“Debido a lo agresivo e insultante de la campaña, es difícil que esta relación se recupere”, publicó a inicios de este mes el sitio Politico.com sobre la agonizante amistad entre Chelsea Clinton (36) e Ivanka Trump (34), quienes enfrentadas a la frialdad de la carrera política de sus padres no han sido vistas juntas en público por varias semanas.

No parece extraño que estas dos mujeres mantengan distancia, al fin y al cabo son parte de dos familias que actualmente pelean por la Casa Blanca. Sin embargo, ambas mantuvieron una conocida relación de amistad por años, mandándose mensajes cariñosos por celular y a través de la prensa.

“Es muy amable, siempre se preocupa de los demás. No es una persona superficial, y creo que eso es un gran elogio, porque ella es tan hermosa que podría haber llegado lejos solo siéndolo”, contó Clinton a Vogue sobre la hija de Donald Trump el año pasado. Ivanka replicó en Instagram una cita de la hija de Hillary: “La vida no es lo que te pasa, sino lo que tú haces con lo que te pasa”, junto al mensaje “sabias palabras, Chelsea Clinton”. Tal parece que la dulzura entre ambas quedó en el pasado, o por lo menos en pausa mientras dura la temporada electoral.

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Es que se entienden como nadie. Nacidas en el seno de familias públicamente reconocidas, han tenido que lidiar con paparazzis y el asedio de la prensa política desde su infancia.

En 1997, con sólo 17 años, Chelsea ingresaba a la Universidad de Stanford para licenciarse en Historia. Su llegada al campus fue con protocolos inéditos de máxima seguridad, lo que incluyó un par de oficiales del Servicio Secreto disfrazados como estudiantes que vivieron en las cercanías de su habitación. La familia Clinton emitió un comunicado para solicitarle a la prensa que dejara en paz a su hija mientras se dedicaba a sus estudios. Alumna destacada pero de bajo perfil desde pequeña, Chelsea emprendía un silencioso camino académico.

Ese mismo año, a los 15, Ivanka posaba para su primera portada en la revista Seventeen, un acontecimiento que le abriría las puertas del mundo de la moda y que le dio la posibilidad de trabajar con Marie Claire, Paco Rabanne y Lolita Lempicka. Luego fue anfitriona del concurso Miss Teen USA, del que su padre es dueño. Posteriormente ingresó a la Universidad de Georgetown, desde donde fue transferida a la Universidad de Pennsylvania, graduándose con honores de su licenciatura en Economía el 2004.

Una entre cámaras y sets de filmación, la otra sumida en su educación y vida privada, y hoy casadas y con hijos; tanto Chelsea como Ivanka son asesoras de sus padres en la campaña presidencial. Mientras que la primera aún es tratada como la “princesa Diana” de Norteamérica, a Ivanka le corresponde responder y aclarar los exabruptos racistas y sexistas de Donald, una tarea que se toma en serio.

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“Mi padre no odia a grupos raciales o a un género en particular, él dice lo que piensa y por eso la gente lo quiere”, ha declarado en más de una ocasión la mayor de las Trump, quien acompaña al candidato a eventos, cenas y conferencias de prensa de simpatizantes; siempre procurando una sonrisa amigable y una postura cálida, algo que contrarresta el fuego iracundo de Donald en sus discursos.

Clinton hija, menos emocional pero igualmente diplomática, sonríe junto a su madre y da la mano a los votantes en cada evento. Reacia a la prensa, evita responder preguntas y cuando lo hace se enfoca en aspectos puramente electorales, sin referirse a escándalos ni ataques personales de los contendores.

Esta misma diplomacia es la que ambas mujeres decidieron ocupar para darle un hiatus público a su amistad, tal vez para evitar el circo que significaría una pelea mediática entre ambas; porque si se trata de prensa amarillista, nada sería más atractivo que ellas enfrentadas, entre insultos y descalificaciones, por defender a los electores: al más puro estilo de sus padres