Personajes cínicos que habitan el barrio alto, un uso del lenguaje que se mueve entre los chilenismos y el inglés; pinochetismo rancio y clasismo pechoño. Todo esto puede leerse en Cuentos reunidos de Alberto Fuguet, una antología que conforma una estética de las clases altas donde lo nacional es aquello que prefiere dialogar con lo norteamericano antes de conectar con un país que se piensa como un niño condenado a ser niño.

El problemático lugar de Fuguet es el desencanto. Sus narradores observan desde la pasividad, dejando que los discursos transiten por ellos. Emerge entonces la vida del país ganador con sus grietas, todos los vacíos que se dejan llenar por el consumo. Ahí la chilenidad se define por ese sentimiento de pérdida, el reclamo por aquello arrebatado que ni siquiera se puede nombrar por fuera de los tragos y los chismes, como ocurre en el ya clásico cuento Pelando a Rocío, donde una velada que sigue el tic tac del toque de queda se presta para “cahuinear” sobre Rocío, una chica de derecha que en algún momento gira hacía la izquierda, el hipismo y la resistencia a la dictadura; o, como se lee en No hay nadie allá afuera, donde la vida de Miguelo es una tensión entre lo que él puede contar de sí mismo en el baño de un aeropuerto y lo que un inmigrante en Estados Unidos puede reconstruir parcialmente de él, resultando en la acumulación de vacíos. La crítica ha visto que la literatura chilena de los ’90 acusa la escisión de todo relato que pretenda aunar los sentidos en una sola verdad. Este ánimo puede leerse en Fuguet, donde la subjetividad de los sujetos narrados se escinde en la tensión entre la globalización y el ser “chileno”, que es el sinónimo a ser por siempre retrógrado.

Cuentos-reunidos_Fuguet

El relato que avanza es el del país renovado por el mercado, donde ni el pinochetismo ni la revolución parecen ser suficientes para llenar el sentido. La resistencia entonces no pasa por el activismo político sino por la amistad y la fiesta como prácticas desde donde soportar la realidad. De ahí que los cuentos reeditados de Fuguet tienen mucho que ver con las nuevas narrativas que hoy publican las editoriales independientes, donde el Chile contemporáneo aparece como eso que no puede reducirse a un binarismo de izquierda o derecha, tampoco a una sola voz ni a una sola tradición.