Directo, con esa misma franqueza que antes molestó a la administración de Michelle Bachelet por sus advertencias respecto a la reforma educacional —una de sus más emblemáticas—, el hoy presidente del Senado tampoco ahorra críticas en cuanto a Sebastián Piñera, cumplidos cinco meses desde su instalación. Con la presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández, socialista igual que él, a comienzos de julio calificaron de “pobre” la agenda legislativa del Ejecutivo tras 100 días sin que ninguna ley relevante fuera ingresada… Molesto, Piñera contestó: “Pónganse a trabajar” y los acusó de obstruccionismo.

Hoy, Carlos Montes no retrocede en sus críticas y acusa que la situación —lejos de mejorar— ha ido de mal en peor. No sólo por los proyectos de ley que siguen llegando con lentitud a Valparaíso (¿Qué pasa con las reformas?, se pregunta), sino por la serie de traspiés que llevaron a un fallido cambio de gabinete, con el recién nombrado ministro de las Culturas, Mauricio Rojas, teniendo que renunciar a 48 horas de asumido tras catalogar al Museo de la Memoria y los DD.HH. como un “montaje”.

Los comentarios de Rojas, así como el debate generado, le llegaron al alma a este economista, senador por la octava circunscripción de Santiago Oriente, quien en 1980 estuvo detenido en la cárcel pública, torturado en Borgoño y expulsado del país (vivió el exilio en México). Aunque incómodo, aclara: “Pero no sufrí las barbaridades que experimentaron otros, no me quiero ni comparar”, afirma sin querer ahondar mucho en su caso, aunque se sabe que por poco murió de un ataque cardíaco a causa de las descargas eléctricas que recibió por parte de agentes del Estado. Por eso, Montes no se restó del multitudinario acto realizado en el Museo de la Memoria el pasado 15 de agosto, y que reunió en su mayoría a gente de la izquierda y del mundo de la cultura.

“Ese tipo de declaraciones tienen un componente de inhumanidad profundo. Existe un sector de la derecha que todavía no asume la barbaridad que existió en nuestro país”, dice por las palabras de Mauricio Rojas, a las cuales —aunque con otros matices— siguieron las de los presidentes de dos de los principales partidos de la coalición de gobierno (UDI y RN). A excepción de Evópoli, cuya declaración —destaca Montes— “fue muy rigurosa y seria”. También aplaude la reacción de Sebastián Piñera, quien optó por cambiar nuevamente al ministro, argumentando que el Museo de la Memoria es, ante todo, “reparatorio”.

Pero hasta ahí no más llegan los comentarios en favor del mandatario…

“Han sido cinco meses muy complejos y lo que más se ha visto es improvisación. Todavía no se sabe qué piensan hacer con la anunciada reforma tributaria (considera una intervención a la realizada por Bachelet), la de pensiones o lo que están proponiendo en salud. Eso sin mencionar la estrategia de crecimiento. No se sabe qué proponen, sólo vemos puros titulares”.

No sería la única razón que ha mermado la figura presidencial y de su gabinete entre la ciudadanía. “Hay tensiones internas; se ha visto en los temas valóricos, en los DD.HH., también respecto a los cargos. Francamente, no esperaba que tuvieran tantas diferencias, y conflictos… Está bien para un primer gobierno, pero ya tratándose de una segunda administración, uno podría esperar una mayor capacidad para articularse”. Y muy serio agrega: “Son conflictos propios de primerizos”.

—¿Esperaba más del cambio de gabinete?

—Básicamente se reaccionó al tema de los bingos, al dicho del ministro de Educación. Y también a críticas que había recibido la ministra de Cultura. No fue un cambio para afirmar la conducción. Sin, embargo, creo que la caída en las encuestas tiene que ver además con que la votación de Sebastián Piñera es más volátil de lo que se cree.

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—¿A ver?

—Muchos de quienes en primera vuelta votaron por Beatriz Sánchez luego lo hicieron por Sebastián Piñera. Esto demuestra que hay una clara ambivalencia de una parte del electorado. Se trata de un fenómeno nuevo en la realidad chilena y, por lo tanto, la solidez del apoyo que recibieron está sobrevalorada. Y eso es interesante. Además, en las encuestas se veía que las expectativas —sobre todo en términos de salario, de empleo, de ingreso y crecimiento— eran muy fuertes. La gente empezó a percibir un crecimiento a comienzos de año…

Y dando muestras de su destreza como economista, describe:

—A fines de 2017 empezó a moverse la economía mundial empujados por China, subió el precio del cobre y la actividad agarró vuelo. Este gobierno lo tenía todo: un impulso económico mayor, una oposición en malas condiciones, y se hablaba de que por primera vez contaba con su coalición ordenada… pero al momento de traducirlo a proyectos, todo ha sido lento. Eso explica la pérdida de imagen.

—Algunos atribuyeron el cambio de gabinete a la entrevista de Michelle Bachelet en The Clinic, donde calificó a la economía de “debilucha”. ¿Cree que ella siga teniendo tanto poder?

—Sí, bueno, puede interpretarse algo de eso, aunque siempre hay más factores. Ahora, si el objetivo era contrarrestar sus palabras, fue un cambio de poco calibre.

—Algunos leyeron una cierta desesperación de parte del presidente Piñera.

—No me atrevería a decir eso. Es más, todavía tiene un gran escenario para actuar; no tiene una oposición fuerte, el crecimiento se sostiene sobre las bases que hemos hablado, y él tiene capacidad de ordenar su frente. Yo no creo que sea eso, no creo que sea desesperación ni crisis de liderazgo ni nada por el estilo…

—Usted lo ha dicho varias veces, senador: no existe una oposición fuerte. ¿Cuál es su autocrítica?

—Por primera vez en nuestra historia democrática no contamos con una coalición que nos aglutine… Sufrimos una derrota muy grande y, cuando algo así sucede, hay que asumirlo, replegarse y darse el tiempo para repensar el proyecto y posicionarse otra vez en la sociedad… Probablemente el próximo año, de marzo en adelante, vendrá el tiempo de avanzar para generar entendimientos sólidos, con una coalición que nos interprete.

—No parece muy dura su autocrítica… ¿No deberían estar unidos para defender el legado de Bachelet?

—¡Claro que soy crítico!, pero tengo la esperanza de que lo vamos a superar. Además que tenemos una unidad amplia entre el centro y la izquierda frente a esta capacidad de la derecha de resistirse a los cambios que hizo Michelle Bachelet y que fueron profundos. La reforma tributaria afectó aspectos en la forma de enriquecerse y que provocaban desigualdad. La reforma educacional, por mucho que todavía esté en proceso, fue un gran avance.

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—Algunos creen que la oposición podría rearticularse nuevamente en torno a la figura de Michelle Bachelet, ¿usted qué piensa?

—Ella seguirá siendo muy importante para este país y, particularmente, para la izquierda y la centro-izquierda. Otra cosa distinta es creer que aspire a ser la líder. Ya dijo que no pretende ser candidata.

—Las organizaciones de DD.HH. la critican por no haber hecho una gran gestión en ese sentido.

—Sí, se le cuestiona por no haber cerrado Punta Peuco y otras cosas. Es difícil entender qué pasó… Claro que tampoco me gustaron las declaraciones de algunas personas que, argumentando estas mismas razones, cuestionaron su designación como alta comisionada de la ONU en DD.HH.

—Hoy un grupo de parlamentarios pretende acusar constitucionalmente a la Corte Suprema por otorgar la libertad condicional a siete ex militares procesados por graves violaciones a los DD.HH. La situación de los DD.HH. en democracia, a 45 años del golpe, parece que no está en muy buen pie tampoco.

—Si es que llega a haber una acusación constitucional, el Senado debe pronunciarse y yo, en mi calidad de presidente, no estoy capacitado constitucionalmente para referirme. Sí puedo decir que el hecho que esas personas hayan sido liberadas en las condiciones en que lo fueron y tras el tipo de barbaridades que cometieron, es algo que nos duele mucho, a todos, y no ayuda en la justicia.