El hombre de negocios y marido de la princesa Madeleine de Suecia, Christopher O’Neill (41 años), no encabeza la lista de popularidad del reino nórdico. Más bien, desde su boda se ha especulado mucho acerca de su fortuna, el manejo que hace de ella y las razones por las que se mudaron a Nueva York después de la boda, seguido por una temporada en Estocolmo, en tanto que ahora preparan sus maletas para Londres.

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Hace una semana O’Neill, de manera casi sorpresiva, dio una extensa entrevista durante sus vacaciones estivales al popular tabloide sueco Expressen. Allí dejó en claro que su ausencia de celebraciones importantes de la familia real sueca, como el cumpleaños del rey o el Día Nacional, se ha debido simplemente por razones de trabajo: “Yo soy quien mantiene a la familia y debo llevar el pan a la mesa. Tengo un trabajo en el que no siempre puedo decidir con meses de anticipación si voy estar presente en un evento oficial”, explicó.

“Tengo mi empresa y trabajo duro en ella y puede ser que un cliente importante proponga una fecha de reunión que coincida con un evento oficial de la casa real, ¿qué debo hacer? Esos clientes no tienen una agenda adelantada un mes, y puede ser que deba agradecer que tengan un momento para mí en su programación de los días que vienen”, dijo el empresario.

De doble nacionalidad (británica y estadounidense), O’Neill renunció a un título real ya antes de casarse con la menor de las princesas suecas, lo que le ha dado la posibilidad de continuar en las actividades de negocio que manejaba antes de conocer a Madeleine. Pero sus operaciones han estado siempre en la mira de la prensa internacional –particularmente en la sueca- y pareciera que algunas de ellas han bordeado la ilegalidad, lo que ha significado que aún se le mire con cierta distancia, aunque nada haya sido demostrado con pruebas irrefutables.

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Por su trabajo O’Neill se mudó a Londres en abril pasado, donde se desempeña como Director de Wilton Payments Limited, y fue criticado por ello pues la princesa Madeleine estaba pronta a dar a luz a su segundo hijo. La princesa y los dos pequeños de la pareja –la princesa Leonor de casi 1 año y medio y el príncipe Nicolás de poco más de 1 mes– se han quedado de momento en Suecia y le seguirán después del bautizo del pequeño Nicolás, durante el otoño europeo.

Este año además comenzó de manera polémica para la pareja real, luego que la revista alemana Bunte escribiera que O’Neill era perseguido en Nueva York por el no pago de impuestos y deudas que alcanzaba casi los 45 mil dólares. El monto correspondería a los impuestos de propiedad de un departamento que la pareja compró en Nueva York en 2013. La historia fue seguida por los periódicos suecos Aftonbladet y Expressen, que agregaron que O’Neill también tendría una fortuna heredada oculta en el paraíso fiscal de Liechtenstein y que tendría deudas de impuestos en Florida, donde tiene una lujosa casa de verano que usó la princesa Madeleine, poco después de dar a luz a la princesa Leonor.

En la casa real sólo han dicho que el tema del departamento neoyorkino es un “asunto privado” de la pareja, que no tiene ninguna relación con los deberes oficiales de la princesa y por eso ni se comenta ni se contestan preguntas al respecto.

En estos días la pareja y sus hijos pasan sus vacaciones de verano en el Castillo de Solliden, en Öland, una isla sueca ubicada en el Mar Báltico, desde donde han enviado preciosas fotos de familia.