Militante de RN desde los 17 años, alumno brillante en Derecho en la UC y uno de los mejores litigantes de la plaza antes de convertirse en ministro de Justicia y Educación en 2010, Bulnes fue nombrado agente de Chile ante la Corte Internacional de Justicia por el Presidente Sebastián Piñera y, luego, ratificado por la administración de Michelle Bachelet. Nieto del ex senador Francisco Bulnes Sanfuentes, una de las más importante figuras de la derecha chilena de la segunda mitad del siglo XX, y descendiente de tres ex presidentes de la República, Francisco Antonio Pinto (1827-1829), Manuel Bulnes Prieto (1841-1851) y Juan Luis Sanfuentes (1915-1920), el agente chileno ha simbolizado en esta quincena lo que resulta poco frecuente en la política local: la comunión de distintos sectores en miras a un interés mayor. 

En el Chile posterior al 2011 de las protestas estudiantiles y sobre todo el país que se ha configurado en la administración Bachelet, las posiciones en el debate público parecen haberse polarizado. Existen múltiples hipótesis para explicar la crispación, primero de los ciudadanos hacia su clase política y posteriormente la de los propios dirigentes hacia ellos mismos. Probablemente no es responsabilidad ni de un solo sector ni de personajes específicos: aunque algunos se esfuercen en establecer lo contrario, la política no es de blancos y negros. El lenguaje, sin embargo, se ha desintegrado hasta niveles insólitos desde 1990, lo que podría ser expresión de la crisis que envuelve a las instituciones democráticas y, sobre todo, a la decadencia de las ideas. En el Chile de la actualidad, los políticos cada vez invocan menos las razones de Estado a la hora de tomar las decisiones. Los motivos que imperan parecen tener más que ver con mezquindades y ganancias de corto plazo.

Bulnes, el hombre de todos los presidentes, ha representado esta quincena el Chile republicano que mira su futuro por sobre las pequeñeces coyunturales, aunque el papel bien le podría haber tocado a otro. Al margen de los resultados en La Haya, probablemente para muchos ciudadanos el espíritu que ha mostrado estos días la clase chilena es el que debería imperar siempre: el de defensa de las propias ideas, claro está, pero con la altura de miras que se merece este país y su gente.