Sobre el escritorio de Claudio Orrego hay un Cristo, una foto junto a Patricio Aylwin y otra donde celebra el triunfo del equipo de fútbol de la UC. También un meme de The Clinic donde aparece muerto de la risa junto a dos ex presidentes DC (Aylwin y Eduardo Frei) con la frase: “Y les dije que para descontaminar Santiago no hagan más asados”. Pero hay un objeto que provoca cierto ruido en este mundo tan coherente de un militante DC de toda la vida.

Se trata de un frasco con munición de distinto calibre, algunas balas locas o perdidas, otras no tanto. El ex ministro de Ricardo Lagos, ex alcalde de Peñalolén y actual intendente de la Región Metropolitana explica que son proyectiles alguna vez disparados en La Legua y San Gregorio. “Las tengo ahí para recordar”, dice sobre su relación con la realidad más dura de una parte de los chilenos. Claro que hay una bala que le llegó directo al corazón DC y que tiene que ver con la estrepitosa derrota de Carolina Goic en la primera vuelta, candidata que él mismo impulsó.

—Se criticó mucho que iniciara la demolición del muro que separaba a La Legua de una población aledaña.

—Es que el mero enfoque policial no da resultados (…). Mientras tuviéramos verdaderos búnkers en los pasajes ciegos que usan los narcotraficantes, esto iba a ser un círculo vicioso. Hay 22 familias que viven afuera, pero quienes demandan la apertura de las calles son las mil familias que viven dentro y llevan años secuestradas por los delincuentes. Ellos lo único que quieren es que La Legua Emergencia se integre a la ciudad. Eliminar el muro no es la solución con mayúscula, pero sí parte porque mientras no rompamos las condiciones urbanas que facilitan el narcotráfico, esto va a continuar. Hay resistencia de unos pocos, pero a largo plazo va a ser importante una solución definitiva para sus habitantes.

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—¿Cuál de los dos candidatos cree más capaz de terminar con la segregación y el narcotráfico?

—Tenía mi candidata ideal y fue derrotada. Quedan dos alternativas que no son necesariamente las óptimas. Pero, al final del día —tanto como partido e individualmente— pienso que nuestro país requiere más cambio que menos.

—¿Y quién representa mejor ese cambio?

—Alejandro Guillier. Eso significa que él no va a seguir haciendo más de lo mismo; que vamos a derrotar al narcotráfico no sólo construyendo cárceles. No se trata sólo de más presencia policial, sino de un enfoque que integre temas urbanos, sociales, comunitarios y también los policiales. Al final, las fuerzas de centroizquierda tienen más posibilidades de avanzar hacia una sociedad más justa que quienes se han opuesto a los cambios.

—Fue de los principales impulsores de la candidatura de Goic ¿Cómo vivió su derrota?

—Carolina Goic hizo un tremendo trabajo como candidata al poner temas de fondo y propuestas programáticas en un ambiente bastante superficial. Y, la verdad, es que —lamentablemente— miembros de su propio partido atornillaban un poco al revés, cuestionándola públicamente en vez de privadamente. Algunos, simplemente, no trabajaron por ella en la campaña. En lo personal, viví muchas cosas similares cuando fui a primarias, pero al igual que ella, elevamos el nivel de la política. Muchos de los temas que puso en campaña se van a discutir en esta segunda vuelta.

—La DC apareció apoyando a Guillier rápida e incondicionalmente. Algunos podrían decir que faltó estrategia.

—Hay que separar dos cosas. Una es la decisión DC de apoyar a Guillier electoralmente en la segunda vuelta. Pero otra muy distinta es sumarnos a un eventual gobierno de él a futuro. Hemos aprendido de la historia que se debe discutir bien qué, a qué ritmo y cómo se va a hacer. Y como eso en 24 horas no se puede determinar, lo mejor es declarar abiertamente el apoyo, pero reservarse una eventual participación en un nuevo gobierno en la medida de que coincidan los objetivos programáticos y los planes concretos. De lo contrario, uno puede estar en la oposición, que también es una manera democrática de aportar a Chile. No creo en la política sólo como una forma de acceder a cargos. Dar un cheque en blanco y lo que usted quiera, eso no.

MAYORÍA DC, VOTA GUILLIER

—Mariana Aylwin declaró que su partido se está desangrando. ¿Tiene alguna fórmula para salir de la crisis?

—Pasamos por un momento difícil, y no tanto por los resultados que no fueron buenos. La votación del día domingo fue, en general, un castigo al establishment, a los partidos más tradicionales, y tenemos que reflexionar bien qué ocurrió y cómo mirar al futuro. Ahora, obviamente, me preocupa la guerrilla de declaraciones, las sacadas de cuenta, eso de apuntarnos con el dedo. Todo esto no ayuda a tener la serenidad para reflexionar. Los partidos ganan y pierden elecciones. Lo anormal es que tengamos este nivel de disputa por los diarios. Hago un llamado a mis camaradas de lado y lado a que nos detengamos un momento a pensar qué pasó. Yo no tengo la receta, pero un ingrediente es recuperar los niveles de convivencia que se han perdido.

—¿Cuál sería el proyecto político de la DC?

—La política ha cambiado tanto que nadie puede decir: “lo mío es exclusivo”. La DC quizá no tiene algo completamente propio porque compartimos muchas cosas con distintos actores. El país entero convergió. Nadie está planteando dictaduras de izquierda o derecha y, en general, la gente respeta la libertad. Entonces, me parece bien que estas fuerzas políticas hayan convergido en lo que alguna vez fue distintivo de la Democracia Cristiana. Ahora, eso supone ser creativo. No quiero un partido arquero; uno que esté tapando goles todo el día; que diga esto no me gusta y esto tampoco. Quiero un partido que proponga una agenda. Siempre lo he dicho: para mí el problema con el Frente Amplio (FA) son las prioridades. Ellos dicen “gratuidad universal universitaria para todos hoy”, y yo digo: “¿y los centros de formación técnica? ¿y el mecánico automotriz?”.

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Un buen padre de familia —y eso es lo que tiene que ser también un líder político— debe ser capaz de decidir cuáles son las prioridades con los recursos limitados que tenemos. No hacer esa ecuación es caer en el infantilismo en política. Es como hacer una lista de regalos para el Viejito Pascuero.

—¿Por qué el FA dio la sorpresa?

—El FA es una suma de tres cosas: Primero, una propuesta progrática; segundo, ideas en las que coincido como la descentralización y limitar las reelecciones indefinidas y, tercero, una fuerza de recambio porque derrotaron en muchos distritros a personas que llevaban hasta seis periodos parlamentarios. Como nunca vi a gente que decía: “yo quiero votar por algo distinto”, incluso en la derecha. Con el binominal, en el distrito 11 hubiese ganado Terrazas sí o sí, porque era el candidato de la UDI ¿Y quién ganó? un señor Fuenzalida, un señor Undurraga. Tanto Evópoli, por un lado, como el FA, por el otro, fueron capaces de llegar con caras nuevas y con una exigencia de renovación importante. No hago lecturas sólo ideológicas del voto del FA, sino una mirada política y las ganas de remover del gallinero a los de siempre.

—¿Y los rostros frescos de la DC?

—Obviamente que un partido con 70 años no tiene la frescura de uno de tres años y con dirigentes que, además, nunca han administrado el poder. Y no lo digo como una crítica porque cuando uno es gobierno debe hacer concesiones y asumir las restricciones que tiene el Estado. Eso a varios los desencanta. Además, muchos de esta generación miran críticamente la trancisión a la democracia. Yo tenía 24 años en esa época y, a diferencia de ellos, me siento muy orgulloso de lo hecho. Veníamos saliendo de una dictadura feroz y la derrotamos sin disparar una bala, con un país que creció y que hizo conquistas sociales. Coincido en que la agenda hoy es diferente, pero no sólo no reniego de la política de los acuerdos sino que la reivindico. Hay 10% de los chilenos que votaron por la DC —más allá de Carolina Goic lo hicieron por los candidatos DC— y si Alejandro Guillier quiere ser electo Presidente de Chile, su desafío es también hablarle a ese 10%. (…). Y también a la gente que votó por él en la primera vuelta y que le habría gustado un candidato como Ricardo Lagos.

—¿Votarán algunos democratacristianos por Piñera?

—Creo que la infinita mayoría de los militantes DC votará por Guillier. Ahora, dentro del 10% del electorado democratacristiano puede que sí (vote por Piñera), pero el desafío del candidato también es hablarle a ese electorado. Reitero: el mundo democratacristiano se siente absolutamente orgulloso de lo que hicimos en los gobiernos de la Concertación, independiente de las cosas que nos falten por hacer y que dan sentido al futuro. Cuando alguien de algunos partidos con los que hemos compartido gobierno dice que fue la “mera continuación del capitalismo, de la dictadura”, no puedo estar más en desacuerdo. Esta mañana leí una entrevista a Guillier donde afirmaba que no iba a caer en populismos; que una cosa es reformar el sistema de pensiones y otra cosa es eliminar las AFP. Me pareció que era el discurso de alguien que se pone en el escenario de gobernar.

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—¿Se ve en sus horas libres apoyando en terreno a Guillier?

—Soy disciplinado, cuando hago campaña, hago campaña… respetando la ley, así que tendrá que ser los fines de semana. Cuando uno va a votar también se moviliza para que la gente gane, pero —enfatizo— respetando siempre lo que creo importante para un futuro gobierno. Si alguien cree que se va a ganar la elección porque haga una suerte de concesión al FA, está equivocado. Primero, porque el FA no llamará a votar por Guillier y, segundo, porque lo que gane por un lado, lo puede perder por el otro.