Algo similar le ocurrió a Trinidad Parra. La candidata a senadora por Arica estaba tomando té con unas amigas cuando se enteró por televisión que su compañero de lista sería nada menos que José Miguel Insulza. A fines de agosto, con llamadas a última hora y todo tipo de promesas, los partidos buscaban mujeres dispuestas a ser candidatas para poder cumplir la cuota de género —la que exige un 40% de mujeres en las plantillas— que debuta en las elecciones del 19 de noviembre.

La nueva normativa dice que hasta el 2029 los candidatos hombres o mujeres no pueden superar el 60% del total.  Y advierte: “La infracción de lo señalado acarreará el rechazo de todas las candidaturas a diputados o senadores del partido”. Por ello, varias candidatas sólo fueron inscritas como acompañamiento para cumplir la ley. No cabe duda de que en los últimos años la mujer en política ha dado pasos agigantados: Michelle Bachelet dos veces presidenta de Chile; Isabel Allende, presidenta del Senado; Carolina Goic y Beatriz Sánchez, actuales candidatas presidenciales; Jacqueline Van Ryselberghe, la primera presidenta de la UDI… Y la lista podría continuar… No obstante, la política en Chile sigue siendo un territorio adverso para las mujeres.

Una parlamentaria que no sea de la Quinta Región debe estar fuera de su casa —y lejos de su familia— tres semanas al mes. Los lunes debe partir desde el aeropuerto a la sede del Congreso en Santiago, y martes, miércoles y jueves, viajar a Valparaíso. Los legisladores comienzan a trabajar tarde y, por tanto, terminan su jornada muy tarde también. Generalmente de noche. Los almuerzos de bancadas son eternos y, muchas veces las decisiones —y la política de verdad— continúa en algún restorán porteño. Nada más ajeno a la organización femenina. La llamada semana distrital la deben dedicar a recorrer las comunas que representan, estar en contacto con la gente, con muchas reuniones fuera de los horarios normales. ¿Tendrá impacto la flamante Ley de Cuotas? ¿Aumentará el 16% de mujeres en el Congreso? Noticia en desarrollo.