Una muy mala semana para el Ejército
—por la irrupción del libro Traición a la patria del periodista Mauricio Weibel que trata sobre el desfalco de la institución a la Ley del Cobre y, de paso, arrastró al ex comandante en jefe Juan Miguel Fuente-Alba—, fueron también días dolorosos para el coronel (R) Christian Slater (59). No sólo porque reflotó los ilícitos cometidos por algunos compañeros de armas, también por las burlas y la falta de respeto que —dice— siente que hubo hacia el organismo militar, al que sirvió por 40 años.

Hijo, hermano y primo de militares, activos y en condición de retiro, en sus cuatro décadas en el Ejército desempeñó los más variados cargos. Fue comandante del Batallón de Infantería, ayudante del ex comandante en jefe Juan Emilio Cheyre, jefe de una sección del Departamento de Comunicaciones, comandante del regimiento Tucapel (Temuco), director de la Escuela de Suboficiales, jefe de Estado Mayor del Comando de Educación y Doctrina, agregado militar adjunto en Ecuador y en sus últimos días acompañó al general Juan Miguel Fuente-Alba en la Comandancia en Jefe: tras el terremoto del 2010, organizó —junto a otro oficial— el centro de coordinación logístico en reemplazo de la Onemi, para luego cooperar con el Ministerio del Interior en la organización del comité de emergencia en la construcción de viviendas de urgencia.

“Una vida entregada al servicio”, señala. Por eso quizá se indignó tanto cuando escuchó a Tomás Mosciatti tratar a los reservistas del Ejército de arribistas; al abogado Cristián Cruz calificar de inepto y pedir la renuncia al actual comandante en jefe (CJE) Humberto Oviedo y al personaje Yerko Puchento burlarse de sus pares vestido con el uniforme de general de Ejército; el mismo que también usan el día de su funeral. Motivos de sobra por los que —a diferencia de muchos que optan por el silencio— Slater tuvo el coraje de sacar la voz en defensa de los suyos, aclarando de entrada que no representa a nadie. “No me puedo callar al ver a algunos que con acceso a los medios, opinan de cosas que ni saben, denigrando y perjudicando a personas y sus familias. Estoy dolido y disgustado. Hablo porque quiero que se escuche otra versión. Y aclaro que no justifico el fraude cometido en el Ejército. Es muy grave que militares, cualquiera sea su grado, hayan incurrido en estos ilícitos y se debe hacer lo que esté al alcance por encontrar a todos los responsables”, afirma, y ahonda en el tema de los reservistas. “Los trataron de arribistas, cuando muchos de ellos aportan con sus capacidades profesionales en la atención de enfermos, operando gratis a cientos de compatriotas; todo ello con el apoyo y la coordinación del Ministerio de Salud”.

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—¿Se perdió el respeto al Ejército?

—No solo a éste, todos nos perdimos el respeto. Veo que no se escatiman esfuerzos por enlodar y desprestigiar la gestión de mando de los comandantes en jefe, como ese abogado que trató de inepto al líder de la institución; elegido por las autoridades políticas entre los mejores de su promoción; un oficial de excelencia, primer lugar en cuanto desafío ha enfrentado; paracaidista militar, comando, buzo táctico, profesor militar de escuela y academia. ¿Se dará cuenta él del daño que le hizo al CJE, a su familia, a la convivencia nacional y a Chile? Cuidemos al Ejército, es de todos los chilenos, sin importar los colores políticos. Esa misma semana un humorista (Yerko Puchento) se disfrazó de general y se mofó groseramente. ¿Sabrá ese señor, cuánto respetamos los militares ese uniforme? ¿Sabrá que esa vestimenta nos acompaña en el ataúd? Sin embargo, nadie es capaz de censurar estas ‘salidas de madre’.
“Percibo el ánimo de una parte de la sociedad civil que, por su posición histórica y política, busca permanentemente desprestigiar la labor de las Fuerzas Armadas o por lo menos de no prestigiarla”.

—¿Se refiere a una operación política concertada en contra?
—No, en lo absoluto. Sí creo que hechos que pudieron ser investigados como corresponde a través de la Justicia Militar o Civil, de la noche a la mañana se convierten en una bomba comunicacional, que desprestigia injustamente a las instituciones y a sus integrantes. Insisto, hay un sector que vive para desacreditar a las Fuerzas Armadas, tal vez por un posible revanchismo político e histórico. Me preocupan los jóvenes, quienes —a pesar de los años— se impregnan de estos sentimientos de enojo y odio; no quiero eso para mis hijos. Sin embargo, no está de más recordar que el Ejército ha sobrevivido a muchas crisis, es querido y respetado, y seguirá acompañando a su gente.

—¿A qué sector en específico se refiere?

—Desde septiembre del 2013, cuando se cumplieron los 40 años de 1973, se reinstaló con mucha fuerza el cuestionamiento hacia el gobierno militar y el tema de las violaciones a los derechos humanos. Y aquí me detengo para aclarar que no avalo ni justifico ningún atropello o abuso, quien quiera sea el gobernante. El 2013 fue año de elecciones y se abusó del tema porque ‘vende’. Algunos canales de TV incrementaron sus investigaciones periodísticas, muchas veces basados en testimonios de ‘testigos’ dudosos, polarizando parte de la sociedad, como si en estos últimos 26 años no hubiéramos avanzado nada. A lo anterior se suma un revanchismo, el intento de borrar cualquier vestigio del gobierno militar.

—El Ejército solía estar mejor evaluado que el resto de las instituciones.
—El Ejército suele estar mejor evaluado, espero que con lo que está ocurriendo no afecte la cercanía. En la encuesta Cerc Mori de mayo, sigue arriba. Me da lata que esto pueda afectar el ánimo nacional, la percepción hacia la institución y el ánimo interno de miles de hombres y mujeres que muchas veces postergan sus necesidades y a sus familias por servir a los chilenos. El diario El Mostrador, en su editorial del 13 de mayo, habla de una supuesta crisis en el Ejército y de “la irrebatible necesidad de una reforma militar en el país”. Mire hasta dónde hemos llegado con un sector de la prensa. Ahora son expertos en materias de defensa, ¡y quieren otra reforma más!… Lo que nos faltaba, ¡la última reforma!; qué mejor momento para poner el tema en la mesa. A veces me pregunto ¿qué habría pasado si en el ’73 las FF.AA. hubiesen apoyado el gobierno de la época?

—¿Qué cree usted?
—Prefiero ni pensarlo.

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—¿Pero no hay razón acaso para estar molestos por los casos de corrupción que se han conocido con el milicogate?
—¿Sabe?, hasta el título desfalco —que hasta ahora involucra a menos de 10 militares, de una institución con más de 40 mil hombres y mujeres— me molesta. ¿Qué es eso de milicogate? Ahora todos hablan del milicogate: periodistas, políticos, autoridades… sigamos sembrando cizaña. Me dice que la gente está molesta, ¡yo también lo estoy!, por el trato farandulero. Hasta donde conozco, el Ejército detectó el ilícito, inició las investigaciones, el CJE dio cuenta al ministro de Defensa, porque la institución es la más interesada en que este delito se esclarezca. Hasta ahí todo bien, pero de nuevo la noticia tomó un tono sensacionalista, y ya hay varios juzgados, sentenciados y fusilados antes de llegar a tribunales.

—Quizá porque se exige un estándar ético más alto a los uniformados.
—Tiene que ver con los valores y principios que se relacionan con la carrera militar. El juramento a la bandera es un compromiso con la patria, de incluso dar la vida si fuera necesario.

—¿Qué le pasa al ver a compañeros de armas suyos cometiendo desfalcos en el marco de la Ley Reservada del Cobre?
—Una pena terrible y una vergüenza atroz.

—¿Dónde cree estuvo el error?
—La Justicia está para determinar qué paso.

—¿Faltó mayor fiscalización civil a los gastos derivados de la Ley Reservada del Cobre?
—Usted insiste en un tema del cual no tengo mayores conocimientos y no me corresponde comentar. Y como dijo el comandante en jefe, mi general Humberto Oviedo, las vulnerabilidades fueron aprovechadas por un grupo de militares, que, sabiendo los mecanismos, los utilizaron a su favor, provocando un daño inmenso a la institución y su gente. Quien o quienes estaban más cerca de la información o por sus años de experiencia en el tema, sabían cuáles eran esas debilidades.

—¿Defiende el nivel de discreción que tiene la Ley Reservada del Cobre?
—Es un tema país, no depende del Ejército su definición. Lo que a las FF.AA. les interesa, es contar con la asignación de los fondos presupuestarios para su funcionamiento, mantención y proyección de las instituciones. De dónde vengan y la fórmula que se utilice para asignarlos es una responsabilidad del poder político.

—El caso salpicó al ex comandante en jefe del Ejército, general Juan Miguel Fuente-Alba.

—¿Salpicó?, ¡fueron muy graves las acusaciones en su contra! ¿Quién o cuál juez lo ha acusado o formalizado por algo? Tal como lo han dicho el comandante en jefe y el ministro de Defensa, creo en la presunción de inocencia.

—Según el libro Traición a la patria de Mauricio Weibel, llamó la atención de Fiscalía y de SII sus gastos en viajes, y la compra y venta de propiedades.
—Habría que preguntarle a Weibel. También, ¿cuál es su objetivo con el libro? Extraño que sea él quien tome la justicia en sus manos y saque a la luz una investigación que lleva un juez y un fiscal, dándole ese sensacionalismo y usándolo como enganche para vender su libro.

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“A mi general Fuente-Alba lo conocí en 2002, cuando él era secretario general del Ejército, y yo ayudante del comandante en jefe. Sólo le puedo decir que el puesto de secretario general implica tener ciertas capacidades, aptitudes éticas y profesionales altas, pues de ese cargo nacen las principales políticas de mando del comandante en jefe. Ahí se vela por el prestigio y la integridad del liderazgo institucional, donde se coordinan las audiencias, reuniones y los temas de interés particular del CJE. Es el ‘pepe grillo’; aquel que vela por el bien superior. Muchas veces serví bajo su mando, donde pude ser testigo de su inteligencia, agudeza y visión ante la contingencia”.

—¿Y en materia de probidad?
—Me atengo a su declaración: “Jamás he hecho mal uso de los recursos fiscales”. Su pregunta siguiente será: ¿cuáles son esos recursos?: en el Comando de Educación y Doctrina, cuando trabajé con él, eran un vehículo y una casa fiscal.

—El cuestionamiento es a su patrimonio que no se condice con su sueldo.
—Es un asunto privado y si alguien lo cuestiona, que la justicia haga lo necesario y aclare las dudas. Mientras, hagamos el intento de cuidar el Ejército, que no sólo apoya en las catástrofes. También coopera en temas de soberanía efectiva, conecta las zonas aisladas, construye caminos y aporta a la historia y cultura. El 2017 conmemoraremos el bicentenario de la Escuela Militar, y el 2018 el bicentenario de la Batalla de Maipú. Ojalá olvidarnos de odios y divisiones, y recrear el histórico abrazo de Maipú, con todos los sectores de nuestra sociedad.