Aceptaron la invitación a debatir los principales temas políticos. Menos uno, claro: el abogado y rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, quien se excusó argumentando su bajo perfil.
En el piso 21 del San Cristóbal Tower del Sheraton se saludan como si pertenecieran al mismo club, pese a que cada uno representa ideas distintas y con sus afiladas plumas sacan ronchas con sus columnas en diarios y comentarios radiales.

El primero en aparecer es Héctor Soto (columnista de La Tercera y conductor de Radio Duna), seguido por Jorge Navarrete (La Tercera y T13 radio), Gonzalo Cordero (panelista de T13, socio de Azerta Comunicaciones) y el sociólogo Eugenio Tironi (El Mercurio), Max Colodro (La Tercera y T13 radio) y finalmente Ascanio Cavallo (ex asesor de Cancillería y actualmente columnista de La Tercera), quien apenas alcanza a hacerse la foto y debe partir a una reunión urgente. Claro que antes el autor de Crónica de la transición, comenta la “mala performance” de Manuel José Ossandón en el último capítulo de Tolerancia Cero (T0).

“Nuevamente la CEP le da una fuerza mayor, aunque después de lo que ocurrió en ese programa no sé cómo podrá seguir en carrera. Su participación me pareció escalofriante. Si un candidato presidencial no puede contestar sobre el Pacto de París o de Bolivia, ¿para qué está postulando? Sólo por eso debiera renunciar a ser elegido”.
El siguiente tema es Alejandro Guillier, quien se ha ido desinflando en la percepción ciudadana, como lo refleja la encuesta CEP en la que el candidato PS-PR-PPD bajó cuatro puntos, aunque sigue siendo la única carta competitiva ante un eventual balotaje con Sebastián Piñera.

“Guillier no es un toro de lidia”, dispara Eugenio Tironi. A lo que Gonzalo Cordero agrega: “Había una alta expectativa dada su trayectoria como periodista y comunicador; creían que se iba a manejar bien con los medios, que sería un gran vocero, un candidato entretenido, pero resultó al revés: cada vez que habla comete errores y eso ha generado una gran inseguridad respecto de él, lo que se ha hecho evidente en su entorno”.

Max Colodro aporta su teoría: “Guillier tiene atributos que son más bien blandos, parecidos a los de Bachelet: cercanía, sencillez, afabilidad, pero no son los que se necesitan para hacerse cargo de una coalición que está viviendo una crisis muy seria y ese contraste representa la falla estructural”.

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Categórico, Héctor Soto afirma: “Una decepción nomás; espero que logre armar un equipo de campaña porque la contribución del señor Osvaldo Rosales me parece como del Siglo XIX. Con todo el respeto que me merece, pero es un caballero como de otro tiempo”.
Jorge Navarrete es crítico: “Su aura inicial —que supuso algún entusiasmo— ha ido decayendo entre otras cosas por la aparición de Beatriz Sánchez; al mismo tiempo es insoslayable que el fracaso de este gobierno, el peor considerado desde que recuperamos la democracia, sumado a la perspectiva de que Bachelet le entregará por segunda vez la banda a Sebastián Piñera, hace extremadamente difícil que Guillier pueda brillar un poco más”.

Y Tironi tras probar su café se ilumina: “A Guillier le pena el cadáver de Lagos; le sacaron a su contendor y sus atributos se transformaron en defectos; si antes era un plus no tener programa, ideas muy claras o una visión muy política, ahora que Lagos no está lo empezamos a mirar con más detalle y quedaron en evidencia las fisuras”.
Tironi continúa: “La gran virtud de Lagos es que se expuso para ser matado; si uno tiene que generar una identidad debe matar a este hombre no en la clínica ni el hospicio sino que en el escenario, y él se ofreció para ser matado. Ahí nació una generación política nueva que ahora está muy asustada porque se creó esta situación de vacío, de susto. Y Lagos no va a volver… O sea, debe estar diciendo, ¡de la que me salvé!…”.

Colodro: “Lagos tenía un problema estructural desde el comienzo: él representa al Chile de la Concertación, que es un país del cual la Nueva Mayoría siente un profundo rechazo y que su ‘niño símbolo’ fuera el candidato siempre lo vi como algo muy difícil…”.
Soto: “¡Imposible pues! Me llama la atención su mal radar. Sentía que tenía rating y era querido en un sector donde en verdad es odiado”.
Navarrete: “La bajada de Lagos no sólo representa su muerte política sino lo que él simbolizaba: la socialdemocracia liberal conectada con el mercado, y esta unión que hizo tan virtuosa a la Concertación murió simbólicamente con Lagos”.

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Pasamos entonces a la conformación de un nuevo referente: el Frente Amplio (FA) y que visualizó a la Concertación y a Lagos como su némesis. Aquí Ascanio Cavallo es categórico y señala que el FA “no existe mucho; cuando estemos más cerca de las elecciones sabremos cuáles serán sus propuestas, pero hasta ahora es más bien un movimiento, donde hay de todo, desde Cantiflas hasta Chaplin”.
Como es de esperar, Cordero —quien milita en la UDI— no le declara en absoluto su simpatía al Frente Amplio: “En un envase nuevo tienen un discurso viejo; y aunque sus diagnósticos en cuanto a los problemas sociales sean ciertos sus soluciones son antiguas, fracasadas o contradictorias. Tampoco ofrecen ninguna alternativa seria de gobierno”.
El resto de los analistas, claro que con matices, observan con mayor simpatía a este grupo. Para Colodro, por ejemplo, representa la crisis del capitalismo global. “Lo que en Chile ha significado una mayor polarización y desacuerdo respecto del tipo de modelo de sociedad que se requiere para seguir adelante”.

Navarrete aplaude que más allá de sus indefiniciones e inconsistencias —lo que no es sólo patrimonio de este grupo, añade— “contrario a lo que se hubiera pensado, aquí hay un esfuerzo hacia una institucionalización bastante serio; el movimiento estudiantil terminó en el Parlamento; hicieron un esfuerzo enorme para inscribirse como partido, participarán de la primaria legal, estarán en televisión defendiendo sus ideas, es decir, este no es el ejercicio del griterío público”.
Tironi se suma: “También celebro eso. El Frente Amplio ha sido un gran canal de reincorporación de los jóvenes a la política”.

¿Qué pasa con Carolina Goic que no sube en las encuestas? ¿La bajarán en julio?, es la pregunta que sigue.
“La encuesta CEP fue más severa con ella, pero no creo que la vayan a bajar. La DC está en otra historia y ahora su propósito no es ganar las elecciones”, observa Cavallo.
Soto agrega: “No creo que la bajen, pero veo su candidatura muy complicada si es que no remonta. Esta señora es muy amorosa, pero no se puede ser candidata sin tener alguna épica… Es el mismo problema que está teniendo Guillier”.

“¡Tiene que romper huevos!”, sentencia Tironi. “Armar una estrategia a lo (Emannuel) Macron, una nueva fusión entre derecha e izquierda. ¡Que se atreva! E incorpore a alguien de derecha a su equipo. A Evópoli, a Andrés Velasco, a Amplitud, el Partido Regionalista”, agrega el sociólogo y columnista de El Mercurio.
Cordero dice que, a su juicio, “la candidata con convicción de ir a una primera vuelta era Mariana Aylwin, no Goic, y varios lo miran y asienten.
Colodro cree que la DC cometió un “tremendo error” al poner como candidata a la misma persona que puso como presidenta del partido dos meses antes. “El peso institucional de los partidos es algo que la gente mira hoy con profunda desconfianza, explica el profesor de la UAI y columnista de La Tercera.
—¿Tú crees que Goic se puede bajar?, pregunta Colodro a Navarrete, quien en octubre de 2013 renunció a la DC tras 25 años de militancia.

“Mira, al final esto se resuelve por la vía de los hechos. En un partido tan parlamentarizado como la DC, a la altura de agosto, cuando sus candidatos a parlamentarios tengan que sacarse la foto para sus campañas con un presidenciable, es evidente que ello forzará el escenario en uno u otro sentido”, responde Pirincho, como le dicen los amigos a Navarrete.

—¿Creen que Piñera será el próximo presidente?
­—Voy a responder lo obvio —dice Colodro—, si las elecciones fueran este domingo, ganaría. Y no veo una alternativa viable del otro lado.
“Pero será bien peleada la segunda vuelta”, augura Soto.
Ascanio Cavallo dice: “la ventaja de Piñera sobre Guillier es que después de las primarias va a quedar con un conglomerado relativamente unido. Su figura genera evidentemente más adhesión”.
Navarrete incluso se arriesga con un pronóstico; dice que el resultado de la próxima elección será muy similar a la del 2009, cuando Piñera (44.6%) le ganó a Frei (29.6%), en primera vuelta. Ahora Piñera debería lograr entre un 40% y un 41% y, Guillier, lo mismo que Frei, entre un 27% y un 29%; Beatriz Sanchez debería sacar el 20% que obtuvo Marco. Y en la segunda vuelta Guillier obtendrá entre un 47% y 48%…

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“Si Sánchez alcanza un 20% Je prends mon chapeau (me sacó el sombrero)”, dice con su estilo siempre elegante el periodista Héctor Soto.
Navarrete agrega que es “incomprensible” el escenario que se dará a partir del miércoles 14 de junio cuando comience la franja en televisión con los candidatos a las primarias de Chile Vamos y el Frente Amplio.
“Será como el Sí y el No. Vamos a tener a la derecha y a la izquierda 20 minutos antes de los noticiarios durante 20 días. Y con la Nueva Mayoría viendo esto desde sus casas”.
Sobre Piñera, Tironi cree que el candidato de la UDI, RN y el PRI es el mismo de siempre aunque nota una evolución respecto a la primera versión. “Ya no están esas figuras que le hacían contrapeso como (Jovino) Novoa o (Pablo) Longueira y él puso sus condiciones cuando los partidos lo fueron a buscar. Además, ahora posee equipos aceitados; cuenta con colaboradores con experiencia en el manejo del aparato público y ha establecido una relación con el mundo empresarial mucho más estrecha: uno de sus ex ministros está hoy en la presidencia de la CPC (Alfredo Moreno) y otro en el consejo de la Sofofa (Rodrigo Alvarez)”.

“Excepto la calle”, interrumpe Colodro.
Tironi continúa su tesis: “Incluso ello le permitiría poner a un ministro del Interior que podría sacar de la centroizquierda: un René Cortázar, una Mariana Aylwin, un José Pablo Arellano…”.
Cordero discrepa: “Piñera cometería un error si volviera a repetir el ‘modelo Ravinet’. Por las circunstancias del país tendrá la posibilidad de poder buscar acuerdos de gobernabilidad”.
Soto toma la palabra para hacer una pregunta abierta: ¿Ustedes creen que Piñera tiene algún talento político en lograr que la derecha esté bastante más unida que antes?
Navarrete: “Nada. Yo creo que la rendición de la UDI es por lo mismo que la DC con Bachelet hace cuatro años: porque tenía una candidata que iba a llegar al poder prácticamente sin contrapeso…”.

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Colodro concuerda: “Muy poco, Piñera es el contraste con una coalición que está al frente y se está desmoronando”.

Cordero: “Para ser justos, porque ya vivieron un gobierno con él y muchas de las desconfianzas con la UDI las subsanó”.
Sobre su relación del dinero con la política, Colodro dice que es “un costo que el país no tenga claridad respecto de qué escándalos podrían aparecer próximamente”. Para Navarrete, que hasta ahora Sebastián Piñera parezca ser teflón y continúe sin mellas en las encuestas se debe a que “la gente que vota por él no lo hace suponiendo algún tipo de prestancia moral sino porque privilegia sus características por sobre otros candidatos”.

Soto: “Y porque saben que si está postulando a la presidencia no es para enriquecerse”, y varios lo miran con suspicacia.
Colodro refuerza la idea: “Si algún día descubrimos que Piñera hizo mal negocio, ¡ahí sí que sería castigado!”