Eran catorce, más que en el cuento de los perritos, al comenzar 1992. Pero dos, Evelyn y Sebastián, recibieron por celular un par de coces. Y solo quedan doce, cuando renunció el radical Anselmo Sule. De los once que quedaban, a Ricardo Lagos se lo comió un pez y no quedaron más que diez.
Dos más, Jovino Novoa y Manuel Feliú, sucumbieron al desborde de la parte alta del Mapocho. De los ocho que quedaban, al jubilado Juan Antonio Torres le rechazaron, en las puertas mismas del registro electoral, veinte mil de las cuarenta mil firmas que lleva. O sea, recibió un puñete. Y nos quedamos con siete…

El siete es el numero cabalístico. Y también histórico, porque, a lo más, habíamos llegado a cinco pretendientes en 1958. Cifra que, esta vez, tiene de un cuantuay para los cerca de ocho millones de chilenos con derecho a voto el próximo diciembre: candidato mal genio, divertidos, iluminados, relajados, hiperquinéticos, ególatras.

Las encientas dicen que las cartas ya están echadas y que la pelea es entre dos grandes, acentuadas en la nostalgia de un electorado añoroso que vivió días alessandristas y freístas.
Pero eso no descarta que los otros candidatos, sin esos apellidos, que acarrean sus miles de firmas hasta la vieja calle Esmeralda, abusando de la santa paciencia de Juan Ignacio García, esperen en esta vuelta conseguir un montoncito de votos que proyecte, más o menos, su ilusión de poder para el futuro.

Con el lente de las llamadas orgánicas políticas, el millonario en sufragio sigue siendo Frei: más de 53 por ciento en las últimas municipales obtenido por los ocho partidos que lo apoyan y que el otro poderoso es Alessandri, con 38 por ciento ganado, en esas misma elecciones, por las cinco colectividades que lo eligieron. Pero cualquier ingeniero electoral sabe que la cinta que ahora se cortó, y que inició la carrera presidencial, no es para conquistar a los convencidos, sino para seducir a los renuentes, a los indecisos, a los descontentos, a los desencantados.

De ahí la variedad del mercado de los candidatos a La Moneda en busca de posicionamiento en nichos -como se dice, no en necrología, si no es publicidad- que estarían disponibles. Desde Frei hasta el más inopinado, Townsend Pinochet, se pelearán por ellos.

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FREI Y EL TRIUNFALISMO

Es ridículo, por ejemplo, pensar que Eduardo Frei se desangre en envanecer a los demócratacristianos. Al revés, como se ha visto en sus últimas apariciones, su discurso está volcándose hacia los descuentos de la derecha y de la izquierda.

Hacia la izquierda: su insistencia en el llamado paquete de reformas constitucionales, con especial énfasis en devolver al presidente de la república la facultad de designar a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas. Hacia la derecha, advirtiendo que una posible administración en sus manos no sería “un signo de estabilidad política ni menos de progreso económico”, porque se trata de “partidos  paralizados en sus querellas intestinas, impotentes en su capacidad de encontrar un candidato único”.

Es que este ingeniero de 50 años, más aficionado a los números que a la labia, sabe que dar por ganada la carrera, a cuatro meses de la meta, no es buena cosa. Tiene miedo natural a un triunfalismo anticipado de sus seguidores y por eso los llama a “no bajar la guardia”.

Porque en la política las cosas se revuelven, de un rato para otro y de manera inesperada. Y Frei, con todo su potencial, tiene aun mucho que hacer. Entre las prioridades de su programa -que se han publicitado- están la lucha contra la pobreza, el mejoramiento de la infraestructura del país, la modernización del Estado, el medioambiente y una participación más directa para que los alcaldes sean elegidos por vecinos.

Mientras él -y lo confirma su familia- sigue durmiendo ocho horas diarias, como un bebé, y jamás ha tomado una pastilla para el sueño, sus consejeros se desgastan aconsejándole una risa más fácil. Con costo, como costó a Caras hace un tiempo. Hubo gente que especuló que se había operado los músculos de la mejilla para sonreír mejor…¡Y que se había alargado la nariz para parecerse a su padre!

Contada por él mismo, la cosa significa que, aun que le cueste trascenderlo, tiene buen sentido del humor. Pero le es muy fácil, volver a su discurso estricto, pidiendo, como en los últimos días, eficiencia y honestidad a toda prueba a los hombres que con él podrían llegar al gobierno. A pesar de que suene parco ante la gente, que también requiere de cierto populismo para aplaudir: “No hago promesas, si no que los invito a participar y construir el siglo veintiuno: moderno, solidario y participativo”.

Aun que el candidato de la Concertación sabe que las tres listas que corren por fuera (del cura Pizarro, Reitze y Max Neef) pueden horadar la votación que le conviden sus socios socialistas-pepedés de la Concertación, confía en la mejor base de su asentamiento: Lo logrado por el actual gobierno de Patricio Aylwin. “Hemos dado estabilidad política, económica y social al país -insiste-. Hemos mantenido las cosas positivas, porque no somos como los gobiernos del pasado que llegaban y decían que todo lo que se había hecho estaba malo”. No acepta que se diga que éste es un gobierno mediocre en lo económico. “Las cifras macroeconómicas del 92 son las más espectaculares que haya tenido Chile en los últimos 30 ó 40 años, en cuanto a crecimiento, inversión, ahorro, desempleo, inflación. Chile invierte hoy en lo social cerca de seis mil millones de dólares y para eso necesita un Estado muy eficiente. Modernizaremos el Estado y acentuaremos el proceso de regionalización”, asegura.

Es el discurso de Frei, hasta hoy, -porque nadie muestra todas sus cartas al comenzar el póker-, afirmado en cuatro de sus más claros hombres de confianza: Edmundo Pérez Yoma, Genaro Arriagada, Juan Villarzú y Carlos Figueroa. Este último, encargado de la estrategia en comunicaciones, dio inicio ayer a la campaña publicitaria del candidato.

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ALESSANDRI POR FUERA

Harto y conocido es lo que se demoró la derecha en decir que otro Alessandri, nieto del “león” y sobrino de “don Jorge”, iba a representarla este diciembre frente al hijo de Eduardo Frei. Abogado, ex diputado, actual senador por Antofagasta, a Arturo Alessandri nadie va a hacerle el chiste, como a Frei , “de operarse la cara”.
Da risa fácil, bueno para los recuerdos y anécdotas graciosas, es casi, casi, como Roberto Carlos, un hombre con un millón de amigos. Disfruta con Verdi , con Wagner, con la ópera toda y también, confiesa, encumbrando volantines.

Su estrategia, ya está claro, es la del pájaro carpintero contra Frei: “Si el presidente Patricio Aylwin y Eduardo Frei, no saben que hacer de nuevo, tienen que hacerse a un lado, porque Chile necesita más que un metro administrador de La Moneda. Ellos siguen administrando lo que ya se había hecho. Nosotros le agregamos creación y vuelo”. Para ello contará con los pesos pesados del equipo económico del gobierno militar, Carlos Cáceres y Hernán Büchi, y con la pléyade de los empresarios poderosos que han dado su bendición a su candidatura: Eugenio Heiremans, Ricardo Claro, Fernando Léniz, Jorge Prado y casi todos los otros, los grandes.

La estrategia de Alessandri, hasta ahora, se muestra transparente: sabe que a él le tocaron las piezas negras en el ajedrez y que Frei, con las blancas, es el que conduce el juego. Entonces no le queda otra que jugar a la ofensiva.

Por eso reitera: “Nosotros tenemos menos lastre ideológicos que los del otro lado, que tienen que bregar con los socialistas, los pepedés una serie de gente que rechaza la modernización. Ellos insisten en llevar a cabo todas esas reformas constitucionales con las que yo no estoy de acuerdo”.

Improvisando, y fruto de una inspiración o especie de milagro de última hora, el candidato de la derecha trabaja por estos días compaginando los programas de los que quedaron en el camino: Manuel Feliú y Javino Novoa.

Pero su mayor énfasis está en poner “mística, camiseta” a una campaña ganadora de la derecha. “¿Que es eso de andar diciendo que Frei es el que tiene mejores opciones? Ahora hay que decir:
“miren, olvídense de todo lo que ha pasado, esas fueron peleas de casados, ahora nos pusimos bien y vamos a echarle para adelante”.

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“YO EL MEJOR”

No le será fácil a Alessandri mientras corra por fuera hasta diciembre -y parece que es indeclinable- el candidato José Piñera. Aun que todos los desafíos de este pretendiente a la presidencia parecen dirigidos contra el DC Eduardo Frei, la verdad de las verdades es que no logra disimular que el espacio en que quiere hacer su baile es el mismo de Alessandri: o sea, el de los indicios o descontentos de la derecha o centroderecha. Al insistir en que “para mi, la primera encuesta relevante va a ser la que tome una semana después de mi debate con Eduardo Frei hijo, por todos los canales de TV”, Piñera muestra que -como tituló hace un tiempo- con acierto, la revista Hoy -sigue sintiéndose “yo, el mejor de todos”, incluso mejor que el Alessandri elegido por cinco partidos de su sector.

A diferencia de un Frei relajado, de un Alessandri caballeroso y recién posicionándose de su flamante designación, una rápida ojeada a declaraciones de prensa muestra a un José Piñera obsesionado, persistente, intransable en un único objetivo: enfrentar a un Frei que no se digna a contestarle: “Que trate Frei de decir que no soy un democrático y que no me preocupo de los pobres! No puede”. (Caras abril de este año). Es tal su empecinamiento, que adelanta lo que le diría: “Eduardo Frei hijo, ¿vas a gobernar tú o tus asesores partidistas? ¿Por qué te cuoteaste todas las alcaldías de Chile? ¿Por qué te cuoteaste los consejos regionales? ¿Tú crees que así suben los países Eduardo?”.
Frei, como si lloviera, ni lo infla, diría un quinceañero.

Pero José Piñera se tiene una fe infinita: “¿Cómo se explica que me vaya también? O soy un milagrero, cosa que no soy, o sé interpretar lo que la gente quiere y siente” (declaraciones formuladas a esta misma revista).

Economista, 44 años, asegura que su programa haría que el país “dé el gran salto, que lo transformará en país desarrollado, sin pobreza y muy libre”. Que bajaría el IVA del 18 al 16 por ciento, daría acceso a todos los chilenos a un sistema de salud privado, privatizaría todas las empresas estatales (Codelco, Enami, Enap, Emos, Colbún, ferrocarriles y demás), y usaría ese dinero en la gente “en vez de dejar que los burócratas jueguen a ser empresarios” (discurso a empresarios en Enade 1992). Agrega que reduciría el numero de ministerios, de 18 a 6, el numero de subsecretarias de 26 a 17 y los servicios públicos de 130 a 46. ¿Y el ministerio de Bienes Nacionales? “Debe transformarse en un disquete computacional”.

Doctorado en Harvard, autor de la ley laboral (modificada por el actual congreso), de las AFP y de las inversiones mineras, curiosamente autoconfeso lector de Pablo Neruda y escritor inédito de poesía José Piñera será sin duda, el aguijón de Alessandri, aunque él maneje su estrategia contra un Frei que no lo escucha. Sus asesores más fieles siguen siendo el ex speech writer de dos presidentes en Estados Unidos. Marc Klugman, y el ex ministro de Odeplan, Sergio Melnick.

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“LA ALEGRIA NO LLEGO”

El que sí se reconoce como aguijón es de MIDA, Movimiento Democrático Allendista, con su candidato sacerdote Eugenio Pizarro. Todas sus balas apuntan contra el sector izquierdo de la Concertación, porque éste representa el espacio que quiere conquistar y en que le gustaría volver a enseñorearse.

El  “compañero cura”, como los llaman algunos PC, ex MIR y ex Frente que lo apoyan, insiste al que se lo pregunte: “Los socialistas-PPD van a votar por nosotros, porque se cabrearon de estar en contradicciones consigo mismos, aplicando el neoliberalismo del gobierno de Aylwin. Ellos saben que eso no es la esencia de la izquierda ni del socialismo. No hay izquierda en la concertación, hay solo un desastre que defraudó al pueblo. La alegría no llegó y la gente no la ganó”.

En el arcoiris presidencial de septiembre, todos coinciden en que el discurso del candidato Pizarro es el menos renovado. Describe a la economía de mercado como una bestia apolítica, a Frei como un empresario derechista, a los empresarios les dice “sepulcros blanqueados”. Su oferta económica insiste en que el Estado mantenga el control de las riquezas básicas del país y los servicios públicos, y en la redistribución de las riquezas a través de los impuestos.

Con sus 31 años de sacerdocio, suspendido indefinidamente de sus labores eclesiásticas, el cura-candidato busca conquistar a masas paupérrimas con un discurso en que mezcla lo religioso con los resabios socialistas, después de la caída del muro de Berlín. Tras él están Gladys Marín, Lenadro Torchio, ex Frente y otros grupos desligados del MIR, una mezcla de lo que -en la izquierda renovada- se clasifica como lo “más ortodoxo”, con fuerte olor -como alguien dijo- a “canción de protesta de los 70-73″.

EL RUBIO REITZE

Rubiecito, ojos azules, un metro 85, voz de locutor, algunos agregan que con un sospechoso tonillo argentino, a lo Silo, Cristián Reitze es otro candidato en la vitrina electoral de diciembre. Con estudios en ingeniería comercial, que no terminó, aglutina lo que se llama la Nueva Izquierda, conformada por sectores que se fueron de la Concertación: humanistas-verdes y Mapu, y también ex miristas como Patricio Rivas, y ex PC como Manuel Riesco y José Sanfuentes.

Aunque no con tanta iracundia, este presidenciable también sostiene la critica del sacerdote Pizarro contra el actual gobierno. Llama “sistema economicista”  al aplicado por Aylwin.
Dice que quiere hacer un gobierno “que ponga en el centro de la política al ser humano”. Asegura que la Concertación no cumplió con sus promesas y que “la gente espera cambios y no es posible que continúe pagando el precio del desarrollo de las grandes empresas”.

La Nueva Izquierda reclama a la Concertación -que ellos abonaron- el haberse distanciado del pueblo que la puso en marcha. Y su denuncia más reiterada es contra toda concentración de poder, ya sea en manos del Estado o de las grandes compañías.

No nos cabe duda de que la hormiga más trabajadora de su comando será la ex subsecretaria Pía Figueroa, quien ha logrado hacer muy buena dupla política con su marido, el también humanista-verde Gastón Feres. Increible pero cierto. Reitze es el único de los siete candidatos que tiene una mujer con garra pensando de cerca lo que hay que hacer, aunque no pertenezca al comando por estar dedicada a su campaña como diputada.

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MAX NEEF, EL NUEVO

Si fuera por estructura, Manfred Max Neef le ganaría al resto de sus contendores: apenas le faltan cuatro centímetros para los dos metros. Pero no están ni ahí, ni en las encuestas ni en la discusión que se están dando en estas presidenciales.

Premio Nobel alternativo en 1983, Max Neef es, más bien, un intelectual-economista-ecologista junto al que se han aglutinado sectores que, por sobre los escombros del Este socialista, no quieren aceptar el trono del neoliberalismo. Se llaman alternativos, en busca de otra salida, otra forma de hacer lo que predica el candidato: “Una economía a escala humana”.

Algunos restos de lo que fue la Izquierda Cristiana, algunos guapos feministas, ecologistas, pacifistas, jóvenes, artistas, de todo un poco hay tras Max Neef. Gente que se ha dado en llamar “antisistemica, alternativa”, que cuando entregó su firma al candidato, recibió la vuelta algunas semillas para plantar lechugas en su casa.

El candidato, “una especie de vikingo”, como coincide en describirlo la mayor parte de sus entrevistadores, es de los que afirman que, más que conseguir votos, su objetivo es “alertar las neuronas”.

Max Neef, que rechazó la propuesta del MIDA de convertirse en su candidato a fines del 92, asegura que hay que conformar un sistema económico en que predomine la solidaridad por sobre la codicia. Su programa ataca las bases mismas del modelo de economía de mercado, asegurando que no cree en su sustentabilidad en el largo plazo, porque es depredador de la naturaleza y terminará provocando un colapso ambiental. Asegura que el PGB se calcula con una metodología primitiva que lo suma todo: “Es como si usted considerara parte de su ingreso estable el dinero recibido por vender los muebles de su casa. Se ha crecido a base de la depredación. Ocho años más de depredación del bosque nativo dejarán al país totalmente devastado”.

Sin querer queriendo, este hombre se está consiguiendo, poco a poco, votos jóvenes y apolíticos, de desencantados y desinteresados y también de quienes no pueden creer que los gobiernos no prioricen el problema de medio ambiente.

Entre los nombres que apoyan su postulación figuran los de Manuel Baquedano, presidente del instituto de Ecología Política, Sara Larraín, representante de Green Peace para América Latina, y algunos conocidos personajes del mundo artístico.

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EL SOBRINO DE PINOCHET

La muestra presidencial de este fin de año se completa como Gonzalo Townsend Pinochet una sorpresa en círculos políticos, pese ha que ha intentado inmiscuirse en esta actividad a partir de las elecciones municipales. Esta vez, como candidato a concejal independiente en la lista de la UCC fue derrotado en San Joaquín: obtuvo 1.500 votos, ahora sin embargo logró llegar con las firmas requeridas al registro de calle esmeralda para postular a La Moneda.

Publicista y relacionador público, este candidato inesperado juega con el apellido de su tío, el cual asegura tener “el apoyo moral”. Y lo cierto es que ha proclamado a los cuatro vientos ser sobrino directo del comandante en jefe del ejercito, presidir el APU (Acción Pinochetista Unitaria) y ser el mejor representante del pasado gobierno, sin recibir sin recibir el menor desmentido o desautorización de su tío Augusto.

“No he pedido remiso para postular, pero creo que está contento con mi candidatura”, dice Townsend que, en los 80, figuró como asesor de prensa en la embajada de Paraguay. Su currículo lo confirma como hijo de una hermana del general Pinochet, educado en el colegio Mackay de Viña y en el Liceo Lastarria, en Santiago, en donde había sido compañero del actual diputado Jorge Schaulsohn, del RN Félix Viveros y del radical Isidro Solís.

Este candidato, que se ha dedicado a recopilar el pensamiento político de Augusto Pinochet, “porque mucho de lo que hoy hay en UDI y RN es herencia de él”, entregó sus firmas en el registro electoral, proclamando: “Con esta candidatura, estamos demostrando que el pinochetismo está vivo en el corazón del pueblo. Nuestro propósito es reivindicar y proyectar el pinochetismo al siglo 21″.

Y ahí están los siete que aparecerán en la papeleta del voto presidencial a fines de este año. De seis de ellos -a menos que ninguno logre la primera mayoría el 11 de diciembre- solo se podrá decir, parodiando a Mistral, que todos “iban” a ser presidentes.