Llama la atención que aún tenga energía. Irradia entusiasmo pese a que le tocó asumir la presidencia de la DC en uno de sus momentos más duros, con los estragos del Caso SQM —que terminaron con la renuncia del anterior timonel, Jorge Pizarro, al reconocer que dos de sus hijos asesoraron informalmente a la minera— y un escenario marcado por la crisis institucional, con la imagen de los partidos por el suelo. Eso mientras que el Ministerio de Justicia —históricamente en manos DC— enfrenta su peor tormenta al revelarse  millonarias pensiones de ex funcionarios de Gendarmería y contrataciones por razones políticas. La indignación se dirigió nuevamente a la titular de la cartera, Javiera Blanco (vinculada a la DC), esta vez por el Sename, cuando un informe de la Unicef consignó que en la última década un total de 185 niños murieron cuando permanecían bajo la tutela de la institución.

A sus 43 años, con una familia compuesta por dos hijas pequeñas y un marido instalados en su tierra natal, Punta Arenas, así como una auspiciosa carrera senatorial, Carolina Goic decidió poner a disposición su capital político. ¿Cómo ella, quien hace tres años superó además un cáncer linfático, pudo aceptar esta tarea? “Porque me gusta lo que hago —contesta—. De no haberme reencontrado con la actividad pública, habría sido una mujer frustrada. El cáncer me dio una sabiduría distinta; trato de ser feliz y transmitir esa energía, algo que en este momento nos hace tanta falta”.

—Algunos dijeron que la nominaron para presidir la DC porque se trataba de “una cara bonita”…

Sin perder el tono amable pero firme, con su taza de té verde entre las manos, reconoce:

—La política es súper machista; nadie espera mucho de nosotras y efectivamente somos tratadas dentro de una lógica decorativa. A aquellas que estamos en espacios de decisión siempre nos cargan a un hombre que supuestamente es quien nos dice cómo hacer las cosas… ‘Carolina responde lo que le dice tal o cual…’. Pero en este corto tiempo ha quedado demostrado que las decisiones en el partido las tomo yo. Soy la presidenta y lo asumo con toda propiedad. 

Fue para el funeral de Patricio Aylwin, cuando Carolina Goic pidió perdón a nombre de la clase política, que demostró ser más que una figura decorativa. “Perdón por no haber actuado a tiempo. Perdón por los abusos de poder, perdón por las faltas a la ética, perdón por haber traicionado la confianza de aquellos a quienes representamos sirviendo otros intereses”, fueron algunas de sus palabras. “Ese discurso me permitió validarme, aglutinar fuerzas en torno a objetivos comunes. Sin duda, fue un impulso para la conducción del partido, la oportunidad para demostrar convicción, firmeza, interpretar lo que la gente nos estaba diciendo y reconectarnos con la calle, escuchar, hacer una autocrítica y mirar a los ojos con franqueza. Porque de repente da la sensación de que estuviéramos en un callejón sin salida y no es así”.

—Ya han pasado tres meses desde que asumió. ¿Qué viene ahora?

—Se terminó la luna de miel, empezó el matrimonio, y hay cosas que me enorgullecen, por ejemplo, pasamos al segundo lugar en el ranking de probidad de Chile Transparente (que elabora la Fundación Ciudadano Inteligente), después de haber estado penúltimos, casi en el piso. Tuvimos que cambiar la cultura organizacional, pasar de padrones que más bien constituyen el botín electoral de determinados grupos a padrones transparentes, a los que se accede a través de la web. Para las municipales bajamos a algunos candidatos por estar seriamente cuestionados, eso a pesar de que implicarán una importante merma en la votación… Y no ha sido fácil porque la lógica tradicional ante este tipo de casos era hacer la vista gorda. ¡Ya está bueno! Tenemos que subir el estándar, aun cuando nos pasen la cuenta en términos electorales. Es nuestra oportunidad de hacer las cosas distintas.

“Si hay algo que tenemos que superar en los partidos es la lógica de los lotes”, continúa Carolina Goic en cuanto a la histórica división interna entre guatones, chascones, freístas y colorines donde ella ha estado ligada por temporadas. “Para mí es una ventaja no tener un grupo en particular; por aspectos ideológicos he sido cercana a los chascones, mi padre era freísta y tengo un tremendo cariño por don Eduardo y lo que significa su historia. Y atribuyo a Adolfo Zaldívar (Colorín) mi decisión de ser candidata; de no ser por él, no estaría acá. Pero en el fondo somos todos demócratas cristianos. Puedes tener más o menos afinidad, pero ante un desafío común debemos estar alineados. De lo contrario será imposible obtener logros como partido; genera divisiones y nos hace dispersar fuerzas… La existencia de los lotes ha debilitado los liderazgos y yo pretendo que todos florezcan. Es lo que esperan los camaradas en las bases, lo que dice la gente…”.

—¿Pretende instalar esta misma lógica para la definición presidencial?

—Ahí también hemos caído en la dinámica de los lotes, de los individualismos. Se han dado discusiones interminables sobre si apoyar a un candidato u otro por sólo un punto de diferencia en las encuestas. ¡No! Eso es poner la carreta delante de los bueyes; tenemos que ser capaces de lograr una definición programática que nos identifique como partido, y una vez que estemos todos detrás, buscar a quien mejor la encarne. Para que no suceda lo que vivió Claudio Orrego, que algunos no se sentían representados. Tenemos que aprender de nuestros errores, ahí está nuestra fortaleza.

—Después de que usted tomó el mando de la DC, el diputado René Saffirio renunció al partido y lo acusó de haberse convertido “en una mafia”. Esto porque prefirieron proteger a la renunciada directora del Sename —Marcela Labraña (DC)—, que aprobar con sus votos la realización de una nueva comisión investigadora.

—Sus dichos son inaceptables, no los comparto. El presidió la primera comisión del Sename porque la bancada de la DC lo nombró como su representante. ¿Qué mejor muestra?

—¿Entonces por qué cree que acusó al partido de actuar como una mafia?

—No comparto esas expresiones. Antes de ser diputada trabajé en temas de infancia. Tengo claridad de las deudas que hay en materia de políticas públicas. No contar con una ley de derechos de niños y adolescentes es inexplicable.

—Hoy cunde la indignación por los casos  de cuoteo político y arreglos económicos dentro de las reparticiones públicas. Ahora el foco está en Gendarmería y en el Sename, ambos del Ministerio de Justicia, una cartera históricamente en manos de la DC… 

—Fui funcionaria pública al igual que mi padre y tengo una alta valoración de la actividad como un espacio donde puedes concretar tu vocación de servicio. Los partidos tenemos la obligación y la responsabilidad de poner a nuestros mejores hombres y mujeres a disposición de esta función, pero cuando lo rebajas a la lógica de operador el daño es tremendo. Tampoco se trata de hacer un gobierno tecnócrata; las habilidades políticas que tiene una autoridad involucran conducción, saber tomar decisiones, asumir costos, aguantar los chaparrones, no sólo cortar cintas y dar buenas noticias. En mi caso, siempre ha sido un requisito contar con preparación.

—Sin embargo, la crítica hoy es que los partidos se han convertido en bolsas de trabajo y de pago de favores…

—Cuidado. En los partidos hay funcionarios de confianza que hacen muy bien su trabajo. Claro que en el caso de Gendarmería hay que hacer una diferencia, no puede ser que se entreguen pensiones millonarias por motivos políticos. Una institución como ésta no puede estar sujeta a los vaivenes del gobierno de turno, por eso presenté en el Senado un proyecto para modificar la fórmula con que se nombra al director de Gendarmería, para que sea designado exclusivamente por el Presidente de la República entre las mayores antigüedades de la institución. Eso además de la prohibición de militar para el personal.

—¿No le parece oportunista haberlo presentado justo ahora?

—Entre la pelea de corto plazo prefiero hacer propuestas con visión de futuro.

INTERNA-CAROLINA

—La muerte de 185 niños en instituciones del Sename durante la última década fue un duro remezón para la opinión pública. Es otra repartición históricamente en manos de la DC. ¿Cuál es su autocrítica como presidenta del partido?

–Hay una deuda, pero eso no se lo podemos cobrar a los directores del Sename, menos a los partidos. Sería una mirada muy estrecha confundir la crítica en vez de asumir responsabilidades. 

—La ministra Javiera Blanco (DC) ha sido duramente cuestionada en estos días por su rol a la cabeza de Justicia y deberá enfrentar una interpelación.

—Ese es un mecanismo que usa la Cámara y está bien que se haga.

—Hay quienes piden su cabeza y otros creen que ya es hora de un cambio de gabinete.

—Ella es ministra de gobierno y esa evaluación le corresponde a la Presidenta. No somos nosotros los llamados a decir cuándo.

—Algunos al interior de la DC reclaman que no cuentan con suficiente representación dentro del gabinete. 

—No lo comparto; el número de gente que  tienes en La Moneda no mide tu valor como partido sino la capacidad para hacer propuestas e insistir en ellas. La Democracia Cristiana ha sido clave para sacar adelante las reformas emblemáticas de este gobierno. Y además hemos estado como bancada lealmente con los votos.

—Sin embargo, para Mariana Aylwin la llegada de Mario Fernández a Interior no tiene ningún sentido si es que la Presidenta no escucha a la DC…

—No comparto la mirada de Mariana, a quien respeto mucho. Fue un gesto a la Presidenta, quien tenía el respaldo del partido para nombrar a quien quisiera. Incluso si hubiese sido una persona de otro partido lo habríamos apoyado. Pero hizo un gesto a la Democracia Cristiana dentro del gabinete y Mario Fernández ha ido dando sorpresas, con su estilo que además es muy positivo. Aquí el más peleador no es el mejor político ni el que más vale. Hace falta una mirada más optimista, reenfocar el debate, como nos enseñó Patricio Aylwin: un hombre sencillo, que hacía su trabajo. El también era una persona alegre, tranquila, y no por eso no marcó autoridad en momentos complejos; supo dialogar, incluir, procesar diferencias, unir al país. 

Y agrega:

—En la DC con lealtad respaldaremos al gobierno y a Michelle Bachelet, sobre todo en estos  momentos difíciles.

—¿La DC será incondicional al gobierno entonces?

—No es incondicionalidad, nuestro apoyo es con capacidad de crítica, de propuestas, pero con lealtad. Porque cuando bajan las encuestas siempre está la tentación de escapar, de salir, de salvarse… Como presidenta de la DC estos son los momentos en que, con mayor razón, hay que estar al lado de Bachelet.

Suspira:

—El nivel de crítica y de descalificación que se ha hecho contra ella supera los límites de lo aceptable. Agresiones hacia su condición de mujer. Estamos en democracia y la oposición tiene que cumplir su rol, pero cuando veo lo que la gente dice en redes sociales… No hay que sorprenderse cuando hay violencia hacia las mujeres en otros espacios más íntimos; hay un tema de género que se expresa a nivel país, una cultura que tenemos que cambiar.

—Se ha puesto en duda la capacidad de las candidatas mujeres para las presidenciales de 2017.

—Me parece injusto. Hay muchas cosas que la Presidenta ha tolerado por ser mujer y que un hombre habría considerado inaceptables, por ejemplo, que se pongan en duda sus capacidades. Dejemos las cosas claras: las mujeres hemos demostrado de sobra nuestras competencias; me alegro que tengamos ley de cuotas y que en los partidos los hombres estén obligados a tomarnos en cuenta…

—¿Habrá también alguna cuota de machismo en la baja evaluación de la Presidenta? 

—Es difícil separar. En el gobierno se han cometido errores, cosas que se podrían haber planteado mucho mejor, pero lo más grave es que impera una mirada pequeña, cortoplacista, de no entender el impacto que tienen las discusiones que estamos haciendo a futuro. Eso es lo que nos jugamos, no el corto plazo.

—Con esta visión cortoplacista de la política que usted denuncia, sumado al machismo, ¿cuánto cree que se expone al ser vista como una posible carta presidencial de la DC? 

—Lo he dicho y lo repito: el tema presidencial no está en mis planes.

—Todos dicen lo mismo al principio…

—Pero es verdad: estoy enfocada con todas las ganas y el ánimo a esto que me tocó. Sí empatizo desde el punto de vista de género: en este país hay muchas mujeres valiosas, no sólo en el mundo político, sino también en el empresarial. Uno ve lo que cuesta abrirse espacios y ser validadas. Este país pierde al no mirar a sus mujeres, de eso estoy absolutamente convencida. Tengo dos hijas que han vivido el costo de no tener a la mamá tan cerca pero ha valido la pena, porque van a tener un mundo distinto al que tuve yo.