Disciplinada y matea. Seriota. Dicen que hasta es pesada, aunque basta verla para entender que Claudia Pascual (41) de pesada no tiene nada, pero es tímida al extremo de la reserva.

“Trato de no pensar tanto en que los ojos estén puestos en mí, porque o si no… ”, dice entre risas nerviosas esta mujer a quien le toca jugar un rol histórico como la primera miembro del PC en integrar el gabinete desde tiempos de Salvador Allende. Por eso, señala, prefiere concentrarse en la agenda que le impuso Michelle Bachelet, que de relajada tiene muy poco: ya está en trámite dentro del Parlamento la normativa que convertirá al Servicio Nacional de la Mujer en ministerio, a lo que se suma la discusión sobre la despenalización del aborto para casos concretos, además de la incorporación de la Ley de cuotas dentro de la reforma a la Ley electoral. Todas tareas donde Pascual dice estar muy comprometida desde que, en plena campaña presidencial, contribuyó a la redacción del programa.

“Estamos en un momento muy especial. Los comunistas y las comunistas —recalca— hemos decidido ser un aporte dentro del gobierno y, en ese sentido, ser ministra de la Presidenta Bachelet es un orgullo, un tremendo desafío”, asegura a CARAS la segunda figura mejor evaluada del gabinete (78 por ciento), según la última encuesta Adimark

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Con Michelle Bachelet se conocían hace años, desde los tiempos en que Claudia Pascual vivía en La Florida. Fue la propia Presidenta quien la invitó a participar en el comando, donde el PC —en su condición de flamante socio de la Nueva Mayoría— tuvo por primera vez un papel activo en la elaboración del programa. El rol del PC fue decisivo: permitieron un acuerdo para una lista parlamentaria única y se sumaron a la campaña por la reelección de Bachelet. De ahí que Guillermo Teillier aspirara a levantar a uno de los suyos como miembro del nuevo gabinete y, entre otros, propuso el nombre de Pascual, antropóloga titulada de la Universidad de Chile, ex dirigente de las JJ.CC. y a quien escucha con atención la diputada Camila Vallejo, quien la tiene entre su cerrado grupo de consejeros. Aunque algunos sostienen que Pascual tendría incluso más peso que la ex dirigente estudiantil: la ministra integra desde hace años la Comisión Política del PC y participa dentro de las decisiones de este jerarquizado grupo.

“Ella está en el politburó”, opina Pablo Zalaquett. El ex alcalde de Santiago la conoce bien: en 2008 fue concejala por la comuna y en 2012 fue reelegida con primera mayoría. “Ella estaba en el núcleo de los duros del PC. Es una mujer con gran influencia y capacidad intelectual. Distinta a Camila, que aunque comunicacionalmente es más potente, está más formateada por los jerarcas del partido, pero una cosa es tener la capacidad de capturar votos y otra es estar entre quienes toman las decisiones. En ese sentido Claudia siempre ha tenido más poder”.

La antropóloga tiene profundos y antiguos lazos con el PC. Su padre, el cientista político Martín Pascual, hoy especialista del Cenda, fue un dirigente destacado y llegó a instalarse en el Comité Central. Algunas versiones incluso dan cuenta de que habría integrado la cúpula del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, recordado por varios ex integrantes del FPMR como el comandante “Daniel Huerta”, aunque el padre de la ministra nunca ha querido referirse al tema.

Desde los cuatro y hasta los 11 años vivió en la población La Bandera, lo que reforzó su sensibilidad por los temas sociales. “Efectivamente me crié ahí, al igual que muchos y muchas niñas y niños, en el contexto de la dictadura militar, lo cual implicaba pasar por determinadas situaciones económicas y también por distintos lugares y comunas, como San Bernardo, La Florida, Maipú y, por supuesto, La Cisterna, donde se encontraba la población La Bandera. Esa realidad me marcó, lo que se fue reforzando con otras vivencias, en un país con niveles de pobreza muy altos”, declara. 

Así, a nadie le extrañó que se inscribiera en el PC cuando apenas cursaba octavo básico. Se diría que Claudia Pascual hizo su vida entera dentro del partido. Incluso se casó con un militante: Javier Albornoz, miembro activo del PC y especialista en materias de seguridad. “Claro que Claudia es más política y tiene un rol aún más destacado”, observa Daniel Núñez, diputado electo por el PC y quien conoce a la ministra desde que ambos usaban uniforme escolar y participaban de las Juventudes Comunistas. Por entonces la ministra ya destacaba como dirigente dentro de su colegio, el Carmela Carvajal

No fueron tiempos fáciles. Recién egresados de la educación secundaria, ambos continuaron su vida política cuando la democracia se apoderaba de las calles y el arcoíris, al menos para los comunistas, no fue tal, mientras que a nivel internacional caía el muro de Berlín y se diluía la ex URSS. “Nos tocó un período difícil —recuerda Núñez—; la transición significó que la Concertación dejara de lado al PC en pro de la política de los acuerdos. Corría 1992 y los comunistas nos quedamos aislados. No éramos populares ni estábamos de moda”. Pero Claudia Pascual perseveró, incluso cuando ese mismo año su padre renunció a su militancia por diferencias estratégicas con la dirigencia. “Ese debe haber sido uno de los momentos más duros para Claudia —confidencia Núñez— pero dio muestras de madurez al continuar dentro de las filas”. 

Con todo, la ministra no sólo se mantuvo firme, sino que fue adquiriendo cada vez más relevancia, al punto que hoy es considerada una de las figuras más cercanas a Guillermo Teillier. Se suma su proximidad con Bachelet, la que se afianzó durante su rol en el comando como férrea defensora de derechos de las mujeres, especialmente en temas sexuales y reproductivos, donde es partidaria de despenalizar el aborto de manera amplia. Hoy, sin embargo, desde su rol de ministra y como mujer con fama de disciplinada, se ajusta al libreto y señala que lo aprueba nada más que en los tres casos contemplados dentro del programa: violación, inviabilidad del feto o riesgo vital para la madre. “Como ministra estoy absolutamente comprometida con el programa de gobierno, lo que está ahí es lo que sustento”, dice cuando se le insiste en su visión personal.

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Una dura en un mundo de duros que, sin embargo, ha sabido navegar en mundos opuestos. La ex concejala por Santiago es recordada con cariño por varios de sus compañeros del municipio. “Fue una elección estrecha, donde ambos obtuvimos las primeras mayorías —dice el abogado de RN Jorge Alessandri—. Tuvimos una muy buena relación, además que es muy matea: aunque el cargo de concejal no es tiempo completo, ella trabajaba full time”.

Comparte esa impresión Rodrigo Mekis (independiente por la lista RN-UDI): “Hubo muy buena onda. Una mujer súper inteligente, trabajadora, entregada; no había ningún concejal que hiciera la pega como ella. Nos sentábamos juntos y yo le hacía bromas de que era la primera del curso y la más linda”.

En tanto que el ex alcalde Pablo Zalaquett (UDI), señala: “A pesar de que no podíamos ser más distintos, tuvimos un trato muy respetuoso. Ella me enfrentaba en los concejos con argumentos, siempre desde la posición comunista dura; estaba por un Estado —o un municipio— más grande, y todo lo que fuera externalizar o concesionar servicios, aunque fuera lo más eficiente, se oponía”. Sólo un par de veces tuvieron conflictos importantes, como cuando el alcalde pretendió clausurar el teatro Víctor Jara por quejas de los vecinos, y cuando intentó terminar con las tomas. “Pero esos ejemplos son la nada”, dice él.

Hoy Claudia Pascual tiene en sus manos un rol complejo, al llevar adelante otro puntal dentro de la agenda de género definida por Bachelet: la Ley de cuotas. Se trata de un asunto delicado, que ha generado aplausos entre los más progresistas y, al mismo tiempo, resistencias entre los partidos conservadores. 

“Pregúntales a las mujeres que participan de la política y que han sido candidatas si les ha costado llegar hasta donde están”, señala la ministra a CARAS. Y agrega: “Vivimos en un país con una cultura machista, que se irradia en todos los ámbitos de acción de la sociedad y donde la política tampoco se escapa”.

—Usted tuvo dos postulaciones fallidas en las parlamentarias de 2001 y 2005. ¿Lo dice por experiencia propia?

—Por lo mismo lo estoy planteando. ¿Cuánto cuesta llegar a ser candidata? Y una vez que lo logras, ¿cuánto cuesta conseguir los respaldos colectivos? Es cosa de ver: hoy nuestro nivel de representación no supera el 15,84 por ciento dentro del Parlamento, pese a que las mujeres somos algo más de la mitad del país. De ahí que existe la  decisión del gobierno de reformar el sistema electoral binominal hacia uno proporcional, más democrático y representativo. Y en ese marco también incluir criterio de paridad, donde ningún candidato represente más del 60 por ciento ni menos del 40 por ciento para cada género.

Sin embargo, figuras como la propia Ximena Rincón, así como las parlamentarias Lily Pérez y Karla Rubilar reaccionaron con furia al enterarse de que el proyecto adolece de un vacío legal que haría de esta iniciativa letra muerta. Esto por una indicación hecha en la Comisión de Constitución de la Cámara Baja donde se establece que, si un candidato es elegido en primarias, su partido queda excluido de cumplir con el límite de porcentaje para cada género.

Al respecto, la ministra es escueta: “Hay una inquietud respecto de cómo opera este mecanismo en conjunto con las primarias. Habrá que darse todas las oportunidades para debatir este tema y ver cómo mejorarlo, cosa que efectivamente pueda hacerse integrando y haciendo coherente ambas situaciones”, es todo lo que señala.

La tibia actuación de la ministra llamó la atención del columnista Jorge Navarrete, quien hace unas semanas escribió en La Tercera: “Es incomprensible no haber escuchado la voz de Claudia Pascual. Espero que su silencio no esté motivado por su militancia en un partido que nunca ha visto con buenos ojos la discriminación positiva hacia las mujeres”.

Se trata de una visión que desde siempre ha pesado sobre el PC, acusado de conservador y machista. “Es cierto que nuestro partido tiene esa fama —reconoce el diputado PC Daniel Núñez—; una cultura que se impuso desde tiempos del partido obrero tradicional, pero que se acabó cuando llegó a la dirigencia Gladys Marín”.  

Molesta por los dichos de Navarrete, la ministra contesta: “Me sorprende. A lo mejor hay una visión un poco maniquea de nuestro partido, pero en todos existe machismo, no es patrimonio de una sola colectividad. De hecho, hemos tenido mujeres muy destacadas, como Teresa Flores, Elena Caffarena, Mireya Baltra, Sola Sierra y, por cierto, Gladys Marín. Entonces hay una visión distorsionada. Lo que no significa que estamos con un escudo protector antimachismo, para nada. Somos parte y también reflejo de esta sociedad. Lo importante es seguir avanzando”.