Carlos Larraín baja apurado del auto que conduce su chofer mientras automáticamente se abren los portones de su casona en Lo Fontecilla. El lugar ha permanecido por más de 250 años y transporta a otra época: un parque perfectamente cuidado, con cientos de especies traídas desde distintos puntos del mundo, y de fondo la añosa casa de dos pisos entera de adobe.

A los pocos minutos aparece Victoria Hurtado, su mujer, descalza por el corredor del segundo piso. Saluda con cierto trato campechano, similar al de su marido. “Mira esas rosas silvestres —le dice indicando unas flores de pétalos alargados color lila tenue—, son las más fragantes del jardín”. El asiente, pero en su rostro hay cansancio. “Me duele la cabeza”, admite. Más adelante reconocerá que se siente “aporreado”, profundamente triste. El hombre agudo, siempre con la frase ingeniosa, está distinto, mucho más serio. Aunque en materia política sigue diciendo las cosas por su nombre.

Ha dado poquísimas entrevistas en éstos sus días negros. En Fiestas Patrias Martín (24), el menor de sus doce hijos, protagonizó un trágico accidente en la Región del Maule, con atropello y muerte. “Los primeros días fueron malísimos. La pena del hombre muerto, del chiquillo golpeado. Nos tocó a fondo…”, dice instalado en un sitial de su oficina mientras empieza a atardecer… “Soy bastante parejo de carácter, no conozco la depresión. Pero la pena va por dentro. La vida se mezcla con la muerte y ¡cuánto!”, dice bajando la mirada.

No es la primera tragedia que sacude a los Larraín-Hurtado. Hace treinta años su señora sufrió un accidente de auto que le arrebató a una de sus hijas y que por poco la mata a ella y a otros dos de sus niños. “Entonces hay un montón de reconexiones que se hacen muy duras, sobre todo para mi pobre mujer… Al comienzo fue atroz, se la pasaba llorando. Sólo la he visto llorar dos veces: cuando le dije que había muerto la niñita y con este choque”.

Poco antes de la tragedia que tiene a Martín con una querella por cuasi homicidio, su padre estaba preocupado; no quería que su hijo, a quien llama “El conchito”, y que aún vive en su casa, viajara fuera de Santiago. “Se acercaban los exámenes, era mejor estudiar. Yo me meto en sus estudios, y ese día le dije: Estudia más, estudia más. ‘Bueno, papá —me contestó—, pero van todos mis amigos’. Un compañero suyo, que tiene casa allá, lo invitó a alojar. Así que partió; la tribu, tú sabes…”.

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Recién tuvo noticias de él cuando lo llamó para contarle de la tragedia. “Un día y medio después del accidente, y de sopetón nomás… (dice molesto). Fue terrible… Pero afortunadamente ha ido apareciendo información que demuestra que su responsabilidad está muy disminuida: primero porque no iba borracho, y, segundo, porque la persona se atravesó en la pista”.

—¿Está comprobado? Eso no se sabía.

—Hay testigos que lo afirman, aunque no he visto las declaraciones. Ellos vieron que al hombre lo llevaban del brazo y se les arrancó, lo que sin duda altera el peso del asunto: si se atraviesa alguien en la pista, la cosa cambia. Radicalmente.

—Este caso se ha caracterizado por sus contradicciones y discrepancias, sobre todo sobre si su hijo había tomado, por ejemplo.

—No iba borracho, tanto así que solucionó una pana del jeep. No había perdido motricidad.

Agrega:
—De todos mis hijos es el más tranquilo, el más doméstico y tenía este hobby del jeep, así es que yo le creo cuando dice que no tomó. Y en los hechos hizo esa reparación mecánica, después fue a dejar a un amigo, llevó a los dos compañeros que se quedaron con el cadáver a la tenencia. O sea, no estaba para nada bajo los efectos del alcohol.

Reflexiona:
—Pero lo más triste es una cierta desilusión con alguna prensa que ha hecho de esto un súper tema, simplemente porque quien interviene es hijo mío. En la semana del 18 hubo otros cuarenta muertos, 16 de ellos atropellados, y el único asunto que se ha ventilado es éste. Soy confiado, muy abierto, nunca pensé que no nos iban a usar para esto, pero algunos medios se han encarnizado. ¿Para qué? Para cargar sobre los hombros de un chico de 24 años un peso que a esa edad cuesta mucho. Me siento bastante defraudado con algunos medios.

—¿A cuáles se refiere?

—A un par de cadenas de televisión. Claro, comprendo, si las noticias son noticias, pero hay que tener un cierto pudor, respeto, si existen maneras de herir que no son físicas. Dejémoslo hasta ahí.

—Para cerrar el punto, ¿las motivaciones son políticas?

—Si no fuera mi hijo, habría sido uno más de los 40 accidentes fatales de esos días…

—¿Se enojó también con él?

—Claro. Sobre todo el primer día, cuando me dijo que no se había entregado a la policía inmediatamente. Ese fue el primer reto. Pero no más, porque ya el hecho es suficientemente atroz como para agravárselo. El tiene que seguir viviendo, estudiar. Tampoco pido trato especial (lo dije parado frente a los medios en la puerta de esta casa cuando el asunto tomó fuerza), pero que tampoco se haga un juicio mediático que condicione a los jueces. Porque de pronto un juez puede sentirse presionado por el ambiente y eso no sería equitativo. Ese es mi reclamo. No me importa por mí, me importa por él. Mi hijo empieza su vida. Yo la estoy terminando.

No ha sido un año fácil para Larraín. En lo político, 2013 inauguró el verano con su polémica renuncia a la presidencia del partido, tras una serie de desencuentros con La Moneda por la destitución del ministro de Justicia, Teodoro Ribera. La crisis se agudizó con la salida del director del Servicio de Impuestos Internos, SII, Julio Pereira, otro histórico militante del partido. Y el 30 de junio el candidato presidencial de RN, Andrés Allamand, salió derrotado en primarias. Cuando Pablo Longueira debió abandonar la carrera por una severa depresión, la UDI rechazó la alternativa de Allamand, imponiendo a Evelyn Matthei, con quien RN mantenía una serie de conflictos pendientes.

Entre todo ese ajetreo se apareció septiembre, con la conmemoración de los 40 años del Golpe militar y las declaraciones del Presidente Piñera sobre los “cómplices pasivos”, que indignó a muchos aliancistas, salpicando de paso a Matthei, cuyo padre integró la Junta Militar.

Luego vino el cierre del penal Cordillera, que marcó una profunda diferencia entre los militantes más conservadores y los más liberales, que aplaudieron la medida. Se configuró así el surgimiento de una nueva corriente: el piñerismo, que sus ideólogos describen como “un proyecto que pretende romper con la derecha tradicional que se habría ‘tomado’ RN, y construir una plataforma política para una repostulación de Piñera en 2017”. La corriente “debutó” con uno de los mejores amigos del mandatario: Daniel Platovsky renunció al partido. El acto además sembró dudas sobre si Piñera volverá a las filas después de haber suspendido la militancia por estar en La Moneda. “No sé cuáles serán los planes de Sebastián; son siempre difíciles de sondear… Pero que una persona renuncie no me parece determinante, ni síntoma de una división universal”, comenta Larraín.

—Se habla de una profunda fisura luego de que Piñera reivindicara los valores democráticos en el contexto de los 40 años del Golpe.
—Renovación pertenece íntegramente a la derecha republicana; al fin y al cabo se creó a mediados de los ’80 para asegurar la continuidad democrática; o sea, somos demócratas convencidos y la declaración de “cómplices pasivos” no nos toca por ningún lado. Nunca trabajé en el gobierno de Pinochet, no tuve ninguna relación. Por supuesto que fui completamente partidario de la intervención militar. Y el balance general resultó favorable; con el pasivo, por supuesto, de una sostenida violación de derechos humanos. Pero juzgar las situaciones históricas en abstracto es muy fácil. Estoy seguro de que si el experimento socialista de Salvador Allende se hubiese expandido, habríamos tenido un sistema totalitario como el cubano.

—¿Cómo cayó lo de ‘cómplices pasivos’ en su sector?

—Muy mal, porque hubo muchos que apoyaron el gobierno militar por razones desinteresadas y no es que estuvieran participando en sesiones de tortura. Vieron a su país lejano, pobre, arrinconado, con amenaza de guerra y con el esbozo de un estado totalitario encima. No sé qué edad tendría Sebastián, quizá no conoció esa circunstancia. O estaba estudiando en el extranjero. No recuerdo…

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—¿A partir de ahí marcó distancia con RN?

—Más que nada con nuestra base social; no me refiero a la ‘familia militar’, sino a una porción muy grande de la población que todavía sabe lo que fue la antesala del Golpe y lo pasaron muy mal.

—Luego vino el cierre del penal Cordillera, que algunos interpretan como una decisión de cara a 2017.

—Si la proyección política de una o más personas va a ser un rebote de algo que ocurrió hace 40 años, quiere decir que hemos avanzado muy poco… la proyección se logra con proyectos de país, no con el cierre de un penal, para lo cual además se invocaron razones administrativas, de costo… En naciones civilizadas cuando los presos están más viejos y enfermos, no se agravan las penas, se atenúan. Eso indica la cultura occidental. En ese sentido, el suicidio de Odlanier Mena fue un golpazo muy evidente.

Si 2013 ha sido convulsionado, el próximo no se adivina sencillo. En abril habrá elecciones internas en RN, terminando con sus ocho años en el mando. “Por el momento no planeo ser candidato, van a tener que encontrarse otro tonto… hay varios que lo pueden hacer muy bien”.

—Tal vez su heredero esté en La Moneda.

—No (categórico). Si alguien lo cree, está muy equivocado: las relaciones entre Renovación Nacional y la Infantería del gobierno son malas; lo han sido durante un tiempo largo.

—¿Qué tal alguien como Andrés Allamand?

—El puede interesarse, también podría ser Teodoro Ribera.

—O Lily Pérez, dicen los más liberales.

—Eso ya me parece más complicado; se ha ‘marcado’ mucho al estar relacionada con Evelyn. Eso no la ayudaría.

—¿Por qué?

—Porque Matthei no fue la primera opción RN.

—¿Lily se quemó siendo vocera de ella?

—Me parece, creo yo.

—También podría haberse empoderado…

—Es que si nos va mal, quienes han estado promoviéndola tan de cerca…

—¿Por eso han dejado sola a Evelyn? ¿Nadie quiere quemarse?

—La he visto bastante acompañada en su campaña. Ha hecho un empeño grande.

—Sin embargo, ella reclamó no recibir suficiente apoyo del gobierno y, dicen, se molestó por las declaraciones a propósito del 11.

—Septiembre fue una saturnal dirigida desde La Moneda. Eso la dañó y seguramente le costó entre 2 y 3 puntos de apoyo. Porque ella es hija del “general malo”, aunque no para mí; y Bachelet es hija del “general bueno”, tampoco para mí. Esto concentró la discusión donde no debía.

—¿Fue un error de cálculo poner a una candidata como Evelyn en este año político?

—Ese análisis no lo hicieron algunos que creen que saben de política. Ella tiene inteligencia, preparación, empeño y coraje, pero la cosa es cuesta arriba, y el concepto general del esfuerzo político que había que hacer no se analizó a fondo. Esa es mi gran crítica al gobierno.

Llega el momento de cobrar cuentas. Que las tiene, y varias: “Estos cuatro años debieron aprovecharse para hacer una reconfiguración de la política chilena. Propuse a Ignacio Walker cuando se conformó el gabinete. Y al PRI. Era necesario hacer concesiones para ir armando una coalición distinta, una mayoría política amplia que permitiera gobernar no cuatro sino 20 años, para que el país se desarrolle como corresponde. Pero eso quedó out. Allamand podría haber abierto el abanico”.

—La propuesta de reforma al sistema binominal que presentó usted con partidos de la Concertación (y que indignó a La Moneda), ¿iba en esa dirección?

—Lo hicimos no por anotarnos un poroto dialéctico, sino porque efectivamente creo que el zapato chino del binominal tiene a la Democracia Cristiana anclada donde no debe

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—Sin embargo, el segundo piso consideró que estaban pauteando a La Moneda.

—¡Yo hablé con el ministro del Interior quince veces! El tema se discutió en la Comisión de Constitución. No faltaron advertencias previas. Pero en el segundo piso famoso no gustó que cuajara una idea que no nació de ellos. Los puso frenéticos.

—¿Faltó diálogo con Piñera?

—Faltó diálogo del gobierno con los partidos. No darse cuenta de que en cuatro años se podía armar un puzzle político mejor fue una señal de ceguera; ya no lo hicimos, una gran pena.

Su pronóstico para noviembre tampoco es prometedor: “Si se pierden las elecciones como yo a ratos temo, se va a producir un desequilibrio político tan fuerte, que ni siquiera será bueno para la Concertación. Se aferrarán al poder y nos cerrarán las puertas en al menos veinte años. Porque probablemente obtendrán alrededor de diez doblajes en la Cámara de Diputados, y otro más en el Senado.

Así se facilitaría dictar una nueva Constitución. Con astucia el comando opositor ha dejado de hablar de la Asamblea Constituyente porque saben que a través de los mecanismos normales —y la Constitución es muy flexible— podrán hacer lo que deseen y sin la tole tole de una Constituyente… Y con las mayorías necesarias va a estirarse el plazo presidencial a cinco años con reelección, con lo cual ya no estamos en 2017, sino en el 2023. Y ahí vamos a estar todos sepultados”.

—¿Erró Piñera al enfocarse en 2017?

—Sí, aquí alguien entendió mal y creo que fue todo el segundo piso.

Hay más. Según los cálculos de Larraín también podría producirse una crisis política: “Si la Concertación gana por demasiado —las victorias excesivas son siempre malas—, la suerte se va a decidir en los primeros seis u ocho meses. Todo depende de si Michelle Bachelet logra controlar a los partidos que la apoyan, recurriendo al argumento simple pero potente: que ella los salvó, que sin ella la Concertación no existe. Así es que está en situación de decirles: nos ordenamos, se deponen aquí los excesos de furia, la ebullición hormonal y mantengamos el curso general. Así creo yo que el 2014 va a ser decisivo; todo depende de los resortes profundos de la personalidad de Bachelet, que yo por lo menos no conozco. Por eso es determinante saber si en ella primará el buen sentido chileno o la escuela de la República Democrática Alemana. Y claro, tendrá factores como la elección de 5 ó 6 diputados comunistas que nos han dicho que van a estar en el gobierno, pero también en la calle. Y luego el infantilismo izquierdista, que se ha desarrollado en una porción importante de la coalición. Ella tiene una tarea muy difícil. Pero puede convertirse en la Juana de Arco de la historia chilena.

—¿Y qué sucederá con la DC?

—Espero que modere a la Concertación y que Bachelet pueda hacer un puente con ellos. Pero, por otro lado, temo que su influencia no sea mucha y que salgan expelidos del gabinete. Andrés Zaldívar duró tres meses en Interior. A Bachelet siempre le pareció que contar con un titular de Interior DC era una imposición inaceptable.