Está enojado. Aburrido. Siente que cada vez que hace una declaración la prensa se queda sólo con la frase rimbombante para enfrentarlo a Sebastián Piñera, con quien ha tenido una larga historia de disputas. La última que Pablo Longueira (senador UDI, 52, casado con la ingeniera agrónoma Cecilia Brinkmann, siete hijos) lanzó hace unas semanas fue el excesivo protagonismo del Presidente en desmedro de los partidos de la Coalición. “Pero sólo colocan mi crítica hacia él, para reavivar esa cosa de ‘Longueira-Piñera’, ¡si no tengo problemas personales con él!”, se queja. Y agrega: “Somos todos responsables de institucionalizar el gobierno: parlamentarios, ministros, presidentes de partidos… Me preocupa que a ocho meses de su instalación, siga siendo de Sebastián Piñera y no de la derecha”.

Está retirado de la primera línea. Sin cargo en el gobierno, tampoco se le ve entre los ‘coroneles’ influyentes de la UDI, “¿Será que me habrán ascendido a general?”, se pregunta entre risas, las que desaparecen rápidamente a la hora de defender sus convicciones. Y no es que esté taimado por no haber sido ministro, como muchos piensan. Longueira dio un paso al lado para que nuevas figuras lideren la centroderecha de los próximos años. “Ya cumplí mi rol. Lo peor es sentirte indispensable”.

Eso no quita que no esté atento a los pasos del gobierno, vigilante y pensando en lo que se viene. Cuenta que asesora a ministros y que es una especie de ‘consejero’ de Piñera. Se sabe influyente y reconoce su liderazgo. Por eso cada cierto tiempo golpea la mesa para corregir errores, como cuando acusó la escasez de políticos en el gabinete y falta de prolijidad en la instalación de éste. Y hace unos días creó una polémica de proporciones al plantear un plebiscito para resolver la salida al mar de Bolivia, que no tuvo respaldo entre sus pares chilenos. Sólo Evo Morales ‘recogió el guante’. Si algo no le parece, lo comenta en forma interna, pero también hacia afuera; y es lo que molesta a parte de su sector que lo tilda de desleal. Pero a él, no le importa. Dice que le interesa ser consecuente.

Mirando a futuro, reconoce que le encanta Golborne como alternativa presidencial y revela que fue él quien lo sugirió como ministro.

—¿No se ha planteado que el protagonismo de Piñera, ser efectivo y no depender de los partidos, se debe a la ‘nueva forma de gobernar’?

—¡Pero si no se contrapone a lo que planteo! El rescate de los mineros fue el mejor ejemplo de cómo gobernamos. Quiero que la gente perciba que esa ‘forma’ es de la derecha, con un Presidente que tiene un sello, y no como la aventura de un señor… La Concertación tuvo éxito porque institucionalizó los sellos presidenciales; cuando rompieron eso, perdieron el poder. Sé qué cosas garantizan el éxito en política, llevo 30 años… Los que tenemos liderazgo debemos advertir y corregir debilidades. Me hice cargo de una autocrítica, aunque algunas personas quieran que me calle…

—Gente de su sector prefiere que sus críticas las haga en forma interna.

—¡Hacia adentro lo he dicho mil veces!, y también hay que plantearlo afuera; genera cambios. Es importante encender a tiempo las luces amarillas si queremos un segundo gobierno de la Coalición. Algunos se confunden y se quedan con la popularidad del Presidente, mira que estamos bien. ¡Y lo estamos!, pero no garantiza que se traspase. Pasó con Michelle Bachelet. No se puede improvisar, no somos mayoría en Chile… No quieren que yo hable aquellos que no saben cómo y por qué ganamos, esos que están en los buenos momentos y, en los malos, desaparecen.

—Alberto Espina, Andrés Chadwick, Lily Pérez son algunos de los que piden modere el tono.

—No me refiero a ellos, es lo que tienen que responder, en privado me encuentran razón. El no peleen responde a un tipo de derecha, opinólogos que no le han ganado a nadie, que tienen tribuna y pretenden instalar tesis… El yesman es una tendencia que existe en el gobierno y en la política; si no se ponen resguardos, se puede instalar como mecanismo de poder. Y hay personas que tienden a rodearse de ellos, que no les gusta la crítica…

—¿Piñera es uno de ellos?

—No lo creo. Si hay algo que le valoro es que se distancia del tipo que no sabe qué hacer. Es solidario con el que se atreve, aunque se equivoque.
“Desleal sería callarme, la gente valora mi sinceridad, mis opiniones no son destructivas. No soy un tonto útil para los adversarios porque mis reparos son con fundamento y no dañan. Soy el que más trabaja para el éxito del gobierno, estoy a su plena disposición. La política la puedes hacer con cinismo e hipocresía, yo no. Opino en público y en privado lo mismo, no me puedo controlar en eso”.

—Rafael Gumucio lo describió como “el profeta despechado”, el que “habla de frente, apocalíptico y solitario”. ¿Se siente solo en su pelea?

—¡Para nada!, al contrario. Les guste o no, me respetan y valoran. Decidí no tomar liderazgos. Todos querían que presidiera la UDI: Kast, Coloma, y no acepté. Es la oportunidad de la centroderecha para que emerjan líderes por veinte años más. Cumplí mi rol. Creo en las instituciones, no en proyectos personales ni en ningún ‘ismo’: pinochetismo, piñerismo, allendismo, sólo en el cristianismo.

—¿Perdonó a Piñera que no lo nombrara ministro?

—Cuando me llamó para contarme que no colocaría senadores en el gabinete, le dije: cuenta conmigo para lo que quieras. Soy el único que reconozco que me hubiese encantado ser ministro, pero no voy a actuar taimado, picado. No me demoro ni 24 horas en dar vuelta la página.

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—A diferencia de Allamand…

—Cada uno reacciona distinto. Se sintió…

—¿Qué cercanía real tiene con el Presidente?

—No somos amigos de hablar temas personales… Desde la campaña hemos desarrollado una muy buena relación. Me llama cuando quiere una opinión, le importa lo que pienso. He aprendido a conocerlo: se involucra en los temas, consulta a quienes le reconoce un grado de conocimiento.

—¿Por qué entonces no ha reparado en su llamado a institucionalizar el gobierno?

—El también está preocupado… No tenemos la experiencia de gobernar, es parte del aprendizaje.

—Si se viene un cambio de gabinete, ¿aceptaría una cartera o ya es tarde?

—Me costaría restarme de servir al país, aunque no tenga el atractivo del inicio. Con Piñera diseñamos el gabinete, intercambiamos nombres, muchos de los que le sugerí hoy son ministros. Nombró grandes personas.

—Pero cómo, usted al principio fue muy crítico por el exceso de técnicos.

—El gabinete perfecto hubiese sido un complemento de estos técnicos con políticos de experiencia, pero Piñera optó por no sacarlos del Parlamento… El pensaba como yo, pero cambió de opinión.

“LA UDI y RN no tienen peso en el gobierno, no cumplen un rol relevante”, acusa.

—¿Está de acuerdo con Jovino Novoa de que el poder está en el ‘segundo piso’ de La Moneda?

—No sé dónde está, pero percibo que la figura del Presidente es muy poderosa. Y lo ejerce, se involucra y las cosas pasan por él.

—Pero Novoa fue más allá. Dijo que le piden a los subsecretarios UDI no figurar.

—No hay nadie de la UDI en el ‘segundo piso’, algo obvio, pero no estoy involucrado en eso… No tengo por qué no creer lo que dijo Jovino, es muy prudente en sus comentarios. Si se está creando un germen de cuotas de poder y estructuras de ese tipo, es preocupante, lo lamentaría.

—¿Cada cuánto el Presidente se reúne con la directiva de su partido?

—Con bastante fluidez y frecuencia… Sebastián no es una persona inaccesible, al contrario, uno de los problemas es que mucha gente tiene acceso a él. Al final tantas opiniones te pueden confundir.

—Llama la atención la diferencia de criterios en la UDI: Coloma y Chadwick dicen que todo marcha perfecto, a diferencia suya y de Novoa.

—Hay formas de ser, roles. Tal vez mi tono sería distinto si presidiera la UDI, aunque lo diría igual. Coloma comparte lo que digo y ha tenido reuniones privadas con Piñera para plantearle el tema.

—Evelyn Matthei advirtió una UDI algo dividida y poco democrática.

—¡Ninguna división!, es el sueño periodístico. Fíjate que ella es miembro de la Comisión de Hacienda, nuestra única representante, está dentro de las que más toma decisiones en el partido.

—Usted debe ser de los pocos UDI que no considera terroristas a los mapuches presos por hechos violentos.

—¡Por supuesto!, y me la jugué para que se levantaran las querellas. No cometieron actos terroristas, sí delitos. Mi partido tiene una responsabilidad enorme con los pueblos originarios. No todos son subversivos, comunistas, izquierdistas. Tenemos el desafío de incorporarlos a la sociedad. A la UDI le falta asumir el rol que nos toca en este momento.

“El personalismo de Piñera fue una fortaleza en el Caso Mineros. No he visto nada más perfecto, hasta las ambulancias eran Mercedes Benz. Es una pequeñez insinuar un protagonismo. Fue la operación comunicacional más extraordinaria para Chile. Ahora, si al final todo va a pasar por él, se convertirá en problema y entrabará al gobierno. Debe haber equilibrio, institucionalidad. Me preocupa cómo vamos a capitalizar ese liderazgo presidencial y cómo lo transmitimos a la sociedad. Que cuando se cree el ministerio social, no sea el de Piñera, sino lo que quiere la centroderecha”.

—¿Cómo aprovechar ese capital político?

—Me encantaría se ocupara en hacer la gran transformación en Educación, porque habrá problemas. Espero que Piñera no se vaya por el camino fácil de no hacer nada para no arriesgar popularidad. No lo creo. Tuvimos una buena conversación los dos solos en febrero; tengo muy claro lo que quiere.

—¿Queda algo pendiente entre ustedes?

—No arrastro nada, ni soy rencoroso. Muchos me dicen pero cómo este tipo que… ¡se me olvidó!

—Algunos ponen en duda si Bachelet hubiese sido capaz de rescatar a los mineros.

—Prefiero no responder. No sé si los gobiernos de la Concertación habrían actuado igual. Después del capítulo de la Onemi, dudas… Aquí había que correr riesgos, sin cálculos políticos… Hay una forma distinta de hacer gestión pública desde que entró Sebastián Piñera… perdón, el gobierno de la Alianza. Mira, ¡hasta yo caigo en lo que quiero cambiar!

—Por qué no se abstuvo de votar en el Royalty. Con el 30 por ciento en la Compañía Minera MAGAAL S.A., algunos pidieron que lo hiciera.

—¡¿Perdón?!, ¡¿quiénes?!, ¡no he leído nada!

—Los senadores Andrés Navarro y Guido Girardi levantaron la voz.

—¡Me acabo de enterar! (se indigna y llama a su secretaria para que busque la información) ¡¿Cómo me iba a abstener?!, fui gran partidario para que se implementara. Esta es la política, nadie me dijo nada, no fue tema, ¡y eso que conversé uno por uno! A esto me refiero cuando te hablo de cinismo e hipocresía… Los hue…, por eso hay que irse luego de esta fauna (dice en voz baja)… ¡Me encantaría haber tenido que inhabilitarme!, imagínate, ¡significa que debería pagar Royalty! Si hubiese querido aprovecharme, habría votado en contra, ¡todo al revés!

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—¿Le gusta Golborne presidenciable?

—Me encanta… Ojalá haya la mayor cantidad de presidenciables en la centroderecha. Es un gran político. Yo lo propuse como ministro. Es competente, muy inteligente, con gran capacidad técnico-política al liderar el rescate. Ahora debe transformar esa popularidad en adhesión.

—La UDI se lo estaría pololeando.

—Con su vivencia, me parece un error que ingrese a un partido. Lo óptimo es que se mantenga independiente, nos pertenece a todos.

—Curioso, opina igual que Joaquín Lavín, el gran afectado con la popularidad de Golborne.

—El está feliz que aparezcan la mayor cantidad de personas. No lo veo haciendo algo para impedir que se siga fortaleciendo la opción que pueda tener Golborne. Si le tocó a otro, ¡bienvenido!

“Yo creo que Apablaza advirtió a las autoridades: si me voy a Chile, ¡hablo sobre terrorismo argentino!”, dice sobre los motivos que tendría Cristina Fernández para dar asilo al ex FPMR, acusado de ser el autor intelectual del crimen de Jaime Guzmán y del secuestro de Cristián Edwards. “El sabe mucho de terrorismo americano”.

—¿Involucraría a los Kirchner?

—No lo sé, pero sí a los que son parte del poder trasandino. Nunca pensé que la extradición prosperaría. Me sorprendió que la Corte Suprema de allá la aprobara, demostró un grado de independencia, aunque no sabes si actúa por motivaciones poco jurídicas… Lo central es el vínculo de estos grupos subversivos, se conocen y, si entregan a uno, ése no se va a ir solo. Pero el gobierno de Fernández-Kirchner está dispuesto a pagar los costos internos y entorpecer la relación con Chile.

—Algunos calificaron de ‘blando’ al canciller Moreno por poco drástico frente a la respuesta argentina y, además, por reagendar después de este desaire una reunión bilateral de ministros.

—No soy partidario de extremar la situación. El gobierno debe usar las instancias internacionales, pero sin poner en riesgo las relaciones ni dejar de avanzar en otras materias. Hay un objetivo país que es más importante que el de la UDI.

—Un reportaje de CARAS reveló la vida apacible y placentera de Apablaza en Argentina.

—Son redes profundas y desconocidas en Latinoamérica. Nada me sorprende.

—Rosario Guzmán envió una carta a El Mercurio donde señaló que militares también querían ver muerto a su hermano.

—No creo que haya insinuado esa responsabilidad… Jaime decidió enfrentar a la Dina, que da pie para que personas crean en aquella tesis. La autoría del FPMR nunca se ha puesto en duda. Y él lo tuvo muy claro. Cuando el mismo Frente asesinó a Simón Yévenes un día lunes, el miércoles Jaime nos invitó a comer a su casa a Andrés Chadwick, Lucho Cordero y a mí, para decidir si seguíamos en la UDI o no. Nos dijo delante de nuestras señoras: el siguiente va a ser uno de nosotros. Y los cuatro estuvimos dispuestos a continuar. Y le tocó a él cinco años después.

“La única que quiso investigar a fondo el caso fue la jueza Raquel Campusano. Fue vetada por la Concertación; pudo desenmascarar la verdad: que gente de su conglomerado estaba infiltrada en grupos terroristas. Le significó no ser nunca nombrada para la Corte Suprema, aunque era la mejor evaluada en la historia del Poder Judicial, y propuesta siempre con las más altas votaciones… Yo era presidente de la UDI; no fuimos capaces de convencer al gobierno de terminar con esa impunidad”.

—A todo esto, ¿no ha vuelto a hablar con Jaime Guzmán?

—Mira, ¡mejor ni te digo lo que les respondo a los periodistas cuando me preguntan!… Por una vez que me equivoqué, ¡me han palanqueado toda la vida!… Ya lo echo pa’ la talla. Cuando alguien sugiere que Jaime le dijo algo, le respondo: a ver, ¡no seai patudo! El único que aquí tiene contacto con Jaime ¡soy yo!