Dueño de una energía sorprendente, lleva dieciséis años comandando al país sin haberse enfermado de gravedad. Gripes, resfríos, garganta, ahora por primera vez una bronquitis crónica que no logra superar “por culpa del smog”.

Su día empieza al alba, cuando todos los demás duermen. El martes anterior a esta entrevista se había levantado a las 4:20 de la mañana, había entrenado y hecho gimnasia durante más de una hora y “entre el baño, afeitarme y arreglarme me dieron veinte para las siete. Salí un cuarto para las siete de mi casa y llegamos a La Moneda a las siete y cinco. Hasta las ocho y media estuve recorriendo el despacho y viendo lo pendiente, hasta que llegó una visita con la que iba a desayunar”.

Después del desayuno se cambió de ropa y se dirigió a la comandancia en jefe, donde estuvo gran parte de la mañana. Volvió a su despacho en la presidencia y se preparó para un almuerzo. “Después estuve leyendo unos documentos, atendí otras audiencias y como a las seis y media me fui a la casa, pues tenía allí citadas unas personas. Las recibí, conversamos los temas que teníamos que tratar y en eso me dieron las ocho y media. Me cambié de ropa, hice gimnasia hasta las nueve, comí algo liviano, fumé y me acosté.”

En sus discursos, en la televisión, en sus actividades públicas, él es puro militar. Pero de cerca es pura simpatía. A uno se le olvida eso de “la hoja que no se mueve sin que yo lo ordene”, aunque el tono de sus órdenes no es muy distinto. “Ya, está bueno de fotografías, ¿cómo está la camisa?, ¿y la perla?, bueno, ¿conversamos o sacamos fotos? ¡Se van, se van ya! A ver, a ver, después puede volver uno para el saludo final”.

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Es que el marketing político entró en La Moneda. Y últimamente el Presidente invita a almorzar a las periodistas mujeres, otorga entrevistas exclusivas y baja solo al patio a permitir que lo acorralen los de la Copucha.

Trata de escabullirse pero se va quedando y como le preguntan de todo, va contestando. Candidato ahora, “si el pueblo me lo pide”. O en cuatro años más, “una vez repuesto del trabajo de todo este tiempo”. Por ahora al menos, comandante en jefe. Con un aproach de señor alcanzable que a él nunca le ha gustado pero que ahora acepta, como tratando de recuperar tiempo perdido.

Al estilo francés

El francés Don Guillermo le decían al enérgico y laborioso comerciante galo que arribó a inicios del siglo 18 a la ciudad de Concepción, cuando ésta tenía su emplazamiento en la costa de Penco. Llegó en una de las primeras expediciones de veleros franceses a los mares del sur y la mercadería que traía era tan apetecida por los criollos que pronto Guillaume Pinochet se hizo conocido en toda la región. Fue así como comenzó a frecuentar los círculos sociales de la ciudad y así como conoció a su futura esposa, doña Úrsula de la Vega y Montero, descendiente de conquistadores españoles.

Se establecieron en la región del Maule, en los aledaños del antiguo pueblo indio de Chanco, la costa de lo que hoy conocemos como Cauquenes. Allí Úrsula de la Vega tenía, por herencia, numerosas tierras agrícolas. Don Guillermo no perdió el tiempo y propició importantes innovaciones en el cultivo de la tierra y en las pequeñas industrias que nacían en los alrededores. Partió por enseñar a sus vecinos una nueva fórmula para la elaboración de los quesos al más puro estilo francés, que le dio fama a los quesos de Chanco.

Tuvieron nueve hijos. Curiosamente, de tres de las ramas Pinochet de la Vega desciende Augusto Pinochet Ugarte, pues las familias se juntaron una y otra vez en el curso de los años. Cuando los fundadores de la estirpe murieron, a las tierra de doña Úrsula se sumaba una curtiembre con 445 cueros a medio curtir, mil 200 “cueros gordos”, 17 cabezas de ganado de vacuno, 32 mulas mansas, tres chúcaras y “un macho deslomado”, siete yeguas, seis bueyes y siete caballares.

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Augusto Alejandro Pinochet Vera, el padre del actual mandatario, representante de la séptima generación por estricta línea de varón, a partir de sus antepasados paternos. Al igual que ellos, nació también en Cauquenes. Pero abandonó las tierras maulinas para establecerse en Valparaíso, en el cargo de agente de aduanas. En 1891 se casó con Avelina Ugarte Martínez, descendiente del Conde de la Conquista.

Allí, en el puerto de Valparaíso, el 25 de noviembre de 1915 nació el mayor de sus seis hijos. Augusto, a quien siguieron Gerardo, Avelina, Inés, Arturo y María Teresa.

“Donde manda capitán…”

Augusto cursó preparatorias en el colegio de los hermanos Maristas y en el Seminario San Rafael. Y la secundaria en los Sagrados Corazones. Desde chico leía las vidas de los próceres de la patria. Y también desde muy joven dio señales de un temperamento enérgico, siempre en la pelea. El siguiente diálogo entre su padre y el capitán del bote salvavidas del puerto, Olaf Christiansen, está consignado por uno de sus biógrafos:

“– ¡Hola capitán, el Concepción se hundió no más, qué temporal!
–No se le pudimos quitar al mar (…) Oye, anoche divisé a tu hijo Augusto en la plaza Victoria.
–Es su distracción de la tardes. Ahí se reúne con sus condiscípulos para ver el paseo de las jovencitas.
–¡Qué paseo de las jovencitas! A mí me pareció que estaba metido en una guerra…
–No. Lo que pasa es que hay un lote de muchachos que se descuelgan desde la plaza O’Higgins y el parque Italia a molestar a la niñitas, y tú ya conoces el carácter de mi hijo, los corretea por Pedro Montt y Condell hasta que no queda ni uno.
–¿Va a ser marino?
–No sé, creo que no. El quiere ser militar y por ahí anda haciendo trámites. Lo apoya su mamá y, tú sabes, donde manda capitán…”

En 1933 ingresó de cadete a la Escuela Militar, a los tres años era alférez y en el 42′, teniente de Ejército. Fue entonces cuando se casó con Lucía Hiriart Rodríguez., de la cual se había enamorado hace poco más de tres años.

Entre sus destinaciones más importantes estuvieron Valparaíso, durante parte del gobierno de Pedro Aguirre Cerda; Iquique, con Gozález Videla (le tocó estar a cargo, como capitán del Ejército, de sesenta relegados en Pisagua, el año 48, cuando el Partido Comunista fue declarado fuera de la ley); Arica en el 53′, y jefe de la misión militar en Washington, en el 56′.

Ya general de división, en el 71′ fue designado jefe de la guarnición de Santiago, en el 72′ jefe del Estado Mayor del Ejército y en el 73′, comandante en jefe.

El marxismo leninismo no le gustó nunca. Ni cuando los estudió después (geografía militar, geopolítica, logística e inteligencia han sido sus especialidades). Lo considera “un atentado” y de ahí no lo mueve nadie. Sintió siempre franca preocupación por la posibilidad de que el país se encaminara hacia ese rumbo. Temor que creyó ver confirmado durante el gobierno de la Unidad Popular y que lo llevó hasta el día mismo del 11 de septiembre. Asegura que no teme dar la vida por sus principios y ha dicho que sus grandes valores son la fe en Chile y el cariño por su mujer y sus cinco hijos: Inés Lucía, Augusto Osvaldo, María Verónica, Marco Antonio y Jacqueline Marie.

Jugando al coche

La entrevista se realiza en su propio despacho, donde están su gran escritorio que le conocemos de cuando habla al país y la salita donde conversa con sus invitados. En el segundo piso del palacio de La Moneda.

–Presidente, cuéntenos un poco de sus tiempos de niño. ¿Cómo era su familia, su casa? Sus juegos favoritos, los ramos que le gustaban en el colegio…
–Tengo un recuerdo verdaderamente emotivo de mi familia. Era unida y disfrutábamos plenamente la vida hogareña. Vivíamos en una casa del barrio El Almendral, frente a la plaza O’Higgins, en Valparaíso, justamente por donde hoy se levanta el nuevo edificio del Congreso.

“Nuestro juego favorito era uno que en aquella época llamábamos ‘el coche’ y que, como consecuencia de sus particulares características, provocó pérdidas lamentables, especialmente entre los floreros y maceteros que adornaban la casa”.

“En cuanto a los ramos que más me gustaban, la historia y la geografía tanto universal como de Chile, afición que he seguido cultivando con el tiempo”.

–¿Su mejor amigo?
–No es fácil determinar cuál fue mi mejor amigo, porque durante mi niñez, primero en Valparaíso y después en Quillota, tuve muchos y muy buenos amigos. Entre ellos Ismael Huerta, quien fuera más adelante almirante y con quien viajábamos juntos en tren al colegio. Yo venía desde Quillota y el se subía en Quilpué.
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–¿Fue alguna vez un joven rebelde? ¿Tuvo dudas de su fe? ¿Era romántico?
–Como todo niño, fui travieso pero respetuoso. No creo haber sido rebelde en mi etapa de juventud, quizás por el ambiente de cariño y concordia que siempre hubo en mi hogar. Respecto a la fe católica, nunca tuve dudas con respecto a mis sentimientos cristianos, como tampoco las tuve en relación a mi vocación militar.

“¿Si era romántico? Si se entiende por romántico ser idealista, como por lo demás es todo joven, claro que fui y sigo siendo romántico. Sin embargo, ello nunca me ha impedido caminar con los dos pies bien puestos en la tierra. Pienso que la juventud, más que una etapa cronológica, es una forma de vivir plenamente cada instante de la existencia”.

–¿Por qué decidió seguir la carrera militar? ¿Qué militares los inspiraron y por qué?
–Jamás he dudado de la carrera que escogí. Me enorgullezco de ella y si tuviera que optar nuevamente, mi elección sería la misma. Mi vocación por la carrera de las armas aparece muy temprana edad, tal vez por la influencia derivada de la lectura de nuestra historia, lo que me hizo comprender el profundo valor del servicio que el Ejército y las Fuerzas Armadas han aportado a la vida del país. Por eso me duele enormemente que algunos compatriotas no quieran comprenderlo de esa misma forma.

“Influyeron en mí, posiblemente de manera decisiva, los relatos de mis mayores, entre ellos, los de un abuelo que combatió por Francia en la Primera Guerra Mundial. Así aprendí a admirar a los hombres de armas y, entre ellos, le aseguro que todos los padres de la patria han sido un permanente ejemplo para mí”.

Ganar y perder

-A su juicio Presidente, ¿cuáles han sido los mayores logros de su gobierno?
–¡Los logros han sido muchos, aun cuando algunos insisten en desconocerlos o desvirtuarlos! Es obvio el clima de paz y tranquilidad que vive nuestro país, a diferencia de otras naciones como China por ejemplo, o como algunas hermanas repúblicas americanas, que hoy viven sumidas en agudos conflictos.

“Por otro lado, nuestro gobierno ha impulsado todas las medidas necesarias para que cada chilena y cada chileno tengan, como nunca antes, la libre posibilidad de optar entre diversas alternativas de realización de sus particulares intereses. El éxito económico que hemos logrado durante estos últimos años se debe precisamente a esa posibilidad, que se complementa con las condiciones indispensables para permitir el despliegue de la capacidad creadora y de la libre iniciativa.”

–¿Qué les dice a quienes aseguran que ese éxito ha significado la postergación de muchos chilenos?
–En el fondo, se trata de un problema de fe. Se trata de confiar en las enormes potencialidades del pueblo chileno y de nuestro suelo, rico en recursos minerales. El bienestar de que hoy disfruta la familia chilena y el cambio de mentalidad que se ha producido en nuestros compatriotas es evidente. Por lo mismo, cualquier otra interpretación la rechazo por ser totalmente infundada.

“Y como testimonio patente de todo lo que anteriormente le he dicho, tenemos, entre otras realizaciones, que el país muestra una efectiva y moderna división política administrativa, acorde con nuestra realidad geográfica y lograda después de un eficiente proceso de descentralización”.

“Asimismo, el país presenta los índices más bajos de su historia en materia de analfabetismo y mortalidad infantil, lo que nos permite mirar optimistas el futuro. Y me gustaría hacer una particular mención a la sostenida lucha que hemos desarrollado contra la extrema pobreza y la participación social que hemos impulsado, que permite a cada chileno aportar significativamente al desarrollo del país.”

–Háblenos de los días en que estuvo a un paso de la guerra con Argentina. ¿Cómo supo usted de la inminencia de los acontecimientos? ¿Qué siente hoy al mirarlos con la perspectiva del tiempo?
–En relación con la delicada situación que vivimos con la vecina república de Argentina, ya superada en definitiva, en los términos favorables que recoge la historia, hay muchas razones que permitieron llegar al desenlace que todos conocen. Sin embargo, creo que algunas de las principales fueron la prudencia y el valor que se tuvo para enfrentarla, la eficiencia de nuestro servicio diplomático –que fue capaz de cumplir cabalmente cada una de las orientaciones del gobierno– y, por sobre todo, el respaldo de un pueblo que, ante circunstancias de éste u otro tipo que puedan afectarlo seriamente, se une en torno a los valores permanentes de la patria, dejando a un lado egoístas intereses personales”.

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–Presidente, ¿qué significó para usted haber perdido el plebiscito en octubre pasado? ¿Sintió que hubo sectores que le fallaron? ¿Siente que lo indujeron a pensar que ganaría la opción Sí?
–Antes de entrar al fondo de su pregunta, me gustaría dejar en claro una cosa. Yo creo en el pueblo chileno y en su capacidad cívica para tomar las decisiones que en determinados momentos estimen mejores para el futuro. Ahora, en cuanto al resultado del plebiscito, usted debe comprender, desde un punto de vista humano y cuando uno cree haber puesto todo lo mejor de su parte para el progreso de esa patria que tanto ama, le duele que, como consecuencia del despliegue de millonarios recursos económicos, algunos de nuestros compatriotas se hayan dejado influir por determinados sectores antagónicos a la obra de mi gobierno. Y lo que es más triste, hayan atentado en contra de su legítimo y personal derecho de elección.

“Pero como también he reiterado, en la vida política de los pueblos los acontecimientos, y también muchas veces las conductas, son impredecibles y por ello hay que estar muy consiente de que se puede ganar o perder”.

“Creo por lo demás, que muchos de aquellos que así procedieron se han ido dando cuenta con el tiempo del error cometido y con toda seguridad hoy adoptarán una actitud muy diferente.”

Por ambos lados igual

–¿Qué siente usted frente a una comunidad internacional que acusa a su gobierno de graves atropellos a los derechos humanos?
–Siempre he sostenido que desafortunadamente existe un doble estándar para analizar el tema de los derechos humanos. Se critica a Chile –porque no es sólo una crítica al gobierno– sin detenerse a considerar la situación de países como Cuba o Afganistán. Lo que a mí me gustaría es que existiera un poco más de objetividad en este punto.

–Prácticamente todos los sectores políticos han declarado que los tribunales de justicia deberán juzgar y sancionar, cuando fuere necesario –aunque no a las instituciones–, sí a civiles y militares involucrados en atropellos contra los derechos humanos. ¿Qué piensa al respecto?
–Durante nuestro gobierno siempre ha estado abierta la posibilidad de recurrir a los tribunales de justicia para perseguir las supuestas responsabilidades de quienes se pretenda que han tenido participación en hechos abusivos o arbitrarios.

“Ello desacredita todas aquellas posiciones que amenazan con futuras represalias en relación con posibles atentados que se habrían cometido durante el actual gobierno, puesto que han existido todas las oportunidades propias del Estado de derecho en que vivimos, para proceder a manifestar tales requerimientos. ¡La justicia chilena ha sido y continúa siendo independiente!”

–Existen antecedentes en la Vicaría de la Solidaridad que demuestran que durante su gobierno los organismos de seguridad habrían recurrido a la tortura para interrogar a detenidos políticos. ¿Cómo explica usted este hecho?
–Lamentablemente, las mismas entidades que dicen representar los derechos humanos se han negado a colaborar con la expedita administración de la justicia. Ese es precisamente el caso de la Vicaría de la Solidaridad, que usted me señala, cuya actuación ha causado una legítima duda sobre la seriedad de sus intenciones.

–El tema de los derechos humanos, Presidente, es un tema que existe y que se tendrá que abordar. A la luz de sus últimas declaraciones sobre una nueva ley de amnistía o ley del perdón, ¿cómo cree usted que debiera abordarse?
–Por ambos lados por igual. Porque los derechos humanos pareciera que tuvieran sentido hacia las acciones del gobierno solamente. Yo tengo muchas personas que han muerto a consecuencia de los baleos provocados por los subversivos. ¿Esos no son derechos humanos?

–Usted muchas veces se refirió a los políticos como “los señores políticos”. ¿Qué piensa de ellos ahora que son los protagonistas del momento actual?
–Hay que tener en claro que el país ha ido avanzando paulatina y responsablemente hacia una democracia plena. Por eso es evidente que son los políticos los protagonistas del momento político. Ahora, como gobernante y más aún, como chileno, quisiera que algunos fueran capaces de deponer sus ambiciones personales o de grupo por el bien del país.

“Ello incluye muchas cosas, como por ejemplo, permitir que las generaciones más jóvenes asuman posiciones de liderazgo, en lugar de aferrarse ciegamente a la dirección de sus respectivas colectividades”.

–La Constitución le otorga el seguir en su cargo de comandante en jefe. ¿Cuál cree que será su actitud frente a las decisiones políticas de un Presidente de oposición?
–Mi intención es dedicarme en plenitud a la conducción de la institución a la cual pertenezco con verdadero orgullo. Así lo establece la Constitución y es por ello que no entiendo que a algunos sectores les moleste tanto esa decisión, sobre todo cuando creo que mi auténtica vocación de soldado se ha manifestado en cada uno de mis actos desde que era muy joven.
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“Les aseguro que tengo la mejor voluntad de cooperar con el futuro gobierno mientras demuestre irrefutablemente su fiel adhesión a los principios y valores propios de la nación, que mi gobierno ha defendido y con cuya creación se ha logrado que Chile sea un líder indiscutido en el mundo”.

–¿A qué se refería cuando dijo que en Chile se está incubando algo muy grave?
–La ciudadanía debe tener fe en que el compromiso que las Fuerzas Armadas y Carabineros adquirieron ante el pueblo de Chile el 11 de septiembre de 1973 se extiende a garantizar que en Chile no se reedite una nueva Unidad Popular, como pretenden algunos sectores, con su ola de populismo y demagogia desenfrenada, que sumió a nuestro país en la crisis más grave de la historia.

“No soy adivino”

–Ha dicho que si el pueblo se lo pide, sería candidato. ¿Cómo se lo tiene que pedir?
–Ellos saben cómo pedir las cosas. Pero he dicho también que mi mandato termina el 11 de marzo de 1990 y que, a partir de entonces, el destino y el gobierno de Chile dependen de los que el pueblo responsablemente decida en las urnas.

–¿Cómo debe ser el futuro Presidente de Chile?
–Un hombre intachable, cuyo único partido sea Chile. Un hombre que crea en las inmensas capacidades de las mujeres y los hombres de esta tierra y que no pretenda ejercer sobre nosotros una especie de tutoría.

–¿Cómo ve el futuro de Chile?
–No soy adivino ni me gusta vaticinar sin mayores fundamentos. No obstante, puede decirle que estoy optimista, porque creo que la izquierda ha ido siendo paulatinamente aislada, incluso por quienes, hace poco muy poco, pretendieron asociarse con ella.

“Creo que la voluntad pacífica y el entendimiento se han impuesto frente a los intentos de desestabilización institucional. Todos ellos me hacen imaginar que podremos contar con un próximo gobierno capaz de reconocer toda la inmensa obra de progreso y bienestar impulsada por este gobierno.”

“Sin embargo, quisiera señalarle que este futuro promisorio podría no llegar a concretarse, dadas las condiciones actuales que presenta el país. Por ello, si se produce otra vez un desastre como el provocado por la Unidad Popular, los responsables serán aquellos que apliquen políticas destinadas a que ello ocurra. En todo caso, ¡no nos podrán culpar a nosotros, ya que será consecuencia de su propia incapacidad e irresponsabilidad!”.

–La responsabilidad la tendrían hoy todos los sectores políticos, no sólo la izquierda. A su juicio, ¿por qué la derecha no se llama derecha sino centroderecha?
–Por la sencilla razón de que ahora se considera al centro como lo más cuerdo desde el punto de vista político. A mi modo de ver, no estoy ni por la derecha ni por la izquierda porque finalmente lo que consiguen los partidos, todas esas agrupaciones, es solamente dividir y no unir. Y lo que necesitamos hoy es unidad.

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El candidato

- Gustavo Leigh, ex integrante de la junta del gobierno: “Pinochet no quería, temía por su vida”.

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