Desde que llegaron a La Moneda, los Piñera-Morel han estado muy cerca del mandatario. Cada uno lo apoyó a su manera y estilo; algunos se involucraron más que otros, pero tanto Cecilia Morel como sus cuatro hijos Magdalena, Cecilia, Sebastián y Cristóbal aportaron con consejos, presencia, silencios en momentos difíciles y, por sobre todo, humor. Si hay algo que los caracteriza es que son buenos para la talla, que se saben reír de ellos mismos y que no se toman las cosas tan gravemente. “Cuando mi papá está tenso, una buena manera de aliviarlo es contándole un chiste o trayéndole a los nietos para que se ría”, cuenta su hija Cecilia, quien de paso asegura que era la primera en reírse con las salidas de libreto de su padre, a estas alturas bautizadas como piñericosas.




Durante la campaña presidencial del mandatario, todos se involucraron de manera activa, pero una vez que Sebastián Piñera llegó a La Moneda, algunos asumieron un rol más político mientras otros continuaron en sus propios proyectos: Cecilia Morel como Primera Dama se comprometió en cuerpo y alma con sus siete fundaciones, en los temas sociales, estar en terreno escuchando las necesidades de la gente y en trabajar en el Programa Elige Vivir Sano; Magdalena (38, profesora de historia), tomó el rol de jefa de gabinete —“me ayuda, acompaña y adivina”—, cuenta el Presidente. Cecilia (35, pediatra), partió a cursar un master a la Universidad de Stanford y hoy trabaja en el hospital Luis Calvo Mackenna; Sebastián (30, ingeniero comercial) fue dos años a estudiar un a EEUU y actualmente está a cargo de la empresa BP Capital, y Sebastián (28, sicólogo) está emprendiendo un proyecto tecnológico en San Francisco.




“Nuestro papá ha respetado las libertades y caminos de sus hijos, y la manera en que nos hemos querido incorporar en lo suyo”, coinciden los hermanos. “Me preocupé de criarlos muy libres, sin tanta exigencia académica, que buscaran su camino. A veces les digo que quizá debí ser más exigente (ríe)… En esta casa siempre hubo una relación horizontal, ¡demasiado diría yo!”, cuenta la Primera Dama, a lo que el Presidente complementa. “Y con mis nietos es mucho más horizontal; tanto, que les encanta que me tire en el suelo, todos se suben arriba mío, y tengo que corcovar. El último que se cae, ¡gana!”.




—¿Muy distinto como abuelo a lo que fue como padre?
—Sebastián: No, me acuerdo perfecto cuando jugábamos. Con los nietos tuvo un segundo aire que le da más energías…
—Cecilia jr: Pero está más relajado, ya no tiene la preocupación de educar, sino de puro regalonear, pasarlo bien.
—Cecilia: Es un abuelo entretenido, juegan harto. Persigue a los niños alrededor de la mesa, y corren, corren, ¡que ya ves que le da un infarto!
—Presidente: Los nietos han sido una revelación, la mejor compensación. Jugamos a lo mismo que con mis hijos, a correr, al pillarse, en que me tapo los ojos, cuento hasta diez y se esconden…
—Cecilia jr: Esa es la escondida papá (le aclara, mientras su hermano se mata de la risa)…





—¿Cuánto se alteró la rutina familiar en estos años?

—Sebastián: Tras la campaña, con la presidencia todo volvió a la normalidad. Hay tiempo, disposición, nietos que acercan más e hijos que asumen el rol de congregar.
—Cecilia jr: Hemos crecido como familia. En estos cuatro años mis dos hermanos se casaron, nacieron más nietos y cada uno fue formando su cuento. Mucha gente me pregunta si nos vemos poco, y te juro que más. Este es un proyecto familiar. Antes lo político o los negocios era un tema de mi papá; hoy, en cambio, participamos de sus actividades. Con mis niños aprovechamos las instancias para acompañarlo cuando plantó el árbol número 10 millones en el MIM, al Buin Zoo…
—Presidente: Para ser buen gobernante y entregarse en cuerpo y alma, se necesita una familia que acompañe, apoye, consuele, acoja, y yo esto lo he sentido muy fuerte. Estoy muy agradecido.
—Cecilia jr: Y ha sido un apoyo natural, espontáneo. Él ha respetado nuestro ritmo. Admiro lo que ha realizado, y no lo digo porque sea mi papá o por una lealtad mal entendida; se han hecho cosas muy buenas.




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—¿Qué más valora de su gestión?
—Cecilia jr: En mi área que es la Salud, hay avances, a pesar de que queda mucho por hacer. Soy pediatra, y recién hice mi primera licencia por enfermedad del hijo menor de un año. Hoy las madres pueden estar con sus niños, las campañas de invierno en los hospitales ahora se planifican, y se contrata más personal, se han armado de equipos, ventiladores, hay mejoras.




—¿Y usted Sebastián?
—Viví afuera donde hay una mucho mejor imagen de cómo anda el país. Somos líder en Latinoamérica, vamos por buen camino, haciendo las cosas correctas…
—Cecilia: En estos cuatro años nos hemos abocado a trabajar intensamente por disminuir las desigualdades sociales y avanzar para un país más justo, pleno y con mayor bienestar.




—¿Consideran injusto entonces el bajo apoyo que acompañó al Presidente?
—Cecilia jr: Claro que me habría gustado una aprobación mucho más alta. He visto el trabajo de mis padres, le han puesto toda la energía y corazón. Eso del 24/7 es verdad, me consta, y creo que varias de sus obras darán fruto más adelante. Eso me deja más tranquila.

—¿Les dolían las críticas iniciales?

—Sebastián: Es parte de la democracia que existan, lo malo es cuando no aportan o son malintencionadas, no llevan a un debate y sólo buscan la atención de los medios.
—Cecilia jr: No tengo cuero de chancho, me duelen, sobre todo las injustas o de mala leche. Las redes sociales se prestan para una crítica cobarde, donde personas encubiertas dicen cosas agresivas e hirientes. Ahora me protejo, no leo comentarios de noticias en internet…
—Sebastián: La que más la sufre es mi mamá. Por eso le digo que no lea todos los diarios y vea un noticiero, ¡no los cinco!, porque amplificas las noticias. En un momento me involucré y le dediqué harto tiempo a esto, hasta que volví a tener una vida balanceada. Al final esto no es nuestro día a día.




—¿Cuál fue el momento más duro?
—Cecilia jr: En el peak del movimiento estudiantil. Es bueno que la gente se sienta con el derecho a exigir, pero fue duro porque el acceso y calidad de la Educación se arrastraba hace años, y por alguna razón todos los movimientos se expresaron en este gobierno.
—Presidente: Fue muy difícil, sin duda. Otro momento fueron los primeros días de gobierno tras un terremoto devastador donde perdimos una de cada tres escuelas, uno de cada tres hospitales, más de 200 puentes, aeropuertos, caminos… Trabajamos sin parar, casi sin dormir.
—Cecilia: Lo más duro ocurrió el primer año cuando me tocó estar con todas esas personas sufriendo tantas pérdidas provocadas por el terremoto. Esos rostros me marcaron profundamente y me llevaron a contener, a abrazar y a estar en terreno durante toda mi gestión.




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—Y en momentos de tensión, ¿el Presidente se refugia en los suyos o se aísla?

—Cecilia: De repente llega y saca todo para afuera, pero otras veces es muy para adentro, de sólo escucharlo respirar sé que está tenso..
—Sebastián: Pero mi papá tiene algo muy bueno, puede trabajar 15 horas diarias, se duerme, y a las 8 ya está como nuevo, ¡se regenera!
—Presidente: Agradezco a Dios tener buena resistencia física y emocional. Soporto bien las tensiones, ¡tengo una salud de fierro!

—¿Nunca se ha enfermado en estos años?

—No…
Lo interrumpe su hija:
—¡Ay papá, síii!, y es ahí cuando me llamas a mí…
El mandatario se defiende:
—Bueno, pero nunca me he quedado en cama ni he dejado de trabajar.
—Cecilia jr: Pero estuviste bien resfriado un 20 de mayo, acuérdate. Tenías que hacer el discurso el 21 y no te salía la voz, y todos decíamos ¡¿qué hacemos?! Al final, ¡lo pichicateamos!




“En momentos tensos, aprendimos a ser un apoyo y no aportar con más críticas. Más de alguna vez frente a una contingencia quise darle a mi papá una opinión, pero verlo llegar cansado, cabizbajo, aprendimos a no comentar, sino a acompañar. Es cansador que todo el mundo opine, te dé sugerencias, que tiene la solución a los problemas”, comenta Cecilia Piñera.

—¿A quién escucha al final, Presidente?

—Sebastián: A su familia…
—Cecilia jr: A mi mamá. Muchas veces puede opinar distinto a ella, pero al día siguiente lo escucho decir sus mismas palabras…
—Cecilia: Hemos mantenido la dinámica de decirnos las cosas. Siempre le he dado mi opinión a Sebastián, nunca me he inhibido en las relaciones humanas. Soy espontánea, muy de comentar, y a veces puede que sea demasiado.

—¿Lo retaban mucho cuando metía la pata con sus piñericosas?

—Cecilia jr: ¡Noo, me reía! El siempre ha sido así: relajado, nada de empaquetado, perfecto ni prolijo. Me río mucho, de hecho me compré el libro “Las Piñericosas”.

—¿Cuál le causa más risas?

—Cuando se cayó en Puente Alto. Primero llamé y pregunté ¿está bien?, y de ahí me reí, me reí. Qué cosa más de mi papá de meterse en los escombros ¡hasta sacarse la mugre!
—Sebastián: Se pegó fuerte, pero aguantó el golpe. Y como los niños chicos, se paró rápido como diciendo “¡no me dolió!”.
—Presidente: Algunas (piñericosas) son verdaderas; otras inventadas. Me acuerdo de haber dicho tusunami, pero jamás marepoto.




—Pero en los videos se ve clarísimo.
—Con las nuevas tecnologías puede hacer que cualquier persona diga lo que usted quiera… En fin, a todos nos gusta el humor, las bromas, y lo incorporamos en las reuniones de gabinete. Soy capaz de reírme de mí, y no me molesta que otros también se rían de mí.

—Sin embargo, se le ha visto más serio, menos ansioso, ¿al final la presidencia es un ejercicio de humildad?

—Presidente: En este cargo se aprende a ser más humilde, a darse cuenta de que no se puede hacer lo que uno quiere, como quiere y cuando se quiere. A veces hay que aflojar, bajar el moño, negociar, llegar a acuerdos. Esto a uno lo hace más reflexivo, dialogante y tolerante…
—Sebastián: Hay un rol para cada momento. Mi papá tenía que entrar rápido por el terremoto, para hacer los cambios y ser eficientes, y eso se transmitió. Cuando logró permear a los ministros y subsecretarios, vino la etapa de entregar el mensaje de lo que se estaba haciendo. Hoy se busca más diálogo, consensos, y para eso hay que saber escuchar, y eso él lo ha entendido.




—¿Y como padre está más pausado?
—Cecilia jr: Sus canas reflejan más madurez.
—Sebastián: Tiene mayor templanza y sabiduría, y ha influido en que tengamos una mejor relación. A veces cada uno se pierde en sus proyectos, pero hoy existe un espacio grande para compartir, conversar, y también tiene que ver con la madurez de ambos.
—Cecilia: Nadie te enseña a ser presidente o la señora de… En la medida que empiezas tu quehacer diario, aprendes. Manejar un país es muy difícil, son miles de variables, pero te das cuenta de que las cosas tienen un ritmo y desarrollas la paciencia. Y esa ansiedad que se veía en Sebastián es porque es muy ejecutivo, híper rápido, de soluciones inmediatas. También aprendió que hay procesos que no dependen sólo de él.




—¿Y se imaginaron el arrastre que tendría su mamá como Primera Dama?
—Sebastián: Se han complementado. Antes mi papá era muy de ir a la solución, y mi mamá, de extender el problema. Los dos han aprendido; él ha visto que también es importante empatizar con éstos, y ella, de resolverlos. Aún no alcanzan el término medio, pero han avanzado.
—Presidente: Es que uno tiende a asimilarse con la pareja, incluso muchas terminan pareciéndose físicamente, aunque Cecilia dirá que no es nuestro caso…




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Cae la tarde en la casa de los Piñera-Morel. Sebastián y Cecilia hijos ya han partido, y la conversación con el mandatario y su mujer tiene algo de repaso y nostalgia de lo que han sido estos casi cuatro años a la cabeza del país. “Tenemos un mejor matrimonio. Nos hemos unido más, y se nota en la complicidad, en entender mejor el ánimo del otro y de ser equipo… Nunca la imaginé trabajando hombro a hombro conmigo”, confiesa él.
Ya están trazando líneas de lo que harán una vez fuera de La Moneda. “Lo primero será irnos de viaje con todos los hijos, nietos, nueras y yernos”, cuenta Cecilia. Dicen que en este tiempo, además de afiatarse como pareja, han podido conocer el Chile real, y que aún les duele la pobreza y las desigualdades que han podido conocer más de cerca. “Una de las principales urgencia está con los que tienen menos y con los estudiantes preescolares, ya que toda la demanda se ha focalizado en la Educación Superior”, dice Piñera. A su mujer, además, le preocupa la salud. “Nada me angustia más ver que enfermedades graves no tienen una solución oportuna”.




—¿Habría hecho algo distinto Presidente?
—Por supuesto que sí… Siento que en algunos conflictos sociales como los de Aysén o Magallanes pudimos haber actuado antes.




—Ha sido la gran crítica, que muchos conflictos les reventaron encima.
—No se puede dar a cada grupo de presión lo que pide, sino lo que corresponde, lo que es justo. Hoy, a casi cuatro meses de irme, con una economía sana y fuerte, nada podría ser más fácil que ceder a todas las peticiones y salir como un presidente buena persona. Estamos actuando por convicción.




—El diario The Wall Street Journal lo responsabiliza de la izquierdización del país.
—Hay un error ahí. Sé quien escribió ese artículo, la conozco muy bien y tiene, a mi juicio, una manera de pensar muy poco objetiva y prejuiciada.

—Sin embargo, varios analistas coinciden en que hay un giro a la izquierda.

—Más que una izquierdización, hay una ciudadanía mucho más consciente de sus derechos y no tanto de sus deberes, que quiere soluciones inmediatas a problemas que se arrastran por décadas. Está bien que la gente esté más empoderada, el problema es que esas exigencias se canalicen por vía de la violencia o del populismo.




—¿El arrastre de Bachelet tiene que ver con la promesa de solucionar temas pendientes?
—En la última encuesta Adimark la Concertación tenía 20 por ciento de apoyo, el Senado 10 y la Cámara de Diputados 8. Ella logró zafarse, porque estuvo más de tres años fuera de Chile, por su manera cercana y empática y porque la Concertación la ha protegido, a diferencia nuestra que en vez de cuidarnos, ¡nos acuchillamos! Pienso que ellos tienen más ganas de volver a La Moneda que nosotros de quedarnos. Pero le digo, cuando llegue al gobierno, la gente le va a cobrar.

—¿Está distinta Bachelet en comparación al 2006?

—Los programas de gobierno son muy diferentes. En la Concertación hay una mayor hegemonía de los sectores de izquierda, que refleja los postulados del PC en la forma de concebir la sociedad y la economía. La ambigüedad sobre cómo pretenden reformar la Constitución no es buena, porque si nos vamos a pasar los próximos cuatro años en una asamblea constituyente, se imaginará lo que ocurrirá en términos de crecimiento y desarrollo. Y la reforma tributaria que proponen frenará el avance.




—Los empresarios apoyan a Bachelet. Jorge Errázuriz dijo que son el partido de gobierno.
—Hay algo de oportunismo y de conveniencia que es propio de la naturaleza humana. Algunos lo niegan, y otros lo reconocen.

—¿Se siente responsable de los resultados de las elecciones?

—La principal responsabilidad de un gobierno es gobernar bien para todos los chilenos y la de los partidos es ganar las elecciones.




—Carlos Larraín y Patricio Melero dijeron lo contrario, que el apoyo a Matthei dependía de La Moneda, apuntando a la poca colaboración por su rol en los 40 años del Golpe.
—Increíble que los presidentes de los partidos, los que han designado los candidatos y conducen la campaña, sientan que no tienen responsabilidad. Muchos tienden a eludirlas, como el cojo que le echa siempre la culpa al empedrado, entonces, ¿para qué están? La centroderecha no puede ignorar, olvidar ni desconocer ese pasado; debe asumirlo y enfrentarlo.

—¿Se debiera refundar la derecha?

—La centroizquierda y centroderecha han evolucionado. En mi sector debe existir la capacidad de una reflexión interna, y de más tolerancia y pluralismo, ¡no puede ser un regimiento!




“Tengo un millón de cosas por hacer cuando me vaya. Quiero potenciar proyectos muy queridos como la fundación Futuro, Tantauco y Mujer Emprende, y crear una nueva que sea un centro de estudios de políticas públicas”.




—¿Y nada con la empresa privada?
—Privilegiaré la academia y lo público…




—¿No le entusiasma comprar El Mercurio o Copesa, que se rumorea estarían en venta?
—Siempre me ha fascinado el periodismo, por eso ingresé al mundo de las comunicaciones; primero desde Bancard con revistas como Master club, que fueron de una enorme circulación, y después en CHV… No creo que vuelva por esos pasos…

—No cierra la posibilidad.

—Esos diarios tienen un propietario y una dirección. Mis planes ya se los conté…




—¿Siente que tiene que dar explicaciones como han pedido parlamentarios, por haber duplicado su patrimonio según Forbes?
—Forbes no tiene forma de saber cuál puede ser mi patrimonio porque gran parte de él está en un fideicomiso ciego, ni yo lo sé. Y lo que plantea la revista es que entre febrero del 2010 —antes de asumir como presidente— y febrero de este año no hay ningún cambio en mi patrimonio. La política tiene cierta ética, y los parlamentarios saben que se está faltando a la verdad, es cosa de meterse a Google, poner ‘Forbes Piñera’ para comprobar que lo que le digo es la pura y santa verdad. Aquí hay una estrategia para intentar golpearme. Muchos piensan que la persona con mayor representación y liderazgo en la centroderecha es el Presidente.

—¿Cuándo decide si vuelve a La Moneda?

—No está en mis planes…

—¿Cree que los chilenos lo extrañarán?

—Sí, creo que me van a echar de menos. Saben que con Cecilia no dejamos de trabajar ni un solo día, hemos entregado lo mejor de nosotros y renunciado a nuestros intereses y vocaciones por dedicarnos a este proyecto en cuerpo y alma.