Apenas se enteró por la prensa de que el primogénito de la Presidenta Sebastián Dávalos y su mujer Natalia Compagnon se habían reunido con el vicepresidente del Banco de Chile Andrónico Luksic para solicitar un crédito millonario para la compra de unos terrenos en Machalí (que habría sido aprobado al día siguiente de que Michelle Bachelet ganara las elecciones), el ex senador socialista Carlos Ominami, pensó: “Esta cuestión viene mal, este cabro tendrá que dar una explicación”, recuerda. Y argumenta: “Con el episodio de los automóviles (Lexus) había una sospecha sobre él, que vinculada a esta situación (la compra de terreno con posible cambio de uso de suelo) hacía prever que no sería un asunto de despacho fácil”, afirma el presidente de la Fundación Chile 21, quien actualmente se encuentra en París, invitado por el Institut d ‘Hautes Etudes de l’ Amérique Latine, para dictar un curso sobre los desafíos económicos y políticos de América Latina.

Ominami discrepa de las declaraciones de Dávalos a El Mercurio hace unas semanas, donde afirmó que este negocio y su reunión con Luksic no habría sido imprudente. “Más allá de que se trate de un acto que puede ser perfectamente legal, ¡fue una imprudencia! Lo fue comprar un terreno con posible cambio de uso de suelo y generar una rentabilidad enorme, lo que despierta la sospecha de que hubo información privilegiada; por algo se está investigando. Son tipos de negocios a los que el hijo de un presidente no puede vincularse. Además, solicitar un crédito de esa envergadura y participar en una reunión con el vicepresidente del Banco de Chile, en momentos en que la madre era candidata y segura presidenta, ¡es otra imprudencia! No a cualquier empresa, con esos antecedentes financieros, se le entrega un crédito de esa magnitud”,  afirma categórico sobre el hijo mayor de la mandataria a quien conoce hace mucho, ya que su mamá Edith Pascual ha sido vecina toda una vida de Bachelet y de su madre Angela Jeria, en el edificio de Apoquindo con Américo Vespucio donde ambas tienen un departamento. Hay una historia común de mucho cariño, casi familiar.

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—¿Por qué si Dávalos venía cuestionado por los Lexus y por la sociedad que su mujer formó para asesorar a empresarios asiáticos que visitaban Chile —en momentos en que él se desempeñaba en la unidad Asia de la Direcon de la Cancillería—, Bachelet termina por nombrarlo director sociocultural de la Presidencia?

—Su hija Francisca vive en Argentina, se desconectó de esto, y para Michelle incorporar a Sebastián fue una manera de tenerlo más cerca, integrado a su núcleo. Una decisión más de madre que de presidenta. Primó más el espíritu maternal que la definición política. Como dice el dicho: “Amor de madre, abismo sin medida”. Ella es jefa de hogar, mantiene su casa sola. Que se haya involucrado en política ha hecho que sus hijos sientan que su mamá está en deuda, que no ha estado presente todo lo que quisieran; hay una pasada de cuenta ahí. Michelle siempre me ha dicho que ellos le alegan, que se siente en deuda con sus hijos…

—¿Cree que eso la ha hecho más benevolente con ellos?

—Claro…, bueno, nadie juzga al hijo con la misma vara que al vecino…

—¿Hasta dónde estima se ha dañado la imagen del gobierno y de la Presidenta?

—Es difícil evaluar aún, pero el discurso sobre igualdad, de nivelar la cancha estará sometido a cuestionamientos, ¿Y Dávalos qué?, preguntarán. Es evidente que la actuación de él no se condice con el esfuerzo para terminar con las desigualdades y afirmar la meritocracia, ya que no cualquiera habría podido acceder a un crédito en esas condiciones. La única explicación que encuentro es que hubo un trato preferencial. Cualquier empresa con un capital de 10 millones que pida $ 1.500 millones, ¡les dicen si acaso están enfermos! Sin embargo, las fortalezas de Michelle son tales que no debiera afectarle a ella… creo. Eso se verá ahora que regresó de vacaciones, aunque a la Presidenta el país la conoce, tiene una alta credibilidad y una imagen de honestidad a toda prueba. Hay que tener cierta comprensión de su condición de madre…

—¿Eso justifica el largo silencio por el que optó, entonces?

—Estaba de vacaciones, interrumpirlas era agravar aún más los hechos, no tenía sentido que amplificara la situación. Además, debía esperar que decantaran las cosas…

—En su condición de Presidenta, se esperaba una definición inmediata, tal como en 2009 cuando salió a decir: “Hay que impedir el aprovechamiento de un cargo para beneficio propio”, apuntando al entonces Presidente Sebastián Piñera por su llamado a los parlamentarios a aprobar la ley de fideicomiso ciego.

—Creo que para ella esto fue como una teleserie, que se fue enterando por partes. No tuvo todos los antecedentes para haber resuelto y asumido que el problema era grave. Es la única explicación que tengo… Asumo que el silencio le jugó en contra, debió estar muy afectada, a la espera de que los cortafuegos funcionaran, de que La Moneda pusiera la cara hasta su regreso en que debió hablar. Será duro para ella.

—¿Le cree, entonces, que no estaba al tanto del negocio de su nuera e hijo?

—No tengo la más mínima duda de que Michelle no tenía idea, ¡pongo mis manos al fuego!, de haber sabido, lo habría parado…

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—Sin embargo, la venta de los terrenos se concretó días después de conocida la noticia, tuvo tiempo para haber revertido el negocio.

—No tengo idea cómo habrán sucedido las cosas. Insisto, creo que si la Presidenta hubiese tenido la información concreta, de que la transacción se estaba cerrando en esos días, lo habría detenido. El propio Dávalos debió entregarle información gota a gota.

—Sebastián Dávalos dijo en entrevista con El Mercurio, que lo suyo fue un negocio entre privados, que su madre siempre lo entendió así, al punto que fue el primer argumento que tomó La Moneda para salir en su defensa.

—Fue una respuesta insuficiente e incorrecta, no resistía el menor análisis y estaba condenado a caerse tal como ocurrió. Formalmente fue entre privados, pero involucraba al hijo de una presidenta de la república, y todas las actuaciones de éstos terminan siendo públicas.

—¿Agravó el hecho de que tuviera, además, un rol en La Moneda?

—Independiente de cualquier designación, los familiares directos de la primera autoridad del país deben ser especialmente cuidadosos en sus actuaciones evitando cualquier iniciativa que pueda involucrar directa o indirectamente tráfico de influencias. Insisto, mi sensación es que si este negocio se concretó después de haberse hecho la denuncia y tras una primera declaración de La Moneda, es porque Michelle no tenía todos los antecedentes.

—¿Cómo se explica entonces que el actual Seremi de Vivienda de O’Higgins (Wilfredo Valdés), nombrado por la Presidenta, fue quien en 2013 realizó la tasación de los terrenos adquiridos por Caval mientras él se desempeñaba en el sector privado?

—Si es así me parece grave y lo hace más delicado. Es una situación que debe ser investigada. Habrá que esperar los resultados.

—¿La Moneda está en condiciones de cerrar el “tema Dávalos”, como lo ha intentado, con una investigación en curso?

—Es lógico que quiera abrirle paso a su agenda con educación, pero también debe advertir cuál es el estado de la opinión pública. Si hay muchas preguntas e interrogantes es porque no han tenido respuestas. Por mucho que quieran cerrarlo, no podrán. Con lo sucedido el gobierno debe aprender la importancia de la rigurosidad en las designaciones y elevar sus estándares éticos. No basta con decir que algo es legal, hay cosas que son legales pero no legítimas.

Carlos Ominami dice que solidariza con la mandataria. “El dolor que le debió producir esta situación debe ser infinito. Solidarizo, además, por la utilización que muchos harán de esto. Me parece un escándalo tratar de equipararlo con Penta. Michelle es una víctima de una grave imprudencia de su hijo y de su nuera, que la perseguirá durante un tiempo largo”.

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—Los casos Penta y Dávalos son distintos, pero igual de graves.

—Lo de Penta es básicamente un sistema diseñado para financiar a la UDI. Se construyó sobre la base de una cierta naturalización de prácticas ilegales pero de uso extendido.  Las enormes debilidades del marco que rige los financiamientos de campaña lo hicieron posible. En esto pareciera haber algo de castigo de Dios porque fue la propia UDI que impidió en su momento que el país pudiera dotarse de una legislación rigurosa y operativa en materia de transparencia y limitación de gastos de campaña.

—Este caso abrió nuevas aristas que afectan a la Nueva Mayoría. Se están investigando platas de Soquimich a la DC y PS.

—Se están abriendo nuevos campos de investigación; es normal y sano que ocurra. Sin embargo, hay que evitar la caza de brujas y el intento de empatar la situación por la vía de meter injustificadamente a todo el mundo en el mismo bote. Es preciso diferenciar lo que es legal de lo que no lo es.

—El denominador común en ambos casos es la estrecha relación dinero-política. ¿Cómo se protege la institucionalidad en una democracia sana para que la política no sea capturada por los grandes empresarios?

—Es muy dañino para la democracia cuando el dinero termina subordinando a la política. Hay que establecer un cortafuego entre ambas. Una nueva legislación debe suprimir los aportes de empresas, limitar a un estricto mínimo los de tipo reservados, garantizar un financiamiento mayoritariamente público —sometido a un fuerte escrutinio por parte de la autoridad electoral y de la propia ciudadanía— y sancionar severamente hasta incluso con  la pérdida del escaño a quien infrinja la ley.

—Carlos Peña ha sido sumamente crítico con Andrónico Luksic, diciendo que se habría pasado por alto su responsabilidad en el caso “Nueragate”. Tomás Mosciatti fue más allá y habló incluso de impunidad.

—Le creo a Andrónico su explicación de que solicitada la entrevista, era un desagravio para la familia presidencial no participar. Yo creo que a él le pidieron la reunión. Normalmente él no atiende este tipo de cosas, pero tratándose de quien se trataba, entendió que sería una descortesía no asistir.

—Bueno, se estima que con ese negocio sus ganancias no fueron sólo económicas, tratándose de un empresario tan poderoso…

—Me imagino que en el banco habrán evaluado el tema y concluido que el negocio era rentable. Los banqueros no se conocen precisamente por regalar la plata.

—Como ex ministro de Economía, ¿cuál es el rol que debería desempeñar la Superintendencia de Bancos en casos como éste?

—La ‘súper’ debe ser extremadamente rigurosa en el análisis de este tipo de operaciones. He visto que el superintendente ya entregó su opinión haciendo ver que no había nada que objetar. Tengo buena opinión del trabajo de este organismo y confianza de que se trata de una opinión técnicamente bien fundada.

—¿Cuál sería su independencia si al Súper lo nombra el presidente?

—Es cierto, pero eso en ningún caso puede llevarlo a validar operaciones que estén fuera del marco legal. La Presidenta no pediría una cosa así y el Súper, estoy seguro, tampoco se prestaría para algo de ese tipo.

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—Usted y Marco Enríquez-Ominami repiten la figura del padre y el hijo político, ¿cómo lo han hecho para evitar el acceso a información privilegiada o tráfico de influencias?

—Se trata de una situación completamente distinta. Milito hace ya casi 50 años en la izquierda chilena. Los cargos que he ejercido en la política no resultan de relaciones familiares. Con Marco tenemos, además, una relación política de más de 20 años en la que cada cual, en un plano de mucho compañerismo, afirma su propia identidad.

—A su juicio, ¿qué familiares de un mandatario quedan invalidados de participar en negocios especulativos, como el relacionado con el cambio de uso de suelo, por ejemplo?

—Los familiares directos de un presidente deben abstenerse de participar en negocios, especialmente en aquellos en los cuales intervenga de algún modo el Estado.

—¿Pensó que Marco figuraría como el político mejor evaluado de la izquierda?

—Por primera vez parte en la pole position. Su gran evaluación no es casual; es el resultado de un esfuerzo arduo que viene desde hace mucho; un reconocimiento al tesón y la consistencia. No fue fácil llegar a este punto, hubo que pasar por momentos amargos de mucha incomprensión. Me gusta que eso vaya quedando atrás y se configure un cuadro muy promisorio para un liderazgo como el que ha constituido.

—¿Qué camino debiera seguir para ahora lograr convertirse en presidente?

—El de las convicciones más profundas. Chile necesita cambios estructurales, especialmente en su sistema político. Critico al gobierno por su falta de radicalidad; hasta ahora ha sido bastante moderado. No partió como debía; debió comenzar por una nueva Constitución; la madre de todas las reformas. Es evidente que el proyecto reformador no terminará en cuatro años, y quien siga el camino debe continuar el esfuerzo, concluyendo aquellas que quedarán pendientes. 

—Aunque renegó, hoy su único camino es incorporarse a la Nueva Mayoría. ¿Cómo debiera darse ese acercamiento?

—Debiera ser el resultado de una convergencia objetiva en torno a un ánimo reformador que la vieja Concertación había extraviado. Las reformas que hoy plantea la Nueva Mayoría son en gran medida las que nosotros veníamos proponiendo desde hace mucho, y que fueron levantadas con fuerza por la ciudadanía que se manifestó en las calles. El acercamiento es pues una cuestión natural. Sería completamente absurdo que no apoyáramos con decisión reformas cuya necesidad venimos sosteniendo desde hace años.

—Sin embargo, ni la Presidenta ni el ministro del Interior han querido recibirlo.

—Se ha producido un cambio importante al interior de las fuerzas de la Nueva Mayoría. Los vetos han ido cayendo; las animosidades, perdiendo fuerza. En lo personal no creo que la solución sería integrarse a esa coalición, sino crear un gran frente amplio para sustentar —más allá de este período presidencial— el esfuerzo reformador y vencer las enormes resistencias. Se trata de sumar, no de restar; de incluir y no de excluir. En ese cuadro debe resolverse la candidatura presidencial de la centroizquierda. Ya llegará el momento de establecer un diálogo más formal con el gobierno y la Presidenta. Para ella es fundamental que, a diferencia de lo que ocurrió el 2009, seamos capaces de proyectar el esfuerzo transformador que actualmente encabeza.