Asunción Lavín León (36) pretendía mantenerse al margen de la polémica que generó la denuncia de su marido Isaac Givovich (37) en contra de su padre, el edil de Las Condes, Joaquín Lavín, ante el Servicio de Impuestos Internos (SII), que destapó una profunda fractura familiar y posibles irregularidades en su fallida campaña senatorial en 2009. Su idea era no exponerse ni contaminarse con lo que se publicaba y mantenerse emocional y sicológicamente firme para proteger a sus tres hijos de 9, 6 y 5 años.

Sin embargo, aunque la tercera hija del alcalde admite que es difícil irse en contra de su papá, se vio obligada a desmentir falsedades que se han publicado en torno a su marido y a su matrimonio que, a su juicio, solo intentan desprestigiar a su pareja para desviar el foco sobre las platas no declaradas que financiaron la senatorial de su padre y que, de paso, afirman, los golpeó directamente a ellos.

Como dueños de la empresa GES Consultores —que operó como intermediaria con los proveedores de la campaña—, ambos cuentan que por mandato del propio Lavín, las facturas que recibieron por servicios prestados no pudieron facturarlas a la campaña, para no disparar el gasto electoral del edil por sobre el límite legal (casi $600 millones). Tampoco, añaden, pudieron hacer después su declaración de impuestos, lo que les generó una deuda por sobre los $200 millones con el SII; situación que Joaquín Lavín desmintió diciendo que esa acusación “no tiene pies ni cabeza”.

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Aunque Asunción intenta ocupar un segundo plano en esta entrevista, acompaña a su marido en el relato y en varias ocasiones aclara ciertas cosas que han salido en la prensa como la participación de Isaac en varios escándalos políticos y judiciales, involucrado ahora último en el Caso Caval por una supuesta factura falsa de $400 millones emitida a Juan Díaz, gestor inmobiliario y operador UDI, por la que no fue formalizado al no existir querella del SII. También se publicó que habría inventado un cáncer para casarse con ella y alcanzar una posición política; que él manipularía a su mujer para actuar en contra de su suegro y que incluso tendrían un matrimonio de pantalla. “Que mi papá niegue todo es el primer dolor, pero que expongan nuestra vida y matrimonio; que inventen y barran el piso con nosotros, ¡no lo voy a permitir! Con Isaac peleamos por una causa justa”.

Se conocieron en 2002 cuando él como estudiante de bibliotecología de la Universidad Playa Ancha y dirigente gremialista fue a dar una charla a jóvenes a un hotel en Concepción, a la que Asunción había asistido. La joven —a quien su marido apoda Chochi— estudiaba allá educación diferencial en la Universidad San Sebastián. Había partido al sur, dice, “arrancando de su casa” y para superar una depresión que le generó la campaña presidencial de su padre de 1999 cuando enfrentó a Ricardo Lagos, donde no pudo soportar la presión mediática y la politización que había en el ambiente.

Luego de intercambiar algunas palabras en el hotel, en la noche compartieron unas pizzas en el departamento de un amigo en común, pero a ella no le interesó en particular porque no quería nada con el gremialismo. Fueron amigos por casi tres años, hasta que en 2005 Asunción congeló sus estudios para trabajar en la nueva campaña presidencial de su papá, donde ninguno de los Lavín-León se planteaba la posibilidad de no participar, ya que era parte de la dinámica familiar. A ella se le pidió armar un equipo “polaroid” con jóvenes dispuestos a recorrer el país fotografiando la campaña. Asunción se acordó de Isaac que trabajaba en la fundación Jaime Guzmán, a quien además de los fotógrafos, le pidió la ayudara a formar una red de voluntarios en las universidades de todo Chile.

Comenzaron a trabajar más juntos, aunque aseguran que la labor social los unió en otro plano y terminaron enamorándose. En mayo de 2005 comenzó el pololeo que, según Isaac, le trajo más de un problema. “Mucha gente de la UDI me quitó el saludo porque no le creían a Lavín su apertura valórica y de andar firmando piernas. Sembró la desconfianza, que el voto vale más que las convicciones”, cuenta él.

En medio de la campaña, Givovich presentó fuertes dolores en sus piernas, por lo que ambos recuerdan que ciudad a la que llegaban, él partía a los consultorios para infiltrarse y seguir adelante. Más tarde sabrían que lo suyo era una necrosis ósea múltiple, una especie de cáncer que destruye los huesos, por lo que debió ponerse prótesis en ambas caderas, hombros, rodilla y en la mandíbula, y andar un buen tiempo en silla de ruedas, que no fue impedimento para que se casaran el 28 de abril de 2007.
Aunque sabía que se trataba de una enfermedad extraña, Asunción no dudó en casarse y desmiente que a su entonces novio le quedaban algunos meses de vida. Ella también cargaba con algunas enfermedades, y si estaban enamorados, enfrentarían lo que viniera.

Agrega que tanto su papá como su madre Estela León, y sus hermanos siempre supieron de la enfermedad de su marido, por eso le duele que ahora siembren un manto de dudas.

PRIMEROS QUIEBRES

El quiebre de Givovich con Joaquín Lavín se remonta al 2008 cuando, en su cargo de jefe de informática de la Municipalidad de Huechuraba, protagonizó un escándalo con la edil ex UDI, Carolina Plaza, debido a la investigación de la empresa GMA, saliendo más tarde del cargo por supuestas anomalías en una licitación manejada por él. “La UDI nunca me perdonó que haya destapado el primer caso de corrupción del partido hasta ese minuto incólume, donde estaban involucrados sus alcaldes. Fue la época de casos graves de corrupción en la Concertación, en que se politizó todo y me tiran una acusación en contra de haber arreglado una licitación de telecomunicaciones, en que ni siquiera fui formalizado. Cuando quise hablar para defenderme, Joaquín me pidió que me escondiera hasta que terminara el proceso, para no dañar a la UDI. Cumplido ese plazo y libre de los cargos, tampoco pude hacerlo…”.

Asunción recuerda que discutió con su padre por impedirle a su marido su derecho a réplica, pero terminó cediendo al entender que podía perjudicarlo si reflotaba la polémica. Fue entonces que partieron los primeros roces familiares: Givovich dejó de ir a la casa de sus suegros y las visitas de Asunción se distanciaron. Su madre en tanto, se mantenía lejos de la pelea chica y nunca dejó de ir a verla.

A pesar de la desconfianza mutua entre alcalde y yerno, Lavín le pidió a Givovich —que entonces estaba sin trabajo— se instalara en Viña y trabajara en su campaña senatorial por la V Región Costa, cargo que le duró poco “porque Virginia Reginato, que había salido salpicada con GMA, le advirtió que si yo estaba en la campaña le quitaría su apoyo”, señala Isaac.

Entonces la pareja empezó a colaborar desde Santiago como una vuelta de mano, ya que Lavín había pagado los abogados en el Caso GMA y los mantenía económicamente. Su función, cuentan, era a través de su empresa GES Consultores intermediar con los proveedores y personal; negociar con las imprentas, mandar a hacer afiches, palomas, retirar dineros de la oficina de Lavín para hacer compras, armar batucadas, partiendo muchas veces a escondidas en la noche hasta la V Región para reponer material en las calles y plazas; funciones que Asunción en un momento asumió sola, ya que Isaac por esos días había sido operado de nuevo de una cadera.

La pareja cuenta que una vez finalizada la campaña, llegó el momento de ordenar las platas, “entonces cuando empiezo a recibir facturas de los proveedores yo debía facturarlas a su vez a la campaña, y fue ahí cuando Cristina Bitar (jefa de campaña) me dijo que no podía facturarle a Joaquín Lavín, pero que sí lo hiciera a la UDI y a empresas a las que no les había prestado servicios. Me negué porque entendí que era un delito. Hablé con el contador y me dijo simple: ‘no declares las compras, no factures a nadie y te olvidas’. Así lo hicimos, en una época en que no había problemas de financiamiento irregular de la política”, declara Givovich, quien luego se puso a trabajar por su cuenta prestando asesorías a empresas, enfrentando el 2013 una nueva querella por estafa y apropiación indebida de $400 millones por parte de la compañía Info Technology Chile Spa, por el negocio de luminarias públicas. En 2015 fue declarado absuelto de todos los cargos imputados por el Tribunal Oral en lo Penal de Viña del Mar.

BUSCANDO UNA NUEVA VIDA

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En 2012 el matrimonio y sus hijos partieron a vivir a Viña para iniciar una nueva vida; época que coincide con la aparición de una leucemia que los obligó a volver a Santiago y que le ha generado a Isaac la aparición de tumores cancerígenos —que ha debido operarse— con ramificación renal que, asegura, está controlada.

La pareja recuerda que el tratamiento con metadona (un sedante más fuerte que la morfina) lo tuvo dos años —de 2012 a 2014— postrado en cama, por lo que debieron recurrir nuevamente a la ayuda económica de Lavín.

En 2015 Givovich cambió de médico e inició tratamientos alternativos, pensando que si iba a morir, por último fuera de una manera distinta.
En enero de ese año, recuerda, se desató el Caso Penta y comenzaron a llamarlo abogados y contadores. “Lavín supo que me buscaban y le encargó a Patricio Cordero (su ex generalísimo) que me contrate un abogado para que coordine mi defensa con los suyos. La idea inicial era que me escondiera, que me arrancara”.

Asunción cuenta que su papá no quería problemas de imagen, que su marido le hacía ruido y la idea era apartarlo, al punto que confiesa que en una reunión familiar entre sus padres y hermanos determinaron que la solución era que la pareja se separara legalmente, aun cuando siguieran juntos. La joven enfrentó al edil y le preguntó si consideraba correcto y positivo que se separara, con tres niños y con los problemas de salud que arrastraban; pregunta que, señalan, Lavín no fue capaz de responder.