Catalina Parot se aburrió de que le vieran cara de buena. “Lo soy, aguanto mucho, pero tengo límites”, dice la ex ministra de Bienes Nacionales que no dudó en sacar la voz al enterarse por el diario que —tras perder las primarias— el ex candidato presidencial Andrés Allamand competiría por una senaturía en Santiago Poniente, en lugar de ella.

De que tiene carácter, ¡lo tiene! También una cuota de rebeldía que le sirvió para ganarle a la vida tras la poliomielitis que sufrió a los seis meses y que amenazó con congelar sus sueños. “Mi destino era quedarme sola en Talca, donde nací, estudiar taquigrafía y ser secretaria”. Pero no. Fue muy polola, se casó con el empresario Guillermo Toro y tuvo cuatro hijos. Se tituló de abogada, hizo su carrera política de 13 años en RN y brilló como ministra.

El giro de Allamand le dolió, esperaba al menos un llamado, considerando que había dejado el gabinete —algo que no quería— para cumplir el rol de vocera en su campaña presidencial.

Catalina parte por aclarar que fue ella quien efectivamente le ofreció su cupo por Santiago Poniente a Andrés Allamand. “Le mandé un mensaje con la proposición de bajarme, pero él me dijo que no”, recuerda. Entonces lanzó su candidatura, cerrando contratos e invirtiendo dinero familiar. El giro de Allamand le dolió, esperaba al menos un llamado, considerando que había dejado el gabinete —algo que no quería— para cumplir el rol de vocera en su campaña presidencial.
Han pasado los días, y aún no han conversado ni ha recibido una explicación.

Para Parot, el ‘espectáculo’ de la alianza en estos días se debe a que su sector todavía no comprende lo que significó la llegada de Sebastián Piñera a La Moneda, “y actuamos como si estuviera gobernando la Concertación. Mantuvimos el mismo sistema político y económico agotado que los llevó a perder, pensando que —al igual que ellos— nos mantendría 20 años en el poder. No fuimos capaces de ver la crisis de la desigualdad por un modelo abusivo que producía crecimiento, pero no desarrollo. Se jugó a la eficiencia, cuando lo que se necesitaba era cirugía mayor”.

La ex ministra dice que ni siquiera el grupo Tantauco (que por meses preparó el programa de gobierno) advirtió la crisis estudiantil que se venía. “Había que dar señales desde el primer minuto”, y hubo un desfase entre el discurso de la educación que se necesitaba y la que se entregaba.

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—Dice “no fuimos capaces”, ¿cree que ya se perdió el gobierno?
—No, pero tampoco veo en nuestro sector un discurso que recoja las necesitades de cambio; sino uno más bien conservador, con intención de mantener el sistema. ¡Ni hablar de la Concertación! Con una propuesta de los años ’60. Se necesitan correcciones profundas. Nadie de la Alianza ha manifestado avanzar en una legislación ambiental que compatibilice desarrollo con protección del medio ambiente; implementar una política de reordenamiento territorial que defina el lugar de las centrales que se necesitan. Alguien que manifieste que la educación no es un bien de consumo, sino público, y que tenga una posición sobre el lucro.

—¿Por qué si fue vocera de Andrés Allamand, él no recogió parte de su discurso?
—Fui vocera, no jefa de campaña. Hubo una mirada antigua, pensando que las primarias convocaban solo al electorado de la Alianza. Había que hacer un diagnóstico real del país, sintonizar, mostrar que te haces cargo de lo pendiente, y de ahí convocar a una gran masa. Andrés fue un tremendo candidato, pero su estrategia fue defender la obra del Presidente Piñera, más que proyectar.

—¿Era de las que pensaba que él debió reemplazar a Pablo Longueira?
—Andrés tuvo un caudal de votos probados casi exacto al de Pablo; hizo una campaña nacional, sabemos cuánto pesa… Evelyn Matthei es un gran nombre pero, como dijo Roberto Méndez, no hay cómo medirlo. En ese sentido la ley de primarias está mal hecha, no puede ser que si un candidato de una coalición que gana por dos puntos se enferma, su partido pueda escoger a dedo. Podría prestarse para manipulación…

—¿No se imaginó la embestida UDI?
—La política se ha transformado en un juego de ajedrez, en quién hace la primera jugada para la ganancia chica. Eso nos ha hecho daño, y nos llevó a un espectáculo con dos partidos más preocupados de sus intereses que de Chile. La UDI procedió mal, sacó ventaja de una situación compleja. Mientras RN actuó con solidaridad, respeto y esperando los tiempos, ellos actuaron con hermetismo, vivieron su duelo a puertas cerradas, prepararon su estrategia, tomaron decisiones rápidas e impusieron un camino que nos dejó sin alternativas. No es la manera de actuar de un socio…

La UDI procedió mal, sacó ventaja de una situación compleja.

—Aun así fueron eficientes, a diferencia de Renovación que no supo reaccionar.
—Actuamos como cualquier partido lo haría ante la enfermedad y salida de Longueira.

—Culpan de mala gestión a Carlos Larraín, ¿debe renunciar?
—No. Me extraña la pretensión permanente de algunos de desbancar a los presidentes elegidos democráticamente. Larraín ha buscado fortalecer el partido. Gracias a que promovió a un presidenciable y a las primarias, demostramos un caudal de votos similar al gremialismo; quedamos en muy buen pie para negociar.

—A ojos de muchos, quedaron disminuidos, sometidos…
—Pensar en la unidad no es rendirse, quienes lo afirman, generan un clima de división interna inexistente. RN es fundamental; si se siente deprimida y no se involucra en forma activa y comprometida ¡ninguna posibilidad de ganar la presidencial ni las parlamentarias! El desafío de Larraín ahora es unirnos detrás de Evelyn, promover una plantilla parlamentaria que garantice los intereses del partido y contribuir con una propuesta de gobierno que recoja las necesidades del país.

—Difícil. Varios RN han dicho que no proclamarán a Matthei en el consejo general.
—Este consejo es la máxima autoridad del partido, con libertad para aprobar o rechazar la propuesta de la Comisión Política. Ahí se dará el debate de qué es lo mejor para Chile y RN. Sí me parece muy raro que sea nuestro consejo y no el de la UDI el que proclame primero a Evelyn Matthei.

—Habrá leído la carta que circula en internet de un consejero de Renovación que acusa maniobras delictuales de Matthei —recuerda el Kiotazo, el caso de las drogas—, y amenaza con declarar interdicta a la mesa directiva si insiste en apoyarla.
—No doy crédito a las palabras de alguien que se esconde en el anonimato. Es un cobarde.

—Se sospecha que en el consejo saldría un nombre distinto al de Matthei.
—Ella es una gran candidata, pero si la UDI quiere que sea la carta de unidad, debe hacer concesiones a RN, gestos de generosidad y valoración. De lo contrario, le generarán a ella un escenario lleno de problemas. No nos rendiremos humillados.

De Matthei espera una actitud que ayude a superar desconfianzas, garantizando un trato igualitario a los candidatos al Parlamento, una presencia importante de Renovación en su comando y en el eventual gobierno.

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—Dicen que Allamand se bajó por las altas probabilidades de perder con Evelyn. Da la impresión de que se fue quedando solo.
—Como ex vocera, reconozco que cometimos errores. No entendimos que debíamos transmitir un mensaje más liberal; esa era la fuerza de Andrés. También reaccionamos mal con Golborne cuando salió el fallo judicial contra Cencosud; los hechos seguirían su curso, no era nuestro papel detenernos ahí… Todo eso tuvo un costo, y me enseñó que la política debe sacar lo mejor de nosotros, no lo peor.

—También lo tildaron de mal perdedor frente a Longueira. ¿No se equivocó entonces la UDI al vetarlo por no garantizar unidad?
—El gremialismo extrema las cosas: culpar a Allamand de la salida de Golborne es injusto. La noche que Longueira ganó las primarias fue difícil, pero ellos tampoco guardaron las formas. No era para vetarlo. Andrés debió ahora arriesgarse y competir, mostrándose tal cual es. RN lo necesitaba…

El gremialismo extrema las cosas: culpar a Allamand de la salida de Golborne es injusto.

—Se le critica que no crea lealtades. Candidatos al Parlamento quedaron sentidos porque no apareció con ellos en afiches.
—Allamand tiene un grupo cercano que lo acompaña hace años, con el que es muy leal y toma sus decisiones. Pero más allá de eso, no olvidemos que cuando la UDI apoyó a Piñera, Renovación debió hacer muchas concesiones parlamentarias, quedando disminuida en varios distritos; eso debilitó nuestra estructura partidaria. Nuestra gente quedó dolida; al no tener parlamentarios, pierdes influencia política en nominación de cargos en el gobierno. El gremialismo, en cambio, tiene bancada casi a nivel nacional, que les da fuerza y sensación de influencia muy poderosa; de maquinaria.

—¿Perdona a Allamand por usar su cupo senatorial por Santiago poniente?
—Hablé con él para cederle mi cupo; creía que debía seguir en política, y me dijo que no. Ahí amarré contratos, tomé definiciones, ¡y me lancé! Cuando leí que estaba tomando la decisión, me dolió, me sentí herida; esperaba que hubiera conversado conmigo. Salí del gabinete no porque estaba aburrida, ¡al contrario!, era feliz, quería seguir con el presidente , pero Carlos Larraín y Andrés me pidieron que lo acompañara. Me negué, pero entendí la importancia de apoyarlo. Puse todo mi capital político a su servicio, por el proyecto del sector.

—¿Cree que la utilizó para ‘reservar’ ese cupo en caso de perder las primarias?
—En momentos complejos debió hablarlo con su círculo cercano, tomó la decisión y le echó para adelante… ahí estaba Catalina Parot. Si yo hubiera sido hombre, no me habría pasado.

—¿La ningunearon por ser mujer?
—Por tratarse de mí, más allá de que en política nos discriminen. Pensaron “la Cata es buena persona, las aguanta todas, no dirá nada”. Es verdad, aguanto, pero tengo límites: mi dignidad y valores.

Pensaron “la Cata es buena persona, las aguanta todas, no dirá nada”.

—Evelyn Matthei identificó como un gran plus su condición femenina.
—Es una oportunidad y un riesgo. En política, si una mujer es dura, la catalogan de histérica, ¡loca! Si surgiera un problema entre Matthei y Bachelet, lo primero que dirán es que “son leseras de minas”.

—¿Arrepentida de irse del gabinete?
—No, el error no fue mío. Muchos me dijeron que no me moviera de Santiago poniente; ¡no!, no estaba dispuesta a las presiones. Entendí la importancia de que Andrés siguiera, se lo ofrecí; ojalá él hubiera actuado con la misma altura de miras.

—¿Ha vuelto a conversar con Allamand?
—No, ¡lo tengo cortado! (ríe).

Quiere el Parlamento, y ya se habla de una diputación por el Maule. “Si no resulta o no hay cabida, buscaré otra forma de seguir en el servicio público”.

—¿Le quedan ganas aún, después de las zancadillas y del desorden aliancista?
—¡Más ganas me dan! Mientras no esté bajo tierra, lo intentaré todo. No me van a doblegar ni quebrar. Tengo la flexibilidad del trigo; me doblo y me vuelvo a parar. Estoy explorando caminos, pero de la política, ¡no me voy!