El tiempo parece detenido en Ñuñoa. El calor ayuda a esa sensación de irrealidad propia de los minutos previos al recuento de votos. No es un momento tenso ni tampoco de calma, como dice el lugar común.
Beatriz Sánchez aparece en el living de su casa apenas cubierta por una túnica. Acaba de salir de la piscina donde la acompañan sus hijos. Su marido Pablo Aravena, como tantos otros domingos, está fuera de casa. Es periodista deportivo.

La ex candidata del Frente Amplio (FA) está relajada, con los ojos brillantes. Como intentando ubicarse en su nuevo papel luego de que pasara el fervor por su sorpresivo buen desempeño en la primera vuelta presidencial, donde obtuvo un 20,27% de los votos. Está en modo “vacaciones”, comenta.

“La verdad es que no tengo ninguna intuición sobre los resultados de estas elecciones”, dice y mira tratando de buscar alguna respuesta en su interlocutor. Habla eso sí del momentum que tuvo su campaña y que fue aportillado por las encuestas; del momentum de Piñera que se fue al suelo con los resultados del 19 de noviembre y del momentum de Alejandro Guillier que nunca llegó.

Ella misma sirve bebida y nos ofrece meter las patitas al agua para mitigar el calor.

“Ahora comprendo eso de que hay muchas maneras de ganar. Es cierto que, si miramos fríamente las cifras, nosotros no pasamos a segunda vuelta como era nuestro objetivo. Pero sacamos un resultado inesperado y se dio vuelta una cierta mirada del país que se instaló previo al 19 de noviembre. Eso me alegró mucho”, dice mientras sus gatos comienzan a rodearla.

—¿Se refiere a que los chilenos adherían sin chistar a la ‘modernización capitalista’, salvo pequeños cambios?

—Exacto. Antes, y con mucha fuerza en la primera vuelta, el discurso era que Chile no quería cambios. Lo que se demostró es que los chilenos sí estaban abiertos a ellos. De hecho, obligó a los candidatos que pasaron a la segunda vuelta a modificar sus discursos.

—¿Ya no se siente ninguneada como declaró apenas terminó la campaña?

—No soy del tipo
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rencorosa ni me quedo pegada en los sentimientos mala onda. Claro, hoy existe más información para mirar hacia atrás en perspectiva. Observo los resultados de las elecciones y confirmó algo que me interesaba mucho: conectamos con una parte importante del electorado con una nueva forma de campaña que hicimos. Creo en un tipo de liderazgo distinto, uno que habla un lenguaje más sencillo, uno más horizontal y donde la gente se siente partícipe. Ahí existió una conexión que valoro mucho. Entonces, con lecturas más precisas de lo que pasó, todo ese ‘ninguneo’ quedó bien atrás. Creo que la misma gente que lo lideró, hoy está callada nomás.

—¿Decidió su futuro?

—No todavía. Quiero darme un tiempo para masticar los resultados y analizar qué me hace más sentido; dónde debo estar. Ahora, como Frente Amplio, tomamos la decisión —independientemente de los resultados de la segunda vuelta— de no integrar un eventual gobierno de la Nueva Mayoría y de ser siempre oposición. Hoy tenemos una bancada importante y creo que lo que debemos hacer en estos cuatro años como FA es prepararnos para gobernar.

—¿Cómo será esta preparación?

—Esta es una repuesta muy personal. Nosotros trabajamos en temas que apuntaban a un norte como país y no sólo a un gobierno por cuatro años. Esa “propuesta país” la mantenemos y los parlamentarios frenteamplistas estarán siempre mirándola. Eso es lo primero. Pero cuando hablo de cuatro años de prepararnos como FA para gobernar, también me refiero a salir a contar nuestra experiencia desde Arica a Puntra Arenas. Me gustaría juntarme con jóvenes, mujeres, sindicatos para preguntarles con qué sueñan para los próximos años. Prepararnos para gobernar también significa escuchar.

—¿Y de qué vivirá en el día a día?

—Esa es una gran pregunta porque tampoco la tengo tan resuelta (Risas).

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—¿Volverá al periodismo?

—Muchas veces dije que no había vuelta atrás. Los amigos me retaban y decían que eso podía no ser necesariamente así. Lo siento de esa forma, aunque me encantaría estar presente de alguna manera en los medios de comunicación quizá canalizando algo del Frente Amplio. No lo sé.

Preguntas injustas

Al otro lado de la pared se escuchan aplausos. Beatriz advierte que ahí se ubica un lugar de votación. En el intertanto llega un par de jóvenes de su comando que se da un piscinazo para paliar el calor. No se observa nerviosismo ante el inminente recuento de votos. También aparece su jefe de campaña, Sebastián Depolo. Alguien propone poner la radio en la terraza. Finalmente, encienden la televisión en el living y las mesas del Estadio Nacional muestran una clara tendencia a favor del candidato de Chile Vamos.

“Las tendencias se tienden a cumplir”, dice. Y así ocurre mientras en la pantalla aparecen los resultados preliminares en Valparaíso y La Florida. En la TV un grupo de partidarios del candidato de la Nueva Mayoría comienza a gritar “¡Cualquiera, cualquiera, menos Piñera!”.

“El voto anti-Piñera no es suficiente”, repiten Beatriz y sus aliados. Es la misma tesis que repetirán los principales líderes del FA —Gabriel Boric y Giorgio Jackson— una vez conocida la derrota del candidato oficialista.

Alguien confirma en la casa: “Ganó Piñera”.

—¿Con Piñera es más fácil ser oposición?

­—Depende de lo que él diga en las próximas semanas, de quién ponga en su gabinete. Recién entonces vamos a poder decir “así será nuestra oposición al gobierno”.

—¿Se esperaba este contundente triunfo de la derecha?

—Como te dije, no tenía ninguna intuición. Esta vez había muchos misterios. Debido a lo que pasó en la primera vuelta, las encuestas hicieron poca pega para el balotaje. Además, existían muchas lecturas.

­—¿No la sorprendió entonces?

—(Suspira) Pensé que la distancia de votos entre uno y otro —ganara Piñera o Guillier— iba a ser menor. Ahora, vamos a necesitar más tiempo para tener los números y hacer el análisis del comportamiento del electorado para saber quiénes se inclinaron por uno u otro candidato. Todavía estamos al calorcito de los primeros resultados.

—Usted es amiga de Guillier, ¿qué siente frente a su derrota?

—Todas estas son experiencias de vida increíbles que no le ocurren a cualquiera. Lo conozco y él es un tipo súper fuerte, un hombre al que le han pasado muchas cosas en la vida. Las derrotas son momentáneamente tristes, pero para cualquiera que llega a ese nivel de representación es algo que queda para siempre.

­—La veo muy tranquila, ¿no hay un poco de culpa porque, en definitiva, el FA no se la jugó más por Guillier?

—Esa es una pregunta injusta. No nos confundamos: el Frente Amplio no es la Nueva Mayoría y por algo existimos como un proyecto aparte y con una candidatura aparte. Como lo reconoció el propio Alejandro, él era quien debía hacer las cosas para atraer a un (tipo) de votante. Nuestra primera declaración de cara a la segunda vuelta fue que no somos los dueños de los votos y que teníamos un proyecto de gobierno. Por lo tanto, si alguien quería acercarse a nuestros votantes ahí estaba la forma. Como FA fuimos bien coherentes y tenemos clarito una cosa: nosotros no fuimos quienes pasamos a una segunda vuelta.