8:45 de la mañana. María Angélica Lira (viuda, 85 años, 4 hijos, 18 nietos) empieza el día. Prepara el desayuno y lo toma en la cama mirando televisión, lee el diario al que está suscrita. Un par de horas más tarde caminará hasta 20 cuadras haciendo compras, trámites o simplemente para despejarse.

Casi una hora que le alivia tensiones y la hace sentirse más vital. Después de almuerzo se reunirá a jugar bridge con sus amigas Margarita Egaña (viuda, 90, 9 hijos, 29 nietos); María Ester Cave (viuda, 92, 3 hijos, 9 nietos) y Sara Pérez de Arce (viuda, 92, 4 hijos, 16 nietos), como lo hace al menos tres días a la semana. Las cuatro forman un grupo que ejemplifica uno de los pilares que, según los especialistas, ayudan a envejecer mejor: la amistad.

También a primera hora, Santiago Prado (casado, 85, 5 hijos, 21 nietos) comienza a atender en el centro médico y radiológico Quilicura donde trabaja como cardiólogo infantil medio día. Por la tarde sagradamente estará entrenando en el gimnasio del Club Deportivo UC en San Carlos de Apoquindo. En su caso, la clave para estar bien es la actividad física. A las 8:00, Patricia Pupkin (viuda, 69, 3 hijos, 11 nietos) lleva casi una hora levantada. Aprovecha cada minuto para hacer su rutina de ejercicios. Se mantiene activa al frente de la fundación Amanoz. Ella representa otro pilar de la buena vejez: el trabajo. A las 8:30 también, Daura Pacheco (casada, 68, 2 hijos, 5 nietos), planifica su día. Ninguno es igual al otro. Vive entre Santiago y su parcela en Malloco. Si es lunes o sábado partirá hasta la comuna de Padre Hurtado donde refuerza educación de dos niños a través del programa Asesores seniors del Senama (Servicio Nacional del Adulto Mayor). Daura es un modelo de un decisivo cuarto factor que ayuda: mantenerse vital y conectado con la sociedad.

Wp-Abuelos-193Todos ellos son unos adelantados en Chile. Las caras de la nueva fuerza mayor que se impone aquí y en el mundo. Porque si el siglo XX fue el de los jóvenes, el XXI será el de los viejos. En 30 años una de cada cinco personas tendrá más de 60 años.

En Chile el quiebre está previsto para el 2025, cuando la cantidad de niños que nazca sea menor a la de mayores vivos. De hecho, actualmente 2 millones 600 mil personas tienen más de 60 años, un 14.48 por ciento de la población nacional, lo que se estima subirá a un 30 por ciento en 2050, cuando nos convirtamos en el país más viejo de Sudamérica, superando a Uruguay que hoy lleva la delantera. Esto va unido al alza en las expectativas de vida: 79 años en los hombres y más de 80 en las mujeres. Y a la baja en la tasa de fecundidad que en los ’60 era de 5.4 hijos por mujer y en 2011 cayó a 1.85. Para mantener el stock de habitantes —tasa de reposición poblacional— deberían nacer al menos 2.1 niños por madre.
Lo que está pasando es un fenómeno demográfico sin precedentes y que traerá cambios profundos.

Los viejos de hoy son una generación de transición entre los que no se preocuparon de cuidarse y los que se están subiendo al carro de la prevención y que coincidentemente son los mismos que se han entusiasmado con la tecnología y manejan internet. Según un estudio de inclusión y exclusión de los adultos mayores de la Universidad de Chile y Senama (2012), la mayoría no sabe cómo insertarse. Dicen que no son tomados en cuenta, y tienen miedo de envejecer solos.
“Después de la jubilación hay en promedio 23 años de vida útil. Y lo que se haga con ese tiempo y cómo cuidarse es responsabilidad de cada uno. El 48 por ciento lleva controles de vida sana o de enfermedades en el sector público. La otra mitad no sabemos en qué está (7.3 por ciento es afiliado a una isapre, según Mideplan). Es importante el dato porque un predictor de un buen envejecer se relaciona con los controles de salud y la inserción social”, explica Rosa Kornfeld, directora del Senama.

La consultora Criteria hizo el estudio Fuerza mayor en 2008, donde definieron a los viejos de hoy. “Todos coinciden en que ser adulto mayor en la actualidad es mejor que hace algunos años y que más adelante el bienestar aumentará. Pero sigue existiendo discriminación fundamentalmente intelectual. Se quejan: “Antes te pedían una opinión y hoy quieren que les cuides el cabro chico cuando tienen un panorama. Da la sensación de que te invitan a la casa no para compartir, sino porque empiezas a cumplir una función un poquito doméstica, de apoyo”, señala el informe.

La encuesta identifica tres grupos. El primero, también incluye a los pre-adultos mayores (60 a 70 años). Han tenido buenas condiciones y pueden seguir activos, mantienen sus cargos o siguen en su empresa. Son los que no quieren soltar la vida pasada, tratan de prolongarla: trotan, hacen ejercicio, quieren verse como cuando tenían 50; si están solteros o divorciados, son conquistadores, están arriba de la pelota. Pertenecen al tramo Abc1.El siguiente, quiere disfrutar, pero con proyectos más gregarios. Sienten que hoy lo están pasando mal y ven en el futuro la posibilidad de escapar a una etapa más divertida. Piensan: ‘mi vida ha sido sacrificada, ahora lo paso bien’, empiezan a viajar. Corresponde más a la clase media-media, c2. Quieren fiesta y conquista si están solos. El último grupo también mezcla la expectativa de tranquilad y tiempo para ellos, pero tiene una visión pesimista. Quieren dejar de recibir golpes (grupos C3 y D), sienten el ocaso más cerca y esperan ojalá pasarlo lo más cómodamente posible.
“Los dos primeros segmentos suman más de la mitad y representan una mirada positiva y esperanzadora de la vejez. Pero evidentemente en Chile la vivencia del adulto mayor está teñida por la situación económica. Las mujeres mayores del grupo socioeconómico bajo están en las peores condiciones y los hombres de grupos altos, en las mejores”, explica  Andrés Vargas, gerente general de Criteria.

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Se conocen hace 20 años, unas fueron presentando a las otras siempre en torno al juego. Viven solas (no todas con empleada puertas adentro), son positivas, pero nada tecnológicas: no usan computador y muy poco el celular. Las cuatro enviudaron entre 17 y 31 años atrás y ninguna pensó en volver a casarse. Activas, dejaron de manejar hace poco y ahora se mueven en radiotaxi, les da miedo andar muy tarde y solas, y por eso estas jornadas de bridge terminan generalmente a las 20:30.

Están de acuerdo en que la clave es mantenerse conectadas al mundo. “A los hombres les cuesta más quedarse viudos, mientras que las mujeres tienen que seguir con la vida, la casa, las compras, los niños”, comenta Sara Pérez de Arce. Destaca igualmente que a todas les importa que sus hijos las vean bien y tranquilas. Y aunque a veces se sienten desvalidas no quieren ser un peso.
“Tenemos buena comunicación con los nietos. De repente los jóvenes se cansan un poquito de hablar con nosotras, piensan que no los escuchamos. Y es que ellos no están acostumbrados a modular”, explica María Angélica (tiene dificultad auditiva).
María Ester Cave aclara que desconfía de tanto remedio y tecnología médica, y en esto sus amigas la apoyan. “Antes había pocas máquinas, entonces los diagnósticos eran más precisos. El problema de ahora es que la gente, especialmente los mayores, se asusta y por cualquier cosa va a ver al médico. Y de ahí te metes en miles de exámenes y lo más probable es que te empiecen a limitar”.

A medida que pasan los años la muerte es un tema. “Uno no quiere hacer sufrir a los hijos. Ojalá todo sea sin dolor, que no me conecten a las máquinas. Ultimamente pienso más seguido en eso, pero no tengo miedo. Es más por la tristeza que va a generar en la familia. Por eso hay que vivir y disfrutar del presente”, dice Margarita Egaña.
A la misma hora en que ellas empiezan su juego de bridge, Santiago Prado pone la trotadora del gimnasio del club UC en San Carlos de Apoquindo, en 7.7 kilómetros por hora y camina a todo lo que da durante 56 minutos. Una rutina que lo tiene absolutamente vital. Y que él ha calculado —como cardiólogo que es— para mantener fuerte su corazón con una frecuencia alta y sostenida. Además, vigila el colesterol, la presión y otros índices.
Cuando cumplió 40  decidió envejecer junto al deporte. “Estaba consciente de que para tener buena salud había que hacer una actividad fuerte y siempre me gustó el tenis. Empecé a jugar con un amigo que tenía cancha en la casa, luego fabriqué una en la casa que tenemos en Laguna Verde y ahí comenzaron a jugar todos mis hijos. Incluso hacíamos unas copas entre las familias vecinas”.

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Wp-abuelo-290La tecnología, el celular y las redes sociales son importantes para ella. Así permanece comunicada con todo el mundo, especialmente con su hijo que vive en Alemania.

Patricia Pupkin es orientadora familiar, presidenta de la fundación Amanoz y consejera comunal del municipio de Vitacura. Estuvo casada 51 años y enviudó hace unos meses. Mantiene una estrecha relación con su famila. De hecho, cada fin de semana almuerza con ellos para ponerse al día.
Amanoz partió hace 13 años con la misión de dar apoyo afectivo y emocional a adultos mayores de escasos recursos. Hoy tienen más de 60 voluntarias que asisten a 600 adultos mayores semanalmente. “Mi día comienza a las 7:30 de la mañana, con una rutina de ejercicios para estar saludable, lo que compatibilizo con una dieta equilibrada. A las 10, llego a la oficina, donde estoy permanentemente motivando, creando cosas, proponiendo ideas y actividades”.

Aunque le gusta leer, el cine y el teatro, se subió rápido al carro de la tecnología.“Soy fanática del computador, no hay nada que me entretenga más que trabajar y buscar información en internet”.
Pertenece también a la Comunidad de Organizaciones Solidarias, que agrupa a 116 entidades no gubernamentales y trabaja en conjunto con el Senama y municipalidades en proyectos orientados a promover el envejecimiento activo. Con el equipo de Amanoz —y junto al club de automóviles antiguos— organiza todos los años la ‘caravana solidaria’, un paseo orientado a 200 adultos mayores de escasos recursos.
Su día termina de lunes a viernes al aire, en radio Agricultura. Allí conduce, a las 21:00, Los años dorados junto a Cecilia Sorich.
Para que todos los chilenos aspiren a tener una vejez tan productiva y plena como la de cada una de estas historias, las políticas públicas son el gran desafío. Desde incrementar la formación de recursos humanos en geriatría y gerontología (¡hay 70 geriatras en el país!) hasta rediseñar los espacios comunes, hacer teléfonos con letra grande, pisos no resbaladizos, puertas donde quepa una silla de ruedas…

“La salud económica de los adultos mayores es clave y de ahí fomentar el acceso al trabajo, porque ningún estado podrá hacerse cargo de los pasivos. Ya se ven los problemas que tiene Europa con los recursos entregados a este segmento. El 77 por ciento de los mayores de 75 años que actualmente está trabajando quiere hacerlo hasta que  la salud lo acompañe. Del total que no trabaja, el 53 por ciento no quería dejar de hacerlo. Hay que replantear el tema de la edad de jubilación. Y qué posibilidades reales hay para quienes quieren seguir activos laboralmente”, explica Rosa Kornfeld, directora de Senama.
Por eso se lanzó la política de envejecimiento positivo para todo Chile a fines del año pasado. Esta no se limita a solucionar problemas, sino que busca que las personas mayores sean autovalentes, que se integren a los distintos ámbitos de la sociedad y reporten niveles de bienestar subjetivo tan positivos como los jóvenes. Porque todos seremos viejos.

> Más infrmación: www.senama.cl/CentroDocument.html