Hablamos en una tetería cerca del Palacio Real con Ana Romero, una periodista histórica del diario El Mundo y la única española que ha entrevistado a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, amante del rey emérito Juan Carlos de España. Acaba de publicar Final de Partida, una crónica de lo sucedido en su época como reportera real: de 2010 a 2014, los años más movidos de palacio. Pregunta obligada: ¿qué es lo más sorprendente de todo lo descubierto sobre Juan Carlos? Lo piensa mucho, al final se decide: “La capacidad de impostura”.

También a nosotros nos sorprende que en su libro lo describa como “el último monarca medieval”, “un político maquiavélico” y, en boca de una fuente, “un ser inhumano”. A lo largo de 350 páginas, la hoy adjunta a la dirección del digital El Español, destapa al verdadero hombre detrás de la imagen pública.
A saber: su famosa campechanía —las ocurrencias con las que se ganó al pueblo y mandatarios— es sólo “institucional, una manera de trabajar ante la adversidad”. Su verdadera personalidad es otra. Para empezar es un “manipulador nato: le dice a todo el mundo lo que quiere oír a cada momento, incluido a su hijo”, cuenta otra fuente.

Es cruel, como la vez en que su esposa, doña Sofía, lo quiso ayudar a subir unas escaleras y él se lo agradeció con un ‘¡suéltame, coño!’. Sufre “ataques de ira” que le llevan a lanzar objetos al suelo. Y es muy indiscreto, tanto que a finales de los años ochenta los periodistas dejaron de viajar en el avión real para que no hubiera fuga de “bromas pesadas, algo de alcohol, cierto personaje disfrazado de jeque árabe”.

Sabemos que tiene problemas en el sistema locomotor —nueve operaciones en cuatro años y dos luxaciones— pero delante de la prensa anda y posa sin muletas aunque luego lo tengan que sacar a escondidas en silla de ruedas, medio que utilizó mucho en 2012. Y pese a sus looks casual, posee un Daimler Chrysler con una palanca de cambios en forma de pangolín de oro y un cinturón valorado en mil euros.

Luego está la falsa imagen del rey que no gobierna. “Mandaba un montón”, “para los presidentes del gobierno y los ministros fue difícil tomar decisiones en contra de su voluntad”. Si no lo hacían, les despreciaba. En cuanto a su poder en lo económico, los dirigentes de las empresas españolas más importantes han sido su “corte”. Y puesto que estos mueven los hilos, por “ese camino” ejerció su influencia.
¿La reina de Inglaterra no tiene tanto poder como tuvo Juan Carlos? “¡Claro que no!”, exclama Romero. “Ella está por encima de la melé pero no influye en la decisión de una empresa británica”.

Como rey actuó de manera libre. Por ejemplo, viajes privados con medios públicos y entrevistas con líderes sin informar al gobierno. E irresponsable: el discurso que leyó fatal el 6 de enero de 2014 no fue por culpa de la luz, de la sala o del atril —como excusó palacio— sino por el cansancio que arrastraba después de celebrar su cumpleaños en Londres un día antes.

Su familia, por supuesto, también “formó parte de ese cuadro falso”. Durante años se vendió la imagen de un clan unido en comparación a los Windsor o los Grimaldi, pero la verdad era otra. Según el libro, Juan Carlos se ha interesado más por los hijos de Corinna que de los suyos y sus nietos. Cuando en 2010 fue operado en un pulmón para saber si tenía cáncer, su familia se enteró ese mismo día. En el hospital, Sofía no le dirigió la palabra y pasó el resto de la jornada en otras estancias mientras nos hacían creer que estaba con él.

En 2011, por cierto, tras una operación de rodilla en Barcelona no hizo la recuperación allí porque las instalaciones fueran mejores sino porque así podía estar con Corinna de manera “más cómoda que en Madrid”. Igual que no se quedó al almuerzo familiar del domingo de Pascua de 2012 porque después del posado se fue al aeropuerto rumbo a Botsuana.

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La relación con su esposa es tan mala que en 2009 pidió que no le organizaran viajes de Estado para no ir con ella. Incluso le ha dicho a un ministro: “La odio”. La reportera también nos insinúa algunas puñaladas: “¿Por qué la reina Sofía salió comprando compulsivamente en Londres en la revista Hola? Hay alguien que le está diciendo a la revista: sácala así”.

¿Cómo logró mantener esa falsa imagen durante tanto tiempo? “Con el pacto clarísimo de los medios de comunicación”. Por ejemplo, no publicando fotos del ex rey dormido en un acto empresarial o dejando comentarios indiscretos off the record. Lo suyo ha sido “un cóctel diabólico. Creerse que podía hacer de su capa un sayo, estar por encima del bien y del mal, sentirse Dios. Puedo ser codicioso y caprichoso y no pasa nada”, explica Romero.
Pero sí pasaba: puesto que “el gobierno no podía controlarlo y los jefes de la Casa Real no alcanzaban a decirle ‘no señor’”, al final todo se descontroló: la manera en cómo se ha llevado el tema de su hija Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín, el accidente de Botsuana… y todo bajo un clima de corrupción política y recesión económica.

Y pagó por ello: perdió el apoyo de los medios y de la clase dirigente, que empezó a temer que el pueblo le diera la espalda a la Corona y con ello a la arquitectura política del país. También el de su equipo, que se puso firme a finales de 2012. Lo primero, desterrar a Corinna, que tenía casa en el mismo complejo palaciego.
Si unimos la operación de una hernia en marzo de 2013 que lo dejó postrado, al final se quedó sin apoyo, sin popularidad y sin movilidad. Llegó a plantearse abdicar al cumplir los 40 años de reinado, casarse con la alemana y vivir en el extranjero, según fuentes de Romero.

Una infección en la prótesis de una cadera en septiembre de ese año truncó los planes. La renuncia, el 2 de junio de 2014, no fue plato de buen gusto y un nuevo encierro en palacio para recuperarse de su enésimo achaque, tampoco. Pero todo tiene su parte buena: aún con bastón pero ya sin obligaciones, puede dedicarse a casi todos sus placeres sin esconderse.

A sus 77 años, ahora sí que vive como un rey: mientras Felipe VI se dedica, entre otros, a quitarle a su hermana el título de duquesa de Palma para limpiar la reputación de la Corona, Juan Carlos se da festines en los mejores restoranes, acude a corridas de toros, acude a partidos de fútbol o carreras de coches en Inglaterra y los Emiratos, disfruta de los resorts más exclusivos de República Dominicana, celebra el Fin de Año en Los Angeles y su cumpleaños en Palm Beach. “Está haciendo su vida como es él: no pasear con sus nietecitos por Mallorca sino salir por Beverly Hills”, dice la autora.

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¿Y Corinna? En septiembre de 2013 ella misma dio a entender en la edición estadounidense de la revista Vanity Fair que la relación había terminado, pero Romero duda: “No sé de qué manera pero, desde mi punto de vista, es una relación que nunca acabará”.

Terminamos preguntándole su opinión por esta jubilación de oro. “Es un rey emérito de difícil colocación pero no me parece que sea una imagen apropiada para un hombre que ha desarrollado una función política tan importante al principio de la democracia española”.
Dice que todavía es pronto para saber si la historia lo juzgará por sus éxitos o el fracaso de los últimos años, pero mientras lo describe de este modo: “El monarca que llevó a España a la Transición acabó convertido en un viejo oligarca de costumbres muy alejadas de su pueblo”.