Como una montaña rusa, la vida de Carla Bruni es pura agitación y cambios. A sus 48 años, la mujer del ex presidente francés sigue reinventándose. Vivió en Italia, luego en París. Estudió artes y arquitectura, fue modelo y ahora es cantante. Creció con su familia adoptiva, y conoció también a su padre biológico. Una historia movida que a ella no le molesta, de hecho, pareciera que le gusta. “Pasé de un país a otro cuando tenía siete años. A los 28 cambié de padres. A los 30 reinventé mi carrera, luego tuve un hijo, que fue el cambio más grande de todos. Después me casé mientras mi marido era presidente. Estoy acostumbrada a esto y nunca afecta en profundidad mi vida, sólo la superficie. Visualmente puedo parecer completamente distinta, pero en el interior siempre soy la misma persona”, dice convencida Bruni.

Hace cuatro años se mudó del Elysée, el palacio presidencial. Está pasando por un momento feliz y sobre todo tranquilo, pero las cosas podrían volver a transformarse si es que Nicolas Sarkozy triunfa en las primarias de noviembre en la derecha francesa, postulando así a un segundo periodo como presidente en las elecciones del 23 de abril del próximo año. Los rumores indican que así sería.

La gran interrogante es qué hará Carla Bruni al respecto. Actualmente, es la cara de las joyas italianas Bvlgari, asiste a constantes compromisos benéficos y está a punto de terminar su sexto álbum de estudio. Pero desde Francia especulan que la cantante estaría dispuesta a poner en pausa estos proyectos en el caso de que la candidatura se lleve a cabo. Incluso, algunos medios apuntan a que el mismo Sarkozy se lo habría pedido. Pero si se le pregunta de esto, ella es esquiva. “Ya veré qué hace mi esposo con todas esas cosas políticas”, responde.

De lo que sí habla sin problemas es de su carrera musical, la que nunca deja de lado: “escribo constantemente, garabateando rimas en francés en una libreta que siempre llevo en mi cartera. Nunca soy tan feliz como cuando estoy en el escenario, es una adrenalina que sólo se compara con la emoción de los primeros dos meses cuando te enamoras”.

Si bien dejó las pasarelas hace casi dos décadas (en 1997), la ítalo-francesa sigue manteniendo un look impecable. Con una camisa de seda blanca, pantalones negros de talle alto y balerinas, posa para un comercial como si fuera una versión moderna de Cleopatra. Y hasta en este contexto le gusta hablar de la historia que la llevó a ser primera dama. “Cada pieza de joyería que una mujer usa cuenta su propia pequeña historia. ¿Quién se la dio? ¿Por qué razón? ¿Fue por una celebración especial o se la compró ella misma? Las joyas son como memorias, son piezas de tu pasado… Este es mi anillo de matrimonio, la pieza más significativa que me han dado jamás. No hay nada con más significado. Es solamente un diseño simple, con nuestros nombres grabados dentro, pero un anillo de matrimonio es más que joyería, es un compromiso. Y además, ¿cuál es el sentido de casarse si no es por el anillo?”, dice sonriendo.

Es como si los años no hubiesen pasado, y le alegra que la atmósfera de las sesiones de fotos sigan tal como cuando ella las dejó. “En las campañas de Bvlgari me doy cuenta de que todo es como antes. Me encanta estar con los diseñadores, las modelos, los maquilladores, los peluqueros y los fotógrafos. La moda es como una gran y divertida familia. Los días están llenos de conversaciones, y yo, como soy italiana, simplemente hablo, hablo y hablo. La música es un trabajo solitario, pero como modelo estás siempre en un grupo, y esa es la parte que me gusta”, admite.

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—¿Extraña la diversión de modelar?
—Sí, pero no volvería a dedicarme a ello. Disfruté de mi juventud, pero no deseo revivir nada.
Del colegio recuerda que tenía un estilo de desobediencia gentil, y que siempre era la elegida por sus amigos para molestar a los profesores. “Hacía preguntas que eran terribles, como: “señor, ¿podemos por favor ir a fumar al patio? Porque es peligroso que estemos fuera del colegio y queremos fumar”. Los años pasaban y su rebeldía aumentaba: “Me encantaba ser joven. Ahora la gente joven en Francia sale a las calles a luchar en contra de la ley, pero ni siquiera saben contra qué pelean. Yo fui igual, simplemente enojada. A esa edad, uno piensa que la rebelión es sexy, y lo es, pero luego te das cuenta también de que es bastante inútil”.

Revolucionaria o no, la sensualidad era algo que Carla Bruni tenía —y sigue teniendo—. En los ’90 se convirtió en una rompecorazones de nivel mundial. Tuvo una relación con Eric Clapton y un amorío de siete años con Mick Jagger. Su romance más controversial fue con el filósofo y escritor Raphaël Enthoven, al que conoció cuando salía con su padre: Jean-Paul Enthoven. Con Raphaël tuvo a su primer hijo, Aurélien, el 2001. En un punto de su vida, fue ligada incluso con Donald Trump. El candidato estadounidense y billonario ha presumido de este romance, ante lo que Bruni sólo se ha limitado a decir: “es obviamente un lunático”.

Pero desde que la pareja Sarkozy-Bruni salió a la luz pública, ella se alejó de los escándalos y realizó —nuevamente— una transformación. Se convirtió en una primera dama ejemplar, que hasta el día de hoy se muestra con gracia y buen humor. Muy comprometida con la caridad, incluso con una fundación educativa propia: Fondation Carla Bruni Sarkozy.

Goza con su vida tranquila y familiar. A su hijo Aurélien, y a los de Nicolas —Jean, Pierre y Louis Sarkozy— se sumó el 2011 la primera y única hija de la pareja: una niña llamada Giulia. “Tener una hija lo cambió todo. Yo ya no estaba en edad de tener más hijos, así que fue como un milagro. Con Nicolas teníamos sólo hijos, básicamente un equipo de fútbol pequeño, pero ahora tener a una niña en la casa es fantástico”.
Giulia ha crecido bajo la mira de los medios, pero Bruni no teme por su independencia. “Tal vez es porque soy mujer, y conozco su fuerza como conozco la mía. Pero por alguna razón, siempre he pensado que los hombres son más frágiles, así que me preocupo más por Aurélien, que tiene 14, que por mi hija, que tiene cuatro. Pero por supuesto que siempre hay que protegerlos”.

—¿De qué quiere protegerlos?
—De la vida y de la muerte. Del dolor, de la humillación, de la desesperación y de la depresión.
Quiere darles una buena vida, objetivo que seguirá teniendo este 2017, aunque sea nuevamente como Primera Dama.