinochet se encuentra en calidad de procesado por asociación ilícita por los hechos cometidos en el centro de detención Tejas Verdes, del que está seguro saldrá libre de culpa en los próximos meses. “Si no estuviera tranquilo de que soy inocente, no sería tan torpe de exponerme”.

Regresó generando polémica al decir que Santiago no podía transformarse en un mausoleo, a propósito del memorial del Caso Degollados que la alcaldesa Errázuriz levantará en Providencia, y que le generó varios ataques de vuelta. Pero Labbé no se amilana, aun cuando acusa persecución política del Ministerio del Interior por ser, según Labbé, el último bastión del gobierno militar. “Como soldado, sólo descansaré en la tumba”, asegura el coronel quien tras la derrota en el 2012, lanzó la consultora Qualy (orientada a las asesorías en asuntos de gestión y administración) e intentó instalarse en el mundo académico impartiendo clases en las universidades Finis Terrae, Autónoma y en la Escuela de Negocios española Iede, las cuales lo ‘congelaron’ tras su procesamiento que lo obligó, de paso, a ajustarse en lo económico. “Ante eso, no me quedó otra que dar una pelea que creo justa que era volver a Providencia, que ha tenido problemas con los horarios de las botillerías, pubs, pérdida en la calidad del aseo y del control del espacio público; donde no perdí por gestión sino por un tema político. Los vecinos, comerciantes, locatarios, taxistas empezaron a buscarme porque hay disconformidad”.

—¿No pensó en otra comuna donde quizá la tendría más fácil? Ya perdió una vez…

—No, porque no es un capricho de mantener un cargo público per se. Es ahí donde tengo mi expertise, el cariño de la gente y donde dejé cosas por hacer que quiero concluir y consolidar. Hoy juega a mi favor el avance del tiempo, en que las cosas se han desperfilado.

—Hay quienes dicen que uno de los motivos de su regreso es por necesidad económica.
—Siempre estás sujeto a la crítica, pero no puedes detenerte por cada perro que ladre. Con mi Pyme me ha ido bien, me mantengo. No soy heredero ni de fortuna, por lo que debí aplicar la economía y gestión doméstica. No tengo problemas en manifestar que quiero regresar a la municipalidad porque hay muchas cosas por hacer aún. Providencia tiene que volver a ser un referente; emblemática y articuladora de la metrópolis. Fuimos los primeros ISO 9 mil, 14 mil, 18 mil, ganamos premios, desde todo Chile y de afuera miraban cómo trabajábamos.

—¿Y eso se ha perdido en estos tres años?
—No hay que ser muy perspicaz para ver que las cosas no han andado bien. Lo más importante es retomar la gestión eficiente en tema de recursos, hacer proyectos concretos, mejorar el espacio público, mantener los aseos, lo que ha depreciado el valor del metro cuadrado. Providencia se ha ido posicionando ahora más por temas críticos como los memoriales. Se habló mucho de un gobierno ciudadano, pero el 80 por ciento de los vecinos ¡no lo quiere!Labbe-03

—¿No se está escuchando a la gente?
—¡Lógico!, hay un decir y un hacer que van por carriles diferentes. No entienden cómo se administra la vida urbana. Cerrar los restoranes, pubs donde se reúnen los jóvenes, es no saber que es más seguro tener a los cabros confinados en un lugar bajo la rigurosa ley de alcoholes, a que se junten en un parque sobrestockeados de tragos, donde pierdes el control de esa gente que pueden pasar de la violencia a la riña. A los vecinos hay que darles tranquilidad, generarles actividades de primer nivel, como cuando trajimos las joyas y bibliotecas del Vaticano; invertir en proyectos e infraestructura como el club Providencia, las piscinas temperadas…

—¿Reconoce algo positivo en la gestión de Josefa Errázuriz?

—Que sean los vecinos los que valoren si hay algún proyecto potente como los cafés literarios, por ejemplo. En ese aspecto, yo no he visto.

—¿Por qué accedió finalmente ir a primarias abiertas?

—Pensaba que la racionalidad se impondría, porque debe ir el mejor candidato, el que tenga las mayores posibilidades de recuperar la comuna. El camino lógico era hacer una encuesta que nos garantizara tranquilidad y objetividad a todos. No se tomó, después propuse primarias dentro de la UDI; ¡tampoco!

—A la UDI no logra convencerla.
—No sé si es la UDI, es el presidente quien ha manifestado que cumplí un ciclo. Eso es equivocado. Pero bueno, si hay que ir a primarias abiertas con todos, ¡iremos! Si iba independiente aparecería como el díscolo, conflictivo, y yo quiero aportar. No quiero ser desleal con el partido que me apoyó 16 años.

—¿Debía renunciar el ex ministro Gabriel Ruiz Tagle por su cuestionado rol en el Caso Confortgate?

—No me pronunciaré sobre eso, solo que lo lamento por él. Todas las personas tienen legítimo derecho a aspirar a un cargo y son inocentes hasta que se pruebe lo contrario.

—El dejó en evidencia una vez más a esa derecha empresarial que aboga por intereses personales.
—En esto hay que ser prudente. En Chile, la acción comunicacional de los agentes públicos de repente crea estas ficciones, estas condenas…

—La relación poder-política es el gran tema, con los reiterados casos de corrupción que se han conocido.

—Se mostraron algunos donde se marcaron las tintas en una dirección y después se dieron cuenta de que era una cosa transversal. En esto hay que ser más prudente porque polariza, desencanta y cuando se perjudica la política, afecta la acción de gobernar y quedamos sin una conducción fuerte, que genere desarrollo.

—¿No es partidario entonces de que se transparenten este tipo de casos?

—Sí, pero con prudencia, en cuanto a que no se hagan juicios prematuros. El fallo comunicacional viene apresurado y cuando sale el judicial, ya no hay posibilidades de enmendar. Hemos perdido el valor de la convivencia; estamos odiosos, polarizados, irascibles, desconfiados. Los caminos para conseguir las cosas ya no son las instituciones ni los partidos ni los sindicatos, sino la calle, la piedra, trancando al país.

—Si existe este ambiente de odiosidad, ¿por qué quiere exponerse de nuevo?

—No dejaré de ser quien soy; los liderazgos, ¡hay que ejercerlos! Todos quieren ser políticamente correctos, entonces, ¿con quién me entiendo para saber para dónde vamos? Ahí radica la pérdida de la confianza, cuando sabes que lo que te dicen no es real.

—¿Y el costo suyo no es muy alto?
—Si tengo la inocencia y la convicción, ¡¿por qué debo renunciar a hacer las cosas como yo creo?! Hoy no ves a nadie que esté con el gobierno militar, cuando al funeral del caballero fueron cientos de miles de personas. No es políticamente correcto, no conviene; entonces, ¿quién puede defender los intereses de sus vecinos, si de repente algo no es ‘conveniente’? Es caro ser consecuente. Cuando me puse firme y desalojé los colegios, recuerda como me atacaron. Y mira cómo terminamos: con paro, con todos los dirigentes estudiantiles en el Parlamento, ganando 18 millones y convertidos en burócratas.

¿Y qué pasa con la educación de calidad? Seguimos dando bote con una ley que nadie sabe a dónde va a parar.
—Le dieron duro ahora cuando dijo que la ciudad no podía transformarse en un mausoleo a propósito del memorial del Caso Degollados, Jaime Parada dijo que usted y su gente la transformaron en una carnicería.
—Son descalificaciones torpes. Mi planteamiento tiene un sustento urbano, porque si fuera por eso, en Providencia ha muerto mucha gente en los espacios públicos. ¿Imagínate si hiciéramos un memorial en cada caso? Es una manera de sortear la ley de monumentos nacionales. No estoy de acuerdo y lo digo, ¡no puedo quedarme callado!

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—¿Se siente solo en esto?

—La soledad con principios, no es soledad; es convicción, que te hace dormir tranquilo y enfrentar las situaciones.

—Está procesado por asociación ilícita en el Caso Tejas Verdes y aun así pretende ser candidato, ¿tan optimista está de que lo declararán inocente?
—Si no estuviera seguro de que soy inocente, sería torpe exponerme. Estoy convencido y tranquilo; no tengo nada que ocultar. Me han armado un cuento de persecución política, a mí me persigue el Ministerio del Interior, no la Justicia. Hay 40 abogados detrás mío y de los militares.

—Y si fuera algo orquestado como dice, le pueden dificultar los plazos paro no postularse.

—¡Obvio!, pero no por eso voy a ceder.

—¿Cuándo debiera salir la resolución?
—En marzo, abril, no sé. Tengo dos informes jurídicos que establecen que mientras uno esté procesado puede ser candidato porque sigue siendo inocente.

—¿Y por qué esta supuesta persecución en su contra?
—Cristián Labbé es el ultimo bastión pues, el hombre consecuente. Nunca he renegado de que fui militar, vocero del mandato de Pinochet, sigo defendiendo su gobierno con las cosas buenas y malas. Y claro, fui el último gallo de los antiguos que salió en una elección popular, entonces tienen que sacarme del sistema.

—¿No confía en que la Justicia actúe independiente?

—Tengo full confianza en la justicia, aunque estoy convencido de que Interior con sus abogados —pagados con tus impuestos y los míos— me están atacando. Y resulta que tengo que defenderme con mi pecunio, a mí me protege sólo mi bolsillo. Hay una asimetría, un desequilibrio político-jurídico, porque tampoco me defienden los militares, siendo que yo pertenecía a la institución: era militar, teniente, tenía 23 años.

—¿Debiera pagar su defensa?
—¡Lógico, el Ejército debería pagarme el juicio!, yo era miembro, no me mandaba solo.

—¿Por qué no lo han hecho?
—Porque hemos sido “entreguistas”, la sociedad se ha entregado. A los militares los dejaron solos, cuando los necesitaron, hablaban de trigo, de granos, nos trataban de gallinas. ¿Y hoy?, no hay nadie que apoye, ¡ya no sirven!

“Si la derecha ya no es mayoría en Providencia, habría que verlo”, asegura refutando las palabras de Josefa Errázuriz. “Además, en el tema municipal no hay izquierda ni derecha, sólo gestión, intereses vecinales, calidad de vida. Ya nos estamos agarrando a balazos en la puerta de la casa. Llegamos a eso por la pérdida de autoridad. Aquí les pegan a los carabineros, les tiran bombas molotov, ¡y no pasa nada! Como sociedad nos fuimos quedando dormidos porque no hay claridad de nada. Las cosas hay que explicarlas sobre la base de los principios que uno tiene. Puede sonar absurdo, pero, por ejemplo, no estoy a favor de las farmacias populares porque el Estado se está metiendo en áreas que no son suyas”.

—¿Aun cuando vaya en beneficio de los más humildes?

—Está utilizando los recursos de una cosa para otra. Esas farmacias usarán dineros del Estado, con cero costo en infraestructura, personal, por tanto será competencia desleal. Hay que subsidiar a la señora Juanita, no a la oferta, porque esos remedios terminarán después en el barrio alto. Se ha demonizado al empresariado y eso es muy grave.

—¿Y acaso no es culpa de ellos también?
—Sí, por supuesto, pero no se puede generalizar. El empresario más grande y más perverso es el Estado, que ha contratado gente en exceso para intervenir las cifras de desempleo con plata tuya y mía. Lo que se viene es el asistencialismo, clientelismo y populismo.

—¿Cuál será su estrategia para ganar?
—Gestión y transparencia, con una campaña clara, sin dobleces, tal como te hablo ahora. Y con un equipo joven y una lista de concejales en la que ya estoy trabajando.

—¿Y usted vuelve distinto?
—Con mayor energía, como he sido siempre. La gente me conoce.

—¿Más humilde después de la derrota? Con lo de “dueña de casa” mostró soberbia.
—Me descontextualizaron y me costó. Fue un error esa palabra, hacer esa evaluación. Hay un aprendizaje, aunque a veces la convicción la confunden con soberbia, con dureza. La derrota la viví con fortaleza, la municipalidad me encanta, pero no se me fue la vida. En eso los militares tenemos un ADN distinto porque tenemos la capacidad de movernos, sin apegarnos a las cosas materiales.

—¿Hasta dónde está dispuesto a jugársela?
—Hasta siempre. Me rendiré en la tumba, el soldado muere de pie, así es que a echarle para adelante nomás, ¡cuero duro! Yo me inmolo por la defensa de mis valores, por la convicción de que las cosas hay que hacerlas bien y de que gobernar no es servirse sino que servir.

—¿No tiene plan B entonces?

—Siempre hay, aunque me la jugaré para no perder. Tengo libertad de acción y la iniciativa está de mi lado. Seguiré en lo que estoy.

—¿No mirará al Congreso?

—No tengo competencias para el cargo. Soy de hacer. Yo quiero ser alcalde.

—Al parecer será el regreso de los viejos estandartes, considerando que Sebastián Piñera y Ricargo Lagos también pretenden repetirse el plato, pero en La Moneda.
—No me compares, ellos son grandes, yo un guarén de cola pelá nomás. Eso responde a una falta de esperanza, la gente no ve futuro ni liderazgos hacia adelante. Y como no hay proyecciones, vuelve a lo conocido que no siempre es el mejor camino.

—Cuidado, eso le pega a usted también.

—No, no es el caso, sí, pero no (ríe)…

—¿Piñera es hoy el líder de la derecha?
—Debiera ser otro, deben surgir y madurar nuevos liderazgos, como José Antonio Kast, por ejemplo. Sebastián Piñera pudo haber hecho una mejor gestión en su gobierno. Quedó en deuda con la unidad nacional, con la convivencia ciudadana, con los militares a quienes persiguió y potenció sus causas de cien a más de mil. El no pacificó el país.