Por Paz Claro Fotos Pía Vergara

Desde que asumió la presidencia del directorio del nuevo Canal 13 todos lo buscan. Quieren saber qué cambios azotarán a la estación católica que ahora es propiedad de Andrónico Luksic. Para esta entrevista, ?él aceptó con una condición: que le gusta lo concreto, claro y conciso… y se nota en algunas respuestas. Finalmente se relajó tanto que hasta mostró a su nieta, Emilia.

Le ha costado. Todo le ha costado.
Su pinta de primero del curso engaña.

Hubo un tiempo en que fue de los últimos. Un niño desconcentrado, gordito y tímido.

Y no lo salvaron los libros, sino las zapatillas. Se puso a correr, adelgazó, se disciplinó y aprendió a lidiar con desafíos y dificultades.

De adolescente le queda su pasión por la DC y el nulo temor a los porrazos. Lleva 35 años casado con Ana María Valdés, y con ella tiene tres hijas y dos nietas, seis mujeres que con sus regaloneos lo han ayudado a sobrevivir los sinsabores de la política.

Ha bailado muchas veces con la fea: en el Ministerio del Trabajo durante el gobierno de Aylwin, en el Transantiago con Bachelet. También con la bonita: en TVN y en los variados directorios que ha integrado.

Cuando el país entero se preguntaba para dónde iba la micro, René Cortázar (58) tuvo que hacerse cargo de la reforma más odiada por los santiaguinos, lo que algunos calificaron de suicidio político y otros, de heroísmo.

De apariencia inofensiva, pocas veces deja indiferente a quienes lo rodean. Ahora se enfrenta al que puede ser el más enigmático de los desafíos: reconstruir el Canal 13 desde sus más complejas cenizas.

—Transportes, Trabajo, Canal 13. ¿Por qué bailar con la fea? ¿Qué pasó con las bonitas?
—Hay mucha gente para bailar con las bonitas. Prefiero meterme en cosas que me entusiasmen, que sean un aporte.

—¿Qué sintió la primera vez que entró al Ministerio de Transportes?
—Vértigo, era como asomar la cabeza al pozo profundo de una crisis. También responsabilidad, sabía que había millones de personas que estaban sufriendo. Y muchas ganas de enfrentar el problema.

—¿No siente que la cabeza se le quedó en el pozo?
—No. La saqué, más canoso, pero salimos. No estoy diciendo que el Transantiago haya quedado completamente resuelto, pero ciertamente se encauzó. Parece que a la mayoría se le olvidó cómo estaban las calles de Santiago el 2007. Tuvimos que rediseñar el sistema, buscar los recursos, negociar todo de nuevo.

—Muchas personas que lo admiraban por su trayectoria empezaron a tratarlo con dureza después del Transantiago. ¿Cómo vivió eso?
—Conozco lo suficiente la política por dentro para darme cuenta de que son gajes del oficio. En ella, ni los odios son realmente odios, ni los amores, realmente amores. Tiene desventajas, pero aprendí a vivir con eso.

Cortazar02—Los choferes hasta el día de hoy usan pañales…
—Esos son casos puntuales. No dudo de que algunas empresas persistan en situaciones abusivas. Pero, en general, los conductores mejoraron mucho sus condiciones laborales. Pasaron de trabajar 15 horas diarias, a una jornada normal. Ahora tienen previsión social y la posibilidad de negociar colectivamente. Fue un cambio radical.

—¿Qué siente cuando ve una micro? ¿Piensa en su recorrido, la empresa a la que pertenece?
—Por suerte tengo una mente compartimentada. Ahora estoy en Canal 13.

Cortázar se levanta todos los días a las 6:30 y hace ejercicio hasta las 8. Trota por Vespucio, ida y vuelta. Un par de veces, mientras estaba a cargo del Transantiago, un periodista de la Biobío lo ‘delató’ al aire, diciendo que mientras la gente iba apiñada en las micros, él se daba el gusto de trotar. Pero el día que murió su padre, también se fue a correr. Lo necesita, tanto como otras personas comer. Cortázar come poco, todos los días lo mismo. Unas lechugas con pollo y una desabrida fruta de postre. Eso sí, en las noches se desata: a las lechugas con pollo les suma un tomate, un chocolate y una copa de vino.

La rutina es su pasión. Tiene el escritorio ordenado, teclea con los cinco dedos, pero se demora más de la cuenta en encontrar la papelera.

Desde que fue abuelo y puede sentar a sus nietas en el coche, los domingos las lleva al Tip y Tap. Ingenuamente dice que se siente orgulloso de que todos le comenten lo ricas que son sus niñas.

Entre sus amigos más cercanos están Pablo Piñera, José Pablo Arellano, Cristián Cox y Mariana Aylwin. Del ‘otro lado’, Evelyn Matthei, de quien fue testigo de matrimonio.

Hasta antes de ser Ministro de Transportes le hacía empeño con el francés, y la palabra que más le gusta en ese idioma es ‘cherie’.

—¿Cuánta televisión ve y a qué hora?
—Ahora, cada vez más, tanto la competencia como mi propio canal. Pero reconozco que ya no puedo mirarla sin un interés creado.

—Usted ha sido ministro del Trabajo, de Transportes, director ejecutivo de TVN, ¿qué es más difícil de administrar: el ego de los sindicatos, el de los parlamentarios o el de los rostros de TV?
—Se parecen más de lo que uno cree. Finalmente somos todos iguales.

—Muchos critican que el 13 se haya llevado tanta gente de otros canales, sobre todo de TVN.
—En todas las industrias los buenos profesionales tienen oportunidades de cambiar de trabajo.

—¿Aprobó usted la criticada grúa?
—Son las personas que se necesitan. No pienso en números, sino en calidad. Claro que aprobé.

—Mauro Valdés, director ejecutivo de TVN , señaló que era “antiestético” lo que hacían en el 13.
—Ha dicho tantas cosas… Por lo demás, que los buenos profesionales cambien de empresa es algo que siempre ha ocurrido en éste y otros campos.

Cortazar03—También Jaime de Aguirre, director de CHV, dijo que lo que ustedes hacían estaba en el borde…
—Trabajé mucho con Jaime, le tengo gran aprecio profesional y humano, y creo que él entiende mejor que nadie lo que estamos haciendo en el 13.

—¿Cuál es el rol de David Belmar como director ejecutivo de la estación? ¿Quién manda ahí?
—Es igual que en cualquier empresa. El gerente general, en este caso el director ejecutivo, gestiona la empresa, y el presidente participa en las decisiones estratégicas.

—Pero, ¿quién toma las decisiones respecto de la línea editorial?
—Ni el director ejecutivo ni el presidente están en el switch minuto a minuto determinando lo que sale al aire. Cuando hay temas que comprometen la línea editorial son analizados por el director ejecutivo, quien consulta mi opinión.

—A la Iglesia no le gustó que los comentarios de los sacerdotes después de almuerzo pasaran al trasnoche. ¿Quién lo decidió?
—El directorio. Se trata de que la visión de la Iglesia Católica esté presente en el Canal 13, pero no con comentarios en medio de la programación.

—El padre Fernando Montes dijo en pantalla que el canal “se ve amenazado por criterios basados sólo en lo económico”

—No existe ese riesgo.

—¿Era necesario iniciar la nueva etapa despidiendo a cien personas?
—El canal tiene enormes pérdidas. Existían áreas con muchas más personas de las necesarias. Era indispensable crear las condiciones para el desarrollo estable de la estación en el tiempo.

—Además de las pérdidas (en los últimos diez años éstas bordean los 5 mil millones), el canal fue cuarto en rating el 2010. ¿Cómo se puede enfrentar tal calamidad?
—No lo llamaría así. Una calamidad es lo que vivimos en el terremoto, el incendio de la Cárcel de San Miguel… Lo que tenemos son problemas.

—¿Por qué cree que Andrónico Luksic aceptó ser parte del directorio de Canal 13? ¿No es un riesgo ponerse en primera fila en temas como la política, la religión, las opciones de la sociedad?
—No me corresponde contestar esta pregunta. Sin embargo, me pareció natural que la persona que decidió la compra del control del canal y lideró la operación, fuera parte del cuerpo directivo.

—¿Qué planes tiene para el 13?
—Que sea un canal diferente, que amplíe el espectro de lo que entendemos como buena TV en nuestro país. Que sintonice con el Chile actual y lo represente con espíritu crítico, mostrando los diversos ángulos de la realidad (…) Hoy tenemos programas de calidad como Los 80. Pero no queremos que sea un canal de aciertos momentáneos, sino de éxitos continuos. Y que se prepare para la nueva etapa que se abre con el mundo digital.

—¿Cuál es su visión de lo que es buena TV y mala TV?
—La mala televisión es la que piensa sólo en el rating o la que es tan arrogante que lo ignora. Detrás de cada punto hay 44 mil familias, con sus gustos y preferencias. La buena TV es la que llega a la cabeza y a los sentimientos.

—En la presentación de Año Cero hasta la Virgen del San Cristóbal aparece desmoronándose. ¿Significa un cambio en la línea editorial del 13?
—Significa un programa de televisión entre muchos otros que se están haciendo.

—¿Usted autorizó que una de las pruebas de supervivencia fuera tomar orina propia y ajena?
—No me correspondía aprobarlo, pero sabía que era un reality de pruebas extremas. Y comprendo que haya personas a las que no les guste.

—¿Qué errores del pasado de la estación no quisieran repetir? 
—Pensar que las marcas bastan por sí solas.

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