Pensó que sería más difícil, que echaría de menos, pero su vida fuera de La Moneda ha sido tan fluida y armónica, que Cecilia Morel no ha sentido ni una pizca del “bajón” que tantos le presagiaron. “Quizá porque nos hemos visto mucho con mi gabinete; al final, lo más importante son las personas con las que estuviste a diario”, dice de impecable negro y más delgada.

Ahora ha tenido tiempo para reencontrarse con sus amigas, está tomando clases de inglés y preparando un curso de Historia y Actualidad. Dejó un día reservado para ir a buscar a sus nietos al colegio; se ha propuesto darse más tiempo para ellos y de compartir más relajadamente con el ex presidente y su familia. Aunque sin duda, lo que más motivada la tiene, es su fundación Chile vive sano, que acaba de lanzar hace unos días y con la que pretende continuar lo que fue su gran legado: el programa Elige vivir sano, con el que intentó dar un giro radical en los hábitos de vida y el autocuidado de la salud de los chilenos, para generar una cultura de vida saludable. Fue su proyecto estrella como primera dama. Tanta energía le puso que logró convertirlo en ley y concitar la participación de varios ministerios. Y tiene la convicción de que despertó conciencias y que el mensaje llegó al corazón de los chilenos. Por eso mismo sintió pena y decepción cuando se enteró de su eventual congelamiento, primero, y posterior reestructuración de sus lineamientos por parte de la ministra de Salud Helia Molina. Pero esta no ha sido su única diferencia  con el gobierno de Michelle Bachelet. A pocos días de que el hijo de la Presidenta, Sebastián Dávalos, la reemplazara en el cargo y debutara como director del Area Sociocultural de La Moneda (a cargo de siete fundaciones, entre ellas MIM, Integra, Prodemu y Chilenter), él dijo en una entrevista en La Tercera que no sabía si ella “tuvo la disponibilidad” de traspasarle el cargo, y que esa área pudo haber tenido una mayor relevancia.

Hasta hoy, la única respuesta oficial había sido la de su hija Madgalena Piñera, quien hizo una férrea defensa de su madre. Pero ahora es la propia Cecilia Morel —en su primera entrevista tras dejar La Moneda— quien aclara al hijo de la mandataria: “En esto quiero ser enfática: tuve toda la disponibilidad. Desde que la Presidenta salió electa hasta que dejamos La Moneda nos contactamos con los asesores más cercanos a ella (en ese momento su hijo no había sido nombrado aún); y no paramos de tocar puertas para entregar la información y facilitar la llegada. Siempre tuvimos la disposición y Javiera Blanco, Quena París o Paula Narváez lo pueden ratificar”.

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La nueva fundación que lidera Cecilia Morel está instalada en Apoquindo 3000, en las oficinas continuas a la Fundación Futuro que dirige su cuñada Pichita Piñera, donde trabaja codo a codo con una periodista (Catalina Duco) y su nuera, Carmen Ariztía (ingeniero comercial). Cuenta que sus cercanos la notan distinta a la mujer que hace cuatro años partió a acompañar a su marido Presidente. “Dicen que estoy más segura…;puede ser, estoy más asumida, tranquila con lo que soy. No siento en mi vida grandes cosas no alcanzadas, ¡al contrario! Que Sebastián haya llegado a la Presidencia y acompañarlo como primera dama jamás lo soñé… Pero ocurrió, y tengo un sentimiento de profunda gratitud. Además del cariño de la gente, me permitió potenciar al máximo mi vocación de servicio y volcarla hacia todos los chilenos. Entré a fondo en tantos temas: mujer, infancia, familia, artesanía, reciclaje, tecnología, el MIM… Nos dedicamos a mejorar las fundaciones, a ampliar su llegada y desarrollamos muchos proyectos en cada una: por ejemplo, las cuatro nuevas salas en el MIM, la tienda de Artesanías de Chile en el Aeropuerto Internacional de Santiago, el Fútbol Calle, la gira de la Orquesta Sinfónica Juvenil por Europa, el reciclaje de chatarra electrónica, etc. Y un aspecto inédito: nos acogimos a la Ley de Transparencia, con un 95% de cumplimiento”.

—Aunque la gente la reconoce más por el programa Elige vivir sano… ¿Por qué crear una fundación de este tipo si ya es una ley del Estado?

—Porque es importante comprender que, junto al rol del Estado, es necesario que los distintos actores de la sociedad nos sumemos a este desafío. Me siento muy comprometida con este tema, que afecta directamente el bienestar y la calidad de vida de las personas. Este es un fenómeno que va más allá de la salud, es un problema social, cultural y económico, que nos impide avanzar hacia el desarrollo y que representa un costo enorme para el Estado. Es como intentar subir el Everest con una mochila llena de piedras, pero sobre todo es un problema humano, ya que es causante de jubilaciones prematuras, invalidez y muchas limitaciones. Se requiere urgente un cambio cultural, que las personas tomen conciencia y se motiven a adoptar estilos de vida más saludables. Estos tipos de políticas son a largo plazo, son como una maratón. Miremos lo que ha pasado con el tabaquismo: a pesar de todas las medidas, el índice de fumadores se mantiene alto, y el consumo de marihuana ha aumentado, lo que demuestra lo difícil que es cambiar los hábitos. Nuestra idea es mantener el tema visible, de una manera motivadora. Desde el gobierno nunca quisimos ser restrictivos, sino invitar al cambio; por eso implementamos una política intersectorial propositiva, alegre, con ejemplos muy concretos. Y llegamos al corazón de los chilenos. No te imaginas cómo me alegra ver la cantidad de municipios que los domingos cierran sus calles para corridas, que se llenen las plazas, que se estén usando los espacios públicos…

—¿Cómo piensan intervenir para que el tema saludable siga vigente?

—El rol del Estado es imprescindible, es irremplazable. Nosotros queremos colaborar, y para ello nos focalizaremos en la educación municipalizada de sectores vulnerables, y en el primer ciclo básico, que es donde se forman los hábitos. La idea es mantener el tema arriba, por eso hemos hecho alianzas con distintas organizaciones. Recibimos una cantidad enorme de invitaciones; hay muchos que quieren cooperar, que nos han dicho: “¡Qué bueno que mantengan vivo el programa!”. Cautivó el alma de los chilenos, y es porque había una necesidad. La gente anda cansada, mal genio; ahí uno ve que este problema, propio de la vida moderna, se agrava con hábitos poco saludables, que afecta la siquis, el ánimo y la calidad de vida.

—¿Qué sintió cuando supo que el gobierno congelaría el programa, y luego lo reestructuraría partiendo por el retiro de marcas comerciales?

—Mucha pena y frustración, no por mí, sino por los chilenos. Me llegaron muchas cartas preguntando por qué no seguía. Este nunca fue un proyecto político; contó con la aprobación de todos los sectores, trajo alegría y la participación de la gente que salió a la calle, que ocupó los parques, sobre todo en los sectores más vulnerables… Y el aporte del mundo privado es importante porque las empresas tienen una gran responsabilidad. Ellas, a través de todo su marketing social, incidieron también en la generación de conductas poco saludables, y ahora se observa cómo muchas están promocionando el deporte, la familia y la actividad al aire libre. También hay un cambio de enfoque en la industria alimentaria: se está disminuyendo el azúcar, la sal y las grasas en estos productos. Están asumiendo su rol y ha motivado que estén incorporando este tema.

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—¿A qué atribuye el cuestionamiento del proyecto?

—Un presidente nuevo tiene pleno derecho a revisar los programas, pero éste fue aprobado por todos los sectores, tras mucho trabajo. Apunta a un problema muy grave: la OMS dice que se puede gastar hasta un 4 por ciento del PIB por las enfermedades crónicas. Pensemos que la reforma tributaria pretende recaudar el 3 por ciento. ¡Imagínate lo que podríamos hacer con ese dinero! … usarlo, por ejemplo, para educación u otras necesidades. Siempre existirán enfermedades, pero con el envejecimiento de la población, debemos buscar tener una mejor calidad de vida en esa etapa de la vida. Por eso es tan importante la prevención y el cambio cultural. Sin embargo, se desconoció y desaprovechó ese avance, el trabajo de tanta gente, lo que es también una suerte de descalificación.

—¿Lo sintió como un ninguneo?

—Es que es más que eso, creo que fue una equivocación, y ha sido dañino. Los grandes avances del país han ocurrido cuando estamos unidos. Después de la Guerra del Pacífico, tuvimos una tremenda oportunidad con la explotación de minerales en el norte y, sin embargo, antes de diez años,  estábamos en una guerra civil… Después, en los años 60 y 70, una vez más la ideologización nos separó, se produjo un quiebre en la convivencia  y durante el gobierno de Salvador Allende terminamos con una crisis institucional, además del derrumbe de la economía, lo que finalmente nos llevó al Golpe de Estado. Y si bien después hubo avances en lo económico, la violación de los derechos humanos fue traumática y esos dolores aún no se superan. Con el retorno a la democracia se lograron importantes consensos entre el oficialismo y la oposición. Sin embargo, hoy estamos cayendo nuevamente en una polarización e ideologías que nos dividen, en vez de buscar puntos de acuerdo. Todos queremos mejorar la educación, que al país le vaya bien, pero para eso se necesita un camino, una visión. Nosotros como gobierno, por ejemplo, nos enfocamos en la educación y acompañamiento de los niños y jóvenes desde su nacimiento, con varias leyes e iniciativas, partiendo por la extensión del posnatal, la sala cuna universal, que también congelaron. Aunque decían lo contrario, teníamos una visión, donde los tres grandes pilares eran la educación, el empleo y la familia; estos dos últimos temas los veo muy débiles en este gobierno. A pesar del tremendo esfuerzo que hicimos para lograr el primer año 250 mil nuevos puestos de trabajo, ahora en cuatro meses hay ¡90 mil empleos menos!, con todo el impacto personal y familiar que eso conlleva… Y faltan señales para reforzar la familia… Al final estos tres pilares son los más importantes para romper el círculo de la pobreza.

Cecilia evalúa este segundo mandato de Michelle Bachelet como muy distinto a su primer gobierno. “La sociedad también ha cambiado mucho, se movilizó con fuerza; hay mayor empoderamiento. Hoy cualquier grupo puede causar grandes daños, como ocurrió con las mismas movilizaciones de los estudiantes o el paro portuario. Hay derechos y verdad en las demandas, pero igual hay límites”.

Con respecto a las reformas que intenta llevar adelante La Moneda, Cecilia es crítica: “Veo poca claridad, no saben por dónde partir, sobre todo en educación… que van para adelante y para atrás. Me impacta que no sea hoy sólo la oposición la que se manifiesta, la gente se está movilizando, los padres de colegios reclaman los derechos de sus hijos a estudiar y elegir el proyecto educativo que mejor los interpreta. Creo que falta un cronograma, que debiese considerar un mejoramiento de la carrera docente y los sueldos de los profesores. Un buen educador puede hacer la diferencia en la vida de un niño”.

—¿A qué se deberá esa confusión?

—Hubo improvisación; había un sueño, reclamos de la ciudadanía y los tomaron. No era una necesidad sólo de la calle, todos queremos educación de calidad y que ningún niño quede sin ella por falta de recursos, porque justamente el mayor problema está en la educación pública, por algo hay cada vez más establecimientos subvencionados. Si lo que dice Andrés Palma ¡es muy cierto!, la propuesta actual potenciará la educación privada. ¡Y eso es una locura! La falta de planificación hizo a un gobierno ‘meter la pata’ con el Transantiago, pero con la educación no pueden darse ese lujo… sería hipotecar el futuro de las próximas generaciones.

—Están en plena negociación de la reforma, ¿primará la postura ideológica o llegarán a consenso?

—Mi sensación es que se ha ido retirando la retroexcavadora y está primando la cordura. Se dieron cuenta de que no podían seguir improvisando, por eso la reunión en Cerro Castillo, para hacer algo más definitivo a mediano y largo plazo. Veo mayor apertura, se han reunido con distintos sectores y actores, y han acogido ciertas opiniones que fueron parte de nuestras propuestas.

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—Muchos creen que su marido se farreó la oportunidad de haber hecho él la gran reforma.

—Hicimos mucho, por ejemplo: acceso universal y gratuito a salas cuna y jardines infantiles, kinder obligatorio, aumento de la subvención escolar, carrera docente, la nueva superintendencia y la agencia de calidad. En educación superior, la reforma al sistema de becas y créditos y la reforma al Estatuto Docente. Pero estas son maratones, los cambios no se hacen de la noche a la mañana. Además, creemos que la libertad y la diversidad enriquecen el sistema. Si la educación pública fuera de calidad como en otros países, con autonomía de los directores para crear su proyecto educativo, no necesitaríamos educación privada. Y si bien la integración es súper importante, no se solucionará solo con esta reforma porque, lamentablemente, tenemos también un problema de segregación geográfica, de barrios.

 —De cara a todos estos cambios, ¿en qué proceso percibe a la derecha hoy?

—Si bien está un poco confundida por la derrota electoral, veo que se está reorganizando, aunque siento que nos falta valorar lo nuestro; principios, lo que hicimos, nuestros legados y también nuestros líderes. El otro sector releva a sus líderes, los reconocen y los cuidan; es más, hasta les dedican calles, museos y edificios, mientras nosotros no reconocemos nada de lo propio.

—Pareciera que muchos se avergüenzan de declararse de derecha.

—No sé si es vergüenza, pero hay miedo de rebatir los argumentos del otro lado; quizá por la descalificación permanente de los que se sienten dueños de la sensibilidad social. Es parte de una cultura en que se imponen los egos por sobre la causa común. Creo que entre todos realizamos un buen gobierno, y esperas que ese legado se mantenga, valore, destaque. Por ejemplo, lo que hicimos con la reconstrucción fue un legado monumental; a cuatro años del terremoto se reconstruyó casi el 100 por ciento. Y ahora que se están perdiendo empleos, se comienza a valorar el tremendo esfuerzo que significó crear un millón.

—Muchos de su sector culpan al ex Presidente de haber debilitado la centroderecha.

—Es divertido, cuando Sebastián ganó fue gracias a ellos; y después se perdió por culpa del Presidente. Hay una contradicción, y echarle la culpa al bulto, no me parece. Que cada uno asuma su responsabilidad, y está bueno ya que aprendamos a construir unidad.

“¡¿No sé de dónde surgió el dogma de que un ex presidente no puede hablar?!”, afirma Morel, respondiendo a las críticas de lado y lado hacia su marido, luego de que el ex mandatario manifestara su rechazo a las reformas educacional y tributaria durante un seminario en España. “Sebastián lleva 25 años en el servicio público, morirá comprometido con Chile; más aún si fue presidente. Ver las cosas desde ese cargo es muy distinto, se asume un espíritu de país que sobrepasa los partidos. Frei y Lagos también hablaron y criticaron el gobierno de Sebastián. Su experiencia y conocimiento aporta, y él habla cuando tiene algo que decir. No es la idea que esté en primera línea, porque se requiere que la Alianza y los partidos se reestructuren, y él ha querido ayudar. La Fundación Avanza Chile intenta trabajar con y para ellos, aportando con ideas y proyectos”.

—¿Y está de candidato como aseguran?

—Es absurdo que existan candidaturas a los seis meses de un nuevo gobierno. La prensa interpreta todo como si las personas lo estuvieran, aunque ya hay algunos en campaña, lo que me parece ridículo… Ya vendrá el tiempo de eso…. Sebastián en este momento no es candidato, está preocupado por el país, involucrado en las fundaciones Futuro, Tantauco, Avanza Chile, ayudándome en la mía. Asiste a charlas y conferencias en el extranjero. Como ex presidente lo buscan para que cuente su experiencia, y él tiene el deber de aportar. Sabemos que todo lo que haga Sebastián tendrá impacto público, lo que no quiero es que se haga una lectura equivocada. Que no haya paranoia, porque no está compitiendo con nadie, ni en carrera de nada.

—Sin embargo, dice que ya vendrá el tiempo de candidaturas, o sea no es una opción descartada.

—No, no me puedo poner en ese plano. No lo resisto.

—Y en estos meses, ¿le ha dado una vuelta en qué más invertirá su capital político?

—¡¿Qué capital?!, no lo veo así, no tengo mentalidad política. Jamás me sentí con poder de autoridad, sí con poder para hacer cosas, que es distinto. Nunca vi mi gestión como un paso para una carrera política, ¡no se me pasa por la mente!

 —¿Para dónde apunta entonces?, ¿cómo se ve en los próximos años?

—En la fundación, aportando desde lo privado, de una manera más acotada. Siempre he estado en ese mundo, y ahora regresé. Mi paso por La Moneda lo amplió al máximo y ahora vuelvo para aportar dentro de mis posibilidades, con menor visibilidad, pero no por eso es menos importante.