Una oveja entra en el salón vacío de una espectacular mansión de la isla de Cerdeña y se queda embobada delante de una pantalla de televisión que retransmite un concurso. Mientras, el aire acondicionado va poco a poco descendiendo de temperatura hasta que el animal cae fulminado. La primera escena de Loro, el esperado biopic sobre Silvio Berlusconi (Milán, 1936) firmado por el oscarizado director Paolo Sorrentino (La Grande Bellezza), es un retrato de los años del berlusconismo en los que el hombre más poderoso de Italia conquistó una sociedad aletargada gracias a la influencia que ejerció a través de su imperio mediático, sus empresas, su equipo de fútbol… y su sillón de primer ministro.

En Loro (ellos, en italiano), Sorrentino aborda los últimos años de Berlusconi al frente del gobierno italiano. Su poder, sus fiestas “bunga bunga”, su multimillonario divorcio y su caída en desgracia, arrastrado por los mercados internacionales y los escándalos sexuales que sacudieron la vida pública y privada del magnate y que culminaron con su dimisión en 2011. “¿Pero qué te esperabas? ¿Poder ser el hombre más rico del país, hacer de primer ministro y que todos te amaran con locura?”, pregunta en un momento de la película uno de sus colaboradores más cercanos al actor Toni Servillo, que interpreta al político. “Sí, me esperaba exactamente eso”, responde Berlusconi-Servillo. La modestia nunca fue una de las virtudes del ex Cavaliere.

La película, que llegará a Chile en los próximos meses, se estrena en un momento decisivo para el magnate. Berlusconi está inhabilitado para ejercer cargos públicos hasta 2019 después de haber sido condenado en 2013 por haber cometido fraude fiscal a través de una de sus empresas, el coloso televisivo Mediaset. El político milanés recurrió al Tribunal de Estrasburgo y ahora espera con ansiedad que en las próximas semanas llegue la sentencia que le permita volver a la primera línea política. Pero el magnate tiene aún varias cuentas pendientes con la justicia.

berlusconi3

En los próximos meses se tendrá que sentar de nuevo en el banquillo de los acusados imputado por haber sobornado presuntamente a algunas de las invitadas a sus “cenas elegantes”, como a él le gustaba definirlas (“orgías”, según la versión de los fiscales), para que no revelaran que durante esos encuentros se mantenían relaciones sexuales a cambio de dinero.

DEMASIADO EGO

“Puedo decir que no creo haberme ido a la cama nunca con ninguna de mis mujeres, en las épocas en que nos queríamos de verdad, sin desearlas, sin hacer el amor, así que creo que esto es importante, básico. Luego llega la amistad”, confesó el magnate al periodista norteamericano Alan Friedman en A mi manera (Mondadori-Rizzoli, 2015), la única biografía autorizada de Berlusconi.

En el libro el escritor traza un retrato del magnate a través de 18 meses de conversaciones con el político y su círculo más íntimo, incluido Vladimir Putin, con quien Berlusconi mantiene una excelente relación personal e incluso le regaló un edredón con la cara de ambos por el 65 cumpleaños del líder ruso.

“Según le iba conociendo peor era mi opinión sobre él”, asegura a CARAS el periodista. “Es un narcisista que quiere mantenerse sólo y exclusivamente para alimentar su propio ego”. Friedman está convencido de que la carrera política de Berlusconi terminó hace tiempo y su influencia en el futuro Ejecutivo será prácticamente inexistente. “Berlusconi salió del gobierno completamente desacreditado y el hecho de que haya sido capaz de transformarse en el gran moderado de la política italiana no quiere decir que haya cambiado, quiere decir que al lado de sus aliados de la centroderecha italiana, que son neofascistas y racistas, él parece moderado. Fuera de Italia sigue siendo ‘Mr. Bunga Bunga’”.

Silvio Berlusconi tiene 81 años, una salud delicada y las cuentas corrientes más que saneadas, pero ni la justicia ha conseguido jubilarlo. Il Cavaliere ha vuelto para, según sus propias palabras, salvar al país de los populistas del Movimiento Cinco Estrellas (M5S). “Hay que evitar que la secta del M5S llegue al gobierno y sólo yo puedo hacerlo”, dijo durante la campaña electoral a la que se presentó como líder —pero no candidato— de Forza Italia, el partido que fundó hace más de 25 años.

Entonces, como ahora, el país se encontraba sumido en una profunda crisis. El estallido de ‘Tangentopolis’ en 1992, un escándalo de corrupción y financiación ilegal que se saldó con más de 1.300 condenas, supuso el fin de los partidos tradicionales y permitió la entrada en política de Berlusconi. A su lado estaba Giuliano Urbani. Este ex ministro y politólogo fue el ideólogo de Forza Italia. Berlusconi arrasó en las elecciones de 1994 y Urbani ocupó varios ministerios pero un año después abandonó la política decepcionado con la deriva de un proyecto liberal que acabó convirtiéndose en un partido a imagen y semejanza de su líder. “Berlusconi es demasiado mayor para ofrecer un futuro a Italia. Hacen falta energías más jóvenes y propuestas de futuro que un hombre de 80 años no puede ofrecer”.

berlusconi-servillo

Tras las elecciones generales del pasado 4 de marzo en Italia surgió un escenario de gran fragmentación política ya que ninguna fuerza consiguió la mayoría necesaria para gobernar en solitario. El Movimiento Cinco Estrellas (M5S) se convirtió en el primer partido con alrededor del 32% de los votos mientras que la coalición conservadora fue la más votada con el 37%. Desde entonces el país transalpino permanece encerrado en un túnel cuya única salida parece ser la repetición electoral. Pero en estos dos meses Berlusconi está sabiendo jugar sus cartas. El ex Cavaliere sufrió el ‘sorpasso’ de su socio de coalición, Matteo Salvini, líder de la xenófoba Liga Norte, que se convirtió en la primera fuerza de la centroderecha relevando al magnate y político a un segundo lugar. El magnate no se resigna a ser una mera comparsa y se niega a dar un paso atrás para permitir que la Liga y el M5S, lleguen a un pacto que permitiría alumbrar un nuevo gobierno.

Al cierre de esta edición, Giuseppe Conte, el desconocido jurista que fue propuesto por el Movimiento Cinco Estrellas (M5E) y la xenófoba Liga Norte (LN) como futuro premier de un extraño gobierno bicéfalo y populista era fustigado por un curriculum “inflado”.

Berlusconi no tiene intención de jubilarse y asegura que en el caso de que se deban repetir las elecciones el próximo año, cuando la inhabilitación política haya terminado, será él el candidato a primer ministro de su partido. “Soy como el buen vino. Con la edad mejoro y ya rozo la perfección”.